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Subaru Impreza 2.0 Boxer Diesel

En menos de un año, Subaru ha extendido su motor turbodiésel a lo largo y ancho de toda su gama de turismos. En la segunda quincena de diciembre, le llega el turno al Impreza de disfrutar del cuatro cilindros horizontales opuestos de 150 CV, con el que se convierte en un compacto de altas prestaciones y notable economía de consumo.
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Subaru Impreza 2.0 Boxer Diesel
El Impreza es la oferta de Subaru en el segmento de los compactos, aunque posee una longitud poco habitual –4,42 metros– que lo convierten en uno de los más grandes de su categoría. Antes de que acabe el año, Subaru inicia la comercialización del Impreza con el motor turbodiésel que ya ha ido extendiendo por el resto de su gama. Se trata de un original –es el único del mercado– cuatro cilindros opuestos horizontales, con 2 litros de cilindrada, una potencia máxima de 150 CV y una entrega de par de 35,7 mkg en una banda de régimen de giro desde 1.800 hasta 2.400 rpm. Su conducta se alinea con los más modernos motores turbodiésel, arrancando su entrega de fuerza útil desde bajas revoluciones, en torno a las 1.400 rpm, para ser plenamente utilizables hasta algo más allá de las 4.500 rpm, permitiendo una banda de utilización muy amplia, que limita al máximo el uso de la caja de cambios, dada la flexibilidad de uso.
La asociación de esta mecánica al sistema de tracción a las cuatro ruedas con reparto simétrico del par entre los trenes delantero y trasero se realiza mediante una caja de cambios manual de seis relaciones, que genera un desarrollo en sexta de más de 53 km/h cada 1.000 rpm. De esta manera, el Subaru Impreza 2.0D puede mantener un crucero de 120 km/h en autopista a unas 2.200 rpm, resultando tan agradable –poco ruido y buena respuesta- como austero, dado que en ciclo extraurbano anuncia un consumo de 5,2 l/100 km. La conducción de este Subaru Impreza 2.0D resulta sumamente divertida, pues la respuesta franca del motor, la excelente motricidad generada por el sistema de tracción a las cuatro ruedas y la tendencia del tren trasero a redondear el trazado de las curvas lo convierten en un vehículo muy dinámico –baja claramente de los 9 segundos en el 0 a 100 km/h en la versión menos pesada- y seguro. La menor solicitación de los neumáticos delanteros, gracias a que sólo reciben la mitad del par generado por el motor, hace que la eficacia del tren delantero sea mayor de lo habitual en modelos de este segmento, normalmente de tracción delantera.

La oferta del Impreza 2.0D abarca tres versiones: Classic, Limited y Sport. La primera ya dispone de un buen nivel de equipamiento, incluyendo –entre otros elementos- llantas de aleación de 16 pulgadas, climatizador y ocho airbags. El Limited suma los retrovisores y asientos calefactables, limipaparabrisas descongelante y los espejos exteriores y manillas de puertas en color de la carrocería. Por último, el Sport gana imagen con las llantas de aleación de 17 pulgadas, la entrada y arranque del motor sin necesidad de utilizar la llave, el cargados frontal de seis CD, los faros de xenón, antinieblas delanteros y un paquete Sport que incluye asientos específicos, parachoques delantero y trasero más grandes y estribos laterales. Como resultado de su mayor equipamiento, esta versión Sport resulta algo más pesada, con cierta pérdida de prestaciones y una mínima recarga en el consumo. En el diseño exterior del coche toma especial protagonismo el deflector aerodinámico situado al final del techo, que reduce en un 7 por ciento la habitual tendencia de elevación de la zaga de los coches a alta velocidad. También consigue mejorar la estabilidad en dichas circunstancias. La zona inferior de la carrocería se ha optimizado, reduciendo los huecos entre los distintos elementos mecánicos, para minimizar las turbulencias creadas entre el asfalto y el coche. Hablando de la zaga, hay que mencionar que el Impreza 2.0D no dispone de rueda de repuesto, ahorrando así unos 10 kg de peso y, en su lugar, aparece un kit de reparación de pinchazos. En la conducción, este Subaru Impreza muestra una magnífica capacidad de absorción de las irregularidades del asfalto, sin traspasarlas al habitáculo. Los muelles de suspensión no poseen dureza innecesaria y, así, hasta en carreteras de mal piso, el confort es excelente. Los asientos de la versión Sport –la que hemos conducido- potencian esta cualidad, pues su mullido permite adecuar su diseño a cada espalda. El climatizador viene como elemento de serie, aunque no dispone de doble selección de temperaturas. La posición al volante es buena, con posibilidad de regular dicho elemento en profundidad y altura. La dirección posee servoasistencia eléctrica, pero su tacto es muy bueno y la tendencia al autocentrado, justa.

