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Renault Twingo RS 1.6i

Obviando el contenido técnico, el Renault Twingo RS está muy cerca de aquel famoso R5 GT Turbo del siglo XX: idéntica filosofía, aditivado exterior y excelente relación peso/potencia fruto de combinar un torrente de potencia con un carrocería de apenas 3,6 metros.
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Renault Twingo RS 1.6i
Tras los primeros metros, adiós nexos de unión. ¡Cómo cambian los tiempos! Era sencillo de identificar: o se veía venir con la velocidad del rayo, o con las mismas, desaparecía de la vista en un santiamén. Hablamos del R5 GT Turbo, epicentro de una época dorada que el verdadero aficionado al automóvil guardará en su particular cajón de sastre.
Hace casi una veintena de años que monté en una de las últimas unidades de producción y aún no se me ha borrado la sonrisa de la cara. Era otra época, otra filosofía y otro tipo de motores en los que la cuestionada sobrealimentación dejaría paso a las culatas multiválvula, como la empleada por su verdadero sucesor, el Clio 16V y luego el Williams. Justo ahí nace el Twingo, un sencillo y original coche urbano de peculiar estética monovolumen. En su última generación, una de sus versiones acaba de engrosar la lista de modelos hechos por Renault Sport, santo y seña de la deportividad en la casa francesa. Está claro que el Twingo RS no viene a avivar las cenizas de uno de los más legendarios deportivos de los años 80, pero hay que reconocer que, salvando las distancias, pasado y presente tienen cierto hilo común, como el concentrado de potencia en —hoy— pequeñas carrocerías de 3,6 metros, en ambos casos con la deportividad como base prioritaria. No nos cabe duda de que este nuevo deportivo de Renault despertará cierto anhelo entre los dos grandes grupos de aficionados —sencillamente, quienes tuvieron un GT Turbo y quienes desearon tenerlo—, pero mucho nos tememos que no será este Twingo el que convierta al pasado en un vago recuerdo.

Aquel venerable 1.4 turbo de empuje descomunal pasará a la historia, entre otros aspectos, por estar bien por encima del chasis. La primera impresión que nos deja el Twingo RS es la de tener un comportamiento muy por encima de sus posibilidades mecánicas. Lo dicho, nuevos tiempos. Optimizado por Renault Sport Technologies partiendo del conocido bloque 1.6i, en la práctica se han enfatizado más otros aspectos que la deportividad pura y dura, y pese a la cortedad de desarrollos y su capacidad de estirada hasta 7.000 rpm, no se puede decir que sea un motor que enamore para un coche de talante tan radical como sugiere serlo el Twingo RS. Tras la más leve presión se sienten llegar con nitidez los caballos, aunque no lo hagan al galope. Ciertos factores estimulan más bien poco, como un ruido que peca más por lo convencional que por lo elevado del mismo, y eso que la sonoridad roza lo insufrible en condiciones de viaje; o una elasticidad bien por encima del carácter. Lo cierto es que este motor llega bastante elaborado al Twingo RS. Lleva colectores 4-1, compresión más elevada que el propulsor original o diferente cartografía para la distribución variable, entre otras mejoras. Pero encajaría de mejor grado en un rápido Clio o Mégane que en un coche con el bagaje de Renault Sport. De cualquier otra facultad, este 1.6 atmosférico va más que sobrado. Tiene una elasticidad prodigiosa pese a que la curva de rendimiento cuenta con un pequeño bache casi en la mitad de su escalada, a eso de las 3.000 rpm. Y en cuanto a prestación pura y dura, exprimiendo o no la mecánica, no se puede decir precisamente que el Twingo RS sea lento, porque no lo es. Además no es demasiado gastón y su espontaneidad también guarda directa relación con el pedal del gas: tras la más leve presión se sienten llegar con nitidez los caballos, aunque no lo hagan al galope.

