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Renault Twingo GT iMusic

La ciudad parece distinta a bordo del Twingo GT, un coche que añade emoción a cada desplazamiento y que dispone de todo tipo de facilidades para conectar nuestros dispositivos electrónicos.
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Renault Twingo GT iMusic
Hay un aspecto que no acaba de encajarnos en una marca tan preocupada por la seguridad como Renault, y es que los reposacabezas de las dos plazas traseras no son de serie. En su lugar hay unos tapones que ocultan los agujeros. Para disponer de ellos hay que adquirir un pack, por 400 euros, que consiste en dos banquetas independientes y deslizantes longitudinalmente, en lugar de la que viene normalmente, que es fija y ni siquiera se divide por mitades. Nuestra unidad llevaba los asientos básicos, de banqueta corrida, que resultan engorrosos de modular cuando queremos utilizar la máxima capacidad de carga del coche (959 dm3); además no dan la sensación de calidad ni de robustez que cabría esperar. Resultan demasiado tradicionales, ya que, para abatirlos, primero es necesario plegar la banqueta de manera individual, luego soltar los dos pestillos del respaldo, a los que se accede desde el maletero y requieren utilizar las dos manos, y, por último, volver a entrar al habitáculo para terminar de abatirlos. La verdad es que nos ha decepcionado este aspecto, sobre todo cuando en el mercado hay desde hace tiempo modelos en los que toda esta operación se puede hacer de manera mucho más sencilla, incluso con un simple gesto y una sola mano. También, como opción aparte, el respaldo del asiento delantero derecho se puede plegar para dejar sitio a objetos de más de dos metros de largo.

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A pesar de que la postura al volante es correcta, la ergonomía no es su punto fuerte, al menos en un par de aspectos. El mando que regula la inclinación del respaldo del conductor no es demasiado accesible, aunque entendemos que si el coche lo va a utilizar siempre la misma persona esto no supone un problema grave. Resulta más incómodo que la altura del cinturón de seguridad no se puede regular, y tampoco la distancia en profundidad del volante. Sí que es posible modificar la altura de éste, así como la del asiento del conductor, a pesar de que, incluso en su posición más baja, no queda demasiada altura libre hasta el techo. Las plazas posteriores son amplias, con anchura de sobra para los dos pasajeros para los que están homologadas, bastante sitio para las piernas y un generoso hueco bajo los asientos delanteros que permite ganar todavía más centímetros. Sin embargo, el piso donde descansan los pies del acompañante delantero es demasiado vertical, lo que obliga a ir algo encogido o a desplazar el asiento hacia atrás y robar espacio al pasajero posterior. Tampoco es muy comprensible que en la versión más equipada de la gama el aire acondicionado no sea de serie, por lo que si empezamos a sumar extras acaba siendo un automóvil caro para el segmento al que pertenece. Desde 1.000 vueltas el turbo empieza a actuar, y a 2.000 ya ha alcanzado su máxima velocidad de giro. El funcionamiento del motor es tan progresivo y con una respuesta tan inmediata que no parece sobrealimentado. La función overboost aumenta la potencia temporalmente. A la hora de conducir, el Twingo GT no resulta excesivamente cómodo al pasar por firme irregular. Su confort de bacheo deja que desear, sobre todo por un tarado de muelles algo duro y unos amortiguadores de recorridos modestos, menos duros en extensión que en compresión, que llegan a resultar insuficientes en situaciones extremas. Por ejemplo, un bache en medio de una curva puede descomponer la trayectoria del coche si las suspensiones hacen tope. A pesar de esto, el comportamiento, en líneas generales, es noble y de reacciones suficientemente lentas, al alcance de la mayoría de los conductores incluso si se apuran las capacidades del bastidor, algo a lo que invita este minúsculo deportivo. Al ser tan estrecho permite aprovechar muy bien el ancho de la carretera, por muy tortuosa que sea. Es un coche que obliga a ir un poco más atento de lo normal a la conducción, ideal para divertirse sin llegar a circular excesivamente rápido, y para no aburrirse al volante ahora que los límites de velocidad juegan un papel tan relevante. Incluso puede deleitar a los más avezados con algún deslizamiento del tren trasero cuando lo provocamos girando bruscamente el volante, pero de forma muy controlada y bastante neutra, lo justo para no comprometer la seguridad.

