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Renault Laguna 2.0 T frente a Toyota Avensis 2.4

Enfrentamos dos berlinas con diferentes atractivos. Las versiones elegidas incluyen cambio automático, lo que aporta un plus de suavidad y confort de marcha, sobre todo en combinación con sus motores de gasolina.
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Renault Laguna 2.0 T frente a Toyota Avensis 2.4
En el segmento de las berlinas se está produciendo en estos momentos un importante cambio generacional. Modelos que llevan varios años en el mercado y están al final de su vida, conviven con otros recién llegados. Este desfase generacional trae ventajas e inconvenientes para los modelos que actualmente pertenecen a uno de estos grupos. En esta comparativa nos encontramos ante dos berlinas de hornadas muy diferentes. El Avensis es un modelo que está a punto de ser sustituido por la siguiente generación. Es por ello que en algunos apartados esté en desventaja respecto al recién llegado Laguna. Sin embargo, hay que destacar que el Avensis, en su día, fue un modelo con innovaciones importantes, como el airbag de rodilla para conductor, o la inyección directa de gasolina.
Por su parte, el modelo francés es una de las berlinas más modernas que se comercializan en la actualidad. Su equipamiento, innovador y completo, incorpora un gran número de elementos de confort y de seguridad, poco frecuentes hasta la fecha en el segmento en el que se encuadran. El propulsor, unido a una moderna caja de cambios de seis relaciones, ofrece un elevado agrado de conducción, aunque, todo sea dicho, pagando más por cada kilómetro recorrido, que por su equivalente en Diesel. En cualquier caso, al plantear esta comparativa la hemos enfocado como alternativas interesantes de gasolina, con las ventajas que ello conlleva. No se trata de justificar estas versiones ante sus hermanos de gasóleo, puesto que en cuestión de economía, no son competitivos respecto a los Diesel. La diferencia generacional entre estos dos modelos se pone claramente de manifiesto en apartados como el del comportamiento. Pese a contar con configuraciones similares de tracción delantera, al realizar los recorridos de pruebas tuvimos la oportunidad de apreciar realmente las características particulares de ambos.

El Avensis, a diferencia de su rival, dispone del tren trasero independiente, con una geometría multibrazo. El Laguna, sin embargo, sigue fiel a la suspensión trasera semi-independiente con eje torsional, aunque convenientemente puesta al día en esta tercera generación. En la conducción diaria, tanto por ciudad como realizando cortos desplazamientos por carretera, el Toyota no resulta tan confortable de amortiguación como el modelo francés. La suspensión es algo más seca, sin alcanzar el grado de absorción del Laguna, que en relación a la generación anterior sigue siendo todavía cómodo, pero más firme a la hora de rodar rápido. Pero no era nuestro objetivo en esta comparativa decidir cuál es el más deportivo de ambos, puesto que no son cualidades propias de este segmento o, al menos, de estos modelos. Sí es verdad que estamos comparando dos de las versiones más potentes de sus respectivas gamas, pero no llegan a ser modelos ágiles, aunque sí relativamente rápidos. Uno de los apartados del bastidor donde más diferencias se aprecian en la conducción es en el tacto de la dirección y, más concretamente, en el comportamiento del tren delantero. El Avensis tiene una dirección algo lenta, con 3 vueltas de volante, pero también muestra cierta falta de precisión, siendo necesario corregir la dirección más de lo deseado en zonas viradas. El Laguna, por el contrario, es muy preciso y el tren delantero es excelente, con una respuesta inmediata ante cualquier insinuación. De hecho, es de los modelos de tracción delantera que recordamos con mejor guiado, tanto por rapidez de respuesta como por efectividad a la hora de inscribirlo en la trazada deseada. En los cambios de apoyo -las transiciones inmediatas entre curvas opuestas- en el Avensis se aprecia un mayor balanceo de la carrocería, con una estabilidad un tanto inferior. Las frenadas fuertes implican también cierta falta de estabilidad lineal. Sin embargo, necesita algunos metros menos que el Laguna para detenerse a la misma velocidad. A pesar de ello, tanto el tacto de frenos como la resistencia de los mismos son mejores en el modelo francés. Con dos configuraciones muy diferentes pese a tratarse de dos motores de cuatro cilindros en línea, tanto el Laguna como el Avensis ofrecen unas prestaciones más que suficientes para rodar con seguridad y dinamismo. El propulsor del modelo japonés es uno de los cuatro cilindros de gasolina de más cilindrada del mercado, casi 0,4 litros más voluminoso que el del Laguna. Además, cuenta con inyección directa, una tecnología no empleada en la actualidad por Renault. El Laguna, con 2 litros y 170 CV, dispone de 7 CV más -teóricos- que el Avensis, pero lo notable es la adopción de un turbocompresor que contribuye a que las prestaciones sean más elevadas. En combinación con la caja automática de seis relaciones, este 2 litros trabaja en total armonía, ofreciendo en todo momento una respuesta homogénea y progresiva.

