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Prueba: Mitsubishi Outlander 220 DI, entre práctico y divertido

SUV's hay muchos, pero como este Outlander no tantos; tracción total, motor Diesel de 150 CV, 7 plazas y todo rondando los 30.000 euros. Sobre el papel es interesante, veamos si la realidad es tan buena como Mitsubishi la pinta.
Daniel Cuadrado. Fotos: J.F. Pacheco -
Prueba: Mitsubishi Outlander 220 DI, entre práctico y divertido

La categoría de los SUV es amplia y variada, por lo que si quieres uno tendrás mucho don­de elegir, quizá demasiado. Si lo buscas con tracción total, motor Diesel, tamaño más o menos so­bre los cuatro metros y medio y tu presupues­to va de 30.000 a 35.000 euros, puedes volver­te loco para elegir entre tanta oferta; ahora bien, si concretas un poco más y pones las sie­te plazas como premisa, entonces tus opciones se reducirán considerablemente. Un Chevrolet Captiva, un Nissan Qashqai +2 o el Mitsubishi Outlander serán tus únicas alternativas, ya que el resto o se quedan en las 5 plazas o se van de presupuesto. De los tres mencionados, analiza­mos en esta ocasión el Mitsubishi, que acaba de recibir una importante actualización, hasta el punto de que en la casa nipona se denomina generación nueva.

No ha cambiado sus proporciones exte­riores, puesto que la base es la misma, si bien cuenta con nuevo diseño de frontal y zaga. Personalmente no creo que sea el más atracti­vo del mercado pero tampoco me parece un co­che desagradable. Creo que busca más no de­fraudar a nadie que ser el más guapo del garaje. Por fuera más o menos es el mismo coche, aun­que si lo conoces bien encontrarás algunas di­ferencias importantes como el portón trasero, que sustituye al de doble hoja por otro de una sola pieza que, en opción, puede ser incluso de accionamiento eléctrico. A mi el an­terior doble me gustaba y lo veía práctico, tanto para cargar objetos grandes como para guardar cosas con independencia de lo cerca que se haya colocado el coche de atrás en el aparcamiento; es cierto que te obligaba a abrir dos veces y no podía ser eléctrico como ahora, pero seguro que habrá quien lo eche de menos.

Por dentro se modifica casi por completo en su parte trasera. Ahora la banqueta de la segunda fila tiene más recorrido en su desplazamiento longitudinal, que pasa de 8 a los 24 cm actuales. Con esto se consigue ma­yor modularidad, con un interior práctico como si fuese el de un monovolumen. Se puede acer­car la fila central hasta que toque los respaldos delanteros, algo inútil para llevar gente pero práctico para acercar más a los niños en sillas infantiles, a la vez que se aumenta la capaci­dad de maletero o se da más espacio a los que se sienten en la tercera fila. Atrás del todo lle­va dos asientos mucho más utilizables que an­tes. Son más anchos y cómodos. Por el espacio que hay y a la altura que quedan las piernas de los adultos que vayan ahí sentados no son bue­nos para viajar -en casi ningún coche la terce­ra fila lo es- pero te sacan del apuro con mayor comodidad y puedes aguantar más kilómetros, siendo incluso más "confortables" que los de sus rivales. Una vez replegados dejan el fondo del maletero completamente plano, como ya hacían antes. Eso sí, al ser más grandes, en configura­ción de 7 plazas reducen la capacidad del male­tero de 210 a 145 litros, si bien en conjunto veo muchas más virtudes que defectos a la nueva configuración.

El nuevo Mitsubishi Outlander también mejora en apariencia general, con un interior algo más atractivo. En este tipo de co­ches es normal que surjan los característicos "grillitos" por pérdidas de ajustes tras una sim­ple excursión campestre. Yo hice varias, y a un ritmo digamos "ligero" con la excusa de probar los límites del bastidor para poder contarlos, y el interior ni se inmutó. Me gusta que aho­ra el climatizador sea bizona, que lleve cáma­ra trasera de aparcamiento o bluetooth, que son todos de serie, y considero un acierto que el volante tenga reglaje en profundidad, punto negativo en el anterior modelo.

Lleva el mismo motor 2.2 Diesel que antes pero con nueva electrónica. Oficialmente rin­de 27 CV menos, detalle que no ha sido impe­dimento para mejorar las prestaciones y bajar consumos. Según nuestras mediciones pesa 100 kilos menos que antes que, unidos al siste­ma Stop/Start de esta versión manual y a la me­jorada aerodinámica -cuyo Cx ha pasado de 0,36 a 0,33-, se logra una bajada del gasto medio de más de un litro. Resulta más rápido que antes en cualquier medición ofreciendo, además, muy buenos datos de prestaciones. Comparado con el Qashqai +2 o el Captiva con motores simila­res, aporta un nivel prestacional muy superior, con un consumo ligeramente más bajo; según nuestras mediciones de media es un segundo más rápido en todas las aceleraciones y unos dos segundos mejor en adelantamientos que sus rivales. Por su concepto o volumen, no es un tipo de coche en el que su conductor demande unas prestaciones extraordinarias, pero el he­cho de bajar de los 10 segundos en el paso de 0 a 100 km/h y con un consumo medio real de 7 litros/100 km, dice mucho a su favor de sus ca­pacidades viajeras.

Mantiene el sistema de tracción total con tres modos de conducción, seleccionables con faci­lidad mediante un botón -antes una rueda- en la consola central: ECO, AUTO y LOCK. En el 4WD ECO, el Outlander se mueve en tracción delantera, conectando el tren trasero automá­ticamente si detecta pérdidas de tracción. En el AUTO se vuelve 4x4 permanente, con predomi­nio del reparto de par en el tren delantero y la posibilidad de llegar a un reparto 50:50 entre ambos ejes en caso de necesidad. Con el 4WD LOCK se potencia el tren trasero, acercando el reparto más al 50:50 en condiciones normales. Dinámicamente me ha gustado. En ciudad se mueve con toda la soltura que su volumen le permite, gira bien y con la cámara trasera se ha ganado en maniobras. El Stop/Start funciona correctamente y no es desagradable.

En carretera hay buen aplomo; hay que acostumbrarse al tacto eléctrico de la dirección, que para mí asiste demasiado frente a las pequeñas correcciones, pero no te costará más de unos pocos kilómetros. Esconde bien el característico balanceo de las carrocerías altas, con un buen compromiso entre confort y estabilidad. En condiciones de baja adherencia su sistema de tracción total es, junto con el del Freelander, de los que mejor funciona del segmento. Fuera del asfalto, como es lógico, está limitado por los neumáticos de baja resistencia a la rodadura y la escasa protección de la carrocería. No es un todoterreno pero con precaución de no machacar los bajos ni de meterse en barrizales que las ruedas de asfalto no sean capaces de asimilar, puede llevarte más lejos de lo que en principio puedas pensar. Eso sí, esto te lo digo yo que el coche era de pruebas. Si fuese mío no me había atrevido a pasar ni por la mitad de los sitios para no arañarlo. Si estéticamente fuese más atractivo lo veríamos más en nuestras carreteras porque creo que es un buen automóvil.

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