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Prueba: Ford Focus ST, el GTI de Ford

Si quieres guerra, el Ford Focus ST te acompaña, pero si quieres paz, te pasea con gusto porque estamos ante el nacimiento de un GTI rápido y equilibrado. Olvídate de los anteriores ST, que éste es el bueno.
Daniel Cuadrado Fotos: Mikael Helsing | 30/04/2013
Prueba: Ford Focus ST, el GTI de Ford
Prueba: Ford Focus ST, el GTI de Ford

Tanto Diesel, tanto Diesel... Supongo que ya estás harto. La gasolina renace gracias al turbo, que ha permitido que vuelva a estar en auge la "tecnología reina", demasiado tiempo a la sombra de los Diesel de inyección directa. Ahora son todo maravillas y buenas palabras para los de ciclo Otto, pero a veces nos olvidamos de que las versiones GTI, aun en plena era Diesel, seguían apostando por los motores de gasolina con turbo. El propio ST contaba con un cinco cilindros muy rápido y emocionante de conducir. Pero el tiempo pasa y había que evolucionar. El Ford Focus ha cambiado de generación y con ella su ST que ahora mejora en todo a su antecesor y se coloca a un nivel superior, a medio camino entre los GTI de 200 CV y los radicales que rondan los 280.
 

Bastidor, diseño y equipamiento aparte, la verdadera evolución de esta versión se encuentra bajo el capó. Atrás deja el gastón cinco cilindros de 2,5 litros y da la bienvenida a una configuración de cuatro cilindros de dos litros y turbo, menos consumista pero ligeramente más rápida. Su apuesta son 250 caballos, un chasis bien elaborado y un alto nivel de acabado que no pretenden una versión radical, sino un coche que puedes usar todos los días sin que la dureza de las suspensiones te machaquen y que, al mismo tiempo, te divierta y emocione; veamos si lo han conseguido.
 

Diseño deportivo

Lo primero que me llama la atención del ST es su impeca­ble presentación. Está bien terminado, tiene unos asientos muy buenos y el diseño gene­ral no peca de intentar demostrar lo depor­tivo que es. Enseguida te encuentras cómo­do al volante y los Recaro que lleva de serie te hacen sentir como una pieza más del co­che. Molesta un poco, al menos con mi pos­tura de conducción y altura -1,79 m-, la par­te baja de la columna de la dirección, con la que mi rodilla choca al entrar o salir, pero si esto es un problema o no, debes compro­barlo tu porque al volante no hay dos pos­turas de conducción iguales, y más con la cantidad de reglajes que te permite un co­che como este.


Se arranca con botón. El motor al ralen­tí apenas suena y se mantiene discreto las primeras 2.500 vueltas, hasta que el resona­dor de la admisión entra en acción y consi­gue un precioso sonido ronco casi parecido al del ST de la anterior generación. A bajas vueltas hay par de sobra como para practi­car una conducción relajada o eficiente en marchas largas, siendo el típico coche con el que en cuarta o quinta parece casi un auto­mático de lo poco que te pide cambiar. El guiado del cambio es suave y preciso, los pedales tienen la dureza justa, acepta­ble en un coche de calle, y la dirección, que es electromecánica, más que correcta.
 

Comportamiento

Tiene tres modos de conducción, normal, con el ESP en modo deportivo o con el ESP totalmente quitado. Para conducir rápido, el modo deportivo está muy bien puesto a punto, ya que te elimina las pérdidas de tracción iniciales y te deja jugar algo con el tren trasero. Con todo desconectado y a la hora de acelerar desde parado para hacer las mediciones, el ST pierde mucha tracción los primeros metros. Esto le ha impedido sacar mejores tiempos, y eso que los que ha registrado son buenos y unas décimas más rápidos que en el anterior ST. Esto en curvas se aprecia menos, ya que ha de ser muy lento el viraje para que te cueste dosificar su tracción. El bastidor permite hacer diabluras. Conduciendo normal no resulta incómodo, aunque los que se sienten detrás se quejen de sequedad de suspensiones, delante no lo es tanto; es duro pero no radical.
 

El tren delantero entra muy bien. Con un autoblocante mecánico se habría hecho un coche redondo, pero ya hemos dicho que Ford no pretendía hacer un coche de minorías. La zaga es sensible a lo que tú le pidas con el acelerador. Si levantas muy brusco en apoyo, se mueve con rapidez, pero si lo haces con suavidad te ayudará a girar con nobleza y pasarás un buen rato disfrutando de tu ST enlazando una curva tras otra y, probablemente, jugando todo el tiempo entre tercera y cuarta como mínimo.
 

De chasis me ha parecido más rápido y juguetón que un Golf GTI VI, si bien el motor del Focus está un paso por encima en cuanto a potencia. Resulta complicado sacarle un rival directo, porque por precio y prestaciones se acerca a los más potentes del segmento. Lógicamente es algo más lento, pero es que cuesta prácticamente lo mismo que ellos. Creo que Ford ha hecho un buen trabajo con este coche. Para mí tiene la potencia máxima ideal para un compacto tracción delantera.

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