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Renault Latitude 2.0 dCi y Skoda Superb 2.0 TDI

Pocos modelos pueden presumir de una relación entre precio, espacio y equipamiento como la que ofrecen estas dos berlinas de representación de marcas generalistas. Las similitudes en su planteamiento son muy acusadas, pero también sus diferencias.
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Renault Latitude 2.0 dCi y Skoda Superb 2.0 TDI
Dirigidas a quienes buscan un plus de espacio y en cierto modo una apariencia señorial, estas grandes berlinas de calado familiar son los actuales buques insignia de sus respectivas marcas. El Skoda Superb es un viejo conocido que a lo largo de los años nos ha demostrado sus buenas virtudes, mientras que el Renault Latitude llega a nuestro mercado con la intención de llevarse una porción del pastel de este segmento cada vez más en desuso, aunque no por ello menos interesante. Deriva del coreano Samsung SM5, al que Renault ha dado su toque de personalidad para adaptarlo al gusto europeo, y se basa en la misma plataforma que emplea el Renault Laguna. Lo primero que hay que aclarar es que poco o nada tiene que ver con la filosofía del exclusivo Renault Vel Satis ya extinto, y tampoco trata de ser un sustituto, pues su planteamiento es mucho más modesto. Por otro lado, se espera que un futuro modelo de lujo de Renault haga su aparición en los próximos años, aunque su fecha de lanzamiento no se ha confirmado todavía.
Sus enormes maleteros y una habitabilidad interior a la altura de las circunstancias son los aspectos más destacables de nuestros dos protagonistas, por lo que suponen una buena alternativa para viajar en familia, sin estrecheces y con sitio para albergar ingentes cantidades de equipaje. Un precio muy competitivo y la posibilidad de incorporar un completísimo nivel de equipamiento son otras de las características que los definen.

No es de extrañar que a la hora de sentarnos a sus mandos y conducirlo el Renault Latitude recuerde bastante al Laguna, entre otras cosas porque su tren delantero es idéntico. Por otro lado, pedales, cambio, dirección y gran parte de los mandos cuentan con el mismo tacto de accionamiento. Esta sensación se intensifica aún más porque ambos modelos comparten elementos como el volante, las palancas de los intermitentes, el pomo del cambio... Sin embargo, las similitudes se van disipando a medida que las condiciones de uso se vuelven más exigentes, ya que el mayor peso del Renault Latitude se nota y repercute negativamente en su comportamiento en determinadas circunstancias en las que sale a relucir una peor puesta a punto de su bastidor. Por ejemplo, ante una curva que se cierra inesperadamente y es abordada a mayor velocidad de lo que el Latitude nos pide, la precisión de guiado y el aplomo disminuyen, sobre todo por un tren trasero menos asentado que el delantero, cuyas reacciones en situaciones comprometidas no son tan progresivas como cabría esperar en una berlina de este tipo. La dirección es rápida, bastante asistida incluso a alta velocidad y no informa mucho de lo que ocurre bajo las ruedas, pero consigue que el inicio de los giros sea bastante inmediato y no obliga a manotear con el volante cuando circulamos por entornos urbanos. En caso de un exceso de optimismo por nuestra parte con el pedal del acelerador, el ESP se muestra muy eficaz a la hora de subsanar el subviraje. La forma de progresar del Skoda Superb es bastante diferente. Para empezar, su dirección es más lenta y se combina con unas reacciones del bastidor no tan instantáneas como en su rival, con una entrada en curva menos incisiva. El tarado de su amortiguación es más suave, aunque ofrece en opción un tren de rodaje más firme para quien busque mayor grado de dinamismo. No obstante, a pesar de ser algo aburguesado, resulta efectivo y equilibrado, con un alto grado de estabilidad y reacciones apaciguadoras frente a situaciones de emergencia, ya que mantiene la progresividad en todo momento, incluso cuando el eje trasero ayuda a redondear los giros, pues lo hace de manera más neutra, lenta y previsible que el Renault. Su pisada transmite mayor sensación de solidez y consistencia. Si elevamos el ritmo más de la cuenta en carreteras reviradas, el ESP actúa más frecuentemente que en su contrincante para propiciar cierta agilidad de entrada en curva y reducir la ligera deriva del tren delantero. También a la salida de los giros cerrados la electrónica garantiza un alto nivel de tracción cuando el suelo está resbaladizo, siempre de forma fluida y sin interferir con la conducción. Por otro lado, el tacto de todos sus mandos es muy preciso, lo que genera un alto agrado de uso, al igual que la dirección, un poco más informativa y de tacto más fluido en maniobras. A su vez, el pedal de freno cuenta con mayor recorrido y se dosifica mejor en frenadas muy fuertes, en las que además hay que hacer menos correcciones en el volante que en el Renault para mantener la trayectoria.

