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Opel Meriva 1.7 CDTi vs Ford C-Max 1.6 TDCi

Han crecido tanto los coches, que muchos distorsionan los tamaños asimilados de los diferentes segmentos. Entre estos monovolúmenes, nos encontramos cómo un “utilitario” Opel Meriva puede rendir con sus funciones como un aparente Ford C-Max... con mejores prestaciones y ahorrando dinero.
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Opel Meriva 1.7 CDTi vs Ford C-Max 1.6 TDCi
Uno de los mejores ejemplos de las posibles aspiraciones que puede conllevar ganar tamaño lo vemos en el nuevo Opel Meriva, descaradamente 24 centímetros más largo que su antecesor. Sus medidas finales -4,29 m de largo, como un ¡Renault Mégane!- lo acercan tanto a los monovolúmenes compactos como lo alejan de los utilitarios. Mientras tanto, el nuevo C-Max sólo ha crecido 1 cm (para un total de 4,38 m), una excepción argumentada por la articulación de la nueva gama con la variante Grand C-Max de 7 asientos. Nos encontramos entonces con un Meriva con una capacidad interior que no desmerecería frente a un monovolumen compacto de una generación anterior y que no obligatoriamente puede resultar su habitabilidad un demérito frente al nuevo C-Max.

Más significativas pueden resultar esas otras cuestiones, como equipamiento, prestaciones y precio. Frente a los 20.810 euros de tarifa del Meriva Diesel más potente (130 CV) y mejor equipado (Cosmo) de la gama, Ford pide 20.950 euros por el acabado básico (Trend) de la versión Diesel de 115 CV del C-Max. Si igualamos equipamientos en la medida de lo posible, la factura del C-Max con acabado superior Titanium sube a 22.700 euros, y la diferencia se amplía aún más si aplicamos los descuentos promocionales actuales:  600 euros en el C-Max y 1.300 en el Meriva. Así las cosas, nos encontramos con un Meriva 2.590 euros más barato y con un motor mucho más prestacional.

Por su relación tamaño/potencia, para muchos usuarios el Opel Meriva pudiera tildarse de deportivo dado su nivel de prestaciones. No sólo es mucho más rápido que el Ford C-Max, sino que su respuesta es también más temperamental. Transmite al habitáculo su mayor fuerza, su mayor capacidad de aceleración, frente a un C-Max más progresivo… y refinado. En este sentido, el motor CDTi del Meriva, como en todo Opel, tiene mucho margen de mejora en filtración acústica y de vibraciones, aspecto que el C-Max lo resuelve en general bastante bien; la sonoridad es el aspecto que más diferencias cualitativas marca entre el Meriva y el C-Max, por encima de la presumible categoría de cada coche.

La potencia del motor 1.7 CDTi del Meriva se refleja también en sus consumos, más altos que en el C-Max, sobre todo en ciudad, donde, al margen de su mayor cilindrada, reiniciar la marcha desde parado debe ser un lastre por el ¡mayor peso! del Meriva. En sus últimos productos, Opel no parece haber aplicado la estrategia de ahorro de peso que prácticamente la totalidad de rivales pregonan en sus nuevos modelos y tanto Meriva, como Astra e Insignia son verdaderos pesos pesados en la báscula; este Meriva nos ha pesado algo más de tonelada media.

Curiosamente, esta característica le puede aportar al Meriva cierto beneficio. Su pisada en carretera es muy sólida, de coche muy bien asentado en los cambios de apoyo, sobre badenes, etc. Por un lado, porque esta potente versión no disimula una alta firmeza de muelle y amortiguación, pero también porque su “sobrepeso” está muy bien repartido sobre una plataforma con una gran huella de pisada –tiene la misma batalla que el C-Max- y esto se traduce en un tacto de rodadura de coche grande.

En este aspecto es mejor coche que cualquier otro monovolumen del tipo Renault Grand Modus o Citroën C3 Picasso, pero no para ensombrecer al nuevo C-Max, seguramente el monovolumen compacto con mejor pisada de su segmento. El “pequeño Meriva” nos puede sorprender por su aplomo rutero, pero la rigidez estructural y calidad de amortiguación del C-Max transmiten una rigurosidad de pisada y de guiado de coche de categoría superior y especialmente afinado. Donde no hay tantas diferencias es en el tacto mecánico que cambio, dirección, embrague o freno transmiten ambos modelos, todo un piropo para el Meriva, que por cierto, nos ha mostrado mejores dotes frenando, apoyado en unos discos de freno delanteros de gran tamaño.  

