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Saab 9-3 Sport Hatch 2.0t BioPower frente a Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i

Dos familiares refinados, potentes, automáticos… y con distinto talante. Rediseñado, el 9-3 Sport Hatch apuesta por el diseño y la deportividad; enfrente, un tradicional y equilibrado Avensis Wagon para calibrar sus aspiraciones. Mismo concepto, distinta táctica de juego. ¿Quién ganará el partido?
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Saab 9-3 Sport Hatch 2.0t BioPower frente a Toyota Avensis Wagon 2.4 VVT-i
En pleno proceso de evolución, el segmento de las berlinas medias ha experimentado en el último año una actividad frenética. Con importantes novedades en toda su dimensión. Desde los representantes más exclusivos del mercado -como los renovados Audi A4 o Mercedes Clase C-, hasta los más generalistas -como los nuevos Renault Laguna y Ford Mondeo- han afilado armas con un importante denominador común: la mayor relevancia que han tomado en sus gamas las carrocerías familiares, ahora incluso presentadas como modelos de desarrollo casi independiente. A su evidente mayor practicidad, unen todas en la actualidad una línea estética que ha ganado mucho en atractivo: no hay que olvidar que en países como Italia o Alemania acumulan hasta un 70 por ciento de las ventas totales de la categoría; y todas también han llevado a la práctica importantes esfuerzos para ganar en confort, seguridad y equipamiento, aunque siempre con la personalidad de cada constructor como rasgo claramente diferenciador.

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Esta vez hemos optado por enfrentar dos opciones con identidades muy marcadas y que, quizás, reflejan con mayor fidelidad el carácter de sus fabricantes. Dentro de esta creciente oferta la apuesta de Saab es significativa. El 9-3 Sport Hatch aporta un importante plus de originalidad, redefiniendo aún más con su última actualización estética el concepto clásico de familiar. Su imagen resulta más agresiva e imponente que sus rivales y, si bien técnicamente no podemos hablar de un modelo nuevo, mecánicamente intenta reflejar también superiores dosis de dinamismo. Así, esta generación incorpora el brillante motor Diesel con doble turbo 1.9 TTiD de 180 CV, un poderoso V6 de 255 CV y la versión BioPower 2.0t de 175 CV que ahora probamos, capaz de incrementar su potencia en más de un 15 por ciento combinando su turbocompresor con el mayor octanaje del bioetanol. No obstante, debido a la práctica ausencia de surtidores de combustible E85 en España (sólo hay tres en el País Vasco, por los 900 de Suecia), hemos optado por comprobar su rendimiento real al alimentarlo con gasolina.

Enfrente situamos al Avensis Wagon, un familiar de corte más tradicional y fiel a la esencia que impregna el fabricante japonés a todos sus modelos: funcionalidad, amplitud y confort de marcha. A todo ello une un exquisito equipamiento y un motor de inyección directa y gran cilindrada -2,4 litros-, con 163 CV atmosféricos dispuestos a desafiar a la mecánica turbo sueca. Pero no todo son diferencias. Ambos, sin embargo, responden a una misma filosofía. Junto a sus potentes motorizaciones, los dos disfrutan -en el más estricto sentido de la palabra- de cambios automáticos tradicionales con convertidor de par, que incrementan el agrado general de uso aunque también perjudican notablemente unos consumos ya elevados de por sí. Además, y por encima de todo, ambos luchan también por situarse en una misma liga: la que busca aproximarse a la zona alta del mercado, repuntando entre los fabricantes generalistas con una presentación más cuidada y un mayor refinamiento. Confort de marcha y máxima capacidad de carga. Tanto el 9-3 Sport Hatch como el Avensis Wagon, con dimensiones idénticas (apenas 2 cm más de batalla para el Toyota) superan con nota nuestro “test del viaje”. No obstante, las comparaciones a veces resultan odiosas. En su marcada originalidad, Saab ha descuidado en mayor medida la funcionalidad, aunque conviene advertir que se enfrenta en esta ocasión a uno de los líderes del segmento. Metro en mano, el Avensis mima claramente mejor a sus ocupantes, imponiéndose en casi todas las mediciones, desde una mayor altura hasta una distancia para piernas hasta 10 cm superior. Sólo en anchura interior el Saab saca ligera ventaja, aunque en ninguno de los dos tres adultos viajarán con total confort. En cuanto a maletero, un apartado de máxima consideración cuando hablamos de carrocerías familiares, ambos tienen idénticas proporciones de portón, con apenas 61/62 cm de altura entre el suelo y el plano de carga, facilitando la tarea de introducción de equipaje. Pero en volumen, Toyota vuelve a obsequiarnos con 70 litros más de capacidad en superficie (505 dm3 totales), a los que se suma un compartimento oculto bajo el piso con otros 40 litros más, y la posibilidad de crear un suelo plano de carga abatiendo los asientos traseros, que en el Saab quedan algo inclinados.

