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Series V de Cadillac

Acercarse con sólo dos coches a los 1.000 caballos, dice mucho de las intenciones deportivas de las series V de Cadillac. A España llegan dos variantes, una sobre el descapotable XLR y la otra basada en la berlina STS, con 450 y 476 CV respectivamente.
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Series V de Cadillac
Aunque no son novedad en el mercado estadounidense, es ahora cuando las series V de Cadillac llegan a España. Las primeras que lo hacen han sido las basadas en el coupé descapotable XLR y en la berlina STS, dejando para más adelante a los modelos CTS y SRX. Se trata de versiones de corte deportivo, con potentes motores, estética personalizada y chasis adaptado a las nuevas exigencias mecánicas, pero que no dejan de lado en ningún caso el refinado carácter de la lujosa y emblemática Cadillac.

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Cadillac LR-V y STS-V

En ambos casos se recurre al motor V8 Northstar SC de 4,4 litros sobrealimentado y con distribución variable, en combinación con una caja de cambios automática con convertidor de par y seis relaciones. En el caso del SRX, la potencia máxima es de 450 CV, mientras que en el STS asciende, por cuestión electrónica, hasta los 476 CV, que les permiten unas prestaciones a la altura de los deportivos alemanes con los que vienen a rivalizar. La inclusión de este motor ha obligado a adaptar –y mejorar- tanto el sistema de admisión –se ha aumentado el flujo de aire en un 30 por ciento- como de escape –llevan una nueva válvula de escape que a determinadas vueltas reduce la presión interna- que no sólo dejan respirar mejor al motor sino que además ofrecen un sonido mucho más deportivo y emocionante. También, y como era de esperar dadas las nuevas prestaciones que consiguen, se han retocado los bastidores en numerosos puntos: los frenos llevan discos más grandes y pinzas más eficaces -las mismas empleadas en el Corvette Z51-, las suspensiones son ahora más firmes –siguen siendo de control magnético e incluyen estabilizadores de mayor diámetro-, el control de estabilidad se ha recalibrado, con cuatro leyes distintas de funcionamiento, que el conductor puede variar a su voluntad según el tipo de conducción que quiera practicar, y se emplean neumáticos más grandes montados sobre llantas de 19 pulgadas.

La imagen tanto interior como exterior recibe nuevos matices que indican que no se trata de versiones normales, pero sin modificar el aspecto tan reconocible y particular de los Cadillac de última generación. Incorporan delante rejillas metálicas pulidas, un capó más agresivo y abultado y un discreto deflector trasero. Las llantas son de nuevo diseño, con 10 radios y color plateado, a juego con los cuatro tubos de escape, la rejilla y las insignias “Supercharged”. En el interior sólo hay un acabado disponible, que mezcla madera con el aluminio y el cuero. El nivel de equipamiento es completo, con todos los reglajes eléctricos, navegador y climatizador bizona de serie. De estos dos modelos me ha sorprendido tanto su elevada potencia como el compromiso entre confort y deportividad que alcanzan. Cuando se acelera a fondo, en ambos casos parece que el motor no tiene fin; la contundencia con la que empuja hace que alcancemos al coche que llevamos delante con una facilidad pasmosa. El comportamiento dinámico poco tiene que ver con la tradicional “sensación de colchón” tan habitual en los coches americanos. Estos Cadillac son firmes y transmiten sensación de solidez en la pisada, pero no llegan a ser incómodos. Los precios de estos modelos se establecen en los 96.765 euros para el XLR-V y en los 80.475 euros para la berlina STS. Son muy caros, pero comparados con lo que cuestan sus rivales europeos de similar potencia, se podría decir que, aun hablando de esas cantidades, no tienen un precio elevado. Daniel Cuadrado (en la foto) nos comenta sus impresiones al conducir estos dos Cadillac: “Lo que más sorprende es la contundencia con la que empujan sus motores. No son tan efectivos como un SL o un M5 pero se comportan muy bien y encima son más asequibles”. Aunque no son novedad en el mercado estadounidense, es ahora cuando las series V de Cadillac llegan a España. Las primeras que lo hacen han sido las basadas en el coupé descapotable XLR y en la berlina STS, dejando para más adelante a los modelos CTS y SRX. Se trata de versiones de corte deportivo, con potentes motores, estética personalizada y chasis adaptado a las nuevas exigencias mecánicas, pero que no dejan de lado en ningún caso el refinado carácter de la lujosa y emblemática Cadillac. En ambos casos se recurre al motor V8 Northstar SC de 4,4 litros sobrealimentado y con distribución variable, en combinación con una caja de cambios automática con convertidor de par y seis relaciones. En el caso del SRX, la potencia máxima es de 450 CV, mientras que en el STS asciende, por cuestión electrónica, hasta los 476 CV, que les permiten unas prestaciones a la altura de los deportivos alemanes con los que vienen a rivalizar. La inclusión de este motor ha obligado a adaptar –y mejorar- tanto el sistema de admisión –se ha aumentado el flujo de aire en un 30 por ciento- como de escape –llevan una nueva válvula de escape que a determinadas vueltas reduce la presión interna- que no sólo dejan respirar mejor al motor sino que además ofrecen un sonido mucho más deportivo y emocionante. También, y como era de esperar dadas las nuevas prestaciones que consiguen, se han retocado los bastidores en numerosos puntos: los frenos llevan discos más grandes y pinzas más eficaces -las mismas empleadas en el Corvette Z51-, las suspensiones son ahora más firmes –siguen siendo de control magnético e incluyen estabilizadores de mayor diámetro-, el control de estabilidad se ha recalibrado, con cuatro leyes distintas de funcionamiento, que el conductor puede variar a su voluntad según el tipo de conducción que quiera practicar, y se emplean neumáticos más grandes montados sobre llantas de 19 pulgadas.