Son las cotas de anchura las que marcan las diferencias más importantes entre C-Max y Meriva. Principalmente a tener en cuenta la segunda fila si habitualmente es ocupada por tres pasajeros. Por lo demás, son muy pocos los centímetros que cede el Meriva frente al C-Max en cualquier dirección, y en ningún caso para sentir al Opel como un coche negativamente pequeño.

Con la misma batalla, a la vista está que el Meriva cede sus centímetros en el voladizo trasero y por añadidura en el maletero. Pero sus 460 litros son excelentes y perfectamente comparables con los 500 del C-Max. El siempre crítico espacio para las piernas de los pasajeros traseros los gestiona muy bien el Meriva, que ofrece de serie un asiento deslizable. Llevándolo atrás, reduce el maletero a 395 litros y eleva la cota para piernas en hasta unos inmensos 75 centímetros, mejor cota que en el C-Max. El Ford puede recurrir igualmente a una banqueta modulable, pero en su caso es opcional. En ambos casos, la solución es parecida y se puede sacrificar la plaza central y centrar las exteriores. De esta manera, se gana espacio perimetral aplicado al confort y a la seguridad en caso de impacto lateral con otro coche.

Ambos puestos de conducción están muy bien resueltos. Como en una berlina, el conductor queda muy bien integrado en el habitáculo, más alto en estos casos, pero no para sentirse desubicadamente sobreelevados. Volante, palanca del cambio, pedales… todo resulta natural. En el caso del Meriva, el freno de estacionamiento se acciona por una cómoda tecla, mientras el C-Max mantiene la tradicional palanca mecánica. Tanto el equipamiento de serie como el opcional más habitual está contemplado en ambos modelos por igual equiparando sus diferentes niveles de acabado. Sólo el C-Max ofrece dos gadgets como el asistente de aparcamiento o el accionamiento eléctrico del portón trasero propios del segmento superior al que pertenece. El Meriva, por su parte, ofrece un cómodo portabicicletas integrado.

Uno de los mejores ejemplos de las posibles aspiraciones que puede conllevar ganar tamaño lo vemos en el nuevo Opel Meriva, descaradamente 24 centímetros más largo que su antecesor. Sus medidas finales -4,29 m de largo, como un ¡Renault Mégane!- lo acercan tanto a los monovolúmenes compactos como lo alejan de los utilitarios. Mientras tanto, el nuevo C-Max sólo ha crecido 1 cm (para un total de 4,38 m), una excepción argumentada por la articulación de la nueva gama con la variante Grand C-Max de 7 asientos. Nos encontramos entonces con un Meriva con una capacidad interior que no desmerecería frente a un monovolumen compacto de una generación anterior y que no obligatoriamente puede resultar su habitabilidad un demérito frente al nuevo C-Max.

Más significativas pueden resultar esas otras cuestiones, como equipamiento, prestaciones y precio. Frente a los 20.810 euros de tarifa del Meriva Diesel más potente (130 CV) y mejor equipado (Cosmo) de la gama, Ford pide 20.950 euros por el acabado básico (Trend) de la versión Diesel de 115 CV del C-Max. Si igualamos equipamientos en la medida de lo posible, la factura del C-Max con acabado superior Titanium sube a 22.700 euros, y la diferencia se amplía aún más si aplicamos los descuentos promocionales actuales:  600 euros en el C-Max y 1.300 en el Meriva. Así las cosas, nos encontramos con un Meriva 2.590 euros más barato y con un motor mucho más prestacional.

