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Peugeot 4007 2.2 HDI FAP Sport Pack

Basado en el chasis del Mitsubishi Outlander, el nuevo 4007 de Peugeot posee la ventaja de una mecánica más moderna, de origen propio, con 156 CV de potencia. El resultado de este cóctel es un modelo muy capaz, de amplia polivalencia pero en el que las mejores satisfacciones se obtienen sobre el asfalto.
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Peugeot 4007 2.2 HDI FAP Sport Pack
Delante se disfruta de amplio espacio y buen confort, aunque los asientos parecen un poco más duros de mullido de lo habitual en la marca. ¿Mirada al este? Sus formas así parecen confirmarlo. Detrás se dispone de una banqueta con casi la misma anchura total y separada en dos partes asimétricas, cada una de las cuales puede deslizarse longitudinalmente hasta ocho centímetros, de manera independiente, para adecuar pasajeros y carga a gusto del consumidor.

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Donde sí se rebaja el estándar de confort es en la tercera fila, cuya pequeña banqueta acoge mal a dos adultos y, además, resulta algo engorrosa de ocultar y desplegar, al tener que tirar de tres cintas de forma consecutiva y usar una buena cantidad de energía. El maletero, con esta pequeña banqueta desplegada, se queda en sólo 210 dm3, inadecuado para largos viajes –aunque hay barras en el techo para portaequipajes como elemento de serie- mientras que con cinco ocupantes, sus 655 dm3 son más que interesantes.

Hablando de viajar, el motor 2.2 HDI de un solo turbocompresor y 156 teóricos caballos, resulta una delicia. Con los desarrollos disponibles, un crucero al límite de lo legal en autopista le hace ronronear a 2.300 rpm, momento en que el motor dispone de 39 mkg de par –garantizando cualquier necesidad de aceleración- y consumiendo unos 8 l/100 km. No está mal. A este ritmo tenemos garantizada una autonomía de 750 kilómetros apurando un poco la luz de reserva. En situaciones puntuales, su respuesta es aún mejor. En vacío, es una mecánica capaz de girar hasta las 5.100 rpm, pero con una marcha engranada se acaba a las 4.500. Pero si tenemos en cuenta que es capaz de levantar, en cuesta arriba, un régimen de 1.200 rpm en sexta, nos daremos cuenta de su excepcional banda de utilización. Es un motor que, en la marcha más exigente, puede ser usado en 3.300 de las 3.750 rpm disponibles en toda su franja de uso. Impresionante. En relaciones más cortas, el 4007 sale catapultado al pisar a fondo el acelerador haciendo olvidar que pesa una tonelada y tres cuartos sin conductor. Un 0-100 km/h por debajo de diez segundos así lo atestigua y enclavarse en el segundo treinta en una aceleración de mil metros lo terminan de demostrar. Eso sí, en conducción sin miramientos la cifra de consumo puede llegar casi a duplicarse si nos empeñamos en no levantar el pie derecho del piso del habitáculo. La caja de cambios Aisin –oriental- termina de dar un regusto deportivo a este 4007. Su tacto preciso y el enclavamiento bastante rápido de las marchas es todo un complemento ideal al magnífico motor PSA. Si, para culminar nuestras ganas de divertirnos, empezamos a jugar con el redondo mando que controla el sistema de tracción y nos salimos del habitual asfalto, el Peugeot 4007 puede llegar a ser un vehículo divertido siempre que no queramos emular a los participantes del Paris-Dakar y tengamos claras las limitaciones del coche en el campo. Angulos de ataque y salida de 22 y 21 grados, respectivamente, y ventral de 19, nos indican que las posibilidades de dañar los paragolpes al atacar o finalizar una rampa o pendiente y de quedar “empanzados” en crestas agudas son bastante grandes. Si evitamos este tipo de terreno, el 4007 demuestra que su elástico motor le permite no castigar mucho el embrague para superar obstáculos de pequeña o, incluso, media dificultad. En el campo conviene tener en cuenta esa ligera inclinación por la imagen deportiva, puesto que los neumáticos de perfil bajo y la amortiguación más bien rígida, no son los mejores aliados para superar un tramo en mal estado con los riñones impolutos. De hecho, incluso en asfalto, el paso sobre irregularidades bruscas genera una sequedad de respuesta poco confortable.