La imagen tanto interior como exterior recibe nuevos matices que indican que no se trata de versiones normales, pero sin modificar el aspecto tan reconocible y particular de los Cadillac de última generación. Incorporan delante rejillas metálicas pulidas, un capó más agresivo y abultado y un discreto deflector trasero. Las llantas son de nuevo diseño, con 10 radios y color plateado, a juego con los cuatro tubos de escape, la rejilla y las insignias “Supercharged”. En el interior sólo hay un acabado disponible, que mezcla madera con el aluminio y el cuero. El nivel de equipamiento es completo, con todos los reglajes eléctricos, navegador y climatizador bizona de serie. De estos dos modelos me ha sorprendido tanto su elevada potencia como el compromiso entre confort y deportividad que alcanzan. Cuando se acelera a fondo, en ambos casos parece que el motor no tiene fin; la contundencia con la que empuja hace que alcancemos al coche que llevamos delante con una facilidad pasmosa. El comportamiento dinámico poco tiene que ver con la tradicional “sensación de colchón” tan habitual en los coches americanos. Estos Cadillac son firmes y transmiten sensación de solidez en la pisada, pero no llegan a ser incómodos. Los precios de estos modelos se establecen en los 96.765 euros para el XLR-V y en los 80.475 euros para la berlina STS. Son muy caros, pero comparados con lo que cuestan sus rivales europeos de similar potencia, se podría decir que, aun hablando de esas cantidades, no tienen un precio elevado. Daniel Cuadrado (en la foto) nos comenta sus impresiones al conducir estos dos Cadillac: “Lo que más sorprende es la contundencia con la que empujan sus motores. No son tan efectivos como un SL o un M5 pero se comportan muy bien y encima son más asequibles”. Aunque no son novedad en el mercado estadounidense, es ahora cuando las series V de Cadillac llegan a España. Las primeras que lo hacen han sido las basadas en el coupé descapotable XLR y en la berlina STS, dejando para más adelante a los modelos CTS y SRX. Se trata de versiones de corte deportivo, con potentes motores, estética personalizada y chasis adaptado a las nuevas exigencias mecánicas, pero que no dejan de lado en ningún caso el refinado carácter de la lujosa y emblemática Cadillac. En ambos casos se recurre al motor V8 Northstar SC de 4,4 litros sobrealimentado y con distribución variable, en combinación con una caja de cambios automática con convertidor de par y seis relaciones. En el caso del SRX, la potencia máxima es de 450 CV, mientras que en el STS asciende, por cuestión electrónica, hasta los 476 CV, que les permiten unas prestaciones a la altura de los deportivos alemanes con los que vienen a rivalizar. La inclusión de este motor ha obligado a adaptar –y mejorar- tanto el sistema de admisión –se ha aumentado el flujo de aire en un 30 por ciento- como de escape –llevan una nueva válvula de escape que a determinadas vueltas reduce la presión interna- que no sólo dejan respirar mejor al motor sino que además ofrecen un sonido mucho más deportivo y emocionante. También, y como era de esperar dadas las nuevas prestaciones que consiguen, se han retocado los bastidores en numerosos puntos: los frenos llevan discos más grandes y pinzas más eficaces -las mismas empleadas en el Corvette Z51-, las suspensiones son ahora más firmes –siguen siendo de control magnético e incluyen estabilizadores de mayor diámetro-, el control de estabilidad se ha recalibrado, con cuatro leyes distintas de funcionamiento, que el conductor puede variar a su voluntad según el tipo de conducción que quiera practicar, y se emplean neumáticos más grandes montados sobre llantas de 19 pulgadas.

