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Peugeot 4007 2.2 HDI FAP Sport Pack

Basado en el chasis del Mitsubishi Outlander, el nuevo 4007 de Peugeot posee la ventaja de una mecánica más moderna, de origen propio, con 156 CV de potencia. El resultado de este cóctel es un modelo muy capaz, de amplia polivalencia pero en el que las mejores satisfacciones se obtienen sobre el asfalto.
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Peugeot 4007 2.2 HDI FAP Sport Pack
La alianza entre fabricantes, incluso rivales en muchos segmentos, no es nada nuevo ni mucho menos vergonzante y, con seguridad, en el futuro este tipo de acuerdos será, todavía, más frecuente. Peugeot, es verdad, no cuenta con una tradición especial en vehículos de todo terreno, ni siquiera en esta nueva especie denominada todocamino. Entonces, ¿para qué iba a invertir mucho tiempo y dinero en desarrollar uno si podía tomar un vehículo demostradamente válido, como es el Mitsubishi Outlander, y dotándolo de una mecánica propia y sus señas de identidad estética, añadir uno a su gama? La fórmula era bien sencilla y el producto de laboratorio está ya en la ruta. Y ha caído en nuestras manos.

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El Peugeot 4007 hace volver la cabeza a la gente, algo de lo que el Outlander no era capaz. ¿Por qué? Pregúntenselo a ellos, sería la respuesta más fácil. Sin duda, la gran boca de refrigeración que preside su morro junto con el león rampante bien visible pueden ser alguna de sus causas.

Esta imagen poco frecuente no estropea un coeficiente de penetración aerodinámica bastante brillante -0,34- que, sin embargo, no parece especialmente estudiado para acallar el ruido del aire al ser rasgado a altas velocidades, pues desde el interior del 4007 se le escucha con demasiada fidelidad a partir de los 120/130 km/h. Muchos dirán que no tiene especial importancia, porque superando dichas cifras ya somos ilegales, pero en ningún sitio está escrito que, con el 4007, no nos aventuremos alguna vez por las autopistas alemanas. El 4007 se comercializa bajo dos niveles de equipamiento, siendo el de la unidad de pruebas el más completo. Una de las diferencias más claras entre ambas se percibe nada más abrir alguna de las puertas del coche: el tapizado de cuero. Este elemento, como todos, tiene sus detractores y nosotros, ni entramos ni salimos, sólo mencionamos que resulta algo resbaladizo, limitando el poder de sujeción del cuerpo del ocupante. Los asientos delanteros, que a simple vista parecen muy deportivos, con laterales muy prominentes, luego no lo resultan tanto y a veces echamos de menos un mayor agarre, pues no olvidemos que este coche pretende adentrarse en zonas no asfaltadas donde, por ejemplo, la inclinación de la carrocería es bien superior a la que se sufre en una carretera, por muy rápido que se circule en las curvas. Luego está el tema del frío, que aquí está solventado con el sistema de calefacción de los asientos –¡sólo los delanteros!- y el calor que…, bueno, hay que sufrirlo con resignación si hemos dejado el coche al sol y éste ha incidido directamente sobre el tapizado. Sentados en el puesto de conducción, buscamos, sin encontrarlo, el reglaje del volante en profundidad para obtener una posición de conducción impecable. ¿Por qué? Pues, porque no lo tiene. En Peugeot seguro que desvían la mirada hacia el Lejano Oriente y nosotros tenemos que darles la razón pero recordándoles –ya lo saben- que es una de las servidumbres de proyectos no manejados por uno mismo. En este mismo fallo se encuentran otros detalles del interior del habitáculo como, por ejemplo, la totalidad del salpicadero de plástico duro. Algo que, ni siquiera el 207 ofrece y que aquí, en un coche de más del doble de precio hay que resignarse a tener. Otra mirada al este.

