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Prueba: Range Rover Sport 3.0 SDV6, sin límites

Concretos ajustes, recortes y complementos convierten el señorial Range Rover en esta variante Sport. Pero la historia viene a ser muy parecida: como refinada berlina (sport) de lujo e infatigable todo-terreno, seguirás mirando por debajo del hombro al resto de vehículos.
Lorenzo Alcocer -
Prueba: Range Rover Sport 3.0 SDV6, sin límites

Sport o no Sport, los nuevos Range Rover son únicos en transmitirte esa contradictoria sensación de estar viajando por carretera en la más refinada berlina del mercado, para momentos después, cambiar radicalmente de escenario y creerte que avanzas en el todo-terreno más eficaz y poderoso del planeta.

 

Esta nueva variante Sport pretende, además, dinamizar su imagen y comportamiento; vamos, proponerte para esos otros momentos poder ‘ver’ y disponer de un ‘deportivo’. Pero la cosa no acaba aquí. Curiosamente, es el nuevo Sport y no el Range Rover ‘ a secas’, el que te ofrece la posibilidad de contar opcionalmente con una tercera fila de asientos con dos butacas, apelando también a la habitabilidad y funcionalidad del monovolumen. En definitiva, no se me ocurre ningún otro modelo que compatibilice y al nivel que lo hace tan diferentes opciones de uso.

 Range Rover Sport

Aun siendo 15 centímetros más corto que el Range Rover (y 45 kilos más ligero), el nuevo Sport, de 4,85 m, tiene igualmente una estampa masiva. Por dentro es muy espacioso (hemos verificado las mismas cotas de habitabilidad que el Range Rover; solo cede 70 litros de maletero) y solo por esto la sensación de confort es inmensa. Los grandes butacones, el exquisito acabado de todo el habitáculo y el refinado funcionamiento de todos sus componentes mecánicos, te llevan a sentirlo como una especializada berlina de lujo. En este sentido, su rodar es fantástico. No es tan fino en la pequeña filtración como el Range Rover y quizá tampoco como un Mercedes Clase M, pero su suspensión neumática de serie con diferentes tarados consigue transmitirte una excelente calidad de rodadura.

 

En su otro papel, el Sport también se ha beneficiado del nuevo monocasco fabricado íntegramente en ligero aluminio y aunque no es un Porsche Cayenne, llevarlo rápido te llega a sorprender por su comportamiento, pero debemos matizar. Su tacto de rodadura es formidable. Que no lo sientas aparatoso y sí ágil de guiado, te permite conducirlo con unas libertades impropias de semejante talla y tara. Responde con poco volanteo muy rápido de dirección, es inmensamente sólido en los apoyos y cuando te quieres dar cuenta, estás viajando a unas velocidades prohibitivas, sorprendentes en semejante automóvil.

 Range Rover Sport

Llama entonces la atención lo receptivo que es el tren posterior a las inercias en curva, agilizan­do sobremanera también el comportamiento. Pero para mí, esto tiene dos lecturas muy diferen­tes. Es de agradecer que un coche tan gran­de y pesado reaccione de forma tan ágil, pero cuando esas reacciones pasan un umbral, las considerables inercias del Range Rover Sport pueden superar las capacidades de un con­ductor medio por su fuerte tendencia a sobrevirar.

 

En cualquier caso, te advierto que hemos contado con el pack opcional on/off road que, entre otras cosas, dispone de un control de balanceo y un diferencial trasero activo. Solo así puedes entender como un ve­hículo de estas características se puede sentir tan sólido y dinámico. Además, las decisiones de la electrónica están muy bien integradas en el movimiento del coche, por lo que de ver­dad, aceptas que este Range Rover se atreva con el apelativo de Sport.

 

Como siempre que rodamos con un SUV y, es­pecialmente, cuando es de altas prestaciones, ele­gir el neumático adecuado es fundamen­tal. Con los mixtos opcionales de nuestra unidad, nos hemos encontrado que en la faceta más deportiva, el Sport puede traernos complicaciones. Su límite de ad­herencia condiciona muchísimo la fre­nada y si te dejas llevar por su compor­tamiento, el subviraje también aparece antes y de manera muy acusada.

 Range Rover Sport

Con es­tos neumáticos es lo que hay si quieres rodar por campo solo limitado por tu sen­tido común. Para este entorno, el Sport dispone de diferentes modos de conduc­ción que influyen en la tracción y la altu­ra de la carrocería. Solo debes ocuparte de dirigir el volante, que el Sport coro­na (dispone de reductoras), vadea (mide el nivel del agua sobre la carrocería), baja (cuenta con control de descenso) y trialea con una tranqui­lidad, seguridad y confort que seguro ni te imaginas.

 

Su motor es otra pieza clave. Esta versión renuncia al voluminoso 4.4 V8 Diesel del Range Rover, por un 3.0 V6 de 292 CV, cuyo funcionamiento tam­bién compatibiliza el agrado de utiliza­ción con una enérgica respuesta. Trabaja con una caja de cambios de 8 velocida­des, que también interviene en su doble papel. Vencer el peso y las resistencias mecánicas no es fácil para un cambio, que pone en movimiento suavemen­te al Sport. En carretera, aprovechando su larguísimo desarrollo en 8ª, viajas a 120 km/h a 1.800 rpm. Un pisotón, y el Range Rover se convierte en un podero­sísimo Sport.

Range Rover Sport

 

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