En resumen, un modelo muy original respecto de la competencia pero cuyas virtudes nos pueden hacer olvidar su procedencia de una marca, en nuestro país, no especialmente conocida. El Impreza es la oferta de Subaru en el segmento de los compactos, aunque posee una longitud poco habitual –4,42 metros– que lo convierten en uno de los más grandes de su categoría. Antes de que acabe el año, Subaru inicia la comercialización del Impreza con el motor turbodiésel que ya ha ido extendiendo por el resto de su gama. Se trata de un original –es el único del mercado– cuatro cilindros opuestos horizontales, con 2 litros de cilindrada, una potencia máxima de 150 CV y una entrega de par de 35,7 mkg en una banda de régimen de giro desde 1.800 hasta 2.400 rpm. Su conducta se alinea con los más modernos motores turbodiésel, arrancando su entrega de fuerza útil desde bajas revoluciones, en torno a las 1.400 rpm, para ser plenamente utilizables hasta algo más allá de las 4.500 rpm, permitiendo una banda de utilización muy amplia, que limita al máximo el uso de la caja de cambios, dada la flexibilidad de uso. La asociación de esta mecánica al sistema de tracción a las cuatro ruedas con reparto simétrico del par entre los trenes delantero y trasero se realiza mediante una caja de cambios manual de seis relaciones, que genera un desarrollo en sexta de más de 53 km/h cada 1.000 rpm. De esta manera, el Subaru Impreza 2.0D puede mantener un crucero de 120 km/h en autopista a unas 2.200 rpm, resultando tan agradable –poco ruido y buena respuesta- como austero, dado que en ciclo extraurbano anuncia un consumo de 5,2 l/100 km. La conducción de este Subaru Impreza 2.0D resulta sumamente divertida, pues la respuesta franca del motor, la excelente motricidad generada por el sistema de tracción a las cuatro ruedas y la tendencia del tren trasero a redondear el trazado de las curvas lo convierten en un vehículo muy dinámico –baja claramente de los 9 segundos en el 0 a 100 km/h en la versión menos pesada- y seguro. La menor solicitación de los neumáticos delanteros, gracias a que sólo reciben la mitad del par generado por el motor, hace que la eficacia del tren delantero sea mayor de lo habitual en modelos de este segmento, normalmente de tracción delantera.