Sobre la carretera, el 4007 demuestra todo su potencial. Un tren delantero de excelente capacidad direccional se ve acompañado de una suspensión multibrazo trasera que digiere muy bien los cambios de apoyo y carga. De esta manera, la zaga no tiene tendencia a vida propia y el conductor no debe estar esperando un “latigazo” si no es en una maniobra desesperada y poco certera. Un elemento que no nos ha dejado del todo satisfechos ha sido el equipo de frenos. Los 77,3 metros para detener el coche desde 140 km/h son aceptables pero la pérdida de eficacia tras un tratamiento sin piedad nos ha traído a la mente otros modelos –también allende el Pacífico- donde no se cuida tanto estos sistemas como aquí en Europa. Los gruñidos, la pérdida de tacto en el pedal y de poder de retención del sistema, tras una cincuentena de kilómetros de carretera de montaña a ritmo muy vivo nos recuerdan que, efectivamente, no es un deportivo y conviene no tratarlo como tal. Delante se disfruta de amplio espacio y buen confort, aunque los asientos parecen un poco más duros de mullido de lo habitual en la marca. ¿Mirada al este? Sus formas así parecen confirmarlo. Detrás se dispone de una banqueta con casi la misma anchura total y separada en dos partes asimétricas, cada una de las cuales puede deslizarse longitudinalmente hasta ocho centímetros, de manera independiente, para adecuar pasajeros y carga a gusto del consumidor. Donde sí se rebaja el estándar de confort es en la tercera fila, cuya pequeña banqueta acoge mal a dos adultos y, además, resulta algo engorrosa de ocultar y desplegar, al tener que tirar de tres cintas de forma consecutiva y usar una buena cantidad de energía. El maletero, con esta pequeña banqueta desplegada, se queda en sólo 210 dm3, inadecuado para largos viajes –aunque hay barras en el techo para portaequipajes como elemento de serie- mientras que con cinco ocupantes, sus 655 dm3 son más que interesantes.

Hablando de viajar, el motor 2.2 HDI de un solo turbocompresor y 156 teóricos caballos, resulta una delicia. Con los desarrollos disponibles, un crucero al límite de lo legal en autopista le hace ronronear a 2.300 rpm, momento en que el motor dispone de 39 mkg de par –garantizando cualquier necesidad de aceleración- y consumiendo unos 8 l/100 km. No está mal. A este ritmo tenemos garantizada una autonomía de 750 kilómetros apurando un poco la luz de reserva. En situaciones puntuales, su respuesta es aún mejor. En vacío, es una mecánica capaz de girar hasta las 5.100 rpm, pero con una marcha engranada se acaba a las 4.500. Pero si tenemos en cuenta que es capaz de levantar, en cuesta arriba, un régimen de 1.200 rpm en sexta, nos daremos cuenta de su excepcional banda de utilización. Es un motor que, en la marcha más exigente, puede ser usado en 3.300 de las 3.750 rpm disponibles en toda su franja de uso. Impresionante. En relaciones más cortas, el 4007 sale catapultado al pisar a fondo el acelerador haciendo olvidar que pesa una tonelada y tres cuartos sin conductor. Un 0-100 km/h por debajo de diez segundos así lo atestigua y enclavarse en el segundo treinta en una aceleración de mil metros lo terminan de demostrar. Eso sí, en conducción sin miramientos la cifra de consumo puede llegar casi a duplicarse si nos empeñamos en no levantar el pie derecho del piso del habitáculo. La caja de cambios Aisin –oriental- termina de dar un regusto deportivo a este 4007. Su tacto preciso y el enclavamiento bastante rápido de las marchas es todo un complemento ideal al magnífico motor PSA. Si, para culminar nuestras ganas de divertirnos, empezamos a jugar con el redondo mando que controla el sistema de tracción y nos salimos del habitual asfalto, el Peugeot 4007 puede llegar a ser un vehículo divertido siempre que no queramos emular a los participantes del Paris-Dakar y tengamos claras las limitaciones del coche en el campo. Angulos de ataque y salida de 22 y 21 grados, respectivamente, y ventral de 19, nos indican que las posibilidades de dañar los paragolpes al atacar o finalizar una rampa o pendiente y de quedar “empanzados” en crestas agudas son bastante grandes. Si evitamos este tipo de terreno, el 4007 demuestra que su elástico motor le permite no castigar mucho el embrague para superar obstáculos de pequeña o, incluso, media dificultad. En el campo conviene tener en cuenta esa ligera inclinación por la imagen deportiva, puesto que los neumáticos de perfil bajo y la amortiguación más bien rígida, no son los mejores aliados para superar un tramo en mal estado con los riñones impolutos. De hecho, incluso en asfalto, el paso sobre irregularidades bruscas genera una sequedad de respuesta poco confortable.

Sobre la carretera, el 4007 demuestra todo su potencial. Un tren delantero de excelente capacidad direccional se ve acompañado de una suspensión multibrazo trasera que digiere muy bien los cambios de apoyo y carga. De esta manera, la zaga no tiene tendencia a vida propia y el conductor no debe estar esperando un “latigazo” si no es en una maniobra desesperada y poco certera. Un elemento que no nos ha dejado del todo satisfechos ha sido el equipo de frenos. Los 77,3 metros para detener el coche desde 140 km/h son aceptables pero la pérdida de eficacia tras un tratamiento sin piedad nos ha traído a la mente otros modelos –también allende el Pacífico- donde no se cuida tanto estos sistemas como aquí en Europa. Los gruñidos, la pérdida de tacto en el pedal y de poder de retención del sistema, tras una cincuentena de kilómetros de carretera de montaña a ritmo muy vivo nos recuerdan que, efectivamente, no es un deportivo y conviene no tratarlo como tal.
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