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Opel Corsa OPC

Con una estética más trabajada que la de otros polivalentes de casi 200 CV, el Corsa OPC llama la atención allá por donde pasa. Sin embargo, lo mejor es su puesta a punto, ideal para disfrutar al volante.
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Opel Corsa OPC
Hace tiempo, en la presentación de los Astra, Zafira y Vectra OPC, la marca alemana adelantó que tendría una versión de altas prestaciones de cada uno de sus modelos. Tras el Meriva le ha llegado el turno al Corsa, que se convierte en el más reciente portador de las siglas OPC (Opel Performance Centre). Viene a competir de lleno en un nicho de mercado reavivado últimamente con la aparición de modelos como el Peugeot 207 RC o el Renault Clio Sport, y que cada vez va contando con más integrantes. Las cartas de presentación de este Corsa son su inconfundible estética, a la que muchos no dudarán en calificar como “tuning”, y un motor de gasolina de 1,6 litros sobrealimentado por turbocompresor que deriva del empleado en el Meriva (180 CV) y que rinde nada menos que 192 CV “oficiales”... pero que en nuestro banco de potencia ha superado los 200 CV. Muchos caballos para un utilitario, aunque menos desbocados que en sus hermanos más mayores de la familia OPC.

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Para conseguir aumentar el rendimiento respecto al pequeño monovolumen se ha modificado la gestión electrónica, el recorrido de los gases de escape y el colector de admisión, lo que también posibilita una curva de par más plana. Asimismo, se beneficia de una función overboost capaz de incrementar temporalmente la entrega de par en un 15% cuando se le exige al propulsor su máxima capacidad.

La forma de entregar la potencia es bastante lineal y dosificable, de hecho, si nos dejamos llevar por las sensaciones da la impresión de que el motor suena mucho —a partir de medio régimen—, pero corre menos de lo esperado. Las mediciones, sin embargo, nos confirman lo contrario. Lo mejor es su capacidad de recuperación, gracias al turbo y a las bien escogidas relaciones del cambio de seis marchas, que es preciso y de tacto agradable. No obstante, realmente nos damos cuenta de las posibilidades de este OPC al ver cómo sube la aguja del velocímetro en autopistas. Sin embargo, su terreno natural son las carreteras con poco tráfico, y cuanto más reviradas, mejor. Las ruedas delanteras transmiten la potencia al suelo bastante mejor de lo que a priori nos podemos imaginar en un coche pequeño, por lo que el control antipatinamiento no requiere un reglaje demasiado intrusivo. Pese a todo, las pérdidas de tracción pueden llegar a ser frecuentes si desconectamos los dispositivos electrónicos y nos empeñamos en ser poco cuidadosos, aunque no descomponen la trayectoria marcada por el volante tanto como cabría esperar, ya que es sobre todo la rueda delantera interior la que hace de “válvula de escape” de la potencia, mientras la exterior mantiene en la medida de lo posible el agarre lateral. El coche daría aún más confianza si no fuera porque la dirección no informa demasiado y no acaba de transmitir al conductor los límites de adherencia, por lo que al dar gas sin piedad a la salida de las curvas o al abordar un giro demasiado rápido, sobre todo cuando el asfalto está algo resbaladizo o desgastado, da una ligera impresión de que el tren delantero va flotando; es lo mismo que ocurre en el Astra OPC, sin embargo el Corsa, al ser menos potente, es más fácil de encauzar en la trazada al cometer excesos. Seguramente esta falta de sensibilidad es consecuencia de un intento de mitigar los tirones de la dirección característicos de modelos tan potentes de tracción delantera. En parte se ha conseguido, pero no del todo, por ello conviene sujetar el volante con fuerza siempre que pisemos el pedal derecho a fondo. Además, cuando aceleramos ligeramente en plena curva el coche se ciñe hacia el vértice, contrariamente a lo habitual; es como si llevase una especie de diferencial autoblocante ansioso de recortar centímetros en cada giro, de manera que hay que ir bastante pendiente.