La oferta del Impreza 2.0D abarca tres versiones: Classic, Limited y Sport. La primera ya dispone de un buen nivel de equipamiento, incluyendo –entre otros elementos- llantas de aleación de 16 pulgadas, climatizador y ocho airbags. El Limited suma los retrovisores y asientos calefactables, limipaparabrisas descongelante y los espejos exteriores y manillas de puertas en color de la carrocería. Por último, el Sport gana imagen con las llantas de aleación de 17 pulgadas, la entrada y arranque del motor sin necesidad de utilizar la llave, el cargados frontal de seis CD, los faros de xenón, antinieblas delanteros y un paquete Sport que incluye asientos específicos, parachoques delantero y trasero más grandes y estribos laterales. Como resultado de su mayor equipamiento, esta versión Sport resulta algo más pesada, con cierta pérdida de prestaciones y una mínima recarga en el consumo. En el diseño exterior del coche toma especial protagonismo el deflector aerodinámico situado al final del techo, que reduce en un 7 por ciento la habitual tendencia de elevación de la zaga de los coches a alta velocidad. También consigue mejorar la estabilidad en dichas circunstancias. La zona inferior de la carrocería se ha optimizado, reduciendo los huecos entre los distintos elementos mecánicos, para minimizar las turbulencias creadas entre el asfalto y el coche. Hablando de la zaga, hay que mencionar que el Impreza 2.0D no dispone de rueda de repuesto, ahorrando así unos 10 kg de peso y, en su lugar, aparece un kit de reparación de pinchazos. En la conducción, este Subaru Impreza muestra una magnífica capacidad de absorción de las irregularidades del asfalto, sin traspasarlas al habitáculo. Los muelles de suspensión no poseen dureza innecesaria y, así, hasta en carreteras de mal piso, el confort es excelente. Los asientos de la versión Sport –la que hemos conducido- potencian esta cualidad, pues su mullido permite adecuar su diseño a cada espalda. El climatizador viene como elemento de serie, aunque no dispone de doble selección de temperaturas. La posición al volante es buena, con posibilidad de regular dicho elemento en profundidad y altura. La dirección posee servoasistencia eléctrica, pero su tacto es muy bueno y la tendencia al autocentrado, justa.

En resumen, un modelo muy original respecto de la competencia pero cuyas virtudes nos pueden hacer olvidar su procedencia de una marca, en nuestro país, no especialmente conocida. El Impreza es la oferta de Subaru en el segmento de los compactos, aunque posee una longitud poco habitual –4,42 metros– que lo convierten en uno de los más grandes de su categoría. Antes de que acabe el año, Subaru inicia la comercialización del Impreza con el motor turbodiésel que ya ha ido extendiendo por el resto de su gama. Se trata de un original –es el único del mercado– cuatro cilindros opuestos horizontales, con 2 litros de cilindrada, una potencia máxima de 150 CV y una entrega de par de 35,7 mkg en una banda de régimen de giro desde 1.800 hasta 2.400 rpm. Su conducta se alinea con los más modernos motores turbodiésel, arrancando su entrega de fuerza útil desde bajas revoluciones, en torno a las 1.400 rpm, para ser plenamente utilizables hasta algo más allá de las 4.500 rpm, permitiendo una banda de utilización muy amplia, que limita al máximo el uso de la caja de cambios, dada la flexibilidad de uso. La asociación de esta mecánica al sistema de tracción a las cuatro ruedas con reparto simétrico del par entre los trenes delantero y trasero se realiza mediante una caja de cambios manual de seis relaciones, que genera un desarrollo en sexta de más de 53 km/h cada 1.000 rpm. De esta manera, el Subaru Impreza 2.0D puede mantener un crucero de 120 km/h en autopista a unas 2.200 rpm, resultando tan agradable –poco ruido y buena respuesta- como austero, dado que en ciclo extraurbano anuncia un consumo de 5,2 l/100 km. La conducción de este Subaru Impreza 2.0D resulta sumamente divertida, pues la respuesta franca del motor, la excelente motricidad generada por el sistema de tracción a las cuatro ruedas y la tendencia del tren trasero a redondear el trazado de las curvas lo convierten en un vehículo muy dinámico –baja claramente de los 9 segundos en el 0 a 100 km/h en la versión menos pesada- y seguro. La menor solicitación de los neumáticos delanteros, gracias a que sólo reciben la mitad del par generado por el motor, hace que la eficacia del tren delantero sea mayor de lo habitual en modelos de este segmento, normalmente de tracción delantera.

