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Nissan Qashqai, Scénic Adventure, Altea Freetrack y Cross Golf

Con su pretendida estética de todocamino, pero con una limitación técnica a causa de su tracción exclusiva a las ruedas delanteras, estos cuatro aprendices de TT dan el pego visual pero no conviene que se alejen mucho del asfalto para no encontrar con rapidez sus límites de utilización.
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Nissan Qashqai, Scénic Adventure, Altea Freetrack y Cross Golf
Recios, así pueden considerarse los pasajeros del Seat y Volkswagen si acceden a acompañarnos en un tramo “off- road”. Tanto la monta de neumáticos de ambos como los reglajes de suspensión elegidos, especialmente en el Freetrack, hacen que un paseo por el campo sea una experiencia gimnástica en ambos casos. Sobre el asfalto, la calificación ya no es tan drástica, pero en ningún caso se pueden considerar como confortables, al menos, al nivel tanto de Renault como de Nissan. Los asientos son muy deportivos, sujetando muy bien el cuerpo pero con un nivel de mullido escaso, en particular sobre el Seat, aunque hay que reconocer que su diseño es excelente en ambos casos.

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Sobre el modelo germano hay que recalcar su alto nivel de ruido dentro del habitáculo, que sorprende al provenir de una marca generalista pero de corte selecto. Y esto queda remarcado al visualizar la presentación interior del Cross Golf, claramente la más vistosa y de superior percepción de calidad. También el Freetrack muestra un moderno diseño interior, pero el plástico rígido que reina en todo el salpicadero le sitúa por detrás de su pariente alemán. Ambos modelos comparten la posibilidad de deslizar la banqueta trasera y de abatirla en secciones asimétricas, pero mientras el Seat tiene, de largo, el maletero más amplio de los cuatro, el Cross Golf destaca por lo menguado. Tanto el Renault como el Nissan lo superan con holgura.

Pero llegado al momento del pinchazo –no se crean que tan remoto si circulamos por terrenos rotos- el Seat nos puede dejar sin respiración al comprobar que sólo dispone de la rueda de repuesto de emergencia. En caso de rotura de cierta consideración –nada extraña- no sirve para nada y la inmovilización del coche es inmediata y absoluta. Por su parte, el Volkswagen también cuenta con la salvadora rueda de emergencia, que nos lleva con el corazón en vilo durante el resto del trayecto. Uno de los jueces de este apartado que está, ahora mismo, en el candelero de este apartado es la prueba de choque EuroNcap. La lástima es que Volkswagen no ha llevado su Cross Golf a ser estrellado y obtener así un escalafón completo de estos cuatro modelos. Sin él, el resumen de los tres restantes es como sigue. El Renault Scénic consigue cinco estrellas –el máximo- en la protección de ocupantes adultos, tres en la de niños y dos para los peatones en caso de atropello. Un poco por encima se encuentra el Nissan Qashqai, que consigue los primeros cinco, mejora en la protección infantil hasta tres estrellas y repite con dos para los peatones. Pero aún más arriba se encuentra el Seat Altea –no específicamente el Freetrack- que empata en las dos primeras pruebas con el Nissan pero consigue una estrella más en la protección a peatones.

Otro capítulo mesurable es el de los frenos. Aquí, la potencia de frenado de los cuatro es muy similar, así como su resistencia al maltrato, que resulta satisfactoria en todos los casos. La igualdad es la nota dominante, pues entre el que se detiene primero y el último desde 140 km/h sólo hay 1,8 metros de diferencia, esto es, poco más del dos por ciento. El más brillante resulta ser el Cross Golf, seguido del Seat y el Nissan, quedando como postrer el Scénic. A nivel de equipamiento de seguridad la paridad también es la norma, pues a nivel electrónico los cuatro poseen similar dotación. Eso sí, en los dos modelos de origen alemán está disponible la opción de airbag lateral posterior, que ni en el Nissan ni el Renault pueden incorporarse. Otro elemento distintivo es la alarma, que en el Seat Freetrack se incorpora de serie y en el Cross Golf como opción mientras que en el Qashqai y el Scénic Adventure hay que recurrir al sector comercial de automoción. El Seat se destaca con los faros bi-xenón y el sensor de presión de neumáticos de serie, algo que en Renault hay que pagar –en el Cross Golf los faros- y que no puede incorporarse en el resto.

