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Renault Laguna Coupé 2.0 dCi GT

Con esta versión del Laguna Coupé equipada con el motor Diesel de 180 caballos, sistema de cuatro ruedas directrices y acabado GT, Renault se pone a la altura de rivales de marcas premium hasta ahora inalcanzables para ella, como son el Audi A5 o el BMW Serie 3 coupé, a los que ya poco tiene que envidiar, precio incluido.
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Renault Laguna Coupé 2.0 dCi GT
El progresivo aumento de calidad, tecnología, seguridad, o incluso imagen, de Renault en los últimos tiempos, ha permitido que esta marca de claro corte generalista haya llegado al punto de realizar vehículos como el de la prueba que a continuación les ofrecemos. A nadie se le escapa que en cuestiones de imagen de marca, por muy buenos que sean determinados coches en la casa francesa, Renault no está reconocida a la altura de empresas como Audi o BMW, que prácticamente tienen vendidos sus coches antes de ser comercializados; Renault tiene que hacer un vehículo excelente para ser tenido en cuenta, mientras que a las marcas premium se les presupone que su coche ya lo es.
La nueva generación del Renault Laguna es un buen automóvil que, en sus mejores variantes, poco tiene que envidiar a modelos como la Serie 3 de BMW o el A4 de Audi con similares prestaciones. Así ha ocurrido con la berlina y ahora le toca el turno a la versión coupé. Han tenido que pasar más de 20 años –desde el Fuego- para que Renault volviese al mundo de los coupés grandes, con la diferencia que ahora este tipo de coches tienen una aceptable demanda y hay un buen número de rivales.

Como primera prueba del Laguna coupé hemos optado por la variante Diesel de 180 caballos equipada con acabado GT y el sistema de cuatro ruedas directrices que lleva de serie. Las otras opciones de la gama se reducen al 2.0 dCi de 150 CV y los dos gasolinas de 205 y 240 caballos de cuatro y seis cilindros respectivamente. Por fuera presenta un frontal muy parecido al de la berlina y basa toda la personalización en la parte trasera, con unas ópticas estrechas y alargadas y un diseño que, como buen coupé, busca más atraer que ser práctico. En el interior tenemos un habitáculo moderno con un diseño cuidado y materiales de buena presencia. Comparado con sus rivales, presenta una habitabilidad sin grandes virtudes o defectos. Delante no hay problemas de espacio, con buena anchura y generosa cota de altura delante. Detrás es donde más diferencias encontramos; no llega al generoso espacio longitudinal del Serie 3 pero está al mismo nivel que el del A5 o el Peugeot 407. Una vez salvado el escollo de acceder a las plazas traseras, dificultad similar a la de sus rivales, los dos adultos que pueden entrar irán justos, pero, salvo que midan más de 1,80 m de altura, sin pasar grandes apuros. No disfruta de la anchura interior del 407 pero con la que tiene, similar a la del Serie 3 y mejor que la de un A5, es más que suficiente. En las plazas delanteras los asientos son cómodos y agradables, con todos los reglajes suficientes para encontrar una confortable postura de conducción. En la zona del acompañante encontramos un defecto serio: el calor. El escape pasa cerca de la zona de los pies, provocando un calor excesivo que llega a ser molesto y que el climatizador no tiene en cuenta, y eso que la prueba ha transcurrido en invierno.

