Publicidad

Renault Laguna 2.0 dCi Privilege

¿Será verdad lo que dice Renault sobre su nuevo Laguna? La marca se refiere a su berlina como un coche que ofrece sensaciones de coche “premium” y en el que se puede llegar a disfrutar del “placer de pilotaje”.
-
Renault Laguna 2.0 dCi Privilege
La llave del nuevo Laguna es de tipo tarjeta en todas las versiones, aunque si queremos que vaya asociada al sistema de apertura de puertas y arranque sin llave, para poder utilizar el coche sin tener que sacarla del bolsillo, habrá que pagar 200 euros adicionales. La tarjeta es de nueva factura, más resistente a la humedad, ya que se ha mejorado la estanqueidad y la fiabilidad. Al mismo tiempo es más robusta y con mayor sensación de calidad percibida (pesa más), y dispone de un botón para encender las luces y otro para abrir el maletero. Otras características que facilitan el trabajo al conductor son el freno de estacionamiento eléctrico y el sistema de tapa del depósito de carburante con apertura incorporada, además del ya casi obligado encendido automático de luces y de limpiaparabrisas.

Galería relacionada

laguna_av

En cuanto a comportamiento, el Laguna continúa lo que parece ser la última tendencia del segmento, es decir, ofrece buenas sensaciones y agrado de conducción, e incluso un cierto toque de deportividad que se traduce en un mayor placer al volante, algo que antes quedaba reservado únicamente a los modelos menos generalistas. Ya lo hemos visto con el Mondeo y ahora lo volvemos a constatar con el Laguna, en el que la puesta a punto está orientada a conseguir un nivel de dinamismo que va un paso más allá de lo habitual, pero sobre todo trata de procurar cierta confidencia a la hora de sentarnos a sus mandos, gracias a la agilidad y a la forma de reaccionar del bastidor. Por eso no hay que sorprenderse al percatarse del volante, pues su reducido diámetro y parte inferior achatada, además de delatar las intenciones del nuevo Renault Laguna, recuerda al que llevan las variantes más deportivas de otras marcas. Es de cuero, con inserciones de aluminio y está conectado con una dirección más directa y afinada que la anterior, con menor grado de asistencia para proporcionar una impresión más deportiva. Estrena una electrobomba pilotada, con una gestión optimizada que reduce el consumo.

Además de los refuerzos en algunos puntos del chasis la suspensión del Laguna se ha revisado por completo. Por ejemplo, las barras estabilizadoras son más gruesas y en el caso de la delantera el diámetro ha pasado de 19,5 a 24 milímetros; también son más rígidos los muelles: un 20% los anteriores y un 50% los posteriores. El resultado es que se reduce notablemente el balanceo y el coche se inscribe en las curvas con gran precisión, al mismo tiempo que transmite mucha confianza. Gracias al participativo y previsible eje trasero —con cierta capacidad direccional, a pesar de que esta versión no es de cuatro ruedas directrices— se redondean muy bien los giros cerrados, sin necesidad de actuar excesivamente sobre la dirección y con un alto nivel de agarre y equilibrio. Resulta fácil mantener ritmos elevados, ya que el límite es muy alto, con reservas de seguridad más que de sobra para una conducción normal. Pasado el umbral de utilización lógica es el eficaz programa electrónico de estabilidad (de serie y no desconectable por encima de 50 km/h) el que mantiene las cosas en su sitio, siempre de manera muy suave y proporcionando sensación de control. Sobre asfalto en buen estado las maneras del Laguna son impecables. Si la carretera está muy deteriorada el comportamiento se degrada levemente, lo que obliga al ESP a actuar con más frecuencia para contener los excesos del pie derecho y mantener inalterada la trazada marcada por el volante, el cual deberemos sujetar con fuerza en el caso de pasar por baches mientras estemos acelerando —sobre todo en subidas—, ya que puede dar tirones. Este es el único aspecto que enturbia el elevado nivel confort, acompañado siempre por un notable silencio de marcha.

El motor 2.0 dCi de 150 CV es muy agradable y empuja con fuerza desde pocas vueltas y en toda la banda de revoluciones. Además, según nuestras mediciones logra unas prestaciones sensiblemente mejores que sus rivales de potencia similar, ya que es el único que ha bajado de 30 segundos en la aceleración de 0 a 1.000 metros. Por si esto no fuera suficiente, el consumo es también muy ajustado, gracias en parte a la buena aerodinámica —es el primer Renault con los bajos carenados—. En definitiva, el nuevo Laguna ha subido un escalón y supone una nueva referencia en varios aspectos en el mundo de las berlinas.