Aquí está el “quid” de la cuestión. El dinero que hay que pagar por cada uno de ellos. Y las diferencias son más que sensibles. El Renault ha nacido ya con una promoción importante en su precio, que deja el montante a pagar en unos curiosos 23.456 euros, mientras que el modelo más caro, el Volkswagen, pasa de los 30.000 euros. El francés es el más ancho atrás, ofrece un más que abundante equipamiento de confort y la calidad de sus materiales pasa la prueba para su precio, aunque ciertos plásticos es mejor no analizarlos muy de cerca si no queremos llevarnos un disgusto. Tras su compra, queremos decir. Es verdad que el modelo está en su último tercio de vida comercial –se supone un recambio en 2009/2010- pero todavía resulta práctico y agradable. El Cross Golf es muy vistoso, pero también muy caro. Dispone de un cambio DSG, que es su activo más importante y que sus rivales sólo pueden envidiar. Su maletero es pequeño y no resulta ni más grande, confortable, rápido ni ahorrador que los demás. Parece que sus bazas son escasas para demostrar que vale lo que cuesta. Llegamos al Nissan. Cuesta casi lo mismo que el Scénic, corre como un diablo, se tiene más que un tentempié, gasta el que menos, su maletero es razonable y el habitáculo, sin ser grande, al menos cumple. Es generoso en el confort y su imagen, aunque no abunda el lujo, puede pasar como de buena factura. Parece que cuenta con una buena tarjeta de presentación. Tampoco el Seat Freetrack es un coche del montón. Eso sí, es un poco más caro que el francés y el japonés, pero tiene mejor aspecto en su presentación. Se encuentra en una zona templada tanto por consumo como por prestaciones, no resulta tan cómodo como los mejores pero posee un maletero excepcional y eso, si salimos al campo, tiene un alto valor intrínseco. Es un coche muy a tener en cuenta pues obsequia con un buen tacto general.

Recios, así pueden considerarse los pasajeros del Seat y Volkswagen si acceden a acompañarnos en un tramo “off- road”. Tanto la monta de neumáticos de ambos como los reglajes de suspensión elegidos, especialmente en el Freetrack, hacen que un paseo por el campo sea una experiencia gimnástica en ambos casos. Sobre el asfalto, la calificación ya no es tan drástica, pero en ningún caso se pueden considerar como confortables, al menos, al nivel tanto de Renault como de Nissan. Los asientos son muy deportivos, sujetando muy bien el cuerpo pero con un nivel de mullido escaso, en particular sobre el Seat, aunque hay que reconocer que su diseño es excelente en ambos casos. Sobre el modelo germano hay que recalcar su alto nivel de ruido dentro del habitáculo, que sorprende al provenir de una marca generalista pero de corte selecto. Y esto queda remarcado al visualizar la presentación interior del Cross Golf, claramente la más vistosa y de superior percepción de calidad. También el Freetrack muestra un moderno diseño interior, pero el plástico rígido que reina en todo el salpicadero le sitúa por detrás de su pariente alemán. Ambos modelos comparten la posibilidad de deslizar la banqueta trasera y de abatirla en secciones asimétricas, pero mientras el Seat tiene, de largo, el maletero más amplio de los cuatro, el Cross Golf destaca por lo menguado. Tanto el Renault como el Nissan lo superan con holgura.

