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Renault Mégane 2.0 dCi Sport

Si la versión de gasolina del Mégane Sport proporciona la explosividad de sus 225 CV, el 2.0 dCi de 175 CV se encarga de completar la “escudería”, especializando sus prestaciones en la larga distancia que le proporciona su moderado consumo y su consecuente autonomía.
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Renault Mégane 2.0 dCi Sport
Si hay un aspecto que cabe destacar del Mégane Sport es que muestra una eficacia diabólica en terrenos virados, sin tener que recurrir a unas suspensiones incómodas a pesar de los retoques en este sentido. Evidentemente, la firmeza de suspensión es una característica del coche, pero en contadas ocasiones llega resultar “seco”, lo que dice mucho a su favor, sobre todo teniendo en cuenta que el perfil del neumático no ayuda en la tarea de filtrar las irregularidades. Los apoyos son francos y la buena geometría del tren delantero permite atacar las curvas con decisión y confianza, con una respuesta del coche en cuanto a adherencia verdaderamente notable.

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Renault Mégane 2.0 dCi Sport

La mayor velocidad de paso en curva que le proporciona su chasis y la mayor potencia de su motor con relación a sus hermanos más convencionales ha llevado a los responsables de la marca a dotar al dCi Sport del mismo equipo de frenos que monta el Sport Trophy de gasolina, compuesto por cuatro discos generosamente dimensionados —312 mm de diámetro delante y 300 mm detrás— y además dotado, para el tren delantero, de pinzas de cuatro pistones firmadas por Brembo, lo que representa toda una garantía de eficacia. Pero si la implantación mecánica es excelente no podemos decir lo mismo de la regulación de la asistencia. Ese empecinamiento generalizado en reducir recorrido del pedal, con objeto de transmitir sensación de “poderío”, puede ser aceptable en un modelo convencional, pero personalmente se nos antoja inadecuado para un modelo deportivo, en el que la dosificación es una de las claves para poder llevar a cabo una conducción deportiva eficiente. Con el paso de los kilómetros se acaba uno adaptando, pero aun así no se llega a disponer del absoluto control sobre el pedal.

También la dirección dispone de su propia regulación, específica de las versiones Sport, y gracias a su asistencia eléctrica, controlada electrónicamente, se ha modificado la ayuda que, además de ser variable en función de la velocidad, dispone de una mayor sensibilidad, capaz de transmitir mejor las sensaciones al conductor. Aunque en ocasiones también se percibe un pequeño exceso de asistencia, el trabajo de ajuste llevado a cabo ofrece unos resultados francamente buenos con relación a las versiones de inferior potencia.

En el interior no se han hecho demasiadas concesiones estéticas, pero sí se ha trabajado en dar un toque de exclusividad a esta versión, que se pone de manifiesto en pequeños pero interesantes detalles, como los asientos. No hacen excesivos alardes, como en otras marcas, simulando baquets de competición, pero los resultados prácticos son similares, cuando no superiores. La sujeción lateral es excelente y no tiene efectos secundarios a la altura de los hombros, como ocurre con un baquet que no está hecho a medida. Otros detalles menores, como los pedales y el reposapié izquierdo de aluminio o el volante de cuero con la marca de centrado bordada, no son especialmente ostentosos, pero sirven para crear la atmósfera deportiva necesaria. En cuanto al precio, es algo que siempre resulta enojoso, pero en este caso la cosa está difícil. No es precisamente una bicoca, pero con relación al equipamiento, y, por qué no decirlo, a la exclusividad que plantea esta versión, entendemos que está plenamente justificado. Otra cosa será la depreciación que con el tiempo sufra el modelo, que al margen de superdeportivos de muchas campanillas, es algo que afecta a todos. No hay duda de que no puede plantearse como una inversión, pero tampoco entendemos que deba calificarse como un despilfarro.
LO MEJOR
LO PEOR

– Imagen deportiva
– Comportamiento eficaz
– Autoblocante

– Detalles de acabado
– Rueda de repuesto de emergencia
– Tacto del pedal de freno

Si hay un aspecto que cabe destacar del Mégane Sport es que muestra una eficacia diabólica en terrenos virados, sin tener que recurrir a unas suspensiones incómodas a pesar de los retoques en este sentido. Evidentemente, la firmeza de suspensión es una característica del coche, pero en contadas ocasiones llega resultar “seco”, lo que dice mucho a su favor, sobre todo teniendo en cuenta que el perfil del neumático no ayuda en la tarea de filtrar las irregularidades. Los apoyos son francos y la buena geometría del tren delantero permite atacar las curvas con decisión y confianza, con una respuesta del coche en cuanto a adherencia verdaderamente notable. La mayor velocidad de paso en curva que le proporciona su chasis y la mayor potencia de su motor con relación a sus hermanos más convencionales ha llevado a los responsables de la marca a dotar al dCi Sport del mismo equipo de frenos que monta el Sport Trophy de gasolina, compuesto por cuatro discos generosamente dimensionados —312 mm de diámetro delante y 300 mm detrás— y además dotado, para el tren delantero, de pinzas de cuatro pistones firmadas por Brembo, lo que representa toda una garantía de eficacia. Pero si la implantación mecánica es excelente no podemos decir lo mismo de la regulación de la asistencia. Ese empecinamiento generalizado en reducir recorrido del pedal, con objeto de transmitir sensación de “poderío”, puede ser aceptable en un modelo convencional, pero personalmente se nos antoja inadecuado para un modelo deportivo, en el que la dosificación es una de las claves para poder llevar a cabo una conducción deportiva eficiente. Con el paso de los kilómetros se acaba uno adaptando, pero aun así no se llega a disponer del absoluto control sobre el pedal.

También la dirección dispone de su propia regulación, específica de las versiones Sport, y gracias a su asistencia eléctrica, controlada electrónicamente, se ha modificado la ayuda que, además de ser variable en función de la velocidad, dispone de una mayor sensibilidad, capaz de transmitir mejor las sensaciones al conductor. Aunque en ocasiones también se percibe un pequeño exceso de asistencia, el trabajo de ajuste llevado a cabo ofrece unos resultados francamente buenos con relación a las versiones de inferior potencia.

En el interior no se han hecho demasiadas concesiones estéticas, pero sí se ha trabajado en dar un toque de exclusividad a esta versión, que se pone de manifiesto en pequeños pero interesantes detalles, como los asientos. No hacen excesivos alardes, como en otras marcas, simulando baquets de competición, pero los resultados prácticos son similares, cuando no superiores. La sujeción lateral es excelente y no tiene efectos secundarios a la altura de los hombros, como ocurre con un baquet que no está hecho a medida. Otros detalles menores, como los pedales y el reposapié izquierdo de aluminio o el volante de cuero con la marca de centrado bordada, no son especialmente ostentosos, pero sirven para crear la atmósfera deportiva necesaria. En cuanto al precio, es algo que siempre resulta enojoso, pero en este caso la cosa está difícil. No es precisamente una bicoca, pero con relación al equipamiento, y, por qué no decirlo, a la exclusividad que plantea esta versión, entendemos que está plenamente justificado. Otra cosa será la depreciación que con el tiempo sufra el modelo, que al margen de superdeportivos de muchas campanillas, es algo que afecta a todos. No hay duda de que no puede plantearse como una inversión, pero tampoco entendemos que deba calificarse como un despilfarro.
LO MEJOR
LO PEOR

– Imagen deportiva
– Comportamiento eficaz
– Autoblocante

– Detalles de acabado
– Rueda de repuesto de emergencia
– Tacto del pedal de freno

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