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Opel GTC Concept

Pocas veces tenemos la ocasión de probar un prototipo de salón, entre otras cosas porque no siempre están dotados de elementos mecánicos que permitan que el coche ande. En este caso, esta obra única montada a mano que adelanta los rasgos del sustituto del Vectra, cuenta con un nivel de desarrollo comparable al de un coche de serie, salvando las distancias.
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Opel GTC Concept
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Gran Turismo Coupé son las siglas de esta atractiva creación, mucho más bella al natural que en fotografías, que será la fuente de inspiración para los futuros modelos que lance Opel al mercado. La fluidez de sus líneas, bañadas por una llamativa pintura gris mate de efecto lacado lo suficientemente luminosa como para realzar todos los contornos del GTC Concept, contrasta con las formas de los Opel actuales, que tienen ángulos mucho más marcados. La idea suavizar el diseño al máximo, eliminando el mayor número posible de aristas y dejando solamente algunos rasgos de expresión para dar tensión y emoción, pero al mismo tiempo ganar agresividad. El resultado es de lo más armonioso, ya que el coche cuenta con una presencia magnífica y, por muy deportiva que sea su estampa, no pierde un ápice de elegancia. En efecto, hace honor a su denominación de Gran Turismo. Visto de perfil recuerda un poco a algunos BMW, sobre todo las aletas delanteras y la silueta de los faros, pero a diferencia de aquéllos, su diseño se asimila nada más verlo y gusta desde el primer momento. Sólo se ha construido esta unidad, que es la misma que estuvo expuesta en el Salón de Ginebra. Para su desarrollo se han empleado diez meses, con un equipo de unas 25 personas para su montaje a mano, que supone la parte final del proceso y la que más gente requiere. Como es lógico, muchas de las piezas proceden de otros vehículos del grupo, pero lo más interesante es que su plataforma es la misma que la de futuros productos de General Motors, aunque la marca prefiere hablar de arquitectura, en este caso la denominada Epsilon II que utilizará el sustituto del Vectra, que… casualmente es el modelo que trasladará a la producción en serie la estética de este concept.

No suele ser habitual que un coche de salón esté preparado para circular, aunque en este caso así es, y lo mejor de todo es que lo hemos conducido, aunque brevemente y con un ingeniero de mirada inquisidora y actitud poco permisiva en el asiento del acompañante, pero ha sido suficiente como para hacernos una idea de las cualidades del GTC Concept. Incorpora tracción total controlada electrónicamente y diferencial trasero autoblocante, todo ello en comunicación con el sistema de control del chasis IDS plus. El propulsor es un V6 turbo de gasolina, de 2,8 litros y 300 CV; una pulsación en el botón Start que hay a la derecha del volante activa el contacto. La bomba de la gasolina empieza a funcionar y, unos diez segundos después, tras presionar el pulsador de nuevo, arranca con un bramido grave. No tiene llave, sino un interruptor general oculto tras la matrícula trasera, que previamente habían activado los ingenieros de Opel. Tampoco tiene freno de mano, sin embargo, el GTC Concept está tan bien hecho que se conduce como cualquier modelo normal, eso sí, con alguna peculiaridad. Los neumáticos son Continental, con un dibujo esculpido a mano —más estético que eficaz— y una de sus franjas en color rojo, decoración que se repite en los asientos. Son de la medida 245/40 y van montados en unas enormes llantas de 20 pulgadas, pintadas en negro brillante, que han obligado a acortar los muelles de la suspensión y a endurecer los tarados hasta el punto de que prácticamente se nota incluso cuando pisamos la más mínima piedrecita suelta del asfalto. Aun así no resulta incómodo en exceso, al menos no por los enérgicos tarados. Al no ser un coche de producción hay aspectos que están sin pulir. Elementos como el aislamiento acústico del motor se han pasado por alto, por lo que su deportivo sonido se escucha más dentro del habitáculo que fuera, y eso que desde el exterior no resulta nada discreto. Cuando pisamos el acelerador con el motor por encima de 1.300 vueltas irrumpe un intenso ruido de aspiración procedente de la admisión, que gana decibelios a medida que aceleramos y que recuerda a la respiración del mismísimo Darth Vader de la Guerra de las Galaxias. También es muy acusado el aire caliente que se transmite al interior en cuanto el coche deja de estar al ralentí y avanza un poco, por lo que da la impresión de que estamos dentro de un horno. Lo que sí resulta muy agradable es el tacto de la dirección, al igual que la sensación de solidez y la calidad de rodadura del chasis, que por su generosa anchura de vías (1.627 mm delante y 1.629 detrás) augura una estabilidad encomiable. El cambio es de seis marchas y todas ellas se insertan sin el menor esfuerzo. A pesar de que hemos recorrido muy poca distancia, el sabor de boca que deja el GTC es muy bueno. Su velocidad máxima está limitada electrónicamente a 250 km/h y la aceleración de 0 a 100 km/h se estima en 6 segundos. También es orientativo su peso, de entre 1.600 y 1.700 kg, algo alto, pero comprensible si tenemos en cuenta que es un factor que no se ha optimizado en este prototipo, y que sólo las salidas de escape de aluminio pesan 10 kg cada una.

