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Renault Grand Espace versus Ford Galaxy

El asalto al liderazgo en el segmento de los Grandes monovolumen adquiere tal intensidad que, cada día, le está siendo más difícil al Renault Grand Espace mantener su dominio. Los nuevos conceptos de modularidad están dejando fuera de juego el sistema que, en su día, fue todo un logro para los monovolumen de Renault.
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Renault Grand Espace versus Ford Galaxy
El Ford cuenta con un bastidor más elaborado que el Renault, al disponer de una suspensión posterior multibrazo que gestiona a la perfección la geometría y, por tanto, el comportamiento de este tren. Teniendo en cuenta que delante cuenta con una dirección de rapidez inaudita para este segmento, el resultado es que el Galaxy se mueve con una agilidad impropia de casi dos toneladas —con el conductor a bordo— en movimiento. Sólo encontramos un pero y es la regulación del ESP, por otra parte opcional, que resulta tremendamente intrusivo. Con él conectado, el dinamismo del que podemos disfrutar es mínimo y se ajusta bien a un viaje en familia, donde ésta no desea el más mínimo zarandeo. Pero cuando el conductor es el único pasajero, a poco que sea hábil, deberá desconectarlo para disfrutar de lo que el excelente bastidor del Galaxy ofrece. Porque sin él, los únicos problemas que se encontrará en el día a día serán las pérdidas de tracción.

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Nuestros dos protagonistas son coches en los que da gusto ir. De hecho, están pensados para eso, para que sus ocupantes aguanten largos viajes sin sufrir especial cansancio físico ni psicológico. Además, es muy importante que puedan adaptarse a las necesidades puntuales de transporte de personas y objetos. Y es en este capítulo donde el Ford demuestra su ventaja gracias a su modernidad.

En el interior, el Galaxy deja que desear, mostrando un salpicadero demasiado conservador y asimilado a un turismo. Es en el techo donde juega su baza instalando guanteras centrales, pero no son comparables en cuestión de volumen. La posición de conducción es excelente en ambos casos, con la ventaja para el Ford de que su palanca de cambios está más elevada. El desmontaje y almacenaje de los asientos tan “pesada” en el Espace queda en recuerdo cuando se trata de modular el habitáculo del Ford, que con sencillos movimientos transforma los asientos en lisas superficies destinadas a la carga. El Ford cuenta con un bastidor más elaborado que el Renault, al disponer de una suspensión posterior multibrazo que gestiona a la perfección la geometría y, por tanto, el comportamiento de este tren. Teniendo en cuenta que delante cuenta con una dirección de rapidez inaudita para este segmento, el resultado es que el Galaxy se mueve con una agilidad impropia de casi dos toneladas —con el conductor a bordo— en movimiento. Sólo encontramos un pero y es la regulación del ESP, por otra parte opcional, que resulta tremendamente intrusivo. Con él conectado, el dinamismo del que podemos disfrutar es mínimo y se ajusta bien a un viaje en familia, donde ésta no desea el más mínimo zarandeo. Pero cuando el conductor es el único pasajero, a poco que sea hábil, deberá desconectarlo para disfrutar de lo que el excelente bastidor del Galaxy ofrece. Porque sin él, los únicos problemas que se encontrará en el día a día serán las pérdidas de tracción. Nuestros dos protagonistas son coches en los que da gusto ir. De hecho, están pensados para eso, para que sus ocupantes aguanten largos viajes sin sufrir especial cansancio físico ni psicológico. Además, es muy importante que puedan adaptarse a las necesidades puntuales de transporte de personas y objetos. Y es en este capítulo donde el Ford demuestra su ventaja gracias a su modernidad.

En el interior, el Galaxy deja que desear, mostrando un salpicadero demasiado conservador y asimilado a un turismo. Es en el techo donde juega su baza instalando guanteras centrales, pero no son comparables en cuestión de volumen. La posición de conducción es excelente en ambos casos, con la ventaja para el Ford de que su palanca de cambios está más elevada. El desmontaje y almacenaje de los asientos tan “pesada” en el Espace queda en recuerdo cuando se trata de modular el habitáculo del Ford, que con sencillos movimientos transforma los asientos en lisas superficies destinadas a la carga.

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