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Saab 9-3 Sport Hatch 2.0t BioPower frente a Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i

Dos familiares refinados, potentes, automáticos… y con distinto talante. Rediseñado, el 9-3 Sport Hatch apuesta por el diseño y la deportividad; enfrente, un tradicional y equilibrado Avensis Wagon para calibrar sus aspiraciones. Mismo concepto, distinta táctica de juego. ¿Quién ganará el partido?
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Saab 9-3 Sport Hatch 2.0t BioPower frente a Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i
Además de interesantes mecánicas Diesel (como el nuevo bloque 1.9 TTiD con doble turbo de Saab o el tecnológico 2.2 D-4D de 177 CV de Toyota), nuestros dos protagonistas ofrecen en sus gamas una nutrida oferta de propulsores de gasolina, también con configuraciones muy diferentes y propias de cada marca. En esta ocasión enfrentamos dos de las versiones más potentes de cada fabricante. El motor del 9-3 Sport Hatch es puro Saab: potente y con turbo. Sus 175 CV se extraen de un bloque de dos litros, con otra importante particularidad, el apellido BioPower. Y es que gracias a modificaciones y componentes más resistentes tanto para el sistema de alimentación como para el depósito, admite también el biocombustible E85 para funcionar con etanol. De esta manera, y si en España fuera posible encontrar este tipo de surtidores, es capaz de aumentar su potencia máxima hasta los 200 CV y su par a 30,6 mkg (en lugar de los 26,9 actuales), lo que en la práctica le alejaría del Avensis Wagon.

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Compa Saab/Toyota

El Toyota, por el contrario, recurre a uno de los cuatro cilindros con mayor cilindrada del mercado (2,4 litros) , contando en cambio con un sistema de inyección directa y distribución variable para tratar de aplacar sus consumos y mejorar un rendimiento que, ante la ausencia de un turbocompresor, registra peores cifras de par y una respuesta más débil en bajos y medios regímenes. En la práctica, sin embargo, y debido a la falta de la potenciación del motor BioPower, ambos quedan muy próximos, moviendo holgadamente cada carrocería en cualquier circunstancia, enmascarados –sobre todo el Toyota- por su eficaz transmisión automática, con convertidor de par y cinco relaciones. Estas se erigen en un perfecto complemento para explotar la suavidad y progresividad de ambas mecánicas, especialmente la del Toyota (el Saab ofrece una mayor sonoridad y ciertas vibraciones al ralentí), muy superiores en refinamiento y confort a las versiones Diesel.

En ambos casos los adelantamientos son rápidos sin tener que recurrir a la caja, una ayuda a la seguridad para dos familiares que admiten tanta carga. En cualquier caso, el motor del Saab siempre se encuentra ligeramente por encima en todas las mediciones, a pesar de tener que impulsar hasta 100 kg más de peso: lo que indica su mayor efectividad. Ya hemos hablado de la suavidad de las transmisiones, pero también aquí cada fabricante adopta una personalidad. La del Toyota muy burguesa, perfecta en su funcionamiento automático, pero muy restrictiva en su respuesta secuencial, impidiendo apurar el régimen de giro del motor. La del Saab, en cambio, es más dinámica y deportiva, con una función manual total (apura hasta el corte sin intervenir) y levas en el volante. Los consumos en ambos casos son francamente elevados y parejos, habitualmente por encima de los 10,5 l/100 km. Ni el Toyota saca ventaja de su inyección directa, ni pensemos que con bioetanol el Saab lo rentabilizaría: aunque el precio del E85 se sitúa un 20 por ciento más barato que la gasolina, su consumo también aumenta en esa proporción. Eso sí, con menores emisiones de CO2.
Comportamiento y seguridad
Carácter familiar
Además de interesantes mecánicas Diesel (como el nuevo bloque 1.9 TTiD con doble turbo de Saab o el tecnológico 2.2 D-4D de 177 CV de Toyota), nuestros dos protagonistas ofrecen en sus gamas una nutrida oferta de propulsores de gasolina, también con configuraciones muy diferentes y propias de cada marca. En esta ocasión enfrentamos dos de las versiones más potentes de cada fabricante. El motor del 9-3 Sport Hatch es puro Saab: potente y con turbo. Sus 175 CV se extraen de un bloque de dos litros, con otra importante particularidad, el apellido BioPower. Y es que gracias a modificaciones y componentes más resistentes tanto para el sistema de alimentación como para el depósito, admite también el biocombustible E85 para funcionar con etanol. De esta manera, y si en España fuera posible encontrar este tipo de surtidores, es capaz de aumentar su potencia máxima hasta los 200 CV y su par a 30,6 mkg (en lugar de los 26,9 actuales), lo que en la práctica le alejaría del Avensis Wagon. El Toyota, por el contrario, recurre a uno de los cuatro cilindros con mayor cilindrada del mercado (2,4 litros) , contando en cambio con un sistema de inyección directa y distribución variable para tratar de aplacar sus consumos y mejorar un rendimiento que, ante la ausencia de un turbocompresor, registra peores cifras de par y una respuesta más débil en bajos y medios regímenes. En la práctica, sin embargo, y debido a la falta de la potenciación del motor BioPower, ambos quedan muy próximos, moviendo holgadamente cada carrocería en cualquier circunstancia, enmascarados –sobre todo el Toyota- por su eficaz transmisión automática, con convertidor de par y cinco relaciones. Estas se erigen en un perfecto complemento para explotar la suavidad y progresividad de ambas mecánicas, especialmente la del Toyota (el Saab ofrece una mayor sonoridad y ciertas vibraciones al ralentí), muy superiores en refinamiento y confort a las versiones Diesel.

