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Peugeot 807 2.2 HDi FAP

Con capacidad para hasta siete pasajeros y un nuevo motor biturbo Diesel de 170 CV, nos subimos al renovado Peugeot 807 en un viaje familiar de más de 1.500 kilómetros. El objetivo, comprobar la efectividad del segundo monovolumen de gran tamaño más vendido en nuestro mercado. Un recorrido en primera clase.
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Peugeot 807 2.2 HDi FAP
Arrancamos. La postura de conducción es alta y erguida, casi tipo furgoneta, y la ergonomía de algunos mandos –ubicados por detrás del cómodo cambio sobreelevado- y del reposapiés izquierdo –prácticamente sobre el paso de rueda- no ha mejorado. Pero con las regulaciones de volante y asientos (eléctricos los delanteros) encontramos una posición confortable, percatándonos rápido de nuestro mejor aliado: el motor.

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Peugeot 807 2.2 HDI/170

Como ya contamos en el Citroën C8, este bloque 2.2 HDi dispone de dos turbocompresores de pequeña inercia. El primero asegura la respuesta a bajas vueltas, mientras que el segundo entra paralelamente en acción, entre 2.600 y 3.200 rpm según la carga demandada y la temperatura, para asegurar luego unos buenos medios y altos regímenes. El empuje y la suavidad que proporciona a las dos toneladas de peso que debe arrastrar es excelente, moviendo en autopista sin esfuerzo, e incluso en repechos, una sexta relación muy larga que por encima de 120 km/h sitúa el régimen de giro de este 807 bajo las 2.300 rpm. De viaje, casi parece automático.

Posiblemente por su mayor rodaje, este moderno 2.2 HDi biturbo ha superado en el Peugeot 807 el rendimiento dado anteriormente en el Citroën C8. Casi 15 CV más de los anunciados y grandes cifras de par desde antes de 1.500 rpm –y hasta pasadas las 4.000- corroboran el poderío de esta mecánica desarrollado conjuntamente entre PSA y Ford. Comparando aceleraciones y adelantamientos –excelentes-, el Peugeot 807 2.2 HDi es, sin duda, de los monovolúmenes más eficaces de su categoría. El aislamiento de rodadura, el aplomo y el confort de suspensiones –con amortiguadores y estabilizadora trasera específicos- añaden también máxima comodidad. Podríamos ir “a 200” todo el camino sin enterarnos, pero observamos el velocímetro –que obliga a apartar la mirada del asfalto por su ubicación sobre la consola central- para bajar ritmo y conservar el carné. En curvas, el volumen del Peugeot 807 se hace más patente, pero con una dirección precisa y un comportamiento noble basta moderar la velocidad para mantener el vuelo rasante. ¿Y que hay detrás? Los pasajeros viajan a gusto, con mucho espacio y sólo lamentan no contar en esta unidad con el equipo opcional trasero de DVD que les amenice el trayecto. Cortinas en todas las ventanas, bandejas abatibles tipo avión y mucho hueco de almacenamiento refuerzan la funcionalidad a bordo.

