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Renault Mégane Coupé 2.0 TCe 180

El nuevo Coupé es mucho mejor que el Renault Mégane de 3 puertas al que sustituye, sobre todo en lo referente al comportamiento dinámico o la calidad de acabado. Tiene un precio muy competitivo, siendo esta variante turboalimentada de 180 caballos uno de los coches con mejor relación entre tamaño, potencia y precio del mercado.
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Renault Mégane Coupé 2.0 TCe 180
Cuando hace más de diez años la mayoría de marcas se centraban en ofrecer sus compactos con carrocerías de tres o cinco puertas, Renault se desmarcó de todos al sacar al mercado toda la gama Mégane que contaba, entre otras, con una variante Coupé. Probablemente lo recuerden porque todavía se ven un buen número de ellos por nuestras carreteras. Se trataba de un coupé compacto de tres puertas y cuatro plazas que, incluso, se atrevió con motores Diesel, algo nada común en ese momento.

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Renault Mégane Coupé detalles

A pesar de su éxito, Renault decidió aparcarlo en su segunda generación, para volver a retomar el concepto en esta tercera. Ahora, salvo que el interior tiene capacidad para cinco plazas en lugar de cuatro, se ha recuperado la filosofía de hacer un coche en el que la estética predomine sobre la funcionalidad, con unas buenas plazas delanteras y un generoso maletero, a costa de sacrificar la habitabilidad trasera ¿acierto? Estamos convencidos que sí, puesto que el mercado está saturado de coches aburridos y éste, a juzgar por cómo lo mira la gente en la calle, no lo es.

El diseño exterior se diferencia de la variante de cinco puertas principalmente en una pronunciada caída del techo que termina en una parte trasera con diseño propio. Como es lógico, esto se nota en el interior, ofreciendo una altura 7 cm inferior con respecto al cinco puertas, quedándose 2 cm por debajo de lo que ofrece un Peugeot 308 de tres puertas. Si bien es una medida que no supone una tortura, está muy por debajo de lo que ofrecen rivales directos como el Volkswagen Scirocco o el Citroën C4 coupé , que disponen de 5 cm más en esa misma cota. A esto hay que sumarle que en los laterales el techo es todavía más bajo, por lo que si se ocupan las tres plazas, los dos adultos que se sienten en los lados llegarán a apoyar la cabeza en los laterales del techo; mejor entenderlo como un cuatro plazas. Otra característica trasera de Renault Mégane Coupé la encontramos en su alta cintura y pocas superficies acristaladas, que crean una sensación más claustrofóbica que en el resto de sus rivales, más incluso de lo que se podría dar en un BMW Serie 1 de tres puertas; a esto hay que sumar la lógica peor visibilidad lateral trasera, sobre todo cuando giramos la cabeza para intentar visualizar el ángulo muerto que todos los coches tienen. Pero no todo iban a ser desventajas, puesto que tiene un maletero de 405 litros de capacidad —más dos huecos en el suelo de las plazas delanteras—, de sobra para cuatro adultos, y eso que, afortunadamente, dispone de rueda de repuesto de medida normal. Como versión de gasolina más potente de la gama Mégane, y a la espera de las variantes Renault Sport , de momento está este motor 2.0 TCe de 180 caballos. Tiene 2 litros de cilindrada, culata de 16 válvulas y un turbo de doble caracola. En nuestro banco alcanzó los 190 CV, con un generoso par máximo de 33 mkg desde 2.880 vueltas. Hay potencia de sobra y, sin embargo, nuestra unidad no fue capaz de alcanzar los datos de aceleraciones o recuperaciones oficiales, algo que incluso la variante de cinco puertas sí llegó a superar. Esto, unido a cierta inestabilidad a la hora de acelerar, hacen ver que la unidad que tuvimos no estaba en buenas condiciones, por lo que en las prestaciones incluimos los datos del 5 puertas con este mismo motor a la espera de repetir las prestaciones en otra unidad.