En ambos casos los adelantamientos son rápidos sin tener que recurrir a la caja, una ayuda a la seguridad para dos familiares que admiten tanta carga. En cualquier caso, el motor del Saab siempre se encuentra ligeramente por encima en todas las mediciones, a pesar de tener que impulsar hasta 100 kg más de peso: lo que indica su mayor efectividad. Ya hemos hablado de la suavidad de las transmisiones, pero también aquí cada fabricante adopta una personalidad. La del Toyota muy burguesa, perfecta en su funcionamiento automático, pero muy restrictiva en su respuesta secuencial, impidiendo apurar el régimen de giro del motor. La del Saab, en cambio, es más dinámica y deportiva, con una función manual total (apura hasta el corte sin intervenir) y levas en el volante. Los consumos en ambos casos son francamente elevados y parejos, habitualmente por encima de los 10,5 l/100 km. Ni el Toyota saca ventaja de su inyección directa, ni pensemos que con bioetanol el Saab lo rentabilizaría: aunque el precio del E85 se sitúa un 20 por ciento más barato que la gasolina, su consumo también aumenta en esa proporción. Eso sí, con menores emisiones de CO2.
Comportamiento y seguridad
Carácter familiar
Además de interesantes mecánicas Diesel (como el nuevo bloque 1.9 TTiD con doble turbo de Saab o el tecnológico 2.2 D-4D de 177 CV de Toyota), nuestros dos protagonistas ofrecen en sus gamas una nutrida oferta de propulsores de gasolina, también con configuraciones muy diferentes y propias de cada marca. En esta ocasión enfrentamos dos de las versiones más potentes de cada fabricante. El motor del 9-3 Sport Hatch es puro Saab: potente y con turbo. Sus 175 CV se extraen de un bloque de dos litros, con otra importante particularidad, el apellido BioPower. Y es que gracias a modificaciones y componentes más resistentes tanto para el sistema de alimentación como para el depósito, admite también el biocombustible E85 para funcionar con etanol. De esta manera, y si en España fuera posible encontrar este tipo de surtidores, es capaz de aumentar su potencia máxima hasta los 200 CV y su par a 30,6 mkg (en lugar de los 26,9 actuales), lo que en la práctica le alejaría del Avensis Wagon. El Toyota, por el contrario, recurre a uno de los cuatro cilindros con mayor cilindrada del mercado (2,4 litros) , contando en cambio con un sistema de inyección directa y distribución variable para tratar de aplacar sus consumos y mejorar un rendimiento que, ante la ausencia de un turbocompresor, registra peores cifras de par y una respuesta más débil en bajos y medios regímenes. En la práctica, sin embargo, y debido a la falta de la potenciación del motor BioPower, ambos quedan muy próximos, moviendo holgadamente cada carrocería en cualquier circunstancia, enmascarados –sobre todo el Toyota- por su eficaz transmisión automática, con convertidor de par y cinco relaciones. Estas se erigen en un perfecto complemento para explotar la suavidad y progresividad de ambas mecánicas, especialmente la del Toyota (el Saab ofrece una mayor sonoridad y ciertas vibraciones al ralentí), muy superiores en refinamiento y confort a las versiones Diesel.

