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Opel Insignia 2.0i Turbo 5p Automático

Merecido ganador del galardón de coche del año en Europa, la versión 2.0i Turbo de 220 CV del Insignia pasa con holgura el examen más exigente. Frente a su antecesor, ha cambiado el sabor de su conducción, ahora más dulce y precisa, pero también ha evolucionado positivamente su forma de presentar el producto, basada en una excelente realización.
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Opel Insignia 2.0i Turbo 5p Automático
Pocos que vean al Insignia por vez primera adivinarán que se trata de un Opel. Con esto se dice todo. La marca germana ha dado un brusco golpe de timón para configurar la estética del Insignia. Plantado de lleno en la tendencia más reciente de berlinas/cupé, el Insignia llama poderosamente la atención. Tanto como su eficacia aerodinámica, cifrada en un Cx de 0,27, realmente brillante. Claro que no todo van a ser ventajas. El neto descenso del techo para asegurar una fluida línea zaguera limita la cota de habitabilidad en las plazas traseras, siendo sólo posible ir a gusto si no sobrepasamos los 1,75 metros de altura. Pero, sigamos con lo bueno.
Pese a disponer en esta unidad de la opción de amortiguación pilotada, el Insignia resulta cómodo en su rodar, incluso en posición Sport. La parte delantera del habitáculo está protagonizada por un salpicadero envolvente, con continuidad en los paneles de puertas, que descarta cualquier recuerdo de anteriores diseños de la marca. La potenciación de la sensación de lujo y selección es total. Ahora, ya se puede presumir al enseñar el interior de un Opel, algo que antes estaba vedado. La presentación visual y la calidad de acabado también es plenamente satisfactoria, con la excepción de los mandos de los intermitentes y limpiaparabrisas -que nos recuerdan a los de algún utilitario Fiat- y los pestillos interiores de cierre de puertas, de un diseño famélico y de escaso estilo. Unos detalles que no por nimios queremos dejar pasar para futuras decisiones. Sorprende un poco que en un coche nuevo no se ofrezca el airbag de rodillas. Con respecto al Vectra, al que sustituye, el Insignia es claramente más largo, con una ganancia de 22 centímetros, aunque sólo cuatro de ellos se emplazan entre los dos ejes. Esto trae consigo que sólo un centímetro se gane en el espacio existente entre los pedales y el respaldo trasero –la llamada cota de confort-, mínima ganancia que se traslada al espacio disponible para las piernas de los ocupantes traseros. Lo estilizado de sus formas trae consigo que las cotas interiores de altura, tanto delanteras como traseras, se recorten, perdiéndose entre tres y cuatro centímetros delante y, nada menos, que seis detrás. Esto implica que, los pasajeros traseros no deben superar una talla media, pues, en caso contrario, se verán severamente condicionados en su confort. La anchura externa resulta, en el Insignia, seis centímetros mayor que en el Vectra. Sin embargo, la disponible para sus ocupantes se recorta, delante, en dos centímetros aunque, detrás, se gana uno. Como ya es habitual, definir a una berlina actual de tamaño medio como cinco plazas es meramente teórico, por lo que decir que, en el Insignia, sólo dos adultos van a gusto detrás, no es nada que ponga en evidencia su habitabilidad. Cierto es, también, que con 138 centímetros de cota de anchura posterior, tres personas delgadas pueden afrontar un viaje al nivel que se espera de un coche de más de 30.000 euros.