Contando con motorizaciones y acabados superiores, Vector en el Saab y Executive en el Toyota, los dos ofrecen una completa dotación para el confort de los pasajeros. El Avensis Wagon, sin embargo, incluye de serie frente al 9-3 Sport Hatch tapicería completa de piel, control de crucero y asientos con regulación eléctrica. Pero, ni con ello, el Toyota iguala la comodidad y la ergonomía que proporciona el Saab, con un interior más moderno, una perfecta orientación de todos los mandos (se notan los antecedentes aeronáuticos del fabricante sueco) y el excelente agarre de sus asientos deportivos. En la berlina japonesa, en cambio, estos pecan de poca sujeción, con una postura de conducción demasiado alta aunque bajemos al máximo la banqueta. A pesar de un diseño diferenciador, su mayor ergonomía y el innovador motor BioPower (capaz de funcionar –algún día en nuestro país- con bioetanol), al 9-3 Sport Hatch le cuesta hacer frente al atractivo general del Avensis Wagon. Éste último consigue una más que aceptable relación precio/equipamiento, ya que por 31.000 euros tenemos un familiar que, aun agotando su ciclo de vida, resulta una opción muy completa. En cambio, la necesidad en Saab de elevar los precios para alejarse del Opel Vectra de que deriva y optar a un segmento de cliente superior, genera una factura final alta.
Potentes y automáticos
Comportamiento y seguridad
En pleno proceso de evolución, el segmento de las berlinas medias ha experimentado en el último año una actividad frenética. Con importantes novedades en toda su dimensión. Desde los representantes más exclusivos del mercado -como los renovados Audi A4 o Mercedes Clase C-, hasta los más generalistas -como los nuevos Renault Laguna y Ford Mondeo- han afilado armas con un importante denominador común: la mayor relevancia que han tomado en sus gamas las carrocerías familiares, ahora incluso presentadas como modelos de desarrollo casi independiente. A su evidente mayor practicidad, unen todas en la actualidad una línea estética que ha ganado mucho en atractivo: no hay que olvidar que en países como Italia o Alemania acumulan hasta un 70 por ciento de las ventas totales de la categoría; y todas también han llevado a la práctica importantes esfuerzos para ganar en confort, seguridad y equipamiento, aunque siempre con la personalidad de cada constructor como rasgo claramente diferenciador. Esta vez hemos optado por enfrentar dos opciones con identidades muy marcadas y que, quizás, reflejan con mayor fidelidad el carácter de sus fabricantes. Dentro de esta creciente oferta la apuesta de Saab es significativa. El 9-3 Sport Hatch aporta un importante plus de originalidad, redefiniendo aún más con su última actualización estética el concepto clásico de familiar. Su imagen resulta más agresiva e imponente que sus rivales y, si bien técnicamente no podemos hablar de un modelo nuevo, mecánicamente intenta reflejar también superiores dosis de dinamismo. Así, esta generación incorpora el brillante motor Diesel con doble turbo 1.9 TTiD de 180 CV, un poderoso V6 de 255 CV y la versión BioPower 2.0t de 175 CV que ahora probamos, capaz de incrementar su potencia en más de un 15 por ciento combinando su turbocompresor con el mayor octanaje del bioetanol. No obstante, debido a la práctica ausencia de surtidores de combustible E85 en España (sólo hay tres en el País Vasco, por los 900 de Suecia), hemos optado por comprobar su rendimiento real al alimentarlo con gasolina.