En ambos casos los adelantamientos son rápidos sin tener que recurrir a la caja, una ayuda a la seguridad para dos familiares que admiten tanta carga. En cualquier caso, el motor del Saab siempre se encuentra ligeramente por encima en todas las mediciones, a pesar de tener que impulsar hasta 100 kg más de peso: lo que indica su mayor efectividad. Ya hemos hablado de la suavidad de las transmisiones, pero también aquí cada fabricante adopta una personalidad. La del Toyota muy burguesa, perfecta en su funcionamiento automático, pero muy restrictiva en su respuesta secuencial, impidiendo apurar el régimen de giro del motor. La del Saab, en cambio, es más dinámica y deportiva, con una función manual total (apura hasta el corte sin intervenir) y levas en el volante. Los consumos en ambos casos son francamente elevados y parejos, habitualmente por encima de los 10,5 l/100 km. Ni el Toyota saca ventaja de su inyección directa, ni pensemos que con bioetanol el Saab lo rentabilizaría: aunque el precio del E85 se sitúa un 20 por ciento más barato que la gasolina, su consumo también aumenta en esa proporción. Eso sí, con menores emisiones de CO2.
Comportamiento y seguridad
Carácter familiar
Además de interesantes mecánicas Diesel (como el nuevo bloque 1.9 TTiD con doble turbo de Saab o el tecnológico 2.2 D-4D de 177 CV de Toyota), nuestros dos protagonistas ofrecen en sus gamas una nutrida oferta de propulsores de gasolina, también con configuraciones muy diferentes y propias de cada marca. En esta ocasión enfrentamos dos de las versiones más potentes de cada fabricante. El motor del 9-3 Sport Hatch es puro Saab: potente y con turbo. Sus 175 CV se extraen de un bloque de dos litros, con otra importante particularidad, el apellido BioPower. Y es que gracias a modificaciones y componentes más resistentes tanto para el sistema de alimentación como para el depósito, admite también el biocombustible E85 para funcionar con etanol. De esta manera, y si en España fuera posible encontrar este tipo de surtidores, es capaz de aumentar su potencia máxima hasta los 200 CV y su par a 30,6 mkg (en lugar de los 26,9 actuales), lo que en la práctica le alejaría del Avensis Wagon. El Toyota, por el contrario, recurre a uno de los cuatro cilindros con mayor cilindrada del mercado (2,4 litros) , contando en cambio con un sistema de inyección directa y distribución variable para tratar de aplacar sus consumos y mejorar un rendimiento que, ante la ausencia de un turbocompresor, registra peores cifras de par y una respuesta más débil en bajos y medios regímenes. En la práctica, sin embargo, y debido a la falta de la potenciación del motor BioPower, ambos quedan muy próximos, moviendo holgadamente cada carrocería en cualquier circunstancia, enmascarados –sobre todo el Toyota- por su eficaz transmisión automática, con convertidor de par y cinco relaciones. Estas se erigen en un perfecto complemento para explotar la suavidad y progresividad de ambas mecánicas, especialmente la del Toyota (el Saab ofrece una mayor sonoridad y ciertas vibraciones al ralentí), muy superiores en refinamiento y confort a las versiones Diesel.

En ambos casos los adelantamientos son rápidos sin tener que recurrir a la caja, una ayuda a la seguridad para dos familiares que admiten tanta carga. En cualquier caso, el motor del Saab siempre se encuentra ligeramente por encima en todas las mediciones, a pesar de tener que impulsar hasta 100 kg más de peso: lo que indica su mayor efectividad. Ya hemos hablado de la suavidad de las transmisiones, pero también aquí cada fabricante adopta una personalidad. La del Toyota muy burguesa, perfecta en su funcionamiento automático, pero muy restrictiva en su respuesta secuencial, impidiendo apurar el régimen de giro del motor. La del Saab, en cambio, es más dinámica y deportiva, con una función manual total (apura hasta el corte sin intervenir) y levas en el volante. Los consumos en ambos casos son francamente elevados y parejos, habitualmente por encima de los 10,5 l/100 km. Ni el Toyota saca ventaja de su inyección directa, ni pensemos que con bioetanol el Saab lo rentabilizaría: aunque el precio del E85 se sitúa un 20 por ciento más barato que la gasolina, su consumo también aumenta en esa proporción. Eso sí, con menores emisiones de CO2.
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