El resto del habitáculo es agradable. Falta un hueco donde dejar las llaves o el móvil, siendo necesario recurrir a la guantera que hay en el reposabrazos, pero no hay problemas de ergonomía. La visibilidad trasera es buena salvo cuando llueve, ya que el cristal está muy inclinado y carece de limpiaparabrisas. El maletero ofrece la misma capacidad que un A5 o un Serie 3 y 165 litros menos que el Peugeot 407. Dispone de tiradores en los laterales del mismo que abaten los respaldos traseros sin esfuerzo alguno por nuestra parte y que amplían las posibilidades de carga, suficientes para 4 adultos. — Comportamiento
— Motor
— Equipamiento — Visibilidad trasera en lluvia
— Calor en zona de acompañante
— Rueda de emergencia
Cuatro ruedas directrices
El progresivo aumento de calidad, tecnología, seguridad, o incluso imagen, de Renault en los últimos tiempos, ha permitido que esta marca de claro corte generalista haya llegado al punto de realizar vehículos como el de la prueba que a continuación les ofrecemos. A nadie se le escapa que en cuestiones de imagen de marca, por muy buenos que sean determinados coches en la casa francesa, Renault no está reconocida a la altura de empresas como Audi o BMW, que prácticamente tienen vendidos sus coches antes de ser comercializados; Renault tiene que hacer un vehículo excelente para ser tenido en cuenta, mientras que a las marcas premium se les presupone que su coche ya lo es. La nueva generación del Renault Laguna es un buen automóvil que, en sus mejores variantes, poco tiene que envidiar a modelos como la Serie 3 de BMW o el A4 de Audi con similares prestaciones. Así ha ocurrido con la berlina y ahora le toca el turno a la versión coupé. Han tenido que pasar más de 20 años –desde el Fuego- para que Renault volviese al mundo de los coupés grandes, con la diferencia que ahora este tipo de coches tienen una aceptable demanda y hay un buen número de rivales.

Como primera prueba del Laguna coupé hemos optado por la variante Diesel de 180 caballos equipada con acabado GT y el sistema de cuatro ruedas directrices que lleva de serie. Las otras opciones de la gama se reducen al 2.0 dCi de 150 CV y los dos gasolinas de 205 y 240 caballos de cuatro y seis cilindros respectivamente. Por fuera presenta un frontal muy parecido al de la berlina y basa toda la personalización en la parte trasera, con unas ópticas estrechas y alargadas y un diseño que, como buen coupé, busca más atraer que ser práctico. En el interior tenemos un habitáculo moderno con un diseño cuidado y materiales de buena presencia. Comparado con sus rivales, presenta una habitabilidad sin grandes virtudes o defectos. Delante no hay problemas de espacio, con buena anchura y generosa cota de altura delante. Detrás es donde más diferencias encontramos; no llega al generoso espacio longitudinal del Serie 3 pero está al mismo nivel que el del A5 o el Peugeot 407. Una vez salvado el escollo de acceder a las plazas traseras, dificultad similar a la de sus rivales, los dos adultos que pueden entrar irán justos, pero, salvo que midan más de 1,80 m de altura, sin pasar grandes apuros. No disfruta de la anchura interior del 407 pero con la que tiene, similar a la del Serie 3 y mejor que la de un A5, es más que suficiente. En las plazas delanteras los asientos son cómodos y agradables, con todos los reglajes suficientes para encontrar una confortable postura de conducción. En la zona del acompañante encontramos un defecto serio: el calor. El escape pasa cerca de la zona de los pies, provocando un calor excesivo que llega a ser molesto y que el climatizador no tiene en cuenta, y eso que la prueba ha transcurrido en invierno.

El resto del habitáculo es agradable. Falta un hueco donde dejar las llaves o el móvil, siendo necesario recurrir a la guantera que hay en el reposabrazos, pero no hay problemas de ergonomía. La visibilidad trasera es buena salvo cuando llueve, ya que el cristal está muy inclinado y carece de limpiaparabrisas. El maletero ofrece la misma capacidad que un A5 o un Serie 3 y 165 litros menos que el Peugeot 407. Dispone de tiradores en los laterales del mismo que abaten los respaldos traseros sin esfuerzo alguno por nuestra parte y que amplían las posibilidades de carga, suficientes para 4 adultos. — Comportamiento
— Motor
— Equipamiento — Visibilidad trasera en lluvia
— Calor en zona de acompañante
— Rueda de emergencia
Cuatro ruedas directrices

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