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Saab 9-3 Sport Hatch 2.0t BioPower frente a Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i

Dos familiares refinados, potentes, automáticos… y con distinto talante. Rediseñado, el 9-3 Sport Hatch apuesta por el diseño y la deportividad; enfrente, un tradicional y equilibrado Avensis Wagon para calibrar sus aspiraciones. Mismo concepto, distinta táctica de juego. ¿Quién ganará el partido?
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Saab 9-3 Sport Hatch 2.0t BioPower frente a Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i
Junto a sus potentes motorizaciones, nuestros dos contrincantes destacan -sin lugar a dudas- por el enorme confort de marcha que proporcionan en carretera. Y, a fin de cuentas, esta es la principal exigencia con la que debemos valorar un tipo de carrocería claramente enfocada al disfrute familiar. Por tanto, el Saab y el Toyota cumplen sobradamente las expectativas de viaje por más que ninguno figure ya en la lista de berlinas de nueva hornada.

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Compa Saab/Toyota

Mecánicamente, ambos presentan plataformas completamente vigentes y con suspensiones independientes en ambos trenes, con la diferencia de una geometría trasera Multibrazo en el 9-3 frente a los dos triángulos superpuestos del Avensis. Toyota, no obstante, parece resistir mejor el paso del tiempo. Con su última actualización, hace algo más de un año, mejoró su insonorización y modificó amortiguadores, estabilizadoras y dirección -con anclajes más rígidos-, equilibrando más su producto. Saab, por su parte, mantiene por completo su anterior esquema (plataforma, por cierto, compartida con el Opel Vectra), a la espera de añadir un avanzado sistema de tracción total en sus versiones superiores.

En la práctica, ambos se caracterizan por una gran suavidad de rodadura, aunque el Toyota termina por imponer una mejor pisada y un mayor aplomo de carrocería conforme incrementamos el ritmo de marcha y abordamos curvas rápidas. Algo parecido sucede en carretera cuando ponemos a ambos en mayores aprietos. Quede claro de antemano que ninguno compromete la seguridad y que las reacciones finales de los dos son siempre sanas, pero ni son coches ágiles, ni pretenden serlo ahora en sus carrocerías familiares, aunque el Avensis Wagon resulta algo más efectivo. Sus trayectorias son sólidas y, a pesar de mostrar un cierto balanceo de carrocería en los virajes más lentos, su respuesta es progresiva, con el tren delantero marcando claramente sus límites de estabilidad. El Sport Hatch, por su parte, no resulta difícil de conducir, pero su amortiguación se presenta más lenta en extensión, lo que en cambios de apoyo se traduce en una menor sujeción de carrocería, sensación que se acrecienta conforme se degrada el asfalto, donde también salen a reducir mayores pérdidas de tracción. Para este tipo de conducción resulta recomendable añadir la suspensión deportiva que ofrece por 470 euros. Sin embargo, su mayor inconveniente lo encontramos en la dirección. Va demasiado filtrada, sin informar fehacientemente de lo que ocurre bajo las ruedas y no ayudando a marcar limpia de antemano la trazada. Eso sí, una vez bien dibujada y estabilizado el apoyo, el Sport Hatch ofrece un buen agarre, al que contribuyen sus poderosos neumáticos Pirelli Rosso 235/45 R 17, y una mejor capacidad de frenada que el Avensis, este último por cierto con un tacto demasiado progresivo y falto de mordiente. Pocas objeciones y sólo algunos matices. Dinámicamente y, para una conducción acorde a sus características familiares, tanto Saab como Toyota cumplen descaradamente en seguridad, el primero con ventaja en capacidad de frenada, mientras que el segundo se impone en precisión de dirección. Ambos cuentan con completos equipamientos en los que no faltan efectivos controles de estabilidad y tracción o airbags laterales delanteros y de cortina para ambas filas. Ahora bien, el Avensis Wagon se desmarca finalmente gracias a la inclusión de un sofisticado airbag de rodilla para conductor, sensor de lluvia de serie y faros automáticos, un elemento que Saab ni siquiera ofrece en opción. Y eso que el modelo sueco, fiel a su origen, ofrece un magnífico y superior equipo de iluminación con faros bixenón de serie. Ambos cuentan también con alguna laguna, como la imposibilidad de montar airbags laterales traseros o control de presión de neumáticos. Saab 9-3 Sport Hacth 2.0t Biopower
— Originalidad estética
— Prestaciones
— Cambio secuencial
Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i
— Maletero y habitabilidad
— Confort de marcha
— Precio/equipamiento Saab 9-3 Sport Hatch 2.0t Biopower
— Maletero y habitabilidad trasera
— Precisión de dirección
— Precio elevado
Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i
— Posición al volante
— Cambio secuencial
— Tacto de frenos
Carácter familiar
Potentes y automáticos
Junto a sus potentes motorizaciones, nuestros dos contrincantes destacan -sin lugar a dudas- por el enorme confort de marcha que proporcionan en carretera. Y, a fin de cuentas, esta es la principal exigencia con la que debemos valorar un tipo de carrocería claramente enfocada al disfrute familiar. Por tanto, el Saab y el Toyota cumplen sobradamente las expectativas de viaje por más que ninguno figure ya en la lista de berlinas de nueva hornada. Mecánicamente, ambos presentan plataformas completamente vigentes y con suspensiones independientes en ambos trenes, con la diferencia de una geometría trasera Multibrazo en el 9-3 frente a los dos triángulos superpuestos del Avensis. Toyota, no obstante, parece resistir mejor el paso del tiempo. Con su última actualización, hace algo más de un año, mejoró su insonorización y modificó amortiguadores, estabilizadoras y dirección -con anclajes más rígidos-, equilibrando más su producto. Saab, por su parte, mantiene por completo su anterior esquema (plataforma, por cierto, compartida con el Opel Vectra), a la espera de añadir un avanzado sistema de tracción total en sus versiones superiores.