Por su relación tamaño/potencia, para muchos usuarios el Opel Meriva pudiera tildarse de deportivo dado su nivel de prestaciones. No sólo es mucho más rápido que el Ford C-Max, sino que su respuesta es también más temperamental. Transmite al habitáculo su mayor fuerza, su mayor capacidad de aceleración, frente a un C-Max más progresivo… y refinado. En este sentido, el motor CDTi del Meriva, como en todo Opel, tiene mucho margen de mejora en filtración acústica y de vibraciones, aspecto que el C-Max lo resuelve en general bastante bien; la sonoridad es el aspecto que más diferencias cualitativas marca entre el Meriva y el C-Max, por encima de la presumible categoría de cada coche.

La potencia del motor 1.7 CDTi del Meriva se refleja también en sus consumos, más altos que en el C-Max, sobre todo en ciudad, donde, al margen de su mayor cilindrada, reiniciar la marcha desde parado debe ser un lastre por el ¡mayor peso! del Meriva. En sus últimos productos, Opel no parece haber aplicado la estrategia de ahorro de peso que prácticamente la totalidad de rivales pregonan en sus nuevos modelos y tanto Meriva, como Astra e Insignia son verdaderos pesos pesados en la báscula; este Meriva nos ha pesado algo más de tonelada media.

Curiosamente, esta característica le puede aportar al Meriva cierto beneficio. Su pisada en carretera es muy sólida, de coche muy bien asentado en los cambios de apoyo, sobre badenes, etc. Por un lado, porque esta potente versión no disimula una alta firmeza de muelle y amortiguación, pero también porque su “sobrepeso” está muy bien repartido sobre una plataforma con una gran huella de pisada –tiene la misma batalla que el C-Max- y esto se traduce en un tacto de rodadura de coche grande.

En este aspecto es mejor coche que cualquier otro monovolumen del tipo Renault Grand Modus o Citroën C3 Picasso, pero no para ensombrecer al nuevo C-Max, seguramente el monovolumen compacto con mejor pisada de su segmento. El “pequeño Meriva” nos puede sorprender por su aplomo rutero, pero la rigidez estructural y calidad de amortiguación del C-Max transmiten una rigurosidad de pisada y de guiado de coche de categoría superior y especialmente afinado. Donde no hay tantas diferencias es en el tacto mecánico que cambio, dirección, embrague o freno transmiten ambos modelos, todo un piropo para el Meriva, que por cierto, nos ha mostrado mejores dotes frenando, apoyado en unos discos de freno delanteros de gran tamaño.  

Son las cotas de anchura las que marcan las diferencias más importantes entre C-Max y Meriva. Principalmente a tener en cuenta la segunda fila si habitualmente es ocupada por tres pasajeros. Por lo demás, son muy pocos los centímetros que cede el Meriva frente al C-Max en cualquier dirección, y en ningún caso para sentir al Opel como un coche negativamente pequeño.

Con la misma batalla, a la vista está que el Meriva cede sus centímetros en el voladizo trasero y por añadidura en el maletero. Pero sus 460 litros son excelentes y perfectamente comparables con los 500 del C-Max. El siempre crítico espacio para las piernas de los pasajeros traseros los gestiona muy bien el Meriva, que ofrece de serie un asiento deslizable. Llevándolo atrás, reduce el maletero a 395 litros y eleva la cota para piernas en hasta unos inmensos 75 centímetros, mejor cota que en el C-Max. El Ford puede recurrir igualmente a una banqueta modulable, pero en su caso es opcional. En ambos casos, la solución es parecida y se puede sacrificar la plaza central y centrar las exteriores. De esta manera, se gana espacio perimetral aplicado al confort y a la seguridad en caso de impacto lateral con otro coche.

Ambos puestos de conducción están muy bien resueltos. Como en una berlina, el conductor queda muy bien integrado en el habitáculo, más alto en estos casos, pero no para sentirse desubicadamente sobreelevados. Volante, palanca del cambio, pedales… todo resulta natural. En el caso del Meriva, el freno de estacionamiento se acciona por una cómoda tecla, mientras el C-Max mantiene la tradicional palanca mecánica. Tanto el equipamiento de serie como el opcional más habitual está contemplado en ambos modelos por igual equiparando sus diferentes niveles de acabado. Sólo el C-Max ofrece dos gadgets como el asistente de aparcamiento o el accionamiento eléctrico del portón trasero propios del segmento superior al que pertenece. El Meriva, por su parte, ofrece un cómodo portabicicletas integrado.

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