Una reflexión ahora que la sobrealimentación vuelve a tomar cartas en el asunto nos lleva a pensar qué ha llevado a Renault a no usar un motor sobrealimentado, por ejemplo, el 1.2 TCE con «una vuelta más» o el nuevo 1.4 TCE que se lanza en el Mégane.
Espíritu RS
Tras los primeros metros, adiós nexos de unión. ¡Cómo cambian los tiempos! Era sencillo de identificar: o se veía venir con la velocidad del rayo, o con las mismas, desaparecía de la vista en un santiamén. Hablamos del R5 GT Turbo, epicentro de una época dorada que el verdadero aficionado al automóvil guardará en su particular cajón de sastre. Hace casi una veintena de años que monté en una de las últimas unidades de producción y aún no se me ha borrado la sonrisa de la cara. Era otra época, otra filosofía y otro tipo de motores en los que la cuestionada sobrealimentación dejaría paso a las culatas multiválvula, como la empleada por su verdadero sucesor, el Clio 16V y luego el Williams. Justo ahí nace el Twingo, un sencillo y original coche urbano de peculiar estética monovolumen. En su última generación, una de sus versiones acaba de engrosar la lista de modelos hechos por Renault Sport, santo y seña de la deportividad en la casa francesa. Está claro que el Twingo RS no viene a avivar las cenizas de uno de los más legendarios deportivos de los años 80, pero hay que reconocer que, salvando las distancias, pasado y presente tienen cierto hilo común, como el concentrado de potencia en —hoy— pequeñas carrocerías de 3,6 metros, en ambos casos con la deportividad como base prioritaria. No nos cabe duda de que este nuevo deportivo de Renault despertará cierto anhelo entre los dos grandes grupos de aficionados —sencillamente, quienes tuvieron un GT Turbo y quienes desearon tenerlo—, pero mucho nos tememos que no será este Twingo el que convierta al pasado en un vago recuerdo.

Aquel venerable 1.4 turbo de empuje descomunal pasará a la historia, entre otros aspectos, por estar bien por encima del chasis. La primera impresión que nos deja el Twingo RS es la de tener un comportamiento muy por encima de sus posibilidades mecánicas. Lo dicho, nuevos tiempos. Optimizado por Renault Sport Technologies partiendo del conocido bloque 1.6i, en la práctica se han enfatizado más otros aspectos que la deportividad pura y dura, y pese a la cortedad de desarrollos y su capacidad de estirada hasta 7.000 rpm, no se puede decir que sea un motor que enamore para un coche de talante tan radical como sugiere serlo el Twingo RS. Tras la más leve presión se sienten llegar con nitidez los caballos, aunque no lo hagan al galope. Ciertos factores estimulan más bien poco, como un ruido que peca más por lo convencional que por lo elevado del mismo, y eso que la sonoridad roza lo insufrible en condiciones de viaje; o una elasticidad bien por encima del carácter. Lo cierto es que este motor llega bastante elaborado al Twingo RS. Lleva colectores 4-1, compresión más elevada que el propulsor original o diferente cartografía para la distribución variable, entre otras mejoras. Pero encajaría de mejor grado en un rápido Clio o Mégane que en un coche con el bagaje de Renault Sport. De cualquier otra facultad, este 1.6 atmosférico va más que sobrado. Tiene una elasticidad prodigiosa pese a que la curva de rendimiento cuenta con un pequeño bache casi en la mitad de su escalada, a eso de las 3.000 rpm. Y en cuanto a prestación pura y dura, exprimiendo o no la mecánica, no se puede decir precisamente que el Twingo RS sea lento, porque no lo es. Además no es demasiado gastón y su espontaneidad también guarda directa relación con el pedal del gas: tras la más leve presión se sienten llegar con nitidez los caballos, aunque no lo hagan al galope.

Una reflexión ahora que la sobrealimentación vuelve a tomar cartas en el asunto nos lleva a pensar qué ha llevado a Renault a no usar un motor sobrealimentado, por ejemplo, el 1.2 TCE con «una vuelta más» o el nuevo 1.4 TCE que se lanza en el Mégane.
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