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Skoda Roomster Scout 1.9 TDI

Aunque muy apta como vehículo familiar, la variante Scout no añade en la práctica mayor versatilidad al Roomster. Ligeros detalles de estética todo-camino, mismas cualidades funcionales y agradable comportamiento dinámico… aunque sólo para el asfalto; un nuevo apellido que, en la práctica, supone completar su gama con una versión de equipamiento superior.
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Skoda Roomster Scout 1.9 TDI
Valoradas con nota sus aptitudes funcionales, hay que reconocer que el Roomster gana puntos una vez se ha conducido. La variante Scout, con las mismas dimensiones del familiar de base y sólo 25 kilos más de suplemento, no iba a ser menos. De tacto agradable, aunque no muy refinado, cumple sin fisuras la función de transporte familiar.
Y es que, optando por una estrategia de módulos ya habitual en Skoda, el Roomter Scout combina elementos contrastados en el grupo Volkswagen. A saber: el tren delantero se ha tomado del Fabia; el trasero, con un eje torsional no muy sofisticado pero efectivo, llega directamente del Golf IV; la dirección, por su parte, se apoya en la empleada por el Octavia. Contundentemente calzado (utiliza neumáticos de medida 205/45 ZR17), era de esperar un resultado satisfactorio. En carretera, el Roomster Scout muestra un buen aplomo y un comportamiento casi más próximo a una berlina que a un monovolumen tradicional. Tiene buena pisada, con unas suspensiones bien equilibradas y que obtienen una alta puntuación en el confort de bacheo… y eso a pesar del escaso perfil de neumático.

En apoyos, este original Roomster tampoco se descompone fácilmente. Ofrece una respuesta acompasada, progresiva y, si bien aparecen lógicos balanceos de carrocería al incrementar el ritmo de marcha, estas inercias se encuentran bastante bien atajadas para el tipo de vehículo de que hablamos. Además, como ventaja, la variante Scout añade ahora de serie el ESP, un control electrónico bien tarado para corregir las pérdidas de trayectoria y controlar algunas ausencias de motricidad. Por encima de todo, resulta fácil de conducir. El motor también muestra sus cartas en este dinamismo, aunque la mano no esté en esta ocasión del todo completa. Para la variante Scout podemos optar sólo a las dos mecánicas superiores, 1.6 gasolina y 1.9 TDI, ambas con 105 CV; una partida que gana este último por su adecuada relación entre consumo y potencia. Económico, por debajo incluso de los 7 litros cada 100 km manteniendo altos cruceros, y con sólo cinco marchas, no destaca por unas prestaciones brillantísimas (idénticas, por cierto, al Roomster original), pero mueve el conjunto con soltura y un más aceptable empuje desde sólo 1.500 rpm. Evita así que el conductor recurra constantemente a la transmisión –que, por cierto, no es un derroche de rapidez y precisión- para obtener correctas aceleraciones. Tan voluntarioso como siempre, este 1.9 TDI vuelve a superar con margen los valores oficiales de par y potencia, una norma ya en el grupo VW. No destaca por su sobrerrégimen, pero sí por la contundencia que muestra desde la zona baja del cuentavueltas. Un cambio de seis relaciones completaría el conjunto. Eso sí, con este 1.9 Diesel resaltamos nuevamente lo que ya es toda una realidad: a estos motores TDI con sistema inyector-bomba les empieza a pesar el paso del tiempo. Sonoro y percutor de más vibraciones al habitáculo de las deseadas, pide su pronta sustitución por la más refinada inyección por conducto común, ya probada con éxito sobre el dos litros TDI de los nuevos VW Tiguan y Audi A4. Hay que rendirse a la evidencia.