Con todo, es un motor rápido, con muy buena capacidad para recuperar, y prestaciones en la línea de lo que ofrece un Peugeot 308 1.6 THP de 175 CV. No es tan rápido acelerando como el Volkswagen Scirocco con el 1.4 TSI de 160 CV pero a cambio ofrece una mejor capacidad para recuperarse en marchas largas. El consumo medio real se situó en los 8,8 l/100 km, muy lejos de los 9,2 l/100 km del Peugeot y, sobre todo, de los 7,1 litros que registró el Scirocco. El comportamiento dinámico de este Renault nada tiene que ver con el del Mégane de la anterior generación. Ahora transmite una mayor calidad de rodadura, con un buen equilibrio entre confort y efectividad. La principal razón la encontramos en la dirección, mucho más precisa y controlable que la del anterior. En general asimila muy bien la potencia, indicando que hay bastidor de sobra para futuras versiones más potentes como la recién presentada Mégane RS . El tren trasero es difícil moverlo y el delantero es obediente, aunque quizá nos hubiese gustado que filtrase algo menos de información, puesto que en una conducción deportiva radical pasa del control al subviraje sin avisar, situación que en carretera abierta encontraremos muy pocas veces. Con todo, dispone de un control de tracción y estabilidad muy bien calibrados, de los que no te enteras cuando trabajan más que por la luz que se enciende en el cuadro. La calidad de acabado del interior, en general, es buena, visualmente es agradable y durante nuestras pruebas no aparecieron ni grillos ni desajustes. La postura de conducción idónea se consigue enseguida aunque habrá quien encuentre la altura del volante algo baja, detalle que cada uno puede comprobar si es defecto o no en el propio concesionario. Los asientos delanteros son cómodos, mientras que los asientos traseros cuentan con el respaldo demasiado vertical, pero no mucho más inclinado de como los tiene un Scirocco.

Es curioso, pero el sistema de climatización cuenta con el mismo defecto que encontramos en la prueba del Laguna coupé , y es que se genera demasiado calor en la zona de los pies de los que van delante —en el lado del conductor todo el calor va al pie derecho—, siendo necesario bajar la temperatura del climatizador por debajo de los 19 grados para no tener este problema, con el frío que supone en la parte superior en invierno. Con este motor sólo se asocia un único acabado intermedio de la gama denominado Dynamique. Lleva de serie radio, un excelente control de crucero con dos funciones, limitador o regulador y ordenador. Deja como opciones interesantes el radar de parking o los faros de niebla, pero todo ello con el mejor precio de entre sus rivales. Cuando hace más de diez años la mayoría de marcas se centraban en ofrecer sus compactos con carrocerías de tres o cinco puertas, Renault se desmarcó de todos al sacar al mercado toda la gama Mégane que contaba, entre otras, con una variante Coupé. Probablemente lo recuerden porque todavía se ven un buen número de ellos por nuestras carreteras. Se trataba de un coupé compacto de tres puertas y cuatro plazas que, incluso, se atrevió con motores Diesel, algo nada común en ese momento. A pesar de su éxito, Renault decidió aparcarlo en su segunda generación, para volver a retomar el concepto en esta tercera. Ahora, salvo que el interior tiene capacidad para cinco plazas en lugar de cuatro, se ha recuperado la filosofía de hacer un coche en el que la estética predomine sobre la funcionalidad, con unas buenas plazas delanteras y un generoso maletero, a costa de sacrificar la habitabilidad trasera ¿acierto? Estamos convencidos que sí, puesto que el mercado está saturado de coches aburridos y éste, a juzgar por cómo lo mira la gente en la calle, no lo es.