La oferta del Impreza 2.0D abarca tres versiones: Classic, Limited y Sport. La primera ya dispone de un buen nivel de equipamiento, incluyendo –entre otros elementos- llantas de aleación de 16 pulgadas, climatizador y ocho airbags. El Limited suma los retrovisores y asientos calefactables, limipaparabrisas descongelante y los espejos exteriores y manillas de puertas en color de la carrocería. Por último, el Sport gana imagen con las llantas de aleación de 17 pulgadas, la entrada y arranque del motor sin necesidad de utilizar la llave, el cargados frontal de seis CD, los faros de xenón, antinieblas delanteros y un paquete Sport que incluye asientos específicos, parachoques delantero y trasero más grandes y estribos laterales. Como resultado de su mayor equipamiento, esta versión Sport resulta algo más pesada, con cierta pérdida de prestaciones y una mínima recarga en el consumo. En el diseño exterior del coche toma especial protagonismo el deflector aerodinámico situado al final del techo, que reduce en un 7 por ciento la habitual tendencia de elevación de la zaga de los coches a alta velocidad. También consigue mejorar la estabilidad en dichas circunstancias. La zona inferior de la carrocería se ha optimizado, reduciendo los huecos entre los distintos elementos mecánicos, para minimizar las turbulencias creadas entre el asfalto y el coche. Hablando de la zaga, hay que mencionar que el Impreza 2.0D no dispone de rueda de repuesto, ahorrando así unos 10 kg de peso y, en su lugar, aparece un kit de reparación de pinchazos. En la conducción, este Subaru Impreza muestra una magnífica capacidad de absorción de las irregularidades del asfalto, sin traspasarlas al habitáculo. Los muelles de suspensión no poseen dureza innecesaria y, así, hasta en carreteras de mal piso, el confort es excelente. Los asientos de la versión Sport –la que hemos conducido- potencian esta cualidad, pues su mullido permite adecuar su diseño a cada espalda. El climatizador viene como elemento de serie, aunque no dispone de doble selección de temperaturas. La posición al volante es buena, con posibilidad de regular dicho elemento en profundidad y altura. La dirección posee servoasistencia eléctrica, pero su tacto es muy bueno y la tendencia al autocentrado, justa.

En resumen, un modelo muy original respecto de la competencia pero cuyas virtudes nos pueden hacer olvidar su procedencia de una marca, en nuestro país, no especialmente conocida. El Impreza es la oferta de Subaru en el segmento de los compactos, aunque posee una longitud poco habitual –4,42 metros– que lo convierten en uno de los más grandes de su categoría. Antes de que acabe el año, Subaru inicia la comercialización del Impreza con el motor turbodiésel que ya ha ido extendiendo por el resto de su gama. Se trata de un original –es el único del mercado– cuatro cilindros opuestos horizontales, con 2 litros de cilindrada, una potencia máxima de 150 CV y una entrega de par de 35,7 mkg en una banda de régimen de giro desde 1.800 hasta 2.400 rpm. Su conducta se alinea con los más modernos motores turbodiésel, arrancando su entrega de fuerza útil desde bajas revoluciones, en torno a las 1.400 rpm, para ser plenamente utilizables hasta algo más allá de las 4.500 rpm, permitiendo una banda de utilización muy amplia, que limita al máximo el uso de la caja de cambios, dada la flexibilidad de uso. La asociación de esta mecánica al sistema de tracción a las cuatro ruedas con reparto simétrico del par entre los trenes delantero y trasero se realiza mediante una caja de cambios manual de seis relaciones, que genera un desarrollo en sexta de más de 53 km/h cada 1.000 rpm. De esta manera, el Subaru Impreza 2.0D puede mantener un crucero de 120 km/h en autopista a unas 2.200 rpm, resultando tan agradable –poco ruido y buena respuesta- como austero, dado que en ciclo extraurbano anuncia un consumo de 5,2 l/100 km. La conducción de este Subaru Impreza 2.0D resulta sumamente divertida, pues la respuesta franca del motor, la excelente motricidad generada por el sistema de tracción a las cuatro ruedas y la tendencia del tren trasero a redondear el trazado de las curvas lo convierten en un vehículo muy dinámico –baja claramente de los 9 segundos en el 0 a 100 km/h en la versión menos pesada- y seguro. La menor solicitación de los neumáticos delanteros, gracias a que sólo reciben la mitad del par generado por el motor, hace que la eficacia del tren delantero sea mayor de lo habitual en modelos de este segmento, normalmente de tracción delantera.