En la práctica, ambos se caracterizan por una gran suavidad de rodadura, aunque el Toyota termina por imponer una mejor pisada y un mayor aplomo de carrocería conforme incrementamos el ritmo de marcha y abordamos curvas rápidas. Algo parecido sucede en carretera cuando ponemos a ambos en mayores aprietos. Quede claro de antemano que ninguno compromete la seguridad y que las reacciones finales de los dos son siempre sanas, pero ni son coches ágiles, ni pretenden serlo ahora en sus carrocerías familiares, aunque el Avensis Wagon resulta algo más efectivo. Sus trayectorias son sólidas y, a pesar de mostrar un cierto balanceo de carrocería en los virajes más lentos, su respuesta es progresiva, con el tren delantero marcando claramente sus límites de estabilidad. El Sport Hatch, por su parte, no resulta difícil de conducir, pero su amortiguación se presenta más lenta en extensión, lo que en cambios de apoyo se traduce en una menor sujeción de carrocería, sensación que se acrecienta conforme se degrada el asfalto, donde también salen a reducir mayores pérdidas de tracción. Para este tipo de conducción resulta recomendable añadir la suspensión deportiva que ofrece por 470 euros. Sin embargo, su mayor inconveniente lo encontramos en la dirección. Va demasiado filtrada, sin informar fehacientemente de lo que ocurre bajo las ruedas y no ayudando a marcar limpia de antemano la trazada. Eso sí, una vez bien dibujada y estabilizado el apoyo, el Sport Hatch ofrece un buen agarre, al que contribuyen sus poderosos neumáticos Pirelli Rosso 235/45 R 17, y una mejor capacidad de frenada que el Avensis, este último por cierto con un tacto demasiado progresivo y falto de mordiente. Pocas objeciones y sólo algunos matices. Dinámicamente y, para una conducción acorde a sus características familiares, tanto Saab como Toyota cumplen descaradamente en seguridad, el primero con ventaja en capacidad de frenada, mientras que el segundo se impone en precisión de dirección. Ambos cuentan con completos equipamientos en los que no faltan efectivos controles de estabilidad y tracción o airbags laterales delanteros y de cortina para ambas filas. Ahora bien, el Avensis Wagon se desmarca finalmente gracias a la inclusión de un sofisticado airbag de rodilla para conductor, sensor de lluvia de serie y faros automáticos, un elemento que Saab ni siquiera ofrece en opción. Y eso que el modelo sueco, fiel a su origen, ofrece un magnífico y superior equipo de iluminación con faros bixenón de serie. Ambos cuentan también con alguna laguna, como la imposibilidad de montar airbags laterales traseros o control de presión de neumáticos. Saab 9-3 Sport Hacth 2.0t Biopower
— Originalidad estética
— Prestaciones
— Cambio secuencial
Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i
— Maletero y habitabilidad
— Confort de marcha
— Precio/equipamiento Saab 9-3 Sport Hatch 2.0t Biopower
— Maletero y habitabilidad trasera
— Precisión de dirección
— Precio elevado
Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i
— Posición al volante
— Cambio secuencial
— Tacto de frenos
Carácter familiar
Potentes y automáticos
Junto a sus potentes motorizaciones, nuestros dos contrincantes destacan -sin lugar a dudas- por el enorme confort de marcha que proporcionan en carretera. Y, a fin de cuentas, esta es la principal exigencia con la que debemos valorar un tipo de carrocería claramente enfocada al disfrute familiar. Por tanto, el Saab y el Toyota cumplen sobradamente las expectativas de viaje por más que ninguno figure ya en la lista de berlinas de nueva hornada. Mecánicamente, ambos presentan plataformas completamente vigentes y con suspensiones independientes en ambos trenes, con la diferencia de una geometría trasera Multibrazo en el 9-3 frente a los dos triángulos superpuestos del Avensis. Toyota, no obstante, parece resistir mejor el paso del tiempo. Con su última actualización, hace algo más de un año, mejoró su insonorización y modificó amortiguadores, estabilizadoras y dirección -con anclajes más rígidos-, equilibrando más su producto. Saab, por su parte, mantiene por completo su anterior esquema (plataforma, por cierto, compartida con el Opel Vectra), a la espera de añadir un avanzado sistema de tracción total en sus versiones superiores.