En su imponente imagen tienen un claro protagonismo las llantas de 18 pulgadas de diámetro calzadas con neumáticos de 225/55 –sólo cuatro, la quinta es de emergencia- y que la versión Premium posee como opción. Esta monta sobredimensionada está más enfocada aún hacia un mejor comportamiento sobre rutas asfaltadas mientras que la 215/70 R 16, de serie en la versión de menor precio, se adapta mejor a zonas de fuera de carretera. Con aquéllas, el conductor del 4007 no sentirá especial diferencia con una berlina de buena conducta. Pero sigamos con el habitáculo. La alianza entre fabricantes, incluso rivales en muchos segmentos, no es nada nuevo ni mucho menos vergonzante y, con seguridad, en el futuro este tipo de acuerdos será, todavía, más frecuente. Peugeot, es verdad, no cuenta con una tradición especial en vehículos de todo terreno, ni siquiera en esta nueva especie denominada todocamino. Entonces, ¿para qué iba a invertir mucho tiempo y dinero en desarrollar uno si podía tomar un vehículo demostradamente válido, como es el Mitsubishi Outlander, y dotándolo de una mecánica propia y sus señas de identidad estética, añadir uno a su gama? La fórmula era bien sencilla y el producto de laboratorio está ya en la ruta. Y ha caído en nuestras manos. El Peugeot 4007 hace volver la cabeza a la gente, algo de lo que el Outlander no era capaz. ¿Por qué? Pregúntenselo a ellos, sería la respuesta más fácil. Sin duda, la gran boca de refrigeración que preside su morro junto con el león rampante bien visible pueden ser alguna de sus causas.

Esta imagen poco frecuente no estropea un coeficiente de penetración aerodinámica bastante brillante -0,34- que, sin embargo, no parece especialmente estudiado para acallar el ruido del aire al ser rasgado a altas velocidades, pues desde el interior del 4007 se le escucha con demasiada fidelidad a partir de los 120/130 km/h. Muchos dirán que no tiene especial importancia, porque superando dichas cifras ya somos ilegales, pero en ningún sitio está escrito que, con el 4007, no nos aventuremos alguna vez por las autopistas alemanas. El 4007 se comercializa bajo dos niveles de equipamiento, siendo el de la unidad de pruebas el más completo. Una de las diferencias más claras entre ambas se percibe nada más abrir alguna de las puertas del coche: el tapizado de cuero. Este elemento, como todos, tiene sus detractores y nosotros, ni entramos ni salimos, sólo mencionamos que resulta algo resbaladizo, limitando el poder de sujeción del cuerpo del ocupante. Los asientos delanteros, que a simple vista parecen muy deportivos, con laterales muy prominentes, luego no lo resultan tanto y a veces echamos de menos un mayor agarre, pues no olvidemos que este coche pretende adentrarse en zonas no asfaltadas donde, por ejemplo, la inclinación de la carrocería es bien superior a la que se sufre en una carretera, por muy rápido que se circule en las curvas. Luego está el tema del frío, que aquí está solventado con el sistema de calefacción de los asientos –¡sólo los delanteros!- y el calor que…, bueno, hay que sufrirlo con resignación si hemos dejado el coche al sol y éste ha incidido directamente sobre el tapizado. Sentados en el puesto de conducción, buscamos, sin encontrarlo, el reglaje del volante en profundidad para obtener una posición de conducción impecable. ¿Por qué? Pues, porque no lo tiene. En Peugeot seguro que desvían la mirada hacia el Lejano Oriente y nosotros tenemos que darles la razón pero recordándoles –ya lo saben- que es una de las servidumbres de proyectos no manejados por uno mismo. En este mismo fallo se encuentran otros detalles del interior del habitáculo como, por ejemplo, la totalidad del salpicadero de plástico duro. Algo que, ni siquiera el 207 ofrece y que aquí, en un coche de más del doble de precio hay que resignarse a tener. Otra mirada al este.

En su imponente imagen tienen un claro protagonismo las llantas de 18 pulgadas de diámetro calzadas con neumáticos de 225/55 –sólo cuatro, la quinta es de emergencia- y que la versión Premium posee como opción. Esta monta sobredimensionada está más enfocada aún hacia un mejor comportamiento sobre rutas asfaltadas mientras que la 215/70 R 16, de serie en la versión de menor precio, se adapta mejor a zonas de fuera de carretera. Con aquéllas, el conductor del 4007 no sentirá especial diferencia con una berlina de buena conducta. Pero sigamos con el habitáculo.
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