En cuanto a confort, la amortiguación del Superb está muy trabajada y se corresponde con el modelo tope de gama que es, filtrando las irregularidades sin aparente esfuerzo y de forma homogénea. En el Latitude, por su parte, sin ser un coche incómodo, la calidad de bacheo está menos conseguida. Resulta algo seco al inicio del recorrido de la suspensión y el sonido al pasar sobre badenes reductores de velocidad no transmite la solidez de fabricación de su rival. Ambos cuentan con resolutivas mecánicas turbodiésel de brillante funcionamiento, tanto por refinamiento como por respuesta. En el caso del Renault Latitude sorprende su capacidad para estirar las marchas y girar alto de vueltas, con un empuje que no cesa hasta prácticamente la zona roja, casi como si se tratara de una mecánica de gasolina, lo que le proporciona mejores resultados que el Superb en las pruebas de aceleración. Es, al mismo tiempo, ligeramente más silencioso en nuestras mediciones a velocidad mantenida, algo en lo que también tiene que ver el buen aislamiento del habitáculo, pues la rumorosidad es menor que en un Laguna con el mismo motor. El Skoda Superb es sensiblemente más instantáneo cuando solicitamos potencia a pocas vueltas, como se puede ver en las cifras de adelantamiento desde 20 km/h, pero a la hora de buscar la máxima aceleración su empuje se va atenuando una vez superada la zona media. Sin embargo, obtiene muy buenos resultados en recuperaciones, donde mejora los tiempos del Latitude a pesar de contar con algo menos de potencia y par. Queda claro que el peso y unos desarrollos muy bien escalonados juegan a su favor en el día a día, de hecho, los dos modelos tienen idéntica relación peso/potencia.

En ninguno de los dos la visibilidad hacia atrás es buena. En el Latitude, por la altura del portón y, en el Superb, por una luna más reducida de lo habitual. Además de los sensores de proximidad delanteros y traseros, el primero puede equipar una práctica cámara posterior, mientras que el segundo dispone en opción del sistema Park Assist, capaz de girar el volante de forma automática para ayudarnos en las maniobras de aparcamiento. Otra peculiaridad del Renault Latitude es su sistema de climatización con ionizador de aire opcional —teóricamente relaja y neutraliza bacterias, microbios, alérgenos— y con ambientador de tres intensidades y dos depósitos para aromas —hay 6 disponibles—. Para gustos, colores. En cualquier caso, el mayor lujo de estos dos modelos es la amplitud. Las cotas interiores son similares, si bien el Superb concede a los pasajeros traseros un espacio exagerado para estirar las piernas. También cuenta con un sistema de apertura doble del maletero, útil para preservar la temperatura del habitáculo en caso de no necesitar cargar objetos voluminosos. Los programas electrónicos de estabilidad son de serie en ambos y subsanan en la medida de lo posible cualquier carencia del bastidor o error de conducción, lo que siempre aporta mucha tranquilidad. Con los niveles de acabado analizados el Superb añade, además, control de presión de los neumáticos, algo que el Latitude sólo ofrece para la terminación superior Initiale. En seguridad pasiva el Superb se desmarca otra vez con airbags adicionales para las rodillas del conductor y laterales traseros —no confundir con los de cortina, de serie en ambos—, aunque estos últimos son opcionales. El Latitude cuenta con un descuento oficial de 2.000 euros y hace más asequible un producto caracterizado por sus generosas dimensiones y equipamiento. Pese a ser algo más caro, el Superb también resulta muy competitivo y al tiempo que es un automóvil muy consolidado. El Renault no lo tiene fácil y, personalmente, puestos a buscar un coche especial, nos seduce mucho más la idea de un Laguna con acabado GT y cuatro ruedas directrices, que cuesta 1.300 euros menos que el Latitude de estas páginas. Dirigidas a quienes buscan un plus de espacio y en cierto modo una apariencia señorial, estas grandes berlinas de calado familiar son los actuales buques insignia de sus respectivas marcas. El Skoda Superb es un viejo conocido que a lo largo de los años nos ha demostrado sus buenas virtudes, mientras que el Renault Latitude llega a nuestro mercado con la intención de llevarse una porción del pastel de este segmento cada vez más en desuso, aunque no por ello menos interesante. Deriva del coreano Samsung SM5, al que Renault ha dado su toque de personalidad para adaptarlo al gusto europeo, y se basa en la misma plataforma que emplea el Renault Laguna. Lo primero que hay que aclarar es que poco o nada tiene que ver con la filosofía del exclusivo Renault Vel Satis ya extinto, y tampoco trata de ser un sustituto, pues su planteamiento es mucho más modesto. Por otro lado, se espera que un futuro modelo de lujo de Renault haga su aparición en los próximos años, aunque su fecha de lanzamiento no se ha confirmado todavía. Sus enormes maleteros y una habitabilidad interior a la altura de las circunstancias son los aspectos más destacables de nuestros dos protagonistas, por lo que suponen una buena alternativa para viajar en familia, sin estrecheces y con sitio para albergar ingentes cantidades de equipaje. Un precio muy competitivo y la posibilidad de incorporar un completísimo nivel de equipamiento son otras de las características que los definen.