En la práctica, ambos se caracterizan por una gran suavidad de rodadura, aunque el Toyota termina por imponer una mejor pisada y un mayor aplomo de carrocería conforme incrementamos el ritmo de marcha y abordamos curvas rápidas. Algo parecido sucede en carretera cuando ponemos a ambos en mayores aprietos. Quede claro de antemano que ninguno compromete la seguridad y que las reacciones finales de los dos son siempre sanas, pero ni son coches ágiles, ni pretenden serlo ahora en sus carrocerías familiares, aunque el Avensis Wagon resulta algo más efectivo. Sus trayectorias son sólidas y, a pesar de mostrar un cierto balanceo de carrocería en los virajes más lentos, su respuesta es progresiva, con el tren delantero marcando claramente sus límites de estabilidad. El Sport Hatch, por su parte, no resulta difícil de conducir, pero su amortiguación se presenta más lenta en extensión, lo que en cambios de apoyo se traduce en una menor sujeción de carrocería, sensación que se acrecienta conforme se degrada el asfalto, donde también salen a reducir mayores pérdidas de tracción. Para este tipo de conducción resulta recomendable añadir la suspensión deportiva que ofrece por 470 euros. Sin embargo, su mayor inconveniente lo encontramos en la dirección. Va demasiado filtrada, sin informar fehacientemente de lo que ocurre bajo las ruedas y no ayudando a marcar limpia de antemano la trazada. Eso sí, una vez bien dibujada y estabilizado el apoyo, el Sport Hatch ofrece un buen agarre, al que contribuyen sus poderosos neumáticos Pirelli Rosso 235/45 R 17, y una mejor capacidad de frenada que el Avensis, este último por cierto con un tacto demasiado progresivo y falto de mordiente. Pocas objeciones y sólo algunos matices. Dinámicamente y, para una conducción acorde a sus características familiares, tanto Saab como Toyota cumplen descaradamente en seguridad, el primero con ventaja en capacidad de frenada, mientras que el segundo se impone en precisión de dirección. Ambos cuentan con completos equipamientos en los que no faltan efectivos controles de estabilidad y tracción o airbags laterales delanteros y de cortina para ambas filas. Ahora bien, el Avensis Wagon se desmarca finalmente gracias a la inclusión de un sofisticado airbag de rodilla para conductor, sensor de lluvia de serie y faros automáticos, un elemento que Saab ni siquiera ofrece en opción. Y eso que el modelo sueco, fiel a su origen, ofrece un magnífico y superior equipo de iluminación con faros bixenón de serie. Ambos cuentan también con alguna laguna, como la imposibilidad de montar airbags laterales traseros o control de presión de neumáticos. Saab 9-3 Sport Hacth 2.0t Biopower
— Originalidad estética
— Prestaciones
— Cambio secuencial
Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i
— Maletero y habitabilidad
— Confort de marcha
— Precio/equipamiento Saab 9-3 Sport Hatch 2.0t Biopower
— Maletero y habitabilidad trasera
— Precisión de dirección
— Precio elevado
Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i
— Posición al volante
— Cambio secuencial
— Tacto de frenos
Carácter familiar
Potentes y automáticos
Junto a sus potentes motorizaciones, nuestros dos contrincantes destacan -sin lugar a dudas- por el enorme confort de marcha que proporcionan en carretera. Y, a fin de cuentas, esta es la principal exigencia con la que debemos valorar un tipo de carrocería claramente enfocada al disfrute familiar. Por tanto, el Saab y el Toyota cumplen sobradamente las expectativas de viaje por más que ninguno figure ya en la lista de berlinas de nueva hornada. Mecánicamente, ambos presentan plataformas completamente vigentes y con suspensiones independientes en ambos trenes, con la diferencia de una geometría trasera Multibrazo en el 9-3 frente a los dos triángulos superpuestos del Avensis. Toyota, no obstante, parece resistir mejor el paso del tiempo. Con su última actualización, hace algo más de un año, mejoró su insonorización y modificó amortiguadores, estabilizadoras y dirección -con anclajes más rígidos-, equilibrando más su producto. Saab, por su parte, mantiene por completo su anterior esquema (plataforma, por cierto, compartida con el Opel Vectra), a la espera de añadir un avanzado sistema de tracción total en sus versiones superiores.