Tras más de cinco horas, llegamos a destino. Turno ahora de movernos por ciudad. Nuevamente reluce su envergadura, sobre todo en espacio necesario para aparcar. Pero su buena visibilidad y el sensor de aparcamiento delantero –que se une en esta renovación del 807 al anterior trasero- facilita los movimientos; como también sus puertas traseras deslizantes y de apertura automática por mando y botones en la fila delantera y en los paneles traseros, similar a la de los Chrysler Grand Voyager o Kia Carnival. Mejora el acceso y facilita la apertura en espacios reducidos. Dejamos el equipaje y suben dos pasajeros más, niños esta vez. Y se adaptan sin problemas en la tercera fila –menos mal que decidimos no dejarla en casa-, aunque la altura es algo justa y comprometería en mayor medida a dos adultos. “¡Casi no te vemos!”, gritan desde atrás. Nosotros, sí. Desplegamos el espejo retrovisor de vigilancia para que todo discurra sin problemas. Días de asueto y regreso. Otra vez cinco pasajeros, más equipaje y la misma comodidad de viaje. A medio camino, la reserva. “¡1.000 km sin repostar!”, advertimos. En total, nuestro Peugeot 807 2.2 HDi cifra 8,8 l/100 km de media durante el trayecto, un dato hasta un litro menor que sus rivales en tamaño y potencia. Pero, claro, su excepcional autonomía la marca su depósito de combustible, enorme con sus 80 litros de capacidad. Así que desembolsamos cerca de 100 € para concluir nuestro agradable trayecto familiar. Recomendamos llenarlo a principios de mes. — Motor y prestaciones
— Confort de viaje
— Gran equipamiento — Ergonomía de algunos mandos
— Altura en 3ª fila de asientos
— Peso de los asientos
Capacidad familiar
Arrancamos. La postura de conducción es alta y erguida, casi tipo furgoneta, y la ergonomía de algunos mandos –ubicados por detrás del cómodo cambio sobreelevado- y del reposapiés izquierdo –prácticamente sobre el paso de rueda- no ha mejorado. Pero con las regulaciones de volante y asientos (eléctricos los delanteros) encontramos una posición confortable, percatándonos rápido de nuestro mejor aliado: el motor. Como ya contamos en el Citroën C8, este bloque 2.2 HDi dispone de dos turbocompresores de pequeña inercia. El primero asegura la respuesta a bajas vueltas, mientras que el segundo entra paralelamente en acción, entre 2.600 y 3.200 rpm según la carga demandada y la temperatura, para asegurar luego unos buenos medios y altos regímenes. El empuje y la suavidad que proporciona a las dos toneladas de peso que debe arrastrar es excelente, moviendo en autopista sin esfuerzo, e incluso en repechos, una sexta relación muy larga que por encima de 120 km/h sitúa el régimen de giro de este 807 bajo las 2.300 rpm. De viaje, casi parece automático.

Posiblemente por su mayor rodaje, este moderno 2.2 HDi biturbo ha superado en el Peugeot 807 el rendimiento dado anteriormente en el Citroën C8. Casi 15 CV más de los anunciados y grandes cifras de par desde antes de 1.500 rpm –y hasta pasadas las 4.000- corroboran el poderío de esta mecánica desarrollado conjuntamente entre PSA y Ford. Comparando aceleraciones y adelantamientos –excelentes-, el Peugeot 807 2.2 HDi es, sin duda, de los monovolúmenes más eficaces de su categoría. El aislamiento de rodadura, el aplomo y el confort de suspensiones –con amortiguadores y estabilizadora trasera específicos- añaden también máxima comodidad. Podríamos ir “a 200” todo el camino sin enterarnos, pero observamos el velocímetro –que obliga a apartar la mirada del asfalto por su ubicación sobre la consola central- para bajar ritmo y conservar el carné. En curvas, el volumen del Peugeot 807 se hace más patente, pero con una dirección precisa y un comportamiento noble basta moderar la velocidad para mantener el vuelo rasante. ¿Y que hay detrás? Los pasajeros viajan a gusto, con mucho espacio y sólo lamentan no contar en esta unidad con el equipo opcional trasero de DVD que les amenice el trayecto. Cortinas en todas las ventanas, bandejas abatibles tipo avión y mucho hueco de almacenamiento refuerzan la funcionalidad a bordo.

Tras más de cinco horas, llegamos a destino. Turno ahora de movernos por ciudad. Nuevamente reluce su envergadura, sobre todo en espacio necesario para aparcar. Pero su buena visibilidad y el sensor de aparcamiento delantero –que se une en esta renovación del 807 al anterior trasero- facilita los movimientos; como también sus puertas traseras deslizantes y de apertura automática por mando y botones en la fila delantera y en los paneles traseros, similar a la de los Chrysler Grand Voyager o Kia Carnival. Mejora el acceso y facilita la apertura en espacios reducidos. Dejamos el equipaje y suben dos pasajeros más, niños esta vez. Y se adaptan sin problemas en la tercera fila –menos mal que decidimos no dejarla en casa-, aunque la altura es algo justa y comprometería en mayor medida a dos adultos. “¡Casi no te vemos!”, gritan desde atrás. Nosotros, sí. Desplegamos el espejo retrovisor de vigilancia para que todo discurra sin problemas. Días de asueto y regreso. Otra vez cinco pasajeros, más equipaje y la misma comodidad de viaje. A medio camino, la reserva. “¡1.000 km sin repostar!”, advertimos. En total, nuestro Peugeot 807 2.2 HDi cifra 8,8 l/100 km de media durante el trayecto, un dato hasta un litro menor que sus rivales en tamaño y potencia. Pero, claro, su excepcional autonomía la marca su depósito de combustible, enorme con sus 80 litros de capacidad. Así que desembolsamos cerca de 100 € para concluir nuestro agradable trayecto familiar. Recomendamos llenarlo a principios de mes. — Motor y prestaciones
— Confort de viaje
— Gran equipamiento — Ergonomía de algunos mandos
— Altura en 3ª fila de asientos
— Peso de los asientos
Capacidad familiar
Arrancamos. La postura de conducción es alta y erguida, casi tipo furgoneta, y la ergonomía de algunos mandos –ubicados por detrás del cómodo cambio sobreelevado- y del reposapiés izquierdo –prácticamente sobre el paso de rueda- no ha mejorado. Pero con las regulaciones de volante y asientos (eléctricos los delanteros) encontramos una posición confortable, percatándonos rápido de nuestro mejor aliado: el motor. Como ya contamos en el Citroën C8, este bloque 2.2 HDi dispone de dos turbocompresores de pequeña inercia. El primero asegura la respuesta a bajas vueltas, mientras que el segundo entra paralelamente en acción, entre 2.600 y 3.200 rpm según la carga demandada y la temperatura, para asegurar luego unos buenos medios y altos regímenes. El empuje y la suavidad que proporciona a las dos toneladas de peso que debe arrastrar es excelente, moviendo en autopista sin esfuerzo, e incluso en repechos, una sexta relación muy larga que por encima de 120 km/h sitúa el régimen de giro de este 807 bajo las 2.300 rpm. De viaje, casi parece automático.