El Avensis también combina su mecánica con una caja automática, pero de cinco relaciones. Al igual que su rival, incorpora modo de funcionamiento manual secuencial. En las reducciones el Toyota mantiene un margen de seguridad más amplio, lo que impide apurar el régimen de giro del motor. Si se prefiere, se puede conmutar al modo D “Sport” , que eleva las revoluciones hasta cifras más altas antes de pasar a la siguiente relación. La inyección directa del Avensis logra, en relación al Laguna, unos consumos ligeramente inferiores, casi a cualquier régimen. Sin embargo, también resulta más ruidoso y menos refinado, consecuencia del empleo de la inyección directa y del filtrado que proporciona el turbo. Lo que sí hemos podido confirmar sin lugar a dudas es que, si somos de los que habitualmente rodamos a ritmos rápidos, los consumos serán en ambos casos muy superiores a los de las versiones Diesel equivalentes. Eso sí, les aseguramos que con un confort de marcha y suavidad netamente superiores.
Tal como son
En el segmento de las berlinas se está produciendo en estos momentos un importante cambio generacional. Modelos que llevan varios años en el mercado y están al final de su vida, conviven con otros recién llegados. Este desfase generacional trae ventajas e inconvenientes para los modelos que actualmente pertenecen a uno de estos grupos. En esta comparativa nos encontramos ante dos berlinas de hornadas muy diferentes. El Avensis es un modelo que está a punto de ser sustituido por la siguiente generación. Es por ello que en algunos apartados esté en desventaja respecto al recién llegado Laguna. Sin embargo, hay que destacar que el Avensis, en su día, fue un modelo con innovaciones importantes, como el airbag de rodilla para conductor, o la inyección directa de gasolina. Por su parte, el modelo francés es una de las berlinas más modernas que se comercializan en la actualidad. Su equipamiento, innovador y completo, incorpora un gran número de elementos de confort y de seguridad, poco frecuentes hasta la fecha en el segmento en el que se encuadran. El propulsor, unido a una moderna caja de cambios de seis relaciones, ofrece un elevado agrado de conducción, aunque, todo sea dicho, pagando más por cada kilómetro recorrido, que por su equivalente en Diesel. En cualquier caso, al plantear esta comparativa la hemos enfocado como alternativas interesantes de gasolina, con las ventajas que ello conlleva. No se trata de justificar estas versiones ante sus hermanos de gasóleo, puesto que en cuestión de economía, no son competitivos respecto a los Diesel. La diferencia generacional entre estos dos modelos se pone claramente de manifiesto en apartados como el del comportamiento. Pese a contar con configuraciones similares de tracción delantera, al realizar los recorridos de pruebas tuvimos la oportunidad de apreciar realmente las características particulares de ambos.

