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Skoda Yeti 1.2 TSI

Tracción delantera y un perfecto ejemplo de mecánica de gasolina 'downsizing'. Esta versión del Skoda Yeti renuncia al papel más extremo como SUV, a cambio de racionalizar el equilibrio dinámico y funcional de su planteamiento de origen.
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Skoda Yeti 1.2 TSI
Los SUV han entrado en las vidas de muchos usuarios incluso sin la necesidad práctica de sus posibilidades de rodaje, pero sí por una estética y funcionalidad interior como argumentos frente al vehículo convencional. Visto así, la ‘asfaltización’ de este segmento es algo que se está generalizando y el mejor ejemplo de esta adaptación son las variantes de dos ruedas motrices que articulan las gamas de modelos como el exitoso Nissan Qashqai, Ford Kuga, VW Tiguan, etc.

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Skoda Yeti 1.2 TSI

Este planteamiento también existe en la gama Yeti, un particular SUV que si ya en sus versiones 4x4 prioriza su uso por el asfalto... en todas sus condiciones (nieve, baches, etc...), con tracción delantera apenas exige renunciar a la climatología más extrema. Evidentemente una tracción 4x4 también implica más seguridad incluso en situaciones normales, pero la rentabilidad coste/ventajas no siempre se percibe de la misma manera. Por cierto, renunciar a la tracción integral en el Yeti supone ganar 150 litros de maletero, que dan como total unos generosísimos 500 litros.

Su rodar, así como el planteamiento general del Yeti, está muy cerca de un coche compacto convencional. Es algo más alto que éstos, pero su dinámica pasaría por la de uno de ellos. De su muy buena calidad de rodadura, hay que tener en cuenta que su base de sustentación se aprovecha de su origen 4x4. Detrás hay una estructura multibrazo y el monocasco se siente muy rígido (en las versiones 4x4 que hemos probado por campo no aparecieron delatadores crujidos de carrocería), excelente base para que geométricamente las suspensiones funcionen como deben hacerlo en las demandas dinámicas más exigentes. Es un coche firme pero cómodo de suspensión (recorridos algo más largos que un coche normal) y gira sin las ‘aparatosidades ‘ de un coche muy alto y pesado... porque no lo es. No se siente tan incisivo en curva porque hay más balón de neumático y suspensión que comprimir, pero gira muy bien, resulta ágil de reacciones y su comportamiento en curva no genera ninguna duda. Por cierto, ha frenado ejemplarmente bien esta unidad, mejor que las ‘lastradas’ 4x4... de motores más potentes y pesados. Y no por renunciar a la tracción Haldex, este Yeti no se atreve con incursiones ‘off road’. Su mayor altura libre al suelo que un coche normal y sus neumáticos con perfil más alto permiten cierta despreocupación y comodidad para tomar pistas de tierra sin sentir que castigamos a nuestro coche. En esta racionalidad entra de lleno la expresión ‘downsizing ‘ que propone este inédito motor 1.2 TSI de 105 CV. Que un pequeño bloque 1.2 de cuatro cilindros de gasolina aporte prestaciones tan solventes y convincentes en este Yeti (ya lo monta el VW Golf y también nos ha gustado muchísimo la combinación) habla muy bien de las posibilidades de esta técnica, pero vayamos por partes. Con la sobrealimentación, el agrado de conducción de este pequeño bloque ya lo quisiera un 1.8 litros atmosférico. Este motor garantiza un empuje desde sus primeros giros muy agradable y prestacional, y en todo su rango de giro mantiene una respuesta muy consistente, en parte también porque se apoya en un cambio de 6 velocidades. Sus 105 CV teóricos cunden mucho más de lo que nos podemos imaginar, tanto como para ser una opción rutera muy cómoda y solvente. También hay mucho par y los relanzamientos surgen de forma despreocupada hacia la caja de cambios. Pero si las prestaciones de sus 105 CV (125 han aparecido al pasar por el banco de rodillos) convencen como alternativa rutera, los consumos de sus 1,2 litros de cilindrada distorsionan el panorama. Es cierto que la aerodinámica del Yeti es un pesado freno a velocidades medias y altas, y así los 8,5 l/100 km en cómodo crucero a 120 km/h es de lo mejor que podemos obtener si nos implicamos.

A partir de ahí, en función al equipaje, orografía y a nuestro modo de conducción, el consumo puede subir exponencialmente (un motor atmosférico de similar potencia es más equilibrado entre mínimos y máximos consumos). Lo mismo pasa en ciudad, que en muchas cotidianas situaciones los 10 l/100 km son una cantidad muy fácil y ampliamente superable. Es decir, con estos motores, los consumos en función a su cilindrada pueden salir en condiciones muy favorables, pero de no darse o implicarse el conductor, éstos obedecen a la potencia de motor y a su sobrealimentación (turbo) y, en mayor medida, cuanto más pequeño sea el motor, por su mayor carga de trabajo. - Motor 1.2 TSI muy solvente
- Comportamiento equilibrado
- Habitabilidad y maletero - Consumo sensible al uso
- Plaza central trasera incómoda
- Kit reparapinchazos
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