No es de extrañar que a la hora de sentarnos a sus mandos y conducirlo el Renault Latitude recuerde bastante al Laguna, entre otras cosas porque su tren delantero es idéntico. Por otro lado, pedales, cambio, dirección y gran parte de los mandos cuentan con el mismo tacto de accionamiento. Esta sensación se intensifica aún más porque ambos modelos comparten elementos como el volante, las palancas de los intermitentes, el pomo del cambio... Sin embargo, las similitudes se van disipando a medida que las condiciones de uso se vuelven más exigentes, ya que el mayor peso del Renault Latitude se nota y repercute negativamente en su comportamiento en determinadas circunstancias en las que sale a relucir una peor puesta a punto de su bastidor. Por ejemplo, ante una curva que se cierra inesperadamente y es abordada a mayor velocidad de lo que el Latitude nos pide, la precisión de guiado y el aplomo disminuyen, sobre todo por un tren trasero menos asentado que el delantero, cuyas reacciones en situaciones comprometidas no son tan progresivas como cabría esperar en una berlina de este tipo. La dirección es rápida, bastante asistida incluso a alta velocidad y no informa mucho de lo que ocurre bajo las ruedas, pero consigue que el inicio de los giros sea bastante inmediato y no obliga a manotear con el volante cuando circulamos por entornos urbanos. En caso de un exceso de optimismo por nuestra parte con el pedal del acelerador, el ESP se muestra muy eficaz a la hora de subsanar el subviraje. La forma de progresar del Skoda Superb es bastante diferente. Para empezar, su dirección es más lenta y se combina con unas reacciones del bastidor no tan instantáneas como en su rival, con una entrada en curva menos incisiva. El tarado de su amortiguación es más suave, aunque ofrece en opción un tren de rodaje más firme para quien busque mayor grado de dinamismo. No obstante, a pesar de ser algo aburguesado, resulta efectivo y equilibrado, con un alto grado de estabilidad y reacciones apaciguadoras frente a situaciones de emergencia, ya que mantiene la progresividad en todo momento, incluso cuando el eje trasero ayuda a redondear los giros, pues lo hace de manera más neutra, lenta y previsible que el Renault. Su pisada transmite mayor sensación de solidez y consistencia. Si elevamos el ritmo más de la cuenta en carreteras reviradas, el ESP actúa más frecuentemente que en su contrincante para propiciar cierta agilidad de entrada en curva y reducir la ligera deriva del tren delantero. También a la salida de los giros cerrados la electrónica garantiza un alto nivel de tracción cuando el suelo está resbaladizo, siempre de forma fluida y sin interferir con la conducción. Por otro lado, el tacto de todos sus mandos es muy preciso, lo que genera un alto agrado de uso, al igual que la dirección, un poco más informativa y de tacto más fluido en maniobras. A su vez, el pedal de freno cuenta con mayor recorrido y se dosifica mejor en frenadas muy fuertes, en las que además hay que hacer menos correcciones en el volante que en el Renault para mantener la trayectoria.