Pero llegado al momento del pinchazo –no se crean que tan remoto si circulamos por terrenos rotos- el Seat nos puede dejar sin respiración al comprobar que sólo dispone de la rueda de repuesto de emergencia. En caso de rotura de cierta consideración –nada extraña- no sirve para nada y la inmovilización del coche es inmediata y absoluta. Por su parte, el Volkswagen también cuenta con la salvadora rueda de emergencia, que nos lleva con el corazón en vilo durante el resto del trayecto. Uno de los jueces de este apartado que está, ahora mismo, en el candelero de este apartado es la prueba de choque EuroNcap. La lástima es que Volkswagen no ha llevado su Cross Golf a ser estrellado y obtener así un escalafón completo de estos cuatro modelos. Sin él, el resumen de los tres restantes es como sigue. El Renault Scénic consigue cinco estrellas –el máximo- en la protección de ocupantes adultos, tres en la de niños y dos para los peatones en caso de atropello. Un poco por encima se encuentra el Nissan Qashqai, que consigue los primeros cinco, mejora en la protección infantil hasta tres estrellas y repite con dos para los peatones. Pero aún más arriba se encuentra el Seat Altea –no específicamente el Freetrack- que empata en las dos primeras pruebas con el Nissan pero consigue una estrella más en la protección a peatones.

Otro capítulo mesurable es el de los frenos. Aquí, la potencia de frenado de los cuatro es muy similar, así como su resistencia al maltrato, que resulta satisfactoria en todos los casos. La igualdad es la nota dominante, pues entre el que se detiene primero y el último desde 140 km/h sólo hay 1,8 metros de diferencia, esto es, poco más del dos por ciento. El más brillante resulta ser el Cross Golf, seguido del Seat y el Nissan, quedando como postrer el Scénic. A nivel de equipamiento de seguridad la paridad también es la norma, pues a nivel electrónico los cuatro poseen similar dotación. Eso sí, en los dos modelos de origen alemán está disponible la opción de airbag lateral posterior, que ni en el Nissan ni el Renault pueden incorporarse. Otro elemento distintivo es la alarma, que en el Seat Freetrack se incorpora de serie y en el Cross Golf como opción mientras que en el Qashqai y el Scénic Adventure hay que recurrir al sector comercial de automoción. El Seat se destaca con los faros bi-xenón y el sensor de presión de neumáticos de serie, algo que en Renault hay que pagar –en el Cross Golf los faros- y que no puede incorporarse en el resto.

Aquí está el “quid” de la cuestión. El dinero que hay que pagar por cada uno de ellos. Y las diferencias son más que sensibles. El Renault ha nacido ya con una promoción importante en su precio, que deja el montante a pagar en unos curiosos 23.456 euros, mientras que el modelo más caro, el Volkswagen, pasa de los 30.000 euros. El francés es el más ancho atrás, ofrece un más que abundante equipamiento de confort y la calidad de sus materiales pasa la prueba para su precio, aunque ciertos plásticos es mejor no analizarlos muy de cerca si no queremos llevarnos un disgusto. Tras su compra, queremos decir. Es verdad que el modelo está en su último tercio de vida comercial –se supone un recambio en 2009/2010- pero todavía resulta práctico y agradable. El Cross Golf es muy vistoso, pero también muy caro. Dispone de un cambio DSG, que es su activo más importante y que sus rivales sólo pueden envidiar. Su maletero es pequeño y no resulta ni más grande, confortable, rápido ni ahorrador que los demás. Parece que sus bazas son escasas para demostrar que vale lo que cuesta. Llegamos al Nissan. Cuesta casi lo mismo que el Scénic, corre como un diablo, se tiene más que un tentempié, gasta el que menos, su maletero es razonable y el habitáculo, sin ser grande, al menos cumple. Es generoso en el confort y su imagen, aunque no abunda el lujo, puede pasar como de buena factura. Parece que cuenta con una buena tarjeta de presentación. Tampoco el Seat Freetrack es un coche del montón. Eso sí, es un poco más caro que el francés y el japonés, pero tiene mejor aspecto en su presentación. Se encuentra en una zona templada tanto por consumo como por prestaciones, no resulta tan cómodo como los mejores pero posee un maletero excepcional y eso, si salimos al campo, tiene un alto valor intrínseco. Es un coche muy a tener en cuenta pues obsequia con un buen tacto general.

