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Skoda Roomster Scout 1.9 TDI

Aunque muy apta como vehículo familiar, la variante Scout no añade en la práctica mayor versatilidad al Roomster. Ligeros detalles de estética todo-camino, mismas cualidades funcionales y agradable comportamiento dinámico… aunque sólo para el asfalto; un nuevo apellido que, en la práctica, supone completar su gama con una versión de equipamiento superior.
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Skoda Roomster Scout 1.9 TDI
No podemos decir que el sello que Skoda imprime a su Roomster Scout sea inédito. Podríamos buscar en la hemeroteca varios referentes de turismos personalizados como todo-terrenos estéticos mediante retoques de carrocería, como el curioso Rover Streetwise. Pero entonces eran excepción; ahora, la cosmética impregna la industria. La imparable corriente SUV ha generalizado estas adaptaciones, fusionando el concepto con otros valores como la funcionalidad para ganar atractivo, y prescindiendo de cuatro ruedas motrices, salvo variantes algo más efectivas (Fiat Panda 4x4, Seat Altea Freetrack, Volvo XC70…) que escaparían a esta clasificación.
Esta vez, Skoda aplica esa misma filosofía aventurera sobre su Roomster con un resultado visual muy llamativo, pero también con matices importantes. No ya porque tomando un apellido familiar estrenado en el Octavia rehúse a equipar su diferencial central Haldex, sino porque tampoco recurre a muelles de suspensión más largos ni a una mayor distancia al suelo, como sí ofrece por ejemplo VW en sus Cross Polo y Cross Golf, o Renault en la serie Scénic Adventure by Coronel Tapioca, una edición algo suavizada de su anterior RX4. Todo ello, unido a unos neumáticos deportivos de bajo perfil 40 y llantas de 17 pulgadas, no sólo recomiendan a este Roomster alejarse de pistas y caminos, sino incluso de bordillos. Hablamos más bien de una versión mejor equipada de un familiar que conserva intacta su útil modularidad y buen rendimiento en carretera. La nueva variante Scout homologa casi cinco centímetros más de altura que el Roomster original, pero este incremento se debe sólo a sus mayores llantas en combinación con las barras portaequipajes. Adornos aparejados al título Scout, como también lo son sus elementos perimetrales de protección, todos de plástico. Ninguna modificación más. La misma original silueta que en su día bautizamos como alternativa al tradicional monovolumen, con una compacta longitud de 4,2 metros y una batalla alargada hasta los 2,6 m, es decir, 4 centímetros superior al amplio Octavia Combi.

La verdad es que, estéticamente, resulta difícil clasificar a este Roomster: frontal prolongado y voluminoso de clásico turismo, ventanas delanteras pequeñas y curvadas, grandes puertas traseras con tirador oculto y cristales sobredimensionados, y una zaga recortada prácticamente en vertical. Gustará más o menos, y se encontrarán parecidos a distintos segmentos del mercado. Pero, sin duda, representa una nueva opción en la categoría. Y aplaudimos siempre la variedad. Esa estética genuina y orientada siempre al uso familiar anuncia ya el compromiso del Roomster hacia los pasajeros. Delante, el entorno es contenido, con una presentación correcta aunque con plásticos inferiores muy rígidos, una altura digna de albergar a jugadores de baloncesto y mucho hueco funcional, como la doble guantera del salpicadero o las tiras sujeta-folios de las puertas. Destacar que en esta versión Scout la tapicería es específica y más vistosa, con asientos opcionales deportivos mixtos que proporcionan un mejor agarre. Sin embargo, es en la fila trasera de este Scout donde nuevamente apreciamos las virtudes del Roomster, salvo por una anchura quizás algo justa para tres ocupantes e inferior a familiares más pequeños como el Opel Meriva. No obstante, a menos que tratemos con familias numerosas, Skoda ha resuelto el inconveniente con su cómodo sistema Varioflex. Los tres asientos posteriores, elevados 46 milímetros con respecto a la primera fila, son independientes. El central es más estrecho y hace las veces de reposabrazos, aunque también puede suprimirse fácilmente al pesar sólo 11 kg. Así, encontramos dos opciones: mantener los dos asientos exteriores en su original ubicación (ganando un espacio en medio ideal para colocar sillas infantiles a cada lado) o desplazar cada butaca hasta 11 centímetros hacia el centro para alejarlas de las puertas.