Si, mentalmente, nos imaginamos lo que acabamos de describir -un exterior más grande y un interior mas restringido- podemos confirmar lo que se siente nada más ponerse a los mandos del Insignia: la ganancia en rigidez es más que significativa. Aunque parezca que la rigidez sólo afecta al comportamiento dinámico, es también perceptible una mejora del confort de marcha. Si ya de por sí, éste es más que bueno gracias a un diseño de los asientos excelente, la ausencia perceptible de vibraciones y el buen hacer de las suspensiones convierten a este Insignia en un viajero de primera. El nivel sonoro es contenido hasta velocidades ya fuera del espectro legal pero, eso sí, hay que recalcar que las plazas traseras sufren un lastre de dos decibelios frente a las delanteras, cifra más importante de lo que parece a simple vista. El maletero es una pizca más grande que el disponible en el modelo sustituido pero, quizás, lo menos agradable es que, debajo suyo, no hemos encontrado rueda de repuesto alguna y ya saben quienes nos conocen lo que pensamos de los "kits" antipinchazos. Cuatro mil euros más barato que un A4 o un C5, casi 9.000 menos que un Serie 3 y en línea con el Laguna 2.0 GT. No hay duda que en Opel han afinado bien el precio de su Insignia.
En acción
Pocos que vean al Insignia por vez primera adivinarán que se trata de un Opel. Con esto se dice todo. La marca germana ha dado un brusco golpe de timón para configurar la estética del Insignia. Plantado de lleno en la tendencia más reciente de berlinas/cupé, el Insignia llama poderosamente la atención. Tanto como su eficacia aerodinámica, cifrada en un Cx de 0,27, realmente brillante. Claro que no todo van a ser ventajas. El neto descenso del techo para asegurar una fluida línea zaguera limita la cota de habitabilidad en las plazas traseras, siendo sólo posible ir a gusto si no sobrepasamos los 1,75 metros de altura. Pero, sigamos con lo bueno. Pese a disponer en esta unidad de la opción de amortiguación pilotada, el Insignia resulta cómodo en su rodar, incluso en posición Sport. La parte delantera del habitáculo está protagonizada por un salpicadero envolvente, con continuidad en los paneles de puertas, que descarta cualquier recuerdo de anteriores diseños de la marca. La potenciación de la sensación de lujo y selección es total. Ahora, ya se puede presumir al enseñar el interior de un Opel, algo que antes estaba vedado. La presentación visual y la calidad de acabado también es plenamente satisfactoria, con la excepción de los mandos de los intermitentes y limpiaparabrisas -que nos recuerdan a los de algún utilitario Fiat- y los pestillos interiores de cierre de puertas, de un diseño famélico y de escaso estilo. Unos detalles que no por nimios queremos dejar pasar para futuras decisiones. Sorprende un poco que en un coche nuevo no se ofrezca el airbag de rodillas. Con respecto al Vectra, al que sustituye, el Insignia es claramente más largo, con una ganancia de 22 centímetros, aunque sólo cuatro de ellos se emplazan entre los dos ejes. Esto trae consigo que sólo un centímetro se gane en el espacio existente entre los pedales y el respaldo trasero –la llamada cota de confort-, mínima ganancia que se traslada al espacio disponible para las piernas de los ocupantes traseros. Lo estilizado de sus formas trae consigo que las cotas interiores de altura, tanto delanteras como traseras, se recorten, perdiéndose entre tres y cuatro centímetros delante y, nada menos, que seis detrás. Esto implica que, los pasajeros traseros no deben superar una talla media, pues, en caso contrario, se verán severamente condicionados en su confort. La anchura externa resulta, en el Insignia, seis centímetros mayor que en el Vectra. Sin embargo, la disponible para sus ocupantes se recorta, delante, en dos centímetros aunque, detrás, se gana uno. Como ya es habitual, definir a una berlina actual de tamaño medio como cinco plazas es meramente teórico, por lo que decir que, en el Insignia, sólo dos adultos van a gusto detrás, no es nada que ponga en evidencia su habitabilidad. Cierto es, también, que con 138 centímetros de cota de anchura posterior, tres personas delgadas pueden afrontar un viaje al nivel que se espera de un coche de más de 30.000 euros.

Si, mentalmente, nos imaginamos lo que acabamos de describir -un exterior más grande y un interior mas restringido- podemos confirmar lo que se siente nada más ponerse a los mandos del Insignia: la ganancia en rigidez es más que significativa. Aunque parezca que la rigidez sólo afecta al comportamiento dinámico, es también perceptible una mejora del confort de marcha. Si ya de por sí, éste es más que bueno gracias a un diseño de los asientos excelente, la ausencia perceptible de vibraciones y el buen hacer de las suspensiones convierten a este Insignia en un viajero de primera. El nivel sonoro es contenido hasta velocidades ya fuera del espectro legal pero, eso sí, hay que recalcar que las plazas traseras sufren un lastre de dos decibelios frente a las delanteras, cifra más importante de lo que parece a simple vista. El maletero es una pizca más grande que el disponible en el modelo sustituido pero, quizás, lo menos agradable es que, debajo suyo, no hemos encontrado rueda de repuesto alguna y ya saben quienes nos conocen lo que pensamos de los "kits" antipinchazos. Cuatro mil euros más barato que un A4 o un C5, casi 9.000 menos que un Serie 3 y en línea con el Laguna 2.0 GT. No hay duda que en Opel han afinado bien el precio de su Insignia.
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