La llave del nuevo Laguna es de tipo tarjeta en todas las versiones, aunque si queremos que vaya asociada al sistema de apertura de puertas y arranque sin llave, para poder utilizar el coche sin tener que sacarla del bolsillo, habrá que pagar 200 euros adicionales. La tarjeta es de nueva factura, más resistente a la humedad, ya que se ha mejorado la estanqueidad y la fiabilidad. Al mismo tiempo es más robusta y con mayor sensación de calidad percibida (pesa más), y dispone de un botón para encender las luces y otro para abrir el maletero. Otras características que facilitan el trabajo al conductor son el freno de estacionamiento eléctrico y el sistema de tapa del depósito de carburante con apertura incorporada, además del ya casi obligado encendido automático de luces y de limpiaparabrisas. En cuanto a comportamiento, el Laguna continúa lo que parece ser la última tendencia del segmento, es decir, ofrece buenas sensaciones y agrado de conducción, e incluso un cierto toque de deportividad que se traduce en un mayor placer al volante, algo que antes quedaba reservado únicamente a los modelos menos generalistas. Ya lo hemos visto con el Mondeo y ahora lo volvemos a constatar con el Laguna, en el que la puesta a punto está orientada a conseguir un nivel de dinamismo que va un paso más allá de lo habitual, pero sobre todo trata de procurar cierta confidencia a la hora de sentarnos a sus mandos, gracias a la agilidad y a la forma de reaccionar del bastidor. Por eso no hay que sorprenderse al percatarse del volante, pues su reducido diámetro y parte inferior achatada, además de delatar las intenciones del nuevo Renault Laguna, recuerda al que llevan las variantes más deportivas de otras marcas. Es de cuero, con inserciones de aluminio y está conectado con una dirección más directa y afinada que la anterior, con menor grado de asistencia para proporcionar una impresión más deportiva. Estrena una electrobomba pilotada, con una gestión optimizada que reduce el consumo.

Además de los refuerzos en algunos puntos del chasis la suspensión del Laguna se ha revisado por completo. Por ejemplo, las barras estabilizadoras son más gruesas y en el caso de la delantera el diámetro ha pasado de 19,5 a 24 milímetros; también son más rígidos los muelles: un 20% los anteriores y un 50% los posteriores. El resultado es que se reduce notablemente el balanceo y el coche se inscribe en las curvas con gran precisión, al mismo tiempo que transmite mucha confianza. Gracias al participativo y previsible eje trasero —con cierta capacidad direccional, a pesar de que esta versión no es de cuatro ruedas directrices— se redondean muy bien los giros cerrados, sin necesidad de actuar excesivamente sobre la dirección y con un alto nivel de agarre y equilibrio. Resulta fácil mantener ritmos elevados, ya que el límite es muy alto, con reservas de seguridad más que de sobra para una conducción normal. Pasado el umbral de utilización lógica es el eficaz programa electrónico de estabilidad (de serie y no desconectable por encima de 50 km/h) el que mantiene las cosas en su sitio, siempre de manera muy suave y proporcionando sensación de control. Sobre asfalto en buen estado las maneras del Laguna son impecables. Si la carretera está muy deteriorada el comportamiento se degrada levemente, lo que obliga al ESP a actuar con más frecuencia para contener los excesos del pie derecho y mantener inalterada la trazada marcada por el volante, el cual deberemos sujetar con fuerza en el caso de pasar por baches mientras estemos acelerando —sobre todo en subidas—, ya que puede dar tirones. Este es el único aspecto que enturbia el elevado nivel confort, acompañado siempre por un notable silencio de marcha.

El motor 2.0 dCi de 150 CV es muy agradable y empuja con fuerza desde pocas vueltas y en toda la banda de revoluciones. Además, según nuestras mediciones logra unas prestaciones sensiblemente mejores que sus rivales de potencia similar, ya que es el único que ha bajado de 30 segundos en la aceleración de 0 a 1.000 metros. Por si esto no fuera suficiente, el consumo es también muy ajustado, gracias en parte a la buena aerodinámica —es el primer Renault con los bajos carenados—. En definitiva, el nuevo Laguna ha subido un escalón y supone una nueva referencia en varios aspectos en el mundo de las berlinas.

Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar la navegación, mostrarte contenido relacionado con tus preferencias y recopilar información estadística. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información.