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Seat Altea Freetrack 2.0 TDI

Seat se suma a la moda de los vehículos denominados todo-camino con la inclusión del Freetrack, un modelo basado en el Altea XL que incorpora tracción total con embrague Haldex, una carrocería más elevada y un equipamiento de serie más abundante.
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Seat Altea Freetrack 2.0 TDI
A la hora de salir a carretera, el Altea Freetrack apenas difiere en cuanto a su comportamiento dinámico con respecto al XL. Comparado con éste, se nota, eso sí, una ligera disminución en su fidelidad de trazada, motivado por su nueva configuración de muelles y amortiguadores, la mayor altura al suelo y la presencia de unos neumáticos con un perfil más alto.

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Ojo, que no estamos hablando de que el Freetrack no sea un Seat con todas las letras y con el carácter dinámico que la marca aplica en todos sus modelos, simplemente apuntamos que en algunas ocasiones se nota que el Freetrack tiene unas características algo diferentes de su hermano gemelo, el Altea XL. En carreteras con firme en mal estado se agradecen las nuevas especificaciones de tarados en muelles y amortiguadores –éstos últimos con un mayor depósito de aceite- ya que los ocupantes no sienten con tanta fidelidad todas las imperfecciones del terreno como suele ser habitual cuando hablamos de los acabados más deportivos que se ofrecen en la gama Altea y XL. Esto se magnifica aún más cuando abandonamos el asfalto y nos adentramos en caminos de tierra donde los baches son más habituales y el terreno no suele ser precisamente un “espejo”. Aquí es donde el Freetrack deja sentir su carácter de todo camino, ya que permite circular sin ningún problema por todo tipo de trazados sin tener que ir pendientes de si rozaremos los bajos o si esas ramas habituales en los lados de los caminos nos van a hacer pasar por el taller de pintura de forma más habitual.

La tracción total está encomendada a un embrague Haldex con lo que, en realidad, en circunstancias normales de adherencia, el Freetrack circulará prácticamente con el 100 por cien del par motor en el tren delantero y, únicamente cuando el sistema detecte pérdidas de tracción, irá pasando el porcentaje que estime más conveniente –con un máximo del 50 por ciento del par- al tren trasero. El Freetrack tampoco tiene muchas diferencias en su interior con respecto a un XL equivalente. Se distingue por su salpicadero bitono y por la presencia de tres portaobjetos en el techo del vehículo desde el espejo retrovisor hacia atrás. A ello hay que sumar la pantalla TFT de 7 pulgadas que viene como parte del equipamiento de serie y que permite llevar entretenidos a los ocupantes de las plazas traseras. El sonido de este equipo es independiente del que disponen los ocupantes de las plazas delanteras, con lo que no habrá conflictos en los viajes largos, ya que cada fila de asientos puede ir escuchando distintos equipos de sonido. Al margen de esto, el Freetrack mantiene la banqueta trasera que se puede desplazar longitudinalmente 15 cm con lo que se puede dar mayor capacidad al pasaje o al maletero, dependiendo de cada necesidad momentánea.

El Freetrack nos ha parecido una opción bastante apetecible si habitualmente nos movemos por zonas fuera de asfalto o si nuestras horas de ocio pasan por practicar deportes que impliquen campo o nieve. La diferencia de precio con respecto a un Altea XL equivalente nos parece algo elevada, pero también hay que tener en cuenta que esta versión cuenta con algo más que un simple maquillaje estético como sucede en otras ocasiones. A la hora de salir a carretera, el Altea Freetrack apenas difiere en cuanto a su comportamiento dinámico con respecto al XL. Comparado con éste, se nota, eso sí, una ligera disminución en su fidelidad de trazada, motivado por su nueva configuración de muelles y amortiguadores, la mayor altura al suelo y la presencia de unos neumáticos con un perfil más alto. Ojo, que no estamos hablando de que el Freetrack no sea un Seat con todas las letras y con el carácter dinámico que la marca aplica en todos sus modelos, simplemente apuntamos que en algunas ocasiones se nota que el Freetrack tiene unas características algo diferentes de su hermano gemelo, el Altea XL. En carreteras con firme en mal estado se agradecen las nuevas especificaciones de tarados en muelles y amortiguadores –éstos últimos con un mayor depósito de aceite- ya que los ocupantes no sienten con tanta fidelidad todas las imperfecciones del terreno como suele ser habitual cuando hablamos de los acabados más deportivos que se ofrecen en la gama Altea y XL. Esto se magnifica aún más cuando abandonamos el asfalto y nos adentramos en caminos de tierra donde los baches son más habituales y el terreno no suele ser precisamente un “espejo”. Aquí es donde el Freetrack deja sentir su carácter de todo camino, ya que permite circular sin ningún problema por todo tipo de trazados sin tener que ir pendientes de si rozaremos los bajos o si esas ramas habituales en los lados de los caminos nos van a hacer pasar por el taller de pintura de forma más habitual.

La tracción total está encomendada a un embrague Haldex con lo que, en realidad, en circunstancias normales de adherencia, el Freetrack circulará prácticamente con el 100 por cien del par motor en el tren delantero y, únicamente cuando el sistema detecte pérdidas de tracción, irá pasando el porcentaje que estime más conveniente –con un máximo del 50 por ciento del par- al tren trasero. El Freetrack tampoco tiene muchas diferencias en su interior con respecto a un XL equivalente. Se distingue por su salpicadero bitono y por la presencia de tres portaobjetos en el techo del vehículo desde el espejo retrovisor hacia atrás. A ello hay que sumar la pantalla TFT de 7 pulgadas que viene como parte del equipamiento de serie y que permite llevar entretenidos a los ocupantes de las plazas traseras. El sonido de este equipo es independiente del que disponen los ocupantes de las plazas delanteras, con lo que no habrá conflictos en los viajes largos, ya que cada fila de asientos puede ir escuchando distintos equipos de sonido. Al margen de esto, el Freetrack mantiene la banqueta trasera que se puede desplazar longitudinalmente 15 cm con lo que se puede dar mayor capacidad al pasaje o al maletero, dependiendo de cada necesidad momentánea.

El Freetrack nos ha parecido una opción bastante apetecible si habitualmente nos movemos por zonas fuera de asfalto o si nuestras horas de ocio pasan por practicar deportes que impliquen campo o nieve. La diferencia de precio con respecto a un Altea XL equivalente nos parece algo elevada, pero también hay que tener en cuenta que esta versión cuenta con algo más que un simple maquillaje estético como sucede en otras ocasiones.
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