La oferta del Impreza 2.0D abarca tres versiones: Classic, Limited y Sport. La primera ya dispone de un buen nivel de equipamiento, incluyendo –entre otros elementos- llantas de aleación de 16 pulgadas, climatizador y ocho airbags. El Limited suma los retrovisores y asientos calefactables, limipaparabrisas descongelante y los espejos exteriores y manillas de puertas en color de la carrocería. Por último, el Sport gana imagen con las llantas de aleación de 17 pulgadas, la entrada y arranque del motor sin necesidad de utilizar la llave, el cargados frontal de seis CD, los faros de xenón, antinieblas delanteros y un paquete Sport que incluye asientos específicos, parachoques delantero y trasero más grandes y estribos laterales. Como resultado de su mayor equipamiento, esta versión Sport resulta algo más pesada, con cierta pérdida de prestaciones y una mínima recarga en el consumo. En el diseño exterior del coche toma especial protagonismo el deflector aerodinámico situado al final del techo, que reduce en un 7 por ciento la habitual tendencia de elevación de la zaga de los coches a alta velocidad. También consigue mejorar la estabilidad en dichas circunstancias. La zona inferior de la carrocería se ha optimizado, reduciendo los huecos entre los distintos elementos mecánicos, para minimizar las turbulencias creadas entre el asfalto y el coche. Hablando de la zaga, hay que mencionar que el Impreza 2.0D no dispone de rueda de repuesto, ahorrando así unos 10 kg de peso y, en su lugar, aparece un kit de reparación de pinchazos. En la conducción, este Subaru Impreza muestra una magnífica capacidad de absorción de las irregularidades del asfalto, sin traspasarlas al habitáculo. Los muelles de suspensión no poseen dureza innecesaria y, así, hasta en carreteras de mal piso, el confort es excelente. Los asientos de la versión Sport –la que hemos conducido- potencian esta cualidad, pues su mullido permite adecuar su diseño a cada espalda. El climatizador viene como elemento de serie, aunque no dispone de doble selección de temperaturas. La posición al volante es buena, con posibilidad de regular dicho elemento en profundidad y altura. La dirección posee servoasistencia eléctrica, pero su tacto es muy bueno y la tendencia al autocentrado, justa.

En resumen, un modelo muy original respecto de la competencia pero cuyas virtudes nos pueden hacer olvidar su procedencia de una marca, en nuestro país, no especialmente conocida. El Impreza es la oferta de Subaru en el segmento de los compactos, aunque posee una longitud poco habitual –4,42 metros– que lo convierten en uno de los más grandes de su categoría. Antes de que acabe el año, Subaru inicia la comercialización del Impreza con el motor turbodiésel que ya ha ido extendiendo por el resto de su gama. Se trata de un original –es el único del mercado– cuatro cilindros opuestos horizontales, con 2 litros de cilindrada, una potencia máxima de 150 CV y una entrega de par de 35,7 mkg en una banda de régimen de giro desde 1.800 hasta 2.400 rpm. Su conducta se alinea con los más modernos motores turbodiésel, arrancando su entrega de fuerza útil desde bajas revoluciones, en torno a las 1.400 rpm, para ser plenamente utilizables hasta algo más allá de las 4.500 rpm, permitiendo una banda de utilización muy amplia, que limita al máximo el uso de la caja de cambios, dada la flexibilidad de uso. La asociación de esta mecánica al sistema de tracción a las cuatro ruedas con reparto simétrico del par entre los trenes delantero y trasero se realiza mediante una caja de cambios manual de seis relaciones, que genera un desarrollo en sexta de más de 53 km/h cada 1.000 rpm. De esta manera, el Subaru Impreza 2.0D puede mantener un crucero de 120 km/h en autopista a unas 2.200 rpm, resultando tan agradable –poco ruido y buena respuesta- como austero, dado que en ciclo extraurbano anuncia un consumo de 5,2 l/100 km. La conducción de este Subaru Impreza 2.0D resulta sumamente divertida, pues la respuesta franca del motor, la excelente motricidad generada por el sistema de tracción a las cuatro ruedas y la tendencia del tren trasero a redondear el trazado de las curvas lo convierten en un vehículo muy dinámico –baja claramente de los 9 segundos en el 0 a 100 km/h en la versión menos pesada- y seguro. La menor solicitación de los neumáticos delanteros, gracias a que sólo reciben la mitad del par generado por el motor, hace que la eficacia del tren delantero sea mayor de lo habitual en modelos de este segmento, normalmente de tracción delantera.