Posiblemente por su mayor rodaje, este moderno 2.2 HDi biturbo ha superado en el Peugeot 807 el rendimiento dado anteriormente en el Citroën C8. Casi 15 CV más de los anunciados y grandes cifras de par desde antes de 1.500 rpm –y hasta pasadas las 4.000- corroboran el poderío de esta mecánica desarrollado conjuntamente entre PSA y Ford. Comparando aceleraciones y adelantamientos –excelentes-, el Peugeot 807 2.2 HDi es, sin duda, de los monovolúmenes más eficaces de su categoría. El aislamiento de rodadura, el aplomo y el confort de suspensiones –con amortiguadores y estabilizadora trasera específicos- añaden también máxima comodidad. Podríamos ir “a 200” todo el camino sin enterarnos, pero observamos el velocímetro –que obliga a apartar la mirada del asfalto por su ubicación sobre la consola central- para bajar ritmo y conservar el carné. En curvas, el volumen del Peugeot 807 se hace más patente, pero con una dirección precisa y un comportamiento noble basta moderar la velocidad para mantener el vuelo rasante. ¿Y que hay detrás? Los pasajeros viajan a gusto, con mucho espacio y sólo lamentan no contar en esta unidad con el equipo opcional trasero de DVD que les amenice el trayecto. Cortinas en todas las ventanas, bandejas abatibles tipo avión y mucho hueco de almacenamiento refuerzan la funcionalidad a bordo.

Tras más de cinco horas, llegamos a destino. Turno ahora de movernos por ciudad. Nuevamente reluce su envergadura, sobre todo en espacio necesario para aparcar. Pero su buena visibilidad y el sensor de aparcamiento delantero –que se une en esta renovación del 807 al anterior trasero- facilita los movimientos; como también sus puertas traseras deslizantes y de apertura automática por mando y botones en la fila delantera y en los paneles traseros, similar a la de los Chrysler Grand Voyager o Kia Carnival. Mejora el acceso y facilita la apertura en espacios reducidos. Dejamos el equipaje y suben dos pasajeros más, niños esta vez. Y se adaptan sin problemas en la tercera fila –menos mal que decidimos no dejarla en casa-, aunque la altura es algo justa y comprometería en mayor medida a dos adultos. “¡Casi no te vemos!”, gritan desde atrás. Nosotros, sí. Desplegamos el espejo retrovisor de vigilancia para que todo discurra sin problemas. Días de asueto y regreso. Otra vez cinco pasajeros, más equipaje y la misma comodidad de viaje. A medio camino, la reserva. “¡1.000 km sin repostar!”, advertimos. En total, nuestro Peugeot 807 2.2 HDi cifra 8,8 l/100 km de media durante el trayecto, un dato hasta un litro menor que sus rivales en tamaño y potencia. Pero, claro, su excepcional autonomía la marca su depósito de combustible, enorme con sus 80 litros de capacidad. Así que desembolsamos cerca de 100 € para concluir nuestro agradable trayecto familiar. Recomendamos llenarlo a principios de mes. — Motor y prestaciones
— Confort de viaje
— Gran equipamiento — Ergonomía de algunos mandos
— Altura en 3ª fila de asientos
— Peso de los asientos
Capacidad familiar
Arrancamos. La postura de conducción es alta y erguida, casi tipo furgoneta, y la ergonomía de algunos mandos –ubicados por detrás del cómodo cambio sobreelevado- y del reposapiés izquierdo –prácticamente sobre el paso de rueda- no ha mejorado. Pero con las regulaciones de volante y asientos (eléctricos los delanteros) encontramos una posición confortable, percatándonos rápido de nuestro mejor aliado: el motor. Como ya contamos en el Citroën C8, este bloque 2.2 HDi dispone de dos turbocompresores de pequeña inercia. El primero asegura la respuesta a bajas vueltas, mientras que el segundo entra paralelamente en acción, entre 2.600 y 3.200 rpm según la carga demandada y la temperatura, para asegurar luego unos buenos medios y altos regímenes. El empuje y la suavidad que proporciona a las dos toneladas de peso que debe arrastrar es excelente, moviendo en autopista sin esfuerzo, e incluso en repechos, una sexta relación muy larga que por encima de 120 km/h sitúa el régimen de giro de este 807 bajo las 2.300 rpm. De viaje, casi parece automático.

