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Opel Meriva frente a Grand Modus

El aumento de tamaño del Modus en su variante Grand Modus le permite ahora rivalizar con modelos como el Opel Meriva, el rey de los pequeños en cuanto a modularidad y espacio interior se refiere. Sus motores Diesel de 100 caballos, sumados a equipamientos altos de gama, amplían el radio de acción de estos utilitarios.
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Opel Meriva frente a Grand Modus
El Grand Modus es la novedad y eso se nota, sobre todo en el apartado dinámico. De los dos es el que más nos ha gustado. Está claro que no son coches pensados para realizar una conducción deportiva, pero dado el bajo peso, mayor altura y la buena potencia que tienen, no está de más un bastidor que la asimile bien. En los dos casos se acepta y no encontramos problemas de seguridad, aunque en el Meriva recomendamos el extra del ESP, que no es excesivamente caro y soluciona el carácter subvirador de este modelo.
La principal diferencia que encontramos entre ambos es que el Renault tiene mayor facilidad para entrar en las curvas y su dirección refleja más lo que está ocurriendo, mientras que el Opel disimula un poco lo que ocurre, mostrándose más “morrón”, y obliga a un paso por curva ligeramente más lento. Esta situación la soluciona el ESP sin problemas, que tiene más trabajo que en el Grand Modus. Las suspensiones filtran bien en los dos casos, siendo el Renault ligeramente más cómodo, pero tampoco tanto como para criticar al Meriva en este aspecto. El tacto de los mandos es correcto, con una suave dirección en ambos casos.

La veteranía del Meriva también se deja ver en la mecánica, y es que además tiene que lidiar con uno de los mejores motores de su categoría, el 1.5 dCi, muy bueno en cualquiera de sus variantes. Esta diferencia se aprecia en el sonido mecánico, mucho más alto en el Opel, pero también en las prestaciones y los consumos. Así, aunque uno anuncia 100 CV y el otro 105 CV, los dos rondan los 110 caballos reales; el Meriva pesa 105 kilos más, que se dejan notar en las prestaciones, puesto que este motor, aunque veterano, siempre ha ofrecido muy buen rendimiento. Las diferencias en aceleraciones son más o menos de un segundo, siempre a favor del Renault, algo que apenas se aprecia conduciendo y que no debería ser determinante dado el tipo de coches de los que estamos hablando. Sí que hay variaciones en el cambio, puesto que el Opel utiliza una caja de cinco velocidades frente a la de seis del Renault, que permite un lógico mayor escalonamiento. Las distancias de frenado también son mejores en el Renault, que se detiene siempre entre uno y cinco metros menos. El consumo medio registrado es algo más de medio litro superior en el Opel. En carretera o autopista la diferencia no es tan apreciable, pero es en ciudad donde el dCi saca a relucir su calidad de funcionamiento y juventud. En los dos casos se aprecian motores lo suficientemente lineales como para ofrecer una conducción agradable, aunque el del Grand Modus empieza a ofrecer par un poco antes.

El Grand Modus es la novedad y eso se nota, sobre todo en el apartado dinámico. De los dos es el que más nos ha gustado. Está claro que no son coches pensados para realizar una conducción deportiva, pero dado el bajo peso, mayor altura y la buena potencia que tienen, no está de más un bastidor que la asimile bien. En los dos casos se acepta y no encontramos problemas de seguridad, aunque en el Meriva recomendamos el extra del ESP, que no es excesivamente caro y soluciona el carácter subvirador de este modelo. La principal diferencia que encontramos entre ambos es que el Renault tiene mayor facilidad para entrar en las curvas y su dirección refleja más lo que está ocurriendo, mientras que el Opel disimula un poco lo que ocurre, mostrándose más “morrón”, y obliga a un paso por curva ligeramente más lento. Esta situación la soluciona el ESP sin problemas, que tiene más trabajo que en el Grand Modus. Las suspensiones filtran bien en los dos casos, siendo el Renault ligeramente más cómodo, pero tampoco tanto como para criticar al Meriva en este aspecto. El tacto de los mandos es correcto, con una suave dirección en ambos casos.

La veteranía del Meriva también se deja ver en la mecánica, y es que además tiene que lidiar con uno de los mejores motores de su categoría, el 1.5 dCi, muy bueno en cualquiera de sus variantes. Esta diferencia se aprecia en el sonido mecánico, mucho más alto en el Opel, pero también en las prestaciones y los consumos. Así, aunque uno anuncia 100 CV y el otro 105 CV, los dos rondan los 110 caballos reales; el Meriva pesa 105 kilos más, que se dejan notar en las prestaciones, puesto que este motor, aunque veterano, siempre ha ofrecido muy buen rendimiento. Las diferencias en aceleraciones son más o menos de un segundo, siempre a favor del Renault, algo que apenas se aprecia conduciendo y que no debería ser determinante dado el tipo de coches de los que estamos hablando. Sí que hay variaciones en el cambio, puesto que el Opel utiliza una caja de cinco velocidades frente a la de seis del Renault, que permite un lógico mayor escalonamiento. Las distancias de frenado también son mejores en el Renault, que se detiene siempre entre uno y cinco metros menos. El consumo medio registrado es algo más de medio litro superior en el Opel. En carretera o autopista la diferencia no es tan apreciable, pero es en ciudad donde el dCi saca a relucir su calidad de funcionamiento y juventud. En los dos casos se aprecian motores lo suficientemente lineales como para ofrecer una conducción agradable, aunque el del Grand Modus empieza a ofrecer par un poco antes.

