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Opel Insignia OPC

Bestia… y príncipe. A la vista y al oído, agresivo, feroz. Heredero de sus radicales siglas deportivas; al tacto, dócil, elegante, una apisonadora. Lo que nunca esas letras escribieron. Con 325 CV y un chasis muy afinado, nace el primer OPC con tracción integral y el más potente de la historia. El cuento de hadas de Opel. ¡Cómo va!
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Opel Insignia OPC
«Érase una vez una popular berlina que soñaba con subirse al trono deportivo del segmento. Y trabajó y trabajó, hasta que consiguió, al menos, entrar en el club más selecto». No es el último guión de Walt Disney y tampoco un cuento escrito por los hermanos Grimm. Sin embargo, la evolución que sigue mostrando Opel casi parece de ficción. Insignia, Astra... Gran superación. La corona la firma ahora su división OPC al poner en el mercado, diez años después de personalizar el primer Opel, una berlina de altas prestaciones capaz de rivalizar ya con la élite de la categoría.

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Opel Insignia OPC, la prueba

Apunten Audi S4 y BMW 335i, o el único generalista que, hasta hoy, ha podido hacerles sombra: el VW Passat R36. Como ellos, El Opel Insignia OPC apuesta esta vez por más de 300 CV, tracción integral y una elaborada puesta a punto, más eficaz y que, además, amplía su utilidad. Se acabó lo de actuar sólo sobre la rigidez de muelle y amortiguador. Los históricos OPC son historia. ¡Ay si incluyera una transmisión automática secuencial tan efectiva como la de sus rivales! Y es que, en la práctica, sólo su único cambio manual de 6 relaciones, algo impreciso en inserciones y con un desarrollo final más largo de lo deseado, desentona ligeramente en un gran conjunto capaz de alcanzar el 0-100 km/h en 6,3 segundos o el kilómetro desde parado en menos de 26,5 s. Puro deportivo. De hecho, ya de origen, este Opel Insignia OPC pide guerra. Más agresivo que sus discretos rivales, las prominentes entradas de aire, la musculada y rebajada carrocería (25 milímetros frente al Insignia de base), las llamativas llantas de 20 pulgadas o el bramido que sale de su doble escape (fabricado, por cierto, por el especialista Remus), prácticamente sugieren tomar aliento.

Esa misma sensación se prolonga al abrir sus puertas. Y no por un interior excesivamente radical, ya que predomina el buen ambiente y confort de la berlina, con su envolvente salpicadero. Si no por detalles de lo más estimulantes: como unos asientos Recaro tipo bacquet que sujetan a la perfección o un «Menú Prestaciones» que, sobre la instrumentación, marca tiempos por vuelta, presión de soplado, tensión de batería o temperaturas de aceite, refrigeración... ¿Un Opel Insignia de competición? Lo parecería, también al actuar sobre un ajuste deportivo que, además de modificar iluminación del blanco al rojo pasión, cambia a un modo más enérgico de potencia. En la práctica, el pedal de acelerador es así tan instantáneo que el Insignia se vuelve muy rabioso. Pero sólo es un espejismo, basta desconectarlo para enfrentarnos a un OPC de seda. Nadie lo diría, porque, ya en marcha, sólo el zumbido de su V6 y su endiablada rapidez insinúan que vamos en una berlina muy especial. Desde luego, este OPC no es un Opel Insignia más. Es cierto que sigue montando el 2.8 V6 de aluminio con turbo de doble entrada, pero ni es el 260 CV que ya monta la berlina, ni el 280 CV del último Vectra OPC. Nueva centralita, inyectores específicos, una presión máxima de soplado que aumenta de 0,6 a 0,9 bar... En total, 325 CV nuevos y casi un 25 por ciento más de par, ahora con un gran pico máximo de 44,4 mkg. Muy buena la respuesta de este V6 y, sobre todo, refinada. De hecho, tan progresivo es y hasta tal punto carece de «efecto turbo» que puede llegar a parecer soso... también por los mencionados largos desarrollos que no logran atajar un alto consumo medio de más de 12 l/100 km, superior al anterior Vectra. Eso sí, basta mirar el velocímetro y moverlo por encima de 2.000 rpm para obtener velocidades supersónicas. Enamora el motor, como también la pisada del OPC. Y también es cierto que nuevamente toma la estructura de todo Insignia, incluida la amortiguación variable FlexRide. Pero su rebajado centro de gravedad, unido a la gran anchura y batalla, y a unos neumáticos opcionales estratosféricos (255/35 ZR20) generan una fantástica pisada. No se mueve, ni con fuerte viento ni a gran velocidad. En autopista avanza como una dulce apisonadora, porque ni siquiera variando modo de conducción (Normal, Sport y OPC) llega a resultar incómodo o seco. Y eso que, progresivamente, endurece la suspensión y elimina asistencia a la dirección.

De acuerdo, este Insignia es un rodador y las vías rápidas son su terreno, pero un buen OPC debe también atreverse con trazados retorcidos. Y, aquí, ni su enorme masa (4,83 metros de longitud), ni su elevadísimo peso (1.830 kg, 200 más que su predecesor) pueden frenarle. El anterior Vectra OPC no era ya mal coche, pero no hay duda de que este Insignia sube escalones. Cuestión de puesta a punto. A silent-blocks, muelles y estabilizadoras menos flexibles, Opel añade la eficaz tracción 4x4 mediante Haldex de 4ª generación: su reparto de par es variable, pero puede alcanzar el 50/50 entre ejes. Es la primera vez que aparece un OPC de tracción integral... y pedimos que no la última. Porque, sin duda, una de las sorpresas que nos ha deparado es su excelente motricidad. Inquebrantable, ni siquiera en terreno roto o con gas a fondo. Altísimo su agarre. Mucho en ello tiene que ver su rediseñada suspensión delantera McPherson: ahora con una estructura extra que une el amortiguador y la sujeción inferior, y sobre la que pivota la rueda manteniéndose fija la columna. Opel prometía mitigar tirones y bloqueos de dirección... y no sentimos ni uno. Sorprendente con 325 CV. También contribuye a reducir subviraje, igual que un diferencial trasero con control electrónico que actúa frenando la rueda que patina para enviar más fuerza a la que tiene tracción. El Opel Insignia OPC se muestra así en carretera ágil, neutro, muy estable en sus reacciones y directo del tren delantero (sobre todo en modos Sport y OPC), donde también se han reducido masas no suspendidas con nuevos discos de freno y pinzas Brembo. Sin duda, es el OPC más eficaz y fácil de conducir, con gran potencia también de detención aunque no mucha resistencia a la fatiga. Evidentemente, y muy al límite, salen a relucir también inercias de tanto peso y un tranquilizador deslizamiento delantero. No es un kart, pero sí una berlina muy rápida y divertida. Será testimonial en la gama Insignia, pero el trabajo de Opel está muy bien hecho. Colorín, colorado... - Comportamiento
- Calidad de rodadura
- Motor y prestaciones - Consumo/autonomía
- Altura trasera
- Cambio

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