Posiblemente por su mayor rodaje, este moderno 2.2 HDi biturbo ha superado en el Peugeot 807 el rendimiento dado anteriormente en el Citroën C8. Casi 15 CV más de los anunciados y grandes cifras de par desde antes de 1.500 rpm –y hasta pasadas las 4.000- corroboran el poderío de esta mecánica desarrollado conjuntamente entre PSA y Ford. Comparando aceleraciones y adelantamientos –excelentes-, el Peugeot 807 2.2 HDi es, sin duda, de los monovolúmenes más eficaces de su categoría. El aislamiento de rodadura, el aplomo y el confort de suspensiones –con amortiguadores y estabilizadora trasera específicos- añaden también máxima comodidad. Podríamos ir “a 200” todo el camino sin enterarnos, pero observamos el velocímetro –que obliga a apartar la mirada del asfalto por su ubicación sobre la consola central- para bajar ritmo y conservar el carné. En curvas, el volumen del Peugeot 807 se hace más patente, pero con una dirección precisa y un comportamiento noble basta moderar la velocidad para mantener el vuelo rasante. ¿Y que hay detrás? Los pasajeros viajan a gusto, con mucho espacio y sólo lamentan no contar en esta unidad con el equipo opcional trasero de DVD que les amenice el trayecto. Cortinas en todas las ventanas, bandejas abatibles tipo avión y mucho hueco de almacenamiento refuerzan la funcionalidad a bordo.

Tras más de cinco horas, llegamos a destino. Turno ahora de movernos por ciudad. Nuevamente reluce su envergadura, sobre todo en espacio necesario para aparcar. Pero su buena visibilidad y el sensor de aparcamiento delantero –que se une en esta renovación del 807 al anterior trasero- facilita los movimientos; como también sus puertas traseras deslizantes y de apertura automática por mando y botones en la fila delantera y en los paneles traseros, similar a la de los Chrysler Grand Voyager o Kia Carnival. Mejora el acceso y facilita la apertura en espacios reducidos. Dejamos el equipaje y suben dos pasajeros más, niños esta vez. Y se adaptan sin problemas en la tercera fila –menos mal que decidimos no dejarla en casa-, aunque la altura es algo justa y comprometería en mayor medida a dos adultos. “¡Casi no te vemos!”, gritan desde atrás. Nosotros, sí. Desplegamos el espejo retrovisor de vigilancia para que todo discurra sin problemas. Días de asueto y regreso. Otra vez cinco pasajeros, más equipaje y la misma comodidad de viaje. A medio camino, la reserva. “¡1.000 km sin repostar!”, advertimos. En total, nuestro Peugeot 807 2.2 HDi cifra 8,8 l/100 km de media durante el trayecto, un dato hasta un litro menor que sus rivales en tamaño y potencia. Pero, claro, su excepcional autonomía la marca su depósito de combustible, enorme con sus 80 litros de capacidad. Así que desembolsamos cerca de 100 € para concluir nuestro agradable trayecto familiar. Recomendamos llenarlo a principios de mes. — Motor y prestaciones
— Confort de viaje
— Gran equipamiento — Ergonomía de algunos mandos
— Altura en 3ª fila de asientos
— Peso de los asientos
Capacidad familiar

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