El Avensis, a diferencia de su rival, dispone del tren trasero independiente, con una geometría multibrazo. El Laguna, sin embargo, sigue fiel a la suspensión trasera semi-independiente con eje torsional, aunque convenientemente puesta al día en esta tercera generación. En la conducción diaria, tanto por ciudad como realizando cortos desplazamientos por carretera, el Toyota no resulta tan confortable de amortiguación como el modelo francés. La suspensión es algo más seca, sin alcanzar el grado de absorción del Laguna, que en relación a la generación anterior sigue siendo todavía cómodo, pero más firme a la hora de rodar rápido. Pero no era nuestro objetivo en esta comparativa decidir cuál es el más deportivo de ambos, puesto que no son cualidades propias de este segmento o, al menos, de estos modelos. Sí es verdad que estamos comparando dos de las versiones más potentes de sus respectivas gamas, pero no llegan a ser modelos ágiles, aunque sí relativamente rápidos. Uno de los apartados del bastidor donde más diferencias se aprecian en la conducción es en el tacto de la dirección y, más concretamente, en el comportamiento del tren delantero. El Avensis tiene una dirección algo lenta, con 3 vueltas de volante, pero también muestra cierta falta de precisión, siendo necesario corregir la dirección más de lo deseado en zonas viradas. El Laguna, por el contrario, es muy preciso y el tren delantero es excelente, con una respuesta inmediata ante cualquier insinuación. De hecho, es de los modelos de tracción delantera que recordamos con mejor guiado, tanto por rapidez de respuesta como por efectividad a la hora de inscribirlo en la trazada deseada. En los cambios de apoyo -las transiciones inmediatas entre curvas opuestas- en el Avensis se aprecia un mayor balanceo de la carrocería, con una estabilidad un tanto inferior. Las frenadas fuertes implican también cierta falta de estabilidad lineal. Sin embargo, necesita algunos metros menos que el Laguna para detenerse a la misma velocidad. A pesar de ello, tanto el tacto de frenos como la resistencia de los mismos son mejores en el modelo francés. Con dos configuraciones muy diferentes pese a tratarse de dos motores de cuatro cilindros en línea, tanto el Laguna como el Avensis ofrecen unas prestaciones más que suficientes para rodar con seguridad y dinamismo. El propulsor del modelo japonés es uno de los cuatro cilindros de gasolina de más cilindrada del mercado, casi 0,4 litros más voluminoso que el del Laguna. Además, cuenta con inyección directa, una tecnología no empleada en la actualidad por Renault. El Laguna, con 2 litros y 170 CV, dispone de 7 CV más -teóricos- que el Avensis, pero lo notable es la adopción de un turbocompresor que contribuye a que las prestaciones sean más elevadas. En combinación con la caja automática de seis relaciones, este 2 litros trabaja en total armonía, ofreciendo en todo momento una respuesta homogénea y progresiva.

El Avensis también combina su mecánica con una caja automática, pero de cinco relaciones. Al igual que su rival, incorpora modo de funcionamiento manual secuencial. En las reducciones el Toyota mantiene un margen de seguridad más amplio, lo que impide apurar el régimen de giro del motor. Si se prefiere, se puede conmutar al modo D “Sport” , que eleva las revoluciones hasta cifras más altas antes de pasar a la siguiente relación. La inyección directa del Avensis logra, en relación al Laguna, unos consumos ligeramente inferiores, casi a cualquier régimen. Sin embargo, también resulta más ruidoso y menos refinado, consecuencia del empleo de la inyección directa y del filtrado que proporciona el turbo. Lo que sí hemos podido confirmar sin lugar a dudas es que, si somos de los que habitualmente rodamos a ritmos rápidos, los consumos serán en ambos casos muy superiores a los de las versiones Diesel equivalentes. Eso sí, les aseguramos que con un confort de marcha y suavidad netamente superiores.
Tal como son
En el segmento de las berlinas se está produciendo en estos momentos un importante cambio generacional. Modelos que llevan varios años en el mercado y están al final de su vida, conviven con otros recién llegados. Este desfase generacional trae ventajas e inconvenientes para los modelos que actualmente pertenecen a uno de estos grupos. En esta comparativa nos encontramos ante dos berlinas de hornadas muy diferentes. El Avensis es un modelo que está a punto de ser sustituido por la siguiente generación. Es por ello que en algunos apartados esté en desventaja respecto al recién llegado Laguna. Sin embargo, hay que destacar que el Avensis, en su día, fue un modelo con innovaciones importantes, como el airbag de rodilla para conductor, o la inyección directa de gasolina. Por su parte, el modelo francés es una de las berlinas más modernas que se comercializan en la actualidad. Su equipamiento, innovador y completo, incorpora un gran número de elementos de confort y de seguridad, poco frecuentes hasta la fecha en el segmento en el que se encuadran. El propulsor, unido a una moderna caja de cambios de seis relaciones, ofrece un elevado agrado de conducción, aunque, todo sea dicho, pagando más por cada kilómetro recorrido, que por su equivalente en Diesel. En cualquier caso, al plantear esta comparativa la hemos enfocado como alternativas interesantes de gasolina, con las ventajas que ello conlleva. No se trata de justificar estas versiones ante sus hermanos de gasóleo, puesto que en cuestión de economía, no son competitivos respecto a los Diesel. La diferencia generacional entre estos dos modelos se pone claramente de manifiesto en apartados como el del comportamiento. Pese a contar con configuraciones similares de tracción delantera, al realizar los recorridos de pruebas tuvimos la oportunidad de apreciar realmente las características particulares de ambos.