El diseño exterior se diferencia de la variante de cinco puertas principalmente en una pronunciada caída del techo que termina en una parte trasera con diseño propio. Como es lógico, esto se nota en el interior, ofreciendo una altura 7 cm inferior con respecto al cinco puertas, quedándose 2 cm por debajo de lo que ofrece un Peugeot 308 de tres puertas. Si bien es una medida que no supone una tortura, está muy por debajo de lo que ofrecen rivales directos como el Volkswagen Scirocco o el Citroën C4 coupé , que disponen de 5 cm más en esa misma cota. A esto hay que sumarle que en los laterales el techo es todavía más bajo, por lo que si se ocupan las tres plazas, los dos adultos que se sienten en los lados llegarán a apoyar la cabeza en los laterales del techo; mejor entenderlo como un cuatro plazas. Otra característica trasera de Renault Mégane Coupé la encontramos en su alta cintura y pocas superficies acristaladas, que crean una sensación más claustrofóbica que en el resto de sus rivales, más incluso de lo que se podría dar en un BMW Serie 1 de tres puertas; a esto hay que sumar la lógica peor visibilidad lateral trasera, sobre todo cuando giramos la cabeza para intentar visualizar el ángulo muerto que todos los coches tienen. Pero no todo iban a ser desventajas, puesto que tiene un maletero de 405 litros de capacidad —más dos huecos en el suelo de las plazas delanteras—, de sobra para cuatro adultos, y eso que, afortunadamente, dispone de rueda de repuesto de medida normal. Como versión de gasolina más potente de la gama Mégane, y a la espera de las variantes Renault Sport , de momento está este motor 2.0 TCe de 180 caballos. Tiene 2 litros de cilindrada, culata de 16 válvulas y un turbo de doble caracola. En nuestro banco alcanzó los 190 CV, con un generoso par máximo de 33 mkg desde 2.880 vueltas. Hay potencia de sobra y, sin embargo, nuestra unidad no fue capaz de alcanzar los datos de aceleraciones o recuperaciones oficiales, algo que incluso la variante de cinco puertas sí llegó a superar. Esto, unido a cierta inestabilidad a la hora de acelerar, hacen ver que la unidad que tuvimos no estaba en buenas condiciones, por lo que en las prestaciones incluimos los datos del 5 puertas con este mismo motor a la espera de repetir las prestaciones en otra unidad.

Con todo, es un motor rápido, con muy buena capacidad para recuperar, y prestaciones en la línea de lo que ofrece un Peugeot 308 1.6 THP de 175 CV. No es tan rápido acelerando como el Volkswagen Scirocco con el 1.4 TSI de 160 CV pero a cambio ofrece una mejor capacidad para recuperarse en marchas largas. El consumo medio real se situó en los 8,8 l/100 km, muy lejos de los 9,2 l/100 km del Peugeot y, sobre todo, de los 7,1 litros que registró el Scirocco. El comportamiento dinámico de este Renault nada tiene que ver con el del Mégane de la anterior generación. Ahora transmite una mayor calidad de rodadura, con un buen equilibrio entre confort y efectividad. La principal razón la encontramos en la dirección, mucho más precisa y controlable que la del anterior. En general asimila muy bien la potencia, indicando que hay bastidor de sobra para futuras versiones más potentes como la recién presentada Mégane RS . El tren trasero es difícil moverlo y el delantero es obediente, aunque quizá nos hubiese gustado que filtrase algo menos de información, puesto que en una conducción deportiva radical pasa del control al subviraje sin avisar, situación que en carretera abierta encontraremos muy pocas veces. Con todo, dispone de un control de tracción y estabilidad muy bien calibrados, de los que no te enteras cuando trabajan más que por la luz que se enciende en el cuadro. La calidad de acabado del interior, en general, es buena, visualmente es agradable y durante nuestras pruebas no aparecieron ni grillos ni desajustes. La postura de conducción idónea se consigue enseguida aunque habrá quien encuentre la altura del volante algo baja, detalle que cada uno puede comprobar si es defecto o no en el propio concesionario. Los asientos delanteros son cómodos, mientras que los asientos traseros cuentan con el respaldo demasiado vertical, pero no mucho más inclinado de como los tiene un Scirocco.

Es curioso, pero el sistema de climatización cuenta con el mismo defecto que encontramos en la prueba del Laguna coupé , y es que se genera demasiado calor en la zona de los pies de los que van delante —en el lado del conductor todo el calor va al pie derecho—, siendo necesario bajar la temperatura del climatizador por debajo de los 19 grados para no tener este problema, con el frío que supone en la parte superior en invierno. Con este motor sólo se asocia un único acabado intermedio de la gama denominado Dynamique. Lleva de serie radio, un excelente control de crucero con dos funciones, limitador o regulador y ordenador. Deja como opciones interesantes el radar de parking o los faros de niebla, pero todo ello con el mejor precio de entre sus rivales.
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