Enfrente situamos al Avensis Wagon, un familiar de corte más tradicional y fiel a la esencia que impregna el fabricante japonés a todos sus modelos: funcionalidad, amplitud y confort de marcha. A todo ello une un exquisito equipamiento y un motor de inyección directa y gran cilindrada -2,4 litros-, con 163 CV atmosféricos dispuestos a desafiar a la mecánica turbo sueca. Pero no todo son diferencias. Ambos, sin embargo, responden a una misma filosofía. Junto a sus potentes motorizaciones, los dos disfrutan -en el más estricto sentido de la palabra- de cambios automáticos tradicionales con convertidor de par, que incrementan el agrado general de uso aunque también perjudican notablemente unos consumos ya elevados de por sí. Además, y por encima de todo, ambos luchan también por situarse en una misma liga: la que busca aproximarse a la zona alta del mercado, repuntando entre los fabricantes generalistas con una presentación más cuidada y un mayor refinamiento. Confort de marcha y máxima capacidad de carga. Tanto el 9-3 Sport Hatch como el Avensis Wagon, con dimensiones idénticas (apenas 2 cm más de batalla para el Toyota) superan con nota nuestro “test del viaje”. No obstante, las comparaciones a veces resultan odiosas. En su marcada originalidad, Saab ha descuidado en mayor medida la funcionalidad, aunque conviene advertir que se enfrenta en esta ocasión a uno de los líderes del segmento. Metro en mano, el Avensis mima claramente mejor a sus ocupantes, imponiéndose en casi todas las mediciones, desde una mayor altura hasta una distancia para piernas hasta 10 cm superior. Sólo en anchura interior el Saab saca ligera ventaja, aunque en ninguno de los dos tres adultos viajarán con total confort. En cuanto a maletero, un apartado de máxima consideración cuando hablamos de carrocerías familiares, ambos tienen idénticas proporciones de portón, con apenas 61/62 cm de altura entre el suelo y el plano de carga, facilitando la tarea de introducción de equipaje. Pero en volumen, Toyota vuelve a obsequiarnos con 70 litros más de capacidad en superficie (505 dm3 totales), a los que se suma un compartimento oculto bajo el piso con otros 40 litros más, y la posibilidad de crear un suelo plano de carga abatiendo los asientos traseros, que en el Saab quedan algo inclinados.

Contando con motorizaciones y acabados superiores, Vector en el Saab y Executive en el Toyota, los dos ofrecen una completa dotación para el confort de los pasajeros. El Avensis Wagon, sin embargo, incluye de serie frente al 9-3 Sport Hatch tapicería completa de piel, control de crucero y asientos con regulación eléctrica. Pero, ni con ello, el Toyota iguala la comodidad y la ergonomía que proporciona el Saab, con un interior más moderno, una perfecta orientación de todos los mandos (se notan los antecedentes aeronáuticos del fabricante sueco) y el excelente agarre de sus asientos deportivos. En la berlina japonesa, en cambio, estos pecan de poca sujeción, con una postura de conducción demasiado alta aunque bajemos al máximo la banqueta. A pesar de un diseño diferenciador, su mayor ergonomía y el innovador motor BioPower (capaz de funcionar –algún día en nuestro país- con bioetanol), al 9-3 Sport Hatch le cuesta hacer frente al atractivo general del Avensis Wagon. Éste último consigue una más que aceptable relación precio/equipamiento, ya que por 31.000 euros tenemos un familiar que, aun agotando su ciclo de vida, resulta una opción muy completa. En cambio, la necesidad en Saab de elevar los precios para alejarse del Opel Vectra de que deriva y optar a un segmento de cliente superior, genera una factura final alta.