El Avensis, a diferencia de su rival, dispone del tren trasero independiente, con una geometría multibrazo. El Laguna, sin embargo, sigue fiel a la suspensión trasera semi-independiente con eje torsional, aunque convenientemente puesta al día en esta tercera generación. En la conducción diaria, tanto por ciudad como realizando cortos desplazamientos por carretera, el Toyota no resulta tan confortable de amortiguación como el modelo francés. La suspensión es algo más seca, sin alcanzar el grado de absorción del Laguna, que en relación a la generación anterior sigue siendo todavía cómodo, pero más firme a la hora de rodar rápido. Pero no era nuestro objetivo en esta comparativa decidir cuál es el más deportivo de ambos, puesto que no son cualidades propias de este segmento o, al menos, de estos modelos. Sí es verdad que estamos comparando dos de las versiones más potentes de sus respectivas gamas, pero no llegan a ser modelos ágiles, aunque sí relativamente rápidos. Uno de los apartados del bastidor donde más diferencias se aprecian en la conducción es en el tacto de la dirección y, más concretamente, en el comportamiento del tren delantero. El Avensis tiene una dirección algo lenta, con 3 vueltas de volante, pero también muestra cierta falta de precisión, siendo necesario corregir la dirección más de lo deseado en zonas viradas. El Laguna, por el contrario, es muy preciso y el tren delantero es excelente, con una respuesta inmediata ante cualquier insinuación. De hecho, es de los modelos de tracción delantera que recordamos con mejor guiado, tanto por rapidez de respuesta como por efectividad a la hora de inscribirlo en la trazada deseada. En los cambios de apoyo -las transiciones inmediatas entre curvas opuestas- en el Avensis se aprecia un mayor balanceo de la carrocería, con una estabilidad un tanto inferior. Las frenadas fuertes implican también cierta falta de estabilidad lineal. Sin embargo, necesita algunos metros menos que el Laguna para detenerse a la misma velocidad. A pesar de ello, tanto el tacto de frenos como la resistencia de los mismos son mejores en el modelo francés. Con dos configuraciones muy diferentes pese a tratarse de dos motores de cuatro cilindros en línea, tanto el Laguna como el Avensis ofrecen unas prestaciones más que suficientes para rodar con seguridad y dinamismo. El propulsor del modelo japonés es uno de los cuatro cilindros de gasolina de más cilindrada del mercado, casi 0,4 litros más voluminoso que el del Laguna. Además, cuenta con inyección directa, una tecnología no empleada en la actualidad por Renault. El Laguna, con 2 litros y 170 CV, dispone de 7 CV más -teóricos- que el Avensis, pero lo notable es la adopción de un turbocompresor que contribuye a que las prestaciones sean más elevadas. En combinación con la caja automática de seis relaciones, este 2 litros trabaja en total armonía, ofreciendo en todo momento una respuesta homogénea y progresiva.

El Avensis también combina su mecánica con una caja automática, pero de cinco relaciones. Al igual que su rival, incorpora modo de funcionamiento manual secuencial. En las reducciones el Toyota mantiene un margen de seguridad más amplio, lo que impide apurar el régimen de giro del motor. Si se prefiere, se puede conmutar al modo D “Sport” , que eleva las revoluciones hasta cifras más altas antes de pasar a la siguiente relación. La inyección directa del Avensis logra, en relación al Laguna, unos consumos ligeramente inferiores, casi a cualquier régimen. Sin embargo, también resulta más ruidoso y menos refinado, consecuencia del empleo de la inyección directa y del filtrado que proporciona el turbo. Lo que sí hemos podido confirmar sin lugar a dudas es que, si somos de los que habitualmente rodamos a ritmos rápidos, los consumos serán en ambos casos muy superiores a los de las versiones Diesel equivalentes. Eso sí, les aseguramos que con un confort de marcha y suavidad netamente superiores.
Tal como son
En el segmento de las berlinas se está produciendo en estos momentos un importante cambio generacional. Modelos que llevan varios años en el mercado y están al final de su vida, conviven con otros recién llegados. Este desfase generacional trae ventajas e inconvenientes para los modelos que actualmente pertenecen a uno de estos grupos. En esta comparativa nos encontramos ante dos berlinas de hornadas muy diferentes. El Avensis es un modelo que está a punto de ser sustituido por la siguiente generación. Es por ello que en algunos apartados esté en desventaja respecto al recién llegado Laguna. Sin embargo, hay que destacar que el Avensis, en su día, fue un modelo con innovaciones importantes, como el airbag de rodilla para conductor, o la inyección directa de gasolina. Por su parte, el modelo francés es una de las berlinas más modernas que se comercializan en la actualidad. Su equipamiento, innovador y completo, incorpora un gran número de elementos de confort y de seguridad, poco frecuentes hasta la fecha en el segmento en el que se encuadran. El propulsor, unido a una moderna caja de cambios de seis relaciones, ofrece un elevado agrado de conducción, aunque, todo sea dicho, pagando más por cada kilómetro recorrido, que por su equivalente en Diesel. En cualquier caso, al plantear esta comparativa la hemos enfocado como alternativas interesantes de gasolina, con las ventajas que ello conlleva. No se trata de justificar estas versiones ante sus hermanos de gasóleo, puesto que en cuestión de economía, no son competitivos respecto a los Diesel. La diferencia generacional entre estos dos modelos se pone claramente de manifiesto en apartados como el del comportamiento. Pese a contar con configuraciones similares de tracción delantera, al realizar los recorridos de pruebas tuvimos la oportunidad de apreciar realmente las características particulares de ambos.