La eficacia es alta, aunque no hay que esperar algo radical. Esto se aprecia claramente en los frenos, que logran unas distancias de detención tirando a mediocres si tenemos en cuenta el poco peso y el espíritu “racing” de un modelo como este. Llegados a cierto nivel de entusiasmo la frenada en apoyo se convierte en algo delicada, aunque dentro de un nivel razonable y salvaguardable por el ABS —el control de estabilidad estará disponible dentro de poco—. También se muestra algo sensible al viento lateral. En definitiva, la versión GT de esta última edición del Twingo es idónea para proporcionar sensaciones de bolsillo en cualquier parte, incluso en ciudad, y para moverse con agilidad en todo tipo de situaciones.
LO MEJOR
LO PEOR

– Motor y cambio
– Conducción “entretenida”
– Agilidad en ciudad

– Falta termómetro de agua
– Precio elevado
– Reposacabezas traseros opcionales

Hay un aspecto que no acaba de encajarnos en una marca tan preocupada por la seguridad como Renault, y es que los reposacabezas de las dos plazas traseras no son de serie. En su lugar hay unos tapones que ocultan los agujeros. Para disponer de ellos hay que adquirir un pack, por 400 euros, que consiste en dos banquetas independientes y deslizantes longitudinalmente, en lugar de la que viene normalmente, que es fija y ni siquiera se divide por mitades. Nuestra unidad llevaba los asientos básicos, de banqueta corrida, que resultan engorrosos de modular cuando queremos utilizar la máxima capacidad de carga del coche (959 dm3); además no dan la sensación de calidad ni de robustez que cabría esperar. Resultan demasiado tradicionales, ya que, para abatirlos, primero es necesario plegar la banqueta de manera individual, luego soltar los dos pestillos del respaldo, a los que se accede desde el maletero y requieren utilizar las dos manos, y, por último, volver a entrar al habitáculo para terminar de abatirlos. La verdad es que nos ha decepcionado este aspecto, sobre todo cuando en el mercado hay desde hace tiempo modelos en los que toda esta operación se puede hacer de manera mucho más sencilla, incluso con un simple gesto y una sola mano. También, como opción aparte, el respaldo del asiento delantero derecho se puede plegar para dejar sitio a objetos de más de dos metros de largo.

A pesar de que la postura al volante es correcta, la ergonomía no es su punto fuerte, al menos en un par de aspectos. El mando que regula la inclinación del respaldo del conductor no es demasiado accesible, aunque entendemos que si el coche lo va a utilizar siempre la misma persona esto no supone un problema grave. Resulta más incómodo que la altura del cinturón de seguridad no se puede regular, y tampoco la distancia en profundidad del volante. Sí que es posible modificar la altura de éste, así como la del asiento del conductor, a pesar de que, incluso en su posición más baja, no queda demasiada altura libre hasta el techo. Las plazas posteriores son amplias, con anchura de sobra para los dos pasajeros para los que están homologadas, bastante sitio para las piernas y un generoso hueco bajo los asientos delanteros que permite ganar todavía más centímetros. Sin embargo, el piso donde descansan los pies del acompañante delantero es demasiado vertical, lo que obliga a ir algo encogido o a desplazar el asiento hacia atrás y robar espacio al pasajero posterior. Tampoco es muy comprensible que en la versión más equipada de la gama el aire acondicionado no sea de serie, por lo que si empezamos a sumar extras acaba siendo un automóvil caro para el segmento al que pertenece. Desde 1.000 vueltas el turbo empieza a actuar, y a 2.000 ya ha alcanzado su máxima velocidad de giro. El funcionamiento del motor es tan progresivo y con una respuesta tan inmediata que no parece sobrealimentado. La función overboost aumenta la potencia temporalmente. A la hora de conducir, el Twingo GT no resulta excesivamente cómodo al pasar por firme irregular. Su confort de bacheo deja que desear, sobre todo por un tarado de muelles algo duro y unos amortiguadores de recorridos modestos, menos duros en extensión que en compresión, que llegan a resultar insuficientes en situaciones extremas. Por ejemplo, un bache en medio de una curva puede descomponer la trayectoria del coche si las suspensiones hacen tope. A pesar de esto, el comportamiento, en líneas generales, es noble y de reacciones suficientemente lentas, al alcance de la mayoría de los conductores incluso si se apuran las capacidades del bastidor, algo a lo que invita este minúsculo deportivo. Al ser tan estrecho permite aprovechar muy bien el ancho de la carretera, por muy tortuosa que sea. Es un coche que obliga a ir un poco más atento de lo normal a la conducción, ideal para divertirse sin llegar a circular excesivamente rápido, y para no aburrirse al volante ahora que los límites de velocidad juegan un papel tan relevante. Incluso puede deleitar a los más avezados con algún deslizamiento del tren trasero cuando lo provocamos girando bruscamente el volante, pero de forma muy controlada y bastante neutra, lo justo para no comprometer la seguridad.

La eficacia es alta, aunque no hay que esperar algo radical. Esto se aprecia claramente en los frenos, que logran unas distancias de detención tirando a mediocres si tenemos en cuenta el poco peso y el espíritu “racing” de un modelo como este. Llegados a cierto nivel de entusiasmo la frenada en apoyo se convierte en algo delicada, aunque dentro de un nivel razonable y salvaguardable por el ABS —el control de estabilidad estará disponible dentro de poco—. También se muestra algo sensible al viento lateral. En definitiva, la versión GT de esta última edición del Twingo es idónea para proporcionar sensaciones de bolsillo en cualquier parte, incluso en ciudad, y para moverse con agilidad en todo tipo de situaciones.
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