El Grand Modus es la novedad y eso se nota, sobre todo en el apartado dinámico. De los dos es el que más nos ha gustado. Está claro que no son coches pensados para realizar una conducción deportiva, pero dado el bajo peso, mayor altura y la buena potencia que tienen, no está de más un bastidor que la asimile bien. En los dos casos se acepta y no encontramos problemas de seguridad, aunque en el Meriva recomendamos el extra del ESP, que no es excesivamente caro y soluciona el carácter subvirador de este modelo. La principal diferencia que encontramos entre ambos es que el Renault tiene mayor facilidad para entrar en las curvas y su dirección refleja más lo que está ocurriendo, mientras que el Opel disimula un poco lo que ocurre, mostrándose más “morrón”, y obliga a un paso por curva ligeramente más lento. Esta situación la soluciona el ESP sin problemas, que tiene más trabajo que en el Grand Modus. Las suspensiones filtran bien en los dos casos, siendo el Renault ligeramente más cómodo, pero tampoco tanto como para criticar al Meriva en este aspecto. El tacto de los mandos es correcto, con una suave dirección en ambos casos.

La veteranía del Meriva también se deja ver en la mecánica, y es que además tiene que lidiar con uno de los mejores motores de su categoría, el 1.5 dCi, muy bueno en cualquiera de sus variantes. Esta diferencia se aprecia en el sonido mecánico, mucho más alto en el Opel, pero también en las prestaciones y los consumos. Así, aunque uno anuncia 100 CV y el otro 105 CV, los dos rondan los 110 caballos reales; el Meriva pesa 105 kilos más, que se dejan notar en las prestaciones, puesto que este motor, aunque veterano, siempre ha ofrecido muy buen rendimiento. Las diferencias en aceleraciones son más o menos de un segundo, siempre a favor del Renault, algo que apenas se aprecia conduciendo y que no debería ser determinante dado el tipo de coches de los que estamos hablando. Sí que hay variaciones en el cambio, puesto que el Opel utiliza una caja de cinco velocidades frente a la de seis del Renault, que permite un lógico mayor escalonamiento. Las distancias de frenado también son mejores en el Renault, que se detiene siempre entre uno y cinco metros menos. El consumo medio registrado es algo más de medio litro superior en el Opel. En carretera o autopista la diferencia no es tan apreciable, pero es en ciudad donde el dCi saca a relucir su calidad de funcionamiento y juventud. En los dos casos se aprecian motores lo suficientemente lineales como para ofrecer una conducción agradable, aunque el del Grand Modus empieza a ofrecer par un poco antes.

El Grand Modus es la novedad y eso se nota, sobre todo en el apartado dinámico. De los dos es el que más nos ha gustado. Está claro que no son coches pensados para realizar una conducción deportiva, pero dado el bajo peso, mayor altura y la buena potencia que tienen, no está de más un bastidor que la asimile bien. En los dos casos se acepta y no encontramos problemas de seguridad, aunque en el Meriva recomendamos el extra del ESP, que no es excesivamente caro y soluciona el carácter subvirador de este modelo. La principal diferencia que encontramos entre ambos es que el Renault tiene mayor facilidad para entrar en las curvas y su dirección refleja más lo que está ocurriendo, mientras que el Opel disimula un poco lo que ocurre, mostrándose más “morrón”, y obliga a un paso por curva ligeramente más lento. Esta situación la soluciona el ESP sin problemas, que tiene más trabajo que en el Grand Modus. Las suspensiones filtran bien en los dos casos, siendo el Renault ligeramente más cómodo, pero tampoco tanto como para criticar al Meriva en este aspecto. El tacto de los mandos es correcto, con una suave dirección en ambos casos.

La veteranía del Meriva también se deja ver en la mecánica, y es que además tiene que lidiar con uno de los mejores motores de su categoría, el 1.5 dCi, muy bueno en cualquiera de sus variantes. Esta diferencia se aprecia en el sonido mecánico, mucho más alto en el Opel, pero también en las prestaciones y los consumos. Así, aunque uno anuncia 100 CV y el otro 105 CV, los dos rondan los 110 caballos reales; el Meriva pesa 105 kilos más, que se dejan notar en las prestaciones, puesto que este motor, aunque veterano, siempre ha ofrecido muy buen rendimiento. Las diferencias en aceleraciones son más o menos de un segundo, siempre a favor del Renault, algo que apenas se aprecia conduciendo y que no debería ser determinante dado el tipo de coches de los que estamos hablando. Sí que hay variaciones en el cambio, puesto que el Opel utiliza una caja de cinco velocidades frente a la de seis del Renault, que permite un lógico mayor escalonamiento. Las distancias de frenado también son mejores en el Renault, que se detiene siempre entre uno y cinco metros menos. El consumo medio registrado es algo más de medio litro superior en el Opel. En carretera o autopista la diferencia no es tan apreciable, pero es en ciudad donde el dCi saca a relucir su calidad de funcionamiento y juventud. En los dos casos se aprecian motores lo suficientemente lineales como para ofrecer una conducción agradable, aunque el del Grand Modus empieza a ofrecer par un poco antes.

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