En definitiva, con respecto al Roomster original la variante Scout añade pocas modificaciones estéticas, equipa su mismo motor de 105 CV y le iguala prácticamente en prestaciones y funcionalidad… Hay que recurrir por tanto al equipamiento para comprender las diferencias entre ambas. Sobre La versión superior de equipamiento Fun en su mismo motor 1.9 TDI, el Scout implica ahora un desembolso mayor (1.070 euros de sobrecoste), compensado por su mejor dotación. Al margen de los ya mencionados mayores neumáticos, del ESP y de la tapicería específica, en el Roomster Scout llegan ahora también de serie el climatizador y el control de presión de neumáticos. Por ahí quizás puede encontrar su hueco en el mercado. Porque otra de las cualidades que teóricamente suelen sumar estas transformaciones de modelos populares, el carácter distintivo, no tiene esta vez tanta repercusión en este familiar. El Roomster convencional ya es suficientemente original. — Modularidad interior
— Capacidad de maletero
— Relación consumo/prestaciones — No añade mayor versatilidad
— Sonoridad y vibraciones
— Aumento de precio
Forma y función
Valoradas con nota sus aptitudes funcionales, hay que reconocer que el Roomster gana puntos una vez se ha conducido. La variante Scout, con las mismas dimensiones del familiar de base y sólo 25 kilos más de suplemento, no iba a ser menos. De tacto agradable, aunque no muy refinado, cumple sin fisuras la función de transporte familiar. Y es que, optando por una estrategia de módulos ya habitual en Skoda, el Roomter Scout combina elementos contrastados en el grupo Volkswagen. A saber: el tren delantero se ha tomado del Fabia; el trasero, con un eje torsional no muy sofisticado pero efectivo, llega directamente del Golf IV; la dirección, por su parte, se apoya en la empleada por el Octavia. Contundentemente calzado (utiliza neumáticos de medida 205/45 ZR17), era de esperar un resultado satisfactorio. En carretera, el Roomster Scout muestra un buen aplomo y un comportamiento casi más próximo a una berlina que a un monovolumen tradicional. Tiene buena pisada, con unas suspensiones bien equilibradas y que obtienen una alta puntuación en el confort de bacheo… y eso a pesar del escaso perfil de neumático.

En apoyos, este original Roomster tampoco se descompone fácilmente. Ofrece una respuesta acompasada, progresiva y, si bien aparecen lógicos balanceos de carrocería al incrementar el ritmo de marcha, estas inercias se encuentran bastante bien atajadas para el tipo de vehículo de que hablamos. Además, como ventaja, la variante Scout añade ahora de serie el ESP, un control electrónico bien tarado para corregir las pérdidas de trayectoria y controlar algunas ausencias de motricidad. Por encima de todo, resulta fácil de conducir. El motor también muestra sus cartas en este dinamismo, aunque la mano no esté en esta ocasión del todo completa. Para la variante Scout podemos optar sólo a las dos mecánicas superiores, 1.6 gasolina y 1.9 TDI, ambas con 105 CV; una partida que gana este último por su adecuada relación entre consumo y potencia. Económico, por debajo incluso de los 7 litros cada 100 km manteniendo altos cruceros, y con sólo cinco marchas, no destaca por unas prestaciones brillantísimas (idénticas, por cierto, al Roomster original), pero mueve el conjunto con soltura y un más aceptable empuje desde sólo 1.500 rpm. Evita así que el conductor recurra constantemente a la transmisión –que, por cierto, no es un derroche de rapidez y precisión- para obtener correctas aceleraciones. Tan voluntarioso como siempre, este 1.9 TDI vuelve a superar con margen los valores oficiales de par y potencia, una norma ya en el grupo VW. No destaca por su sobrerrégimen, pero sí por la contundencia que muestra desde la zona baja del cuentavueltas. Un cambio de seis relaciones completaría el conjunto. Eso sí, con este 1.9 Diesel resaltamos nuevamente lo que ya es toda una realidad: a estos motores TDI con sistema inyector-bomba les empieza a pesar el paso del tiempo. Sonoro y percutor de más vibraciones al habitáculo de las deseadas, pide su pronta sustitución por la más refinada inyección por conducto común, ya probada con éxito sobre el dos litros TDI de los nuevos VW Tiguan y Audi A4. Hay que rendirse a la evidencia.

En definitiva, con respecto al Roomster original la variante Scout añade pocas modificaciones estéticas, equipa su mismo motor de 105 CV y le iguala prácticamente en prestaciones y funcionalidad… Hay que recurrir por tanto al equipamiento para comprender las diferencias entre ambas. Sobre La versión superior de equipamiento Fun en su mismo motor 1.9 TDI, el Scout implica ahora un desembolso mayor (1.070 euros de sobrecoste), compensado por su mejor dotación. Al margen de los ya mencionados mayores neumáticos, del ESP y de la tapicería específica, en el Roomster Scout llegan ahora también de serie el climatizador y el control de presión de neumáticos. Por ahí quizás puede encontrar su hueco en el mercado. Porque otra de las cualidades que teóricamente suelen sumar estas transformaciones de modelos populares, el carácter distintivo, no tiene esta vez tanta repercusión en este familiar. El Roomster convencional ya es suficientemente original. — Modularidad interior
— Capacidad de maletero
— Relación consumo/prestaciones — No añade mayor versatilidad
— Sonoridad y vibraciones
— Aumento de precio
Forma y función

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