Al no ser un coche de producción hay aspectos que están sin pulir. Elementos como el aislamiento acústico del motor se han pasado por alto, por lo que su deportivo sonido se escucha más dentro del habitáculo que fuera, y eso que desde el exterior no resulta nada discreto. Cuando pisamos el acelerador con el motor por encima de 1.300 vueltas irrumpe un intenso ruido de aspiración procedente de la admisión, que gana decibelios a medida que aceleramos y que recuerda a la respiración del mismísimo Darth Vader de la Guerra de las Galaxias. También es muy acusado el aire caliente que se transmite al interior en cuanto el coche deja de estar al ralentí y avanza un poco, por lo que da la impresión de que estamos dentro de un horno. Lo que sí resulta muy agradable es el tacto de la dirección, al igual que la sensación de solidez y la calidad de rodadura del chasis, que por su generosa anchura de vías (1.627 mm delante y 1.629 detrás) augura una estabilidad encomiable. El cambio es de seis marchas y todas ellas se insertan sin el menor esfuerzo. A pesar de que hemos recorrido muy poca distancia, el sabor de boca que deja el GTC es muy bueno. Su velocidad máxima está limitada electrónicamente a 250 km/h y la aceleración de 0 a 100 km/h se estima en 6 segundos. También es orientativo su peso, de entre 1.600 y 1.700 kg, algo alto, pero comprensible si tenemos en cuenta que es un factor que no se ha optimizado en este prototipo, y que sólo las salidas de escape de aluminio pesan 10 kg cada una.
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Gran Turismo Coupé son las siglas de esta atractiva creación, mucho más bella al natural que en fotografías, que será la fuente de inspiración para los futuros modelos que lance Opel al mercado. La fluidez de sus líneas, bañadas por una llamativa pintura gris mate de efecto lacado lo suficientemente luminosa como para realzar todos los contornos del GTC Concept, contrasta con las formas de los Opel actuales, que tienen ángulos mucho más marcados. La idea suavizar el diseño al máximo, eliminando el mayor número posible de aristas y dejando solamente algunos rasgos de expresión para dar tensión y emoción, pero al mismo tiempo ganar agresividad. El resultado es de lo más armonioso, ya que el coche cuenta con una presencia magnífica y, por muy deportiva que sea su estampa, no pierde un ápice de elegancia. En efecto, hace honor a su denominación de Gran Turismo. Visto de perfil recuerda un poco a algunos BMW, sobre todo las aletas delanteras y la silueta de los faros, pero a diferencia de aquéllos, su diseño se asimila nada más verlo y gusta desde el primer momento. Sólo se ha construido esta unidad, que es la misma que estuvo expuesta en el Salón de Ginebra. Para su desarrollo se han empleado diez meses, con un equipo de unas 25 personas para su montaje a mano, que supone la parte final del proceso y la que más gente requiere. Como es lógico, muchas de las piezas proceden de otros vehículos del grupo, pero lo más interesante es que su plataforma es la misma que la de futuros productos de General Motors, aunque la marca prefiere hablar de arquitectura, en este caso la denominada Epsilon II que utilizará el sustituto del Vectra, que… casualmente es el modelo que trasladará a la producción en serie la estética de este concept.