La oferta del Impreza 2.0D abarca tres versiones: Classic, Limited y Sport. La primera ya dispone de un buen nivel de equipamiento, incluyendo –entre otros elementos- llantas de aleación de 16 pulgadas, climatizador y ocho airbags. El Limited suma los retrovisores y asientos calefactables, limipaparabrisas descongelante y los espejos exteriores y manillas de puertas en color de la carrocería. Por último, el Sport gana imagen con las llantas de aleación de 17 pulgadas, la entrada y arranque del motor sin necesidad de utilizar la llave, el cargados frontal de seis CD, los faros de xenón, antinieblas delanteros y un paquete Sport que incluye asientos específicos, parachoques delantero y trasero más grandes y estribos laterales. Como resultado de su mayor equipamiento, esta versión Sport resulta algo más pesada, con cierta pérdida de prestaciones y una mínima recarga en el consumo. En el diseño exterior del coche toma especial protagonismo el deflector aerodinámico situado al final del techo, que reduce en un 7 por ciento la habitual tendencia de elevación de la zaga de los coches a alta velocidad. También consigue mejorar la estabilidad en dichas circunstancias. La zona inferior de la carrocería se ha optimizado, reduciendo los huecos entre los distintos elementos mecánicos, para minimizar las turbulencias creadas entre el asfalto y el coche. Hablando de la zaga, hay que mencionar que el Impreza 2.0D no dispone de rueda de repuesto, ahorrando así unos 10 kg de peso y, en su lugar, aparece un kit de reparación de pinchazos. En la conducción, este Subaru Impreza muestra una magnífica capacidad de absorción de las irregularidades del asfalto, sin traspasarlas al habitáculo. Los muelles de suspensión no poseen dureza innecesaria y, así, hasta en carreteras de mal piso, el confort es excelente. Los asientos de la versión Sport –la que hemos conducido- potencian esta cualidad, pues su mullido permite adecuar su diseño a cada espalda. El climatizador viene como elemento de serie, aunque no dispone de doble selección de temperaturas. La posición al volante es buena, con posibilidad de regular dicho elemento en profundidad y altura. La dirección posee servoasistencia eléctrica, pero su tacto es muy bueno y la tendencia al autocentrado, justa.

