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Opel Astra 2.0 CDTi vs Volkswagen Golf 2.0 GTD

La eterna rivalidad de estos dos modelos ha llegado hasta nuevos límites con la llegada del nuevo Astra. Son, dentro de los Diesel, los actuales reyes del comportamiento, pero ya no pelean por el mismo trono sino que se especializan en un tipo de público muy distinto.
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Opel Astra 2.0 CDTi vs Volkswagen Golf 2.0 GTD
El tipo de cambio —en esta ocasión ambos automáticos de 6 velocidades— marca la personalidad de cada uno en este apartado. Si bien el Opel Astra recurre a uno tradicional por convertidor de par, el VW Golf equipa un eficaz DSG de doble embrague que, junto con la inmediata respuesta de su motor, da como resultado una combinación explosiva, ensalzada con un reconfortante sonido al acelerar. Por el contrario, el Opel Astra se ve penalizado por su elevado peso y por unos larguísimos desarrollos —más aún con las llantas opcionales de 18" de nuestra unidad—. Su respuesta al acelerador es menos ágil y los saltos entre marcha, demasiado acusados. La gestión del cambio no permite insertar 6ª hasta alcanzados 100 km/h, ni siquiera manualmente. De hecho, en modo automático la última marcha no entra hasta casi 140 km/h, y vuelve a 5ª al bajar de 130 km/h. La desmultiplicación es tal que a 90 km/h podemos reducir a 2ª. Por tanto, no es de extrañar que en conducción urbana a poca velocidad nos encontremos circulando en "rueda libre" cuando levantamos el pie derecho, como con algunos cambios automáticos antiguos. Por lo demás, es rápido —el paso de 6ª a 4ª es más instantáneo que en el DSG— y sus leyes de actuación son buenas, ya que acompañan activamente al tipo de conducción que realicemos, sobre todo en modo Sport. En cualquier caso, pese a que los desarrollos no sean del todo adecuados, el motor puede con ello. En cuanto a refinamiento, sólo su sonido en aceleración y su tacto algo áspero bajan la media del conjunto, al igual que el sistema de ayuda al arranque en pendiente, que resulta, en ocasiones, algo brusco, además de innecesario al ser un cambio automático.

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El diseño de sus carrocerías es la antesala de lo que encontraremos en su interior: algo sobrio el VW Golf y sofisticado el Opel Astra, al menos en aspecto. El primero, con una consola muy limpia, ordenada y fácil de usar; el segundo, con más pretensiones estilísticas y lleno de botones que en ocasiones obligan a desviar la vista de la carretera. En ninguno de los dos se echan de menos huecos para vaciarnos los bolsillos y su habitabilidad resulta similar, si bien el VW Golf cuida mejor a los pasajeros traseros con una salida de aire propia, más altura disponible y mayor espacio para las piernas. La posición de conducción perfecta se encuentra muy rápido en el VW Golf, cuyo asiento resulta muy cómodo nada más sentarnos, pero la ausencia de regulación lumbar se deja notar en recorridos largos. Todo lo contrario sucede en el Opel Astra, gracias a un mullido de mayor dureza que al principio da impresión de ser demasiado prominente en la zona lumbar, pero que tras varias horas de viaje es nuestro mejor aliado contra la fatiga, aunque cuesta más encontrar una postura de conducción idónea. La calidad de ajustes sigue estando muy presente en el VW Golf, y no tanto en el Opel Astra. Éste deja algunos detalles mal rematados y el tacto de accionamiento de ciertos mandos es mejorable. En cuanto a capacidad de maletero, la del Volkswagen es más generosa, además su boca de carga queda a menor altura.