Potentes y automáticos
Comportamiento y seguridad
En pleno proceso de evolución, el segmento de las berlinas medias ha experimentado en el último año una actividad frenética. Con importantes novedades en toda su dimensión. Desde los representantes más exclusivos del mercado -como los renovados Audi A4 o Mercedes Clase C-, hasta los más generalistas -como los nuevos Renault Laguna y Ford Mondeo- han afilado armas con un importante denominador común: la mayor relevancia que han tomado en sus gamas las carrocerías familiares, ahora incluso presentadas como modelos de desarrollo casi independiente. A su evidente mayor practicidad, unen todas en la actualidad una línea estética que ha ganado mucho en atractivo: no hay que olvidar que en países como Italia o Alemania acumulan hasta un 70 por ciento de las ventas totales de la categoría; y todas también han llevado a la práctica importantes esfuerzos para ganar en confort, seguridad y equipamiento, aunque siempre con la personalidad de cada constructor como rasgo claramente diferenciador. Esta vez hemos optado por enfrentar dos opciones con identidades muy marcadas y que, quizás, reflejan con mayor fidelidad el carácter de sus fabricantes. Dentro de esta creciente oferta la apuesta de Saab es significativa. El 9-3 Sport Hatch aporta un importante plus de originalidad, redefiniendo aún más con su última actualización estética el concepto clásico de familiar. Su imagen resulta más agresiva e imponente que sus rivales y, si bien técnicamente no podemos hablar de un modelo nuevo, mecánicamente intenta reflejar también superiores dosis de dinamismo. Así, esta generación incorpora el brillante motor Diesel con doble turbo 1.9 TTiD de 180 CV, un poderoso V6 de 255 CV y la versión BioPower 2.0t de 175 CV que ahora probamos, capaz de incrementar su potencia en más de un 15 por ciento combinando su turbocompresor con el mayor octanaje del bioetanol. No obstante, debido a la práctica ausencia de surtidores de combustible E85 en España (sólo hay tres en el País Vasco, por los 900 de Suecia), hemos optado por comprobar su rendimiento real al alimentarlo con gasolina.

Enfrente situamos al Avensis Wagon, un familiar de corte más tradicional y fiel a la esencia que impregna el fabricante japonés a todos sus modelos: funcionalidad, amplitud y confort de marcha. A todo ello une un exquisito equipamiento y un motor de inyección directa y gran cilindrada -2,4 litros-, con 163 CV atmosféricos dispuestos a desafiar a la mecánica turbo sueca. Pero no todo son diferencias. Ambos, sin embargo, responden a una misma filosofía. Junto a sus potentes motorizaciones, los dos disfrutan -en el más estricto sentido de la palabra- de cambios automáticos tradicionales con convertidor de par, que incrementan el agrado general de uso aunque también perjudican notablemente unos consumos ya elevados de por sí. Además, y por encima de todo, ambos luchan también por situarse en una misma liga: la que busca aproximarse a la zona alta del mercado, repuntando entre los fabricantes generalistas con una presentación más cuidada y un mayor refinamiento. Confort de marcha y máxima capacidad de carga. Tanto el 9-3 Sport Hatch como el Avensis Wagon, con dimensiones idénticas (apenas 2 cm más de batalla para el Toyota) superan con nota nuestro “test del viaje”. No obstante, las comparaciones a veces resultan odiosas. En su marcada originalidad, Saab ha descuidado en mayor medida la funcionalidad, aunque conviene advertir que se enfrenta en esta ocasión a uno de los líderes del segmento. Metro en mano, el Avensis mima claramente mejor a sus ocupantes, imponiéndose en casi todas las mediciones, desde una mayor altura hasta una distancia para piernas hasta 10 cm superior. Sólo en anchura interior el Saab saca ligera ventaja, aunque en ninguno de los dos tres adultos viajarán con total confort. En cuanto a maletero, un apartado de máxima consideración cuando hablamos de carrocerías familiares, ambos tienen idénticas proporciones de portón, con apenas 61/62 cm de altura entre el suelo y el plano de carga, facilitando la tarea de introducción de equipaje. Pero en volumen, Toyota vuelve a obsequiarnos con 70 litros más de capacidad en superficie (505 dm3 totales), a los que se suma un compartimento oculto bajo el piso con otros 40 litros más, y la posibilidad de crear un suelo plano de carga abatiendo los asientos traseros, que en el Saab quedan algo inclinados.