En resumen, un modelo muy original respecto de la competencia pero cuyas virtudes nos pueden hacer olvidar su procedencia de una marca, en nuestro país, no especialmente conocida. El Impreza es la oferta de Subaru en el segmento de los compactos, aunque posee una longitud poco habitual –4,42 metros– que lo convierten en uno de los más grandes de su categoría. Antes de que acabe el año, Subaru inicia la comercialización del Impreza con el motor turbodiésel que ya ha ido extendiendo por el resto de su gama. Se trata de un original –es el único del mercado– cuatro cilindros opuestos horizontales, con 2 litros de cilindrada, una potencia máxima de 150 CV y una entrega de par de 35,7 mkg en una banda de régimen de giro desde 1.800 hasta 2.400 rpm. Su conducta se alinea con los más modernos motores turbodiésel, arrancando su entrega de fuerza útil desde bajas revoluciones, en torno a las 1.400 rpm, para ser plenamente utilizables hasta algo más allá de las 4.500 rpm, permitiendo una banda de utilización muy amplia, que limita al máximo el uso de la caja de cambios, dada la flexibilidad de uso. La asociación de esta mecánica al sistema de tracción a las cuatro ruedas con reparto simétrico del par entre los trenes delantero y trasero se realiza mediante una caja de cambios manual de seis relaciones, que genera un desarrollo en sexta de más de 53 km/h cada 1.000 rpm. De esta manera, el Subaru Impreza 2.0D puede mantener un crucero de 120 km/h en autopista a unas 2.200 rpm, resultando tan agradable –poco ruido y buena respuesta- como austero, dado que en ciclo extraurbano anuncia un consumo de 5,2 l/100 km. La conducción de este Subaru Impreza 2.0D resulta sumamente divertida, pues la respuesta franca del motor, la excelente motricidad generada por el sistema de tracción a las cuatro ruedas y la tendencia del tren trasero a redondear el trazado de las curvas lo convierten en un vehículo muy dinámico –baja claramente de los 9 segundos en el 0 a 100 km/h en la versión menos pesada- y seguro. La menor solicitación de los neumáticos delanteros, gracias a que sólo reciben la mitad del par generado por el motor, hace que la eficacia del tren delantero sea mayor de lo habitual en modelos de este segmento, normalmente de tracción delantera.

La oferta del Impreza 2.0D abarca tres versiones: Classic, Limited y Sport. La primera ya dispone de un buen nivel de equipamiento, incluyendo –entre otros elementos- llantas de aleación de 16 pulgadas, climatizador y ocho airbags. El Limited suma los retrovisores y asientos calefactables, limipaparabrisas descongelante y los espejos exteriores y manillas de puertas en color de la carrocería. Por último, el Sport gana imagen con las llantas de aleación de 17 pulgadas, la entrada y arranque del motor sin necesidad de utilizar la llave, el cargados frontal de seis CD, los faros de xenón, antinieblas delanteros y un paquete Sport que incluye asientos específicos, parachoques delantero y trasero más grandes y estribos laterales. Como resultado de su mayor equipamiento, esta versión Sport resulta algo más pesada, con cierta pérdida de prestaciones y una mínima recarga en el consumo. En el diseño exterior del coche toma especial protagonismo el deflector aerodinámico situado al final del techo, que reduce en un 7 por ciento la habitual tendencia de elevación de la zaga de los coches a alta velocidad. También consigue mejorar la estabilidad en dichas circunstancias. La zona inferior de la carrocería se ha optimizado, reduciendo los huecos entre los distintos elementos mecánicos, para minimizar las turbulencias creadas entre el asfalto y el coche. Hablando de la zaga, hay que mencionar que el Impreza 2.0D no dispone de rueda de repuesto, ahorrando así unos 10 kg de peso y, en su lugar, aparece un kit de reparación de pinchazos. En la conducción, este Subaru Impreza muestra una magnífica capacidad de absorción de las irregularidades del asfalto, sin traspasarlas al habitáculo. Los muelles de suspensión no poseen dureza innecesaria y, así, hasta en carreteras de mal piso, el confort es excelente. Los asientos de la versión Sport –la que hemos conducido- potencian esta cualidad, pues su mullido permite adecuar su diseño a cada espalda. El climatizador viene como elemento de serie, aunque no dispone de doble selección de temperaturas. La posición al volante es buena, con posibilidad de regular dicho elemento en profundidad y altura. La dirección posee servoasistencia eléctrica, pero su tacto es muy bueno y la tendencia al autocentrado, justa.

En resumen, un modelo muy original respecto de la competencia pero cuyas virtudes nos pueden hacer olvidar su procedencia de una marca, en nuestro país, no especialmente conocida.

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