Además, toda la fila trasera del Roomster Scout admite un desplazamiento longitudinal de 15 centímetros, bien para ganar maletero -casi 600 espectaculares litros en esta posición, y con rueda normal de repuesto-, o bien para mejorar el espacio trasero para piernas, que de 69 cm –como un utilitario- pasa a 84 -como una berlina tipo VW Passat-. Incluso en esta última configuración contamos ya con nada menos que 500 litros de maletero. Todos los asientos traseros pueden también abatirse, plegarse hacia delante para crear una superficie plana de más de 1.500 litros e, incluso, reclinar sus respaldos 13 grados. Sólo un inconveniente: en ningún caso las plazas se ocultan bajo el piso, como sí permitía un concepto de familiar similar como el Toyota Yaris Verso. Para eliminarlas debemos extraer ahora cada asiento, aunque la operación es sencilla. Además de un equipamiento más completo y, por tanto, un precio unos 1.000 euros superior, poco más suma el Scout a la familia Roomster. Sus valores más destacados siguen emparentados con su habitáculo y enorme maletero.
En carretera
No podemos decir que el sello que Skoda imprime a su Roomster Scout sea inédito. Podríamos buscar en la hemeroteca varios referentes de turismos personalizados como todo-terrenos estéticos mediante retoques de carrocería, como el curioso Rover Streetwise. Pero entonces eran excepción; ahora, la cosmética impregna la industria. La imparable corriente SUV ha generalizado estas adaptaciones, fusionando el concepto con otros valores como la funcionalidad para ganar atractivo, y prescindiendo de cuatro ruedas motrices, salvo variantes algo más efectivas (Fiat Panda 4x4, Seat Altea Freetrack, Volvo XC70…) que escaparían a esta clasificación. Esta vez, Skoda aplica esa misma filosofía aventurera sobre su Roomster con un resultado visual muy llamativo, pero también con matices importantes. No ya porque tomando un apellido familiar estrenado en el Octavia rehúse a equipar su diferencial central Haldex, sino porque tampoco recurre a muelles de suspensión más largos ni a una mayor distancia al suelo, como sí ofrece por ejemplo VW en sus Cross Polo y Cross Golf, o Renault en la serie Scénic Adventure by Coronel Tapioca, una edición algo suavizada de su anterior RX4. Todo ello, unido a unos neumáticos deportivos de bajo perfil 40 y llantas de 17 pulgadas, no sólo recomiendan a este Roomster alejarse de pistas y caminos, sino incluso de bordillos. Hablamos más bien de una versión mejor equipada de un familiar que conserva intacta su útil modularidad y buen rendimiento en carretera. La nueva variante Scout homologa casi cinco centímetros más de altura que el Roomster original, pero este incremento se debe sólo a sus mayores llantas en combinación con las barras portaequipajes. Adornos aparejados al título Scout, como también lo son sus elementos perimetrales de protección, todos de plástico. Ninguna modificación más. La misma original silueta que en su día bautizamos como alternativa al tradicional monovolumen, con una compacta longitud de 4,2 metros y una batalla alargada hasta los 2,6 m, es decir, 4 centímetros superior al amplio Octavia Combi.

La verdad es que, estéticamente, resulta difícil clasificar a este Roomster: frontal prolongado y voluminoso de clásico turismo, ventanas delanteras pequeñas y curvadas, grandes puertas traseras con tirador oculto y cristales sobredimensionados, y una zaga recortada prácticamente en vertical. Gustará más o menos, y se encontrarán parecidos a distintos segmentos del mercado. Pero, sin duda, representa una nueva opción en la categoría. Y aplaudimos siempre la variedad. Esa estética genuina y orientada siempre al uso familiar anuncia ya el compromiso del Roomster hacia los pasajeros. Delante, el entorno es contenido, con una presentación correcta aunque con plásticos inferiores muy rígidos, una altura digna de albergar a jugadores de baloncesto y mucho hueco funcional, como la doble guantera del salpicadero o las tiras sujeta-folios de las puertas. Destacar que en esta versión Scout la tapicería es específica y más vistosa, con asientos opcionales deportivos mixtos que proporcionan un mejor agarre. Sin embargo, es en la fila trasera de este Scout donde nuevamente apreciamos las virtudes del Roomster, salvo por una anchura quizás algo justa para tres ocupantes e inferior a familiares más pequeños como el Opel Meriva. No obstante, a menos que tratemos con familias numerosas, Skoda ha resuelto el inconveniente con su cómodo sistema Varioflex. Los tres asientos posteriores, elevados 46 milímetros con respecto a la primera fila, son independientes. El central es más estrecho y hace las veces de reposabrazos, aunque también puede suprimirse fácilmente al pesar sólo 11 kg. Así, encontramos dos opciones: mantener los dos asientos exteriores en su original ubicación (ganando un espacio en medio ideal para colocar sillas infantiles a cada lado) o desplazar cada butaca hasta 11 centímetros hacia el centro para alejarlas de las puertas.

Además, toda la fila trasera del Roomster Scout admite un desplazamiento longitudinal de 15 centímetros, bien para ganar maletero -casi 600 espectaculares litros en esta posición, y con rueda normal de repuesto-, o bien para mejorar el espacio trasero para piernas, que de 69 cm –como un utilitario- pasa a 84 -como una berlina tipo VW Passat-. Incluso en esta última configuración contamos ya con nada menos que 500 litros de maletero. Todos los asientos traseros pueden también abatirse, plegarse hacia delante para crear una superficie plana de más de 1.500 litros e, incluso, reclinar sus respaldos 13 grados. Sólo un inconveniente: en ningún caso las plazas se ocultan bajo el piso, como sí permitía un concepto de familiar similar como el Toyota Yaris Verso. Para eliminarlas debemos extraer ahora cada asiento, aunque la operación es sencilla. Además de un equipamiento más completo y, por tanto, un precio unos 1.000 euros superior, poco más suma el Scout a la familia Roomster. Sus valores más destacados siguen emparentados con su habitáculo y enorme maletero.
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