Contando con motorizaciones y acabados superiores, Vector en el Saab y Executive en el Toyota, los dos ofrecen una completa dotación para el confort de los pasajeros. El Avensis Wagon, sin embargo, incluye de serie frente al 9-3 Sport Hatch tapicería completa de piel, control de crucero y asientos con regulación eléctrica. Pero, ni con ello, el Toyota iguala la comodidad y la ergonomía que proporciona el Saab, con un interior más moderno, una perfecta orientación de todos los mandos (se notan los antecedentes aeronáuticos del fabricante sueco) y el excelente agarre de sus asientos deportivos. En la berlina japonesa, en cambio, estos pecan de poca sujeción, con una postura de conducción demasiado alta aunque bajemos al máximo la banqueta. A pesar de un diseño diferenciador, su mayor ergonomía y el innovador motor BioPower (capaz de funcionar –algún día en nuestro país- con bioetanol), al 9-3 Sport Hatch le cuesta hacer frente al atractivo general del Avensis Wagon. Éste último consigue una más que aceptable relación precio/equipamiento, ya que por 31.000 euros tenemos un familiar que, aun agotando su ciclo de vida, resulta una opción muy completa. En cambio, la necesidad en Saab de elevar los precios para alejarse del Opel Vectra de que deriva y optar a un segmento de cliente superior, genera una factura final alta.
Potentes y automáticos
Comportamiento y seguridad
En pleno proceso de evolución, el segmento de las berlinas medias ha experimentado en el último año una actividad frenética. Con importantes novedades en toda su dimensión. Desde los representantes más exclusivos del mercado -como los renovados Audi A4 o Mercedes Clase C-, hasta los más generalistas -como los nuevos Renault Laguna y Ford Mondeo- han afilado armas con un importante denominador común: la mayor relevancia que han tomado en sus gamas las carrocerías familiares, ahora incluso presentadas como modelos de desarrollo casi independiente. A su evidente mayor practicidad, unen todas en la actualidad una línea estética que ha ganado mucho en atractivo: no hay que olvidar que en países como Italia o Alemania acumulan hasta un 70 por ciento de las ventas totales de la categoría; y todas también han llevado a la práctica importantes esfuerzos para ganar en confort, seguridad y equipamiento, aunque siempre con la personalidad de cada constructor como rasgo claramente diferenciador. Esta vez hemos optado por enfrentar dos opciones con identidades muy marcadas y que, quizás, reflejan con mayor fidelidad el carácter de sus fabricantes. Dentro de esta creciente oferta la apuesta de Saab es significativa. El 9-3 Sport Hatch aporta un importante plus de originalidad, redefiniendo aún más con su última actualización estética el concepto clásico de familiar. Su imagen resulta más agresiva e imponente que sus rivales y, si bien técnicamente no podemos hablar de un modelo nuevo, mecánicamente intenta reflejar también superiores dosis de dinamismo. Así, esta generación incorpora el brillante motor Diesel con doble turbo 1.9 TTiD de 180 CV, un poderoso V6 de 255 CV y la versión BioPower 2.0t de 175 CV que ahora probamos, capaz de incrementar su potencia en más de un 15 por ciento combinando su turbocompresor con el mayor octanaje del bioetanol. No obstante, debido a la práctica ausencia de surtidores de combustible E85 en España (sólo hay tres en el País Vasco, por los 900 de Suecia), hemos optado por comprobar su rendimiento real al alimentarlo con gasolina.