Recios, así pueden considerarse los pasajeros del Seat y Volkswagen si acceden a acompañarnos en un tramo “off- road”. Tanto la monta de neumáticos de ambos como los reglajes de suspensión elegidos, especialmente en el Freetrack, hacen que un paseo por el campo sea una experiencia gimnástica en ambos casos. Sobre el asfalto, la calificación ya no es tan drástica, pero en ningún caso se pueden considerar como confortables, al menos, al nivel tanto de Renault como de Nissan. Los asientos son muy deportivos, sujetando muy bien el cuerpo pero con un nivel de mullido escaso, en particular sobre el Seat, aunque hay que reconocer que su diseño es excelente en ambos casos. Sobre el modelo germano hay que recalcar su alto nivel de ruido dentro del habitáculo, que sorprende al provenir de una marca generalista pero de corte selecto. Y esto queda remarcado al visualizar la presentación interior del Cross Golf, claramente la más vistosa y de superior percepción de calidad. También el Freetrack muestra un moderno diseño interior, pero el plástico rígido que reina en todo el salpicadero le sitúa por detrás de su pariente alemán. Ambos modelos comparten la posibilidad de deslizar la banqueta trasera y de abatirla en secciones asimétricas, pero mientras el Seat tiene, de largo, el maletero más amplio de los cuatro, el Cross Golf destaca por lo menguado. Tanto el Renault como el Nissan lo superan con holgura.

Pero llegado al momento del pinchazo –no se crean que tan remoto si circulamos por terrenos rotos- el Seat nos puede dejar sin respiración al comprobar que sólo dispone de la rueda de repuesto de emergencia. En caso de rotura de cierta consideración –nada extraña- no sirve para nada y la inmovilización del coche es inmediata y absoluta. Por su parte, el Volkswagen también cuenta con la salvadora rueda de emergencia, que nos lleva con el corazón en vilo durante el resto del trayecto. Uno de los jueces de este apartado que está, ahora mismo, en el candelero de este apartado es la prueba de choque EuroNcap. La lástima es que Volkswagen no ha llevado su Cross Golf a ser estrellado y obtener así un escalafón completo de estos cuatro modelos. Sin él, el resumen de los tres restantes es como sigue. El Renault Scénic consigue cinco estrellas –el máximo- en la protección de ocupantes adultos, tres en la de niños y dos para los peatones en caso de atropello. Un poco por encima se encuentra el Nissan Qashqai, que consigue los primeros cinco, mejora en la protección infantil hasta tres estrellas y repite con dos para los peatones. Pero aún más arriba se encuentra el Seat Altea –no específicamente el Freetrack- que empata en las dos primeras pruebas con el Nissan pero consigue una estrella más en la protección a peatones.

Otro capítulo mesurable es el de los frenos. Aquí, la potencia de frenado de los cuatro es muy similar, así como su resistencia al maltrato, que resulta satisfactoria en todos los casos. La igualdad es la nota dominante, pues entre el que se detiene primero y el último desde 140 km/h sólo hay 1,8 metros de diferencia, esto es, poco más del dos por ciento. El más brillante resulta ser el Cross Golf, seguido del Seat y el Nissan, quedando como postrer el Scénic. A nivel de equipamiento de seguridad la paridad también es la norma, pues a nivel electrónico los cuatro poseen similar dotación. Eso sí, en los dos modelos de origen alemán está disponible la opción de airbag lateral posterior, que ni en el Nissan ni el Renault pueden incorporarse. Otro elemento distintivo es la alarma, que en el Seat Freetrack se incorpora de serie y en el Cross Golf como opción mientras que en el Qashqai y el Scénic Adventure hay que recurrir al sector comercial de automoción. El Seat se destaca con los faros bi-xenón y el sensor de presión de neumáticos de serie, algo que en Renault hay que pagar –en el Cross Golf los faros- y que no puede incorporarse en el resto.