El Avensis, a diferencia de su rival, dispone del tren trasero independiente, con una geometría multibrazo. El Laguna, sin embargo, sigue fiel a la suspensión trasera semi-independiente con eje torsional, aunque convenientemente puesta al día en esta tercera generación. En la conducción diaria, tanto por ciudad como realizando cortos desplazamientos por carretera, el Toyota no resulta tan confortable de amortiguación como el modelo francés. La suspensión es algo más seca, sin alcanzar el grado de absorción del Laguna, que en relación a la generación anterior sigue siendo todavía cómodo, pero más firme a la hora de rodar rápido. Pero no era nuestro objetivo en esta comparativa decidir cuál es el más deportivo de ambos, puesto que no son cualidades propias de este segmento o, al menos, de estos modelos. Sí es verdad que estamos comparando dos de las versiones más potentes de sus respectivas gamas, pero no llegan a ser modelos ágiles, aunque sí relativamente rápidos. Uno de los apartados del bastidor donde más diferencias se aprecian en la conducción es en el tacto de la dirección y, más concretamente, en el comportamiento del tren delantero. El Avensis tiene una dirección algo lenta, con 3 vueltas de volante, pero también muestra cierta falta de precisión, siendo necesario corregir la dirección más de lo deseado en zonas viradas. El Laguna, por el contrario, es muy preciso y el tren delantero es excelente, con una respuesta inmediata ante cualquier insinuación. De hecho, es de los modelos de tracción delantera que recordamos con mejor guiado, tanto por rapidez de respuesta como por efectividad a la hora de inscribirlo en la trazada deseada. En los cambios de apoyo -las transiciones inmediatas entre curvas opuestas- en el Avensis se aprecia un mayor balanceo de la carrocería, con una estabilidad un tanto inferior. Las frenadas fuertes implican también cierta falta de estabilidad lineal. Sin embargo, necesita algunos metros menos que el Laguna para detenerse a la misma velocidad. A pesar de ello, tanto el tacto de frenos como la resistencia de los mismos son mejores en el modelo francés. Con dos configuraciones muy diferentes pese a tratarse de dos motores de cuatro cilindros en línea, tanto el Laguna como el Avensis ofrecen unas prestaciones más que suficientes para rodar con seguridad y dinamismo. El propulsor del modelo japonés es uno de los cuatro cilindros de gasolina de más cilindrada del mercado, casi 0,4 litros más voluminoso que el del Laguna. Además, cuenta con inyección directa, una tecnología no empleada en la actualidad por Renault. El Laguna, con 2 litros y 170 CV, dispone de 7 CV más -teóricos- que el Avensis, pero lo notable es la adopción de un turbocompresor que contribuye a que las prestaciones sean más elevadas. En combinación con la caja automática de seis relaciones, este 2 litros trabaja en total armonía, ofreciendo en todo momento una respuesta homogénea y progresiva.

El Avensis también combina su mecánica con una caja automática, pero de cinco relaciones. Al igual que su rival, incorpora modo de funcionamiento manual secuencial. En las reducciones el Toyota mantiene un margen de seguridad más amplio, lo que impide apurar el régimen de giro del motor. Si se prefiere, se puede conmutar al modo D “Sport” , que eleva las revoluciones hasta cifras más altas antes de pasar a la siguiente relación. La inyección directa del Avensis logra, en relación al Laguna, unos consumos ligeramente inferiores, casi a cualquier régimen. Sin embargo, también resulta más ruidoso y menos refinado, consecuencia del empleo de la inyección directa y del filtrado que proporciona el turbo. Lo que sí hemos podido confirmar sin lugar a dudas es que, si somos de los que habitualmente rodamos a ritmos rápidos, los consumos serán en ambos casos muy superiores a los de las versiones Diesel equivalentes. Eso sí, les aseguramos que con un confort de marcha y suavidad netamente superiores.
Tal como son
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