Enfrente situamos al Avensis Wagon, un familiar de corte más tradicional y fiel a la esencia que impregna el fabricante japonés a todos sus modelos: funcionalidad, amplitud y confort de marcha. A todo ello une un exquisito equipamiento y un motor de inyección directa y gran cilindrada -2,4 litros-, con 163 CV atmosféricos dispuestos a desafiar a la mecánica turbo sueca. Pero no todo son diferencias. Ambos, sin embargo, responden a una misma filosofía. Junto a sus potentes motorizaciones, los dos disfrutan -en el más estricto sentido de la palabra- de cambios automáticos tradicionales con convertidor de par, que incrementan el agrado general de uso aunque también perjudican notablemente unos consumos ya elevados de por sí. Además, y por encima de todo, ambos luchan también por situarse en una misma liga: la que busca aproximarse a la zona alta del mercado, repuntando entre los fabricantes generalistas con una presentación más cuidada y un mayor refinamiento. Confort de marcha y máxima capacidad de carga. Tanto el 9-3 Sport Hatch como el Avensis Wagon, con dimensiones idénticas (apenas 2 cm más de batalla para el Toyota) superan con nota nuestro “test del viaje”. No obstante, las comparaciones a veces resultan odiosas. En su marcada originalidad, Saab ha descuidado en mayor medida la funcionalidad, aunque conviene advertir que se enfrenta en esta ocasión a uno de los líderes del segmento. Metro en mano, el Avensis mima claramente mejor a sus ocupantes, imponiéndose en casi todas las mediciones, desde una mayor altura hasta una distancia para piernas hasta 10 cm superior. Sólo en anchura interior el Saab saca ligera ventaja, aunque en ninguno de los dos tres adultos viajarán con total confort. En cuanto a maletero, un apartado de máxima consideración cuando hablamos de carrocerías familiares, ambos tienen idénticas proporciones de portón, con apenas 61/62 cm de altura entre el suelo y el plano de carga, facilitando la tarea de introducción de equipaje. Pero en volumen, Toyota vuelve a obsequiarnos con 70 litros más de capacidad en superficie (505 dm3 totales), a los que se suma un compartimento oculto bajo el piso con otros 40 litros más, y la posibilidad de crear un suelo plano de carga abatiendo los asientos traseros, que en el Saab quedan algo inclinados.

Contando con motorizaciones y acabados superiores, Vector en el Saab y Executive en el Toyota, los dos ofrecen una completa dotación para el confort de los pasajeros. El Avensis Wagon, sin embargo, incluye de serie frente al 9-3 Sport Hatch tapicería completa de piel, control de crucero y asientos con regulación eléctrica. Pero, ni con ello, el Toyota iguala la comodidad y la ergonomía que proporciona el Saab, con un interior más moderno, una perfecta orientación de todos los mandos (se notan los antecedentes aeronáuticos del fabricante sueco) y el excelente agarre de sus asientos deportivos. En la berlina japonesa, en cambio, estos pecan de poca sujeción, con una postura de conducción demasiado alta aunque bajemos al máximo la banqueta. A pesar de un diseño diferenciador, su mayor ergonomía y el innovador motor BioPower (capaz de funcionar –algún día en nuestro país- con bioetanol), al 9-3 Sport Hatch le cuesta hacer frente al atractivo general del Avensis Wagon. Éste último consigue una más que aceptable relación precio/equipamiento, ya que por 31.000 euros tenemos un familiar que, aun agotando su ciclo de vida, resulta una opción muy completa. En cambio, la necesidad en Saab de elevar los precios para alejarse del Opel Vectra de que deriva y optar a un segmento de cliente superior, genera una factura final alta.
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