La imagen tanto interior como exterior recibe nuevos matices que indican que no se trata de versiones normales, pero sin modificar el aspecto tan reconocible y particular de los Cadillac de última generación. Incorporan delante rejillas metálicas pulidas, un capó más agresivo y abultado y un discreto deflector trasero. Las llantas son de nuevo diseño, con 10 radios y color plateado, a juego con los cuatro tubos de escape, la rejilla y las insignias “Supercharged”. En el interior sólo hay un acabado disponible, que mezcla madera con el aluminio y el cuero. El nivel de equipamiento es completo, con todos los reglajes eléctricos, navegador y climatizador bizona de serie. De estos dos modelos me ha sorprendido tanto su elevada potencia como el compromiso entre confort y deportividad que alcanzan. Cuando se acelera a fondo, en ambos casos parece que el motor no tiene fin; la contundencia con la que empuja hace que alcancemos al coche que llevamos delante con una facilidad pasmosa. El comportamiento dinámico poco tiene que ver con la tradicional “sensación de colchón” tan habitual en los coches americanos. Estos Cadillac son firmes y transmiten sensación de solidez en la pisada, pero no llegan a ser incómodos. Los precios de estos modelos se establecen en los 96.765 euros para el XLR-V y en los 80.475 euros para la berlina STS. Son muy caros, pero comparados con lo que cuestan sus rivales europeos de similar potencia, se podría decir que, aun hablando de esas cantidades, no tienen un precio elevado. Daniel Cuadrado (en la foto) nos comenta sus impresiones al conducir estos dos Cadillac: “Lo que más sorprende es la contundencia con la que empujan sus motores. No son tan efectivos como un SL o un M5 pero se comportan muy bien y encima son más asequibles”. Aunque no son novedad en el mercado estadounidense, es ahora cuando las series V de Cadillac llegan a España. Las primeras que lo hacen han sido las basadas en el coupé descapotable XLR y en la berlina STS, dejando para más adelante a los modelos CTS y SRX. Se trata de versiones de corte deportivo, con potentes motores, estética personalizada y chasis adaptado a las nuevas exigencias mecánicas, pero que no dejan de lado en ningún caso el refinado carácter de la lujosa y emblemática Cadillac. En ambos casos se recurre al motor V8 Northstar SC de 4,4 litros sobrealimentado y con distribución variable, en combinación con una caja de cambios automática con convertidor de par y seis relaciones. En el caso del SRX, la potencia máxima es de 450 CV, mientras que en el STS asciende, por cuestión electrónica, hasta los 476 CV, que les permiten unas prestaciones a la altura de los deportivos alemanes con los que vienen a rivalizar. La inclusión de este motor ha obligado a adaptar –y mejorar- tanto el sistema de admisión –se ha aumentado el flujo de aire en un 30 por ciento- como de escape –llevan una nueva válvula de escape que a determinadas vueltas reduce la presión interna- que no sólo dejan respirar mejor al motor sino que además ofrecen un sonido mucho más deportivo y emocionante. También, y como era de esperar dadas las nuevas prestaciones que consiguen, se han retocado los bastidores en numerosos puntos: los frenos llevan discos más grandes y pinzas más eficaces -las mismas empleadas en el Corvette Z51-, las suspensiones son ahora más firmes –siguen siendo de control magnético e incluyen estabilizadores de mayor diámetro-, el control de estabilidad se ha recalibrado, con cuatro leyes distintas de funcionamiento, que el conductor puede variar a su voluntad según el tipo de conducción que quiera practicar, y se emplean neumáticos más grandes montados sobre llantas de 19 pulgadas.

La imagen tanto interior como exterior recibe nuevos matices que indican que no se trata de versiones normales, pero sin modificar el aspecto tan reconocible y particular de los Cadillac de última generación. Incorporan delante rejillas metálicas pulidas, un capó más agresivo y abultado y un discreto deflector trasero. Las llantas son de nuevo diseño, con 10 radios y color plateado, a juego con los cuatro tubos de escape, la rejilla y las insignias “Supercharged”. En el interior sólo hay un acabado disponible, que mezcla madera con el aluminio y el cuero. El nivel de equipamiento es completo, con todos los reglajes eléctricos, navegador y climatizador bizona de serie. De estos dos modelos me ha sorprendido tanto su elevada potencia como el compromiso entre confort y deportividad que alcanzan. Cuando se acelera a fondo, en ambos casos parece que el motor no tiene fin; la contundencia con la que empuja hace que alcancemos al coche que llevamos delante con una facilidad pasmosa. El comportamiento dinámico poco tiene que ver con la tradicional “sensación de colchón” tan habitual en los coches americanos. Estos Cadillac son firmes y transmiten sensación de solidez en la pisada, pero no llegan a ser incómodos. Los precios de estos modelos se establecen en los 96.765 euros para el XLR-V y en los 80.475 euros para la berlina STS. Son muy caros, pero comparados con lo que cuestan sus rivales europeos de similar potencia, se podría decir que, aun hablando de esas cantidades, no tienen un precio elevado. Daniel Cuadrado (en la foto) nos comenta sus impresiones al conducir estos dos Cadillac: “Lo que más sorprende es la contundencia con la que empujan sus motores. No son tan efectivos como un SL o un M5 pero se comportan muy bien y encima son más asequibles”.
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