No suele ser habitual que un coche de salón esté preparado para circular, aunque en este caso así es, y lo mejor de todo es que lo hemos conducido, aunque brevemente y con un ingeniero de mirada inquisidora y actitud poco permisiva en el asiento del acompañante, pero ha sido suficiente como para hacernos una idea de las cualidades del GTC Concept. Incorpora tracción total controlada electrónicamente y diferencial trasero autoblocante, todo ello en comunicación con el sistema de control del chasis IDS plus. El propulsor es un V6 turbo de gasolina, de 2,8 litros y 300 CV; una pulsación en el botón Start que hay a la derecha del volante activa el contacto. La bomba de la gasolina empieza a funcionar y, unos diez segundos después, tras presionar el pulsador de nuevo, arranca con un bramido grave. No tiene llave, sino un interruptor general oculto tras la matrícula trasera, que previamente habían activado los ingenieros de Opel. Tampoco tiene freno de mano, sin embargo, el GTC Concept está tan bien hecho que se conduce como cualquier modelo normal, eso sí, con alguna peculiaridad. Los neumáticos son Continental, con un dibujo esculpido a mano —más estético que eficaz— y una de sus franjas en color rojo, decoración que se repite en los asientos. Son de la medida 245/40 y van montados en unas enormes llantas de 20 pulgadas, pintadas en negro brillante, que han obligado a acortar los muelles de la suspensión y a endurecer los tarados hasta el punto de que prácticamente se nota incluso cuando pisamos la más mínima piedrecita suelta del asfalto. Aun así no resulta incómodo en exceso, al menos no por los enérgicos tarados. Al no ser un coche de producción hay aspectos que están sin pulir. Elementos como el aislamiento acústico del motor se han pasado por alto, por lo que su deportivo sonido se escucha más dentro del habitáculo que fuera, y eso que desde el exterior no resulta nada discreto. Cuando pisamos el acelerador con el motor por encima de 1.300 vueltas irrumpe un intenso ruido de aspiración procedente de la admisión, que gana decibelios a medida que aceleramos y que recuerda a la respiración del mismísimo Darth Vader de la Guerra de las Galaxias. También es muy acusado el aire caliente que se transmite al interior en cuanto el coche deja de estar al ralentí y avanza un poco, por lo que da la impresión de que estamos dentro de un horno. Lo que sí resulta muy agradable es el tacto de la dirección, al igual que la sensación de solidez y la calidad de rodadura del chasis, que por su generosa anchura de vías (1.627 mm delante y 1.629 detrás) augura una estabilidad encomiable. El cambio es de seis marchas y todas ellas se insertan sin el menor esfuerzo. A pesar de que hemos recorrido muy poca distancia, el sabor de boca que deja el GTC es muy bueno. Su velocidad máxima está limitada electrónicamente a 250 km/h y la aceleración de 0 a 100 km/h se estima en 6 segundos. También es orientativo su peso, de entre 1.600 y 1.700 kg, algo alto, pero comprensible si tenemos en cuenta que es un factor que no se ha optimizado en este prototipo, y que sólo las salidas de escape de aluminio pesan 10 kg cada una.

Al no ser un coche de producción hay aspectos que están sin pulir. Elementos como el aislamiento acústico del motor se han pasado por alto, por lo que su deportivo sonido se escucha más dentro del habitáculo que fuera, y eso que desde el exterior no resulta nada discreto. Cuando pisamos el acelerador con el motor por encima de 1.300 vueltas irrumpe un intenso ruido de aspiración procedente de la admisión, que gana decibelios a medida que aceleramos y que recuerda a la respiración del mismísimo Darth Vader de la Guerra de las Galaxias. También es muy acusado el aire caliente que se transmite al interior en cuanto el coche deja de estar al ralentí y avanza un poco, por lo que da la impresión de que estamos dentro de un horno. Lo que sí resulta muy agradable es el tacto de la dirección, al igual que la sensación de solidez y la calidad de rodadura del chasis, que por su generosa anchura de vías (1.627 mm delante y 1.629 detrás) augura una estabilidad encomiable. El cambio es de seis marchas y todas ellas se insertan sin el menor esfuerzo. A pesar de que hemos recorrido muy poca distancia, el sabor de boca que deja el GTC es muy bueno. Su velocidad máxima está limitada electrónicamente a 250 km/h y la aceleración de 0 a 100 km/h se estima en 6 segundos. También es orientativo su peso, de entre 1.600 y 1.700 kg, algo alto, pero comprensible si tenemos en cuenta que es un factor que no se ha optimizado en este prototipo, y que sólo las salidas de escape de aluminio pesan 10 kg cada una.
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