En cuanto a confort, la amortiguación del Superb está muy trabajada y se corresponde con el modelo tope de gama que es, filtrando las irregularidades sin aparente esfuerzo y de forma homogénea. En el Latitude, por su parte, sin ser un coche incómodo, la calidad de bacheo está menos conseguida. Resulta algo seco al inicio del recorrido de la suspensión y el sonido al pasar sobre badenes reductores de velocidad no transmite la solidez de fabricación de su rival. Ambos cuentan con resolutivas mecánicas turbodiésel de brillante funcionamiento, tanto por refinamiento como por respuesta. En el caso del Renault Latitude sorprende su capacidad para estirar las marchas y girar alto de vueltas, con un empuje que no cesa hasta prácticamente la zona roja, casi como si se tratara de una mecánica de gasolina, lo que le proporciona mejores resultados que el Superb en las pruebas de aceleración. Es, al mismo tiempo, ligeramente más silencioso en nuestras mediciones a velocidad mantenida, algo en lo que también tiene que ver el buen aislamiento del habitáculo, pues la rumorosidad es menor que en un Laguna con el mismo motor. El Skoda Superb es sensiblemente más instantáneo cuando solicitamos potencia a pocas vueltas, como se puede ver en las cifras de adelantamiento desde 20 km/h, pero a la hora de buscar la máxima aceleración su empuje se va atenuando una vez superada la zona media. Sin embargo, obtiene muy buenos resultados en recuperaciones, donde mejora los tiempos del Latitude a pesar de contar con algo menos de potencia y par. Queda claro que el peso y unos desarrollos muy bien escalonados juegan a su favor en el día a día, de hecho, los dos modelos tienen idéntica relación peso/potencia.

En ninguno de los dos la visibilidad hacia atrás es buena. En el Latitude, por la altura del portón y, en el Superb, por una luna más reducida de lo habitual. Además de los sensores de proximidad delanteros y traseros, el primero puede equipar una práctica cámara posterior, mientras que el segundo dispone en opción del sistema Park Assist, capaz de girar el volante de forma automática para ayudarnos en las maniobras de aparcamiento. Otra peculiaridad del Renault Latitude es su sistema de climatización con ionizador de aire opcional —teóricamente relaja y neutraliza bacterias, microbios, alérgenos— y con ambientador de tres intensidades y dos depósitos para aromas —hay 6 disponibles—. Para gustos, colores. En cualquier caso, el mayor lujo de estos dos modelos es la amplitud. Las cotas interiores son similares, si bien el Superb concede a los pasajeros traseros un espacio exagerado para estirar las piernas. También cuenta con un sistema de apertura doble del maletero, útil para preservar la temperatura del habitáculo en caso de no necesitar cargar objetos voluminosos. Los programas electrónicos de estabilidad son de serie en ambos y subsanan en la medida de lo posible cualquier carencia del bastidor o error de conducción, lo que siempre aporta mucha tranquilidad. Con los niveles de acabado analizados el Superb añade, además, control de presión de los neumáticos, algo que el Latitude sólo ofrece para la terminación superior Initiale. En seguridad pasiva el Superb se desmarca otra vez con airbags adicionales para las rodillas del conductor y laterales traseros —no confundir con los de cortina, de serie en ambos—, aunque estos últimos son opcionales. El Latitude cuenta con un descuento oficial de 2.000 euros y hace más asequible un producto caracterizado por sus generosas dimensiones y equipamiento. Pese a ser algo más caro, el Superb también resulta muy competitivo y al tiempo que es un automóvil muy consolidado. El Renault no lo tiene fácil y, personalmente, puestos a buscar un coche especial, nos seduce mucho más la idea de un Laguna con acabado GT y cuatro ruedas directrices, que cuesta 1.300 euros menos que el Latitude de estas páginas.
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