LO MEJOR
LO PEOR

– Aspecto llamativo
– Conducción ágil
– Equipamiento

– Falta termómetro de agua
– Sin rueda de repuesto
– Autonomía

Hace tiempo, en la presentación de los Astra, Zafira y Vectra OPC, la marca alemana adelantó que tendría una versión de altas prestaciones de cada uno de sus modelos. Tras el Meriva le ha llegado el turno al Corsa, que se convierte en el más reciente portador de las siglas OPC (Opel Performance Centre). Viene a competir de lleno en un nicho de mercado reavivado últimamente con la aparición de modelos como el Peugeot 207 RC o el Renault Clio Sport, y que cada vez va contando con más integrantes. Las cartas de presentación de este Corsa son su inconfundible estética, a la que muchos no dudarán en calificar como “tuning”, y un motor de gasolina de 1,6 litros sobrealimentado por turbocompresor que deriva del empleado en el Meriva (180 CV) y que rinde nada menos que 192 CV “oficiales”... pero que en nuestro banco de potencia ha superado los 200 CV. Muchos caballos para un utilitario, aunque menos desbocados que en sus hermanos más mayores de la familia OPC. Para conseguir aumentar el rendimiento respecto al pequeño monovolumen se ha modificado la gestión electrónica, el recorrido de los gases de escape y el colector de admisión, lo que también posibilita una curva de par más plana. Asimismo, se beneficia de una función overboost capaz de incrementar temporalmente la entrega de par en un 15% cuando se le exige al propulsor su máxima capacidad.

La forma de entregar la potencia es bastante lineal y dosificable, de hecho, si nos dejamos llevar por las sensaciones da la impresión de que el motor suena mucho —a partir de medio régimen—, pero corre menos de lo esperado. Las mediciones, sin embargo, nos confirman lo contrario. Lo mejor es su capacidad de recuperación, gracias al turbo y a las bien escogidas relaciones del cambio de seis marchas, que es preciso y de tacto agradable. No obstante, realmente nos damos cuenta de las posibilidades de este OPC al ver cómo sube la aguja del velocímetro en autopistas. Sin embargo, su terreno natural son las carreteras con poco tráfico, y cuanto más reviradas, mejor. Las ruedas delanteras transmiten la potencia al suelo bastante mejor de lo que a priori nos podemos imaginar en un coche pequeño, por lo que el control antipatinamiento no requiere un reglaje demasiado intrusivo. Pese a todo, las pérdidas de tracción pueden llegar a ser frecuentes si desconectamos los dispositivos electrónicos y nos empeñamos en ser poco cuidadosos, aunque no descomponen la trayectoria marcada por el volante tanto como cabría esperar, ya que es sobre todo la rueda delantera interior la que hace de “válvula de escape” de la potencia, mientras la exterior mantiene en la medida de lo posible el agarre lateral. El coche daría aún más confianza si no fuera porque la dirección no informa demasiado y no acaba de transmitir al conductor los límites de adherencia, por lo que al dar gas sin piedad a la salida de las curvas o al abordar un giro demasiado rápido, sobre todo cuando el asfalto está algo resbaladizo o desgastado, da una ligera impresión de que el tren delantero va flotando; es lo mismo que ocurre en el Astra OPC, sin embargo el Corsa, al ser menos potente, es más fácil de encauzar en la trazada al cometer excesos. Seguramente esta falta de sensibilidad es consecuencia de un intento de mitigar los tirones de la dirección característicos de modelos tan potentes de tracción delantera. En parte se ha conseguido, pero no del todo, por ello conviene sujetar el volante con fuerza siempre que pisemos el pedal derecho a fondo. Además, cuando aceleramos ligeramente en plena curva el coche se ciñe hacia el vértice, contrariamente a lo habitual; es como si llevase una especie de diferencial autoblocante ansioso de recortar centímetros en cada giro, de manera que hay que ir bastante pendiente.

LO MEJOR
LO PEOR

– Aspecto llamativo
– Conducción ágil
– Equipamiento

– Falta termómetro de agua
– Sin rueda de repuesto
– Autonomía

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