En la práctica, ambos se caracterizan por una gran suavidad de rodadura, aunque el Toyota termina por imponer una mejor pisada y un mayor aplomo de carrocería conforme incrementamos el ritmo de marcha y abordamos curvas rápidas. Algo parecido sucede en carretera cuando ponemos a ambos en mayores aprietos. Quede claro de antemano que ninguno compromete la seguridad y que las reacciones finales de los dos son siempre sanas, pero ni son coches ágiles, ni pretenden serlo ahora en sus carrocerías familiares, aunque el Avensis Wagon resulta algo más efectivo. Sus trayectorias son sólidas y, a pesar de mostrar un cierto balanceo de carrocería en los virajes más lentos, su respuesta es progresiva, con el tren delantero marcando claramente sus límites de estabilidad. El Sport Hatch, por su parte, no resulta difícil de conducir, pero su amortiguación se presenta más lenta en extensión, lo que en cambios de apoyo se traduce en una menor sujeción de carrocería, sensación que se acrecienta conforme se degrada el asfalto, donde también salen a reducir mayores pérdidas de tracción. Para este tipo de conducción resulta recomendable añadir la suspensión deportiva que ofrece por 470 euros. Sin embargo, su mayor inconveniente lo encontramos en la dirección. Va demasiado filtrada, sin informar fehacientemente de lo que ocurre bajo las ruedas y no ayudando a marcar limpia de antemano la trazada. Eso sí, una vez bien dibujada y estabilizado el apoyo, el Sport Hatch ofrece un buen agarre, al que contribuyen sus poderosos neumáticos Pirelli Rosso 235/45 R 17, y una mejor capacidad de frenada que el Avensis, este último por cierto con un tacto demasiado progresivo y falto de mordiente. Pocas objeciones y sólo algunos matices. Dinámicamente y, para una conducción acorde a sus características familiares, tanto Saab como Toyota cumplen descaradamente en seguridad, el primero con ventaja en capacidad de frenada, mientras que el segundo se impone en precisión de dirección. Ambos cuentan con completos equipamientos en los que no faltan efectivos controles de estabilidad y tracción o airbags laterales delanteros y de cortina para ambas filas. Ahora bien, el Avensis Wagon se desmarca finalmente gracias a la inclusión de un sofisticado airbag de rodilla para conductor, sensor de lluvia de serie y faros automáticos, un elemento que Saab ni siquiera ofrece en opción. Y eso que el modelo sueco, fiel a su origen, ofrece un magnífico y superior equipo de iluminación con faros bixenón de serie. Ambos cuentan también con alguna laguna, como la imposibilidad de montar airbags laterales traseros o control de presión de neumáticos. Saab 9-3 Sport Hacth 2.0t Biopower
— Originalidad estética
— Prestaciones
— Cambio secuencial
Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i
— Maletero y habitabilidad
— Confort de marcha
— Precio/equipamiento Saab 9-3 Sport Hatch 2.0t Biopower
— Maletero y habitabilidad trasera
— Precisión de dirección
— Precio elevado
Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i
— Posición al volante
— Cambio secuencial
— Tacto de frenos
Carácter familiar
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