Por comportamiento, los dos son auténticas "madres", con unas reacciones nobles y seguras incluso en situaciones de emergencia. Las ayudas electrónicas a la conducción combinadas con sus logrados bastidores son garantía de ello. En cuanto a la dotación de airbags, el VW Golf añade el de rodillas, de serie, y los laterales traseros como opción, ninguno de ellos disponible en el Opel Astra. Por otra parte, las luces de cruce que incorpora de serie el VW Golf, a pesar de ser bi-xenón direccionales, resultan demasiado cortas —al menos en nuestra unidad—, sobre todo en comparación con unas largas extraordinarias. En el Opel Astra, pese a ser halógenas —bi-xenón en opción—, cumplen muy bien su cometido y sólo podemos quejarnos de la visibilidad que restan en los giros los anchos pilares delanteros. En caso de pinchazo, en el VW Golf hay que conformarse con una rueda de emergencia, y con un kit reparapinchazos en el Opel Astra, que se puede cambiar por una rueda convencional previo pago de 90 euros, una opción más recomendable que además incluye una bandeja organizadora del maletero que se puede colocar a varias alturas para lograr un doble fondo. Nos enfrentamos a precios de partida muy diferentes. El Astra resulta mucho más competitivo frente al Golf, que, en esta versión GTD, se trata de un coche aspiracional, con dotes deportivas y muy equipado. Es, en cierto modo, un capricho, además hay que sumarle 630 euros adicionales si queremos que sea 5 puertas. Incluso un Golf 2.0 TDI de 140 CV es sensiblemente más caro que este Astra, que en acabado Cosmo incluye detalles como el freno de estacionamiento eléctrico. Los dos son algo más que un simple medio de transporte capaz de ponernos una sonrisa en la boca, uno por precio y otro por sensaciones...
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El tipo de cambio —en esta ocasión ambos automáticos de 6 velocidades— marca la personalidad de cada uno en este apartado. Si bien el Opel Astra recurre a uno tradicional por convertidor de par, el VW Golf equipa un eficaz DSG de doble embrague que, junto con la inmediata respuesta de su motor, da como resultado una combinación explosiva, ensalzada con un reconfortante sonido al acelerar. Por el contrario, el Opel Astra se ve penalizado por su elevado peso y por unos larguísimos desarrollos —más aún con las llantas opcionales de 18" de nuestra unidad—. Su respuesta al acelerador es menos ágil y los saltos entre marcha, demasiado acusados. La gestión del cambio no permite insertar 6ª hasta alcanzados 100 km/h, ni siquiera manualmente. De hecho, en modo automático la última marcha no entra hasta casi 140 km/h, y vuelve a 5ª al bajar de 130 km/h. La desmultiplicación es tal que a 90 km/h podemos reducir a 2ª. Por tanto, no es de extrañar que en conducción urbana a poca velocidad nos encontremos circulando en "rueda libre" cuando levantamos el pie derecho, como con algunos cambios automáticos antiguos. Por lo demás, es rápido —el paso de 6ª a 4ª es más instantáneo que en el DSG— y sus leyes de actuación son buenas, ya que acompañan activamente al tipo de conducción que realicemos, sobre todo en modo Sport. En cualquier caso, pese a que los desarrollos no sean del todo adecuados, el motor puede con ello. En cuanto a refinamiento, sólo su sonido en aceleración y su tacto algo áspero bajan la media del conjunto, al igual que el sistema de ayuda al arranque en pendiente, que resulta, en ocasiones, algo brusco, además de innecesario al ser un cambio automático. El diseño de sus carrocerías es la antesala de lo que encontraremos en su interior: algo sobrio el VW Golf y sofisticado el Opel Astra, al menos en aspecto. El primero, con una consola muy limpia, ordenada y fácil de usar; el segundo, con más pretensiones estilísticas y lleno de botones que en ocasiones obligan a desviar la vista de la carretera. En ninguno de los dos se echan de menos huecos para vaciarnos los bolsillos y su habitabilidad resulta similar, si bien el VW Golf cuida mejor a los pasajeros traseros con una salida de aire propia, más altura disponible y mayor espacio para las piernas. La posición de conducción perfecta se encuentra muy rápido en el VW Golf, cuyo asiento resulta muy cómodo nada más sentarnos, pero la ausencia de regulación lumbar se deja notar en recorridos largos. Todo lo contrario sucede en el Opel Astra, gracias a un mullido de mayor dureza que al principio da impresión de ser demasiado prominente en la zona lumbar, pero que tras varias horas de viaje es nuestro mejor aliado contra la fatiga, aunque cuesta más encontrar una postura de conducción idónea. La calidad de ajustes sigue estando muy presente en el VW Golf, y no tanto en el Opel Astra. Éste deja algunos detalles mal rematados y el tacto de accionamiento de ciertos mandos es mejorable. En cuanto a capacidad de maletero, la del Volkswagen es más generosa, además su boca de carga queda a menor altura.

Por comportamiento, los dos son auténticas "madres", con unas reacciones nobles y seguras incluso en situaciones de emergencia. Las ayudas electrónicas a la conducción combinadas con sus logrados bastidores son garantía de ello. En cuanto a la dotación de airbags, el VW Golf añade el de rodillas, de serie, y los laterales traseros como opción, ninguno de ellos disponible en el Opel Astra. Por otra parte, las luces de cruce que incorpora de serie el VW Golf, a pesar de ser bi-xenón direccionales, resultan demasiado cortas —al menos en nuestra unidad—, sobre todo en comparación con unas largas extraordinarias. En el Opel Astra, pese a ser halógenas —bi-xenón en opción—, cumplen muy bien su cometido y sólo podemos quejarnos de la visibilidad que restan en los giros los anchos pilares delanteros. En caso de pinchazo, en el VW Golf hay que conformarse con una rueda de emergencia, y con un kit reparapinchazos en el Opel Astra, que se puede cambiar por una rueda convencional previo pago de 90 euros, una opción más recomendable que además incluye una bandeja organizadora del maletero que se puede colocar a varias alturas para lograr un doble fondo. Nos enfrentamos a precios de partida muy diferentes. El Astra resulta mucho más competitivo frente al Golf, que, en esta versión GTD, se trata de un coche aspiracional, con dotes deportivas y muy equipado. Es, en cierto modo, un capricho, además hay que sumarle 630 euros adicionales si queremos que sea 5 puertas. Incluso un Golf 2.0 TDI de 140 CV es sensiblemente más caro que este Astra, que en acabado Cosmo incluye detalles como el freno de estacionamiento eléctrico. Los dos son algo más que un simple medio de transporte capaz de ponernos una sonrisa en la boca, uno por precio y otro por sensaciones...
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