Aquí está el “quid” de la cuestión. El dinero que hay que pagar por cada uno de ellos. Y las diferencias son más que sensibles. El Renault ha nacido ya con una promoción importante en su precio, que deja el montante a pagar en unos curiosos 23.456 euros, mientras que el modelo más caro, el Volkswagen, pasa de los 30.000 euros. El francés es el más ancho atrás, ofrece un más que abundante equipamiento de confort y la calidad de sus materiales pasa la prueba para su precio, aunque ciertos plásticos es mejor no analizarlos muy de cerca si no queremos llevarnos un disgusto. Tras su compra, queremos decir. Es verdad que el modelo está en su último tercio de vida comercial –se supone un recambio en 2009/2010- pero todavía resulta práctico y agradable. El Cross Golf es muy vistoso, pero también muy caro. Dispone de un cambio DSG, que es su activo más importante y que sus rivales sólo pueden envidiar. Su maletero es pequeño y no resulta ni más grande, confortable, rápido ni ahorrador que los demás. Parece que sus bazas son escasas para demostrar que vale lo que cuesta. Llegamos al Nissan. Cuesta casi lo mismo que el Scénic, corre como un diablo, se tiene más que un tentempié, gasta el que menos, su maletero es razonable y el habitáculo, sin ser grande, al menos cumple. Es generoso en el confort y su imagen, aunque no abunda el lujo, puede pasar como de buena factura. Parece que cuenta con una buena tarjeta de presentación. Tampoco el Seat Freetrack es un coche del montón. Eso sí, es un poco más caro que el francés y el japonés, pero tiene mejor aspecto en su presentación. Se encuentra en una zona templada tanto por consumo como por prestaciones, no resulta tan cómodo como los mejores pero posee un maletero excepcional y eso, si salimos al campo, tiene un alto valor intrínseco. Es un coche muy a tener en cuenta pues obsequia con un buen tacto general.

Recios, así pueden considerarse los pasajeros del Seat y Volkswagen si acceden a acompañarnos en un tramo “off- road”. Tanto la monta de neumáticos de ambos como los reglajes de suspensión elegidos, especialmente en el Freetrack, hacen que un paseo por el campo sea una experiencia gimnástica en ambos casos. Sobre el asfalto, la calificación ya no es tan drástica, pero en ningún caso se pueden considerar como confortables, al menos, al nivel tanto de Renault como de Nissan. Los asientos son muy deportivos, sujetando muy bien el cuerpo pero con un nivel de mullido escaso, en particular sobre el Seat, aunque hay que reconocer que su diseño es excelente en ambos casos. Sobre el modelo germano hay que recalcar su alto nivel de ruido dentro del habitáculo, que sorprende al provenir de una marca generalista pero de corte selecto. Y esto queda remarcado al visualizar la presentación interior del Cross Golf, claramente la más vistosa y de superior percepción de calidad. También el Freetrack muestra un moderno diseño interior, pero el plástico rígido que reina en todo el salpicadero le sitúa por detrás de su pariente alemán. Ambos modelos comparten la posibilidad de deslizar la banqueta trasera y de abatirla en secciones asimétricas, pero mientras el Seat tiene, de largo, el maletero más amplio de los cuatro, el Cross Golf destaca por lo menguado. Tanto el Renault como el Nissan lo superan con holgura.

Pero llegado al momento del pinchazo –no se crean que tan remoto si circulamos por terrenos rotos- el Seat nos puede dejar sin respiración al comprobar que sólo dispone de la rueda de repuesto de emergencia. En caso de rotura de cierta consideración –nada extraña- no sirve para nada y la inmovilización del coche es inmediata y absoluta. Por su parte, el Volkswagen también cuenta con la salvadora rueda de emergencia, que nos lleva con el corazón en vilo durante el resto del trayecto. Uno de los jueces de este apartado que está, ahora mismo, en el candelero de este apartado es la prueba de choque EuroNcap. La lástima es que Volkswagen no ha llevado su Cross Golf a ser estrellado y obtener así un escalafón completo de estos cuatro modelos. Sin él, el resumen de los tres restantes es como sigue. El Renault Scénic consigue cinco estrellas –el máximo- en la protección de ocupantes adultos, tres en la de niños y dos para los peatones en caso de atropello. Un poco por encima se encuentra el Nissan Qashqai, que consigue los primeros cinco, mejora en la protección infantil hasta tres estrellas y repite con dos para los peatones. Pero aún más arriba se encuentra el Seat Altea –no específicamente el Freetrack- que empata en las dos primeras pruebas con el Nissan pero consigue una estrella más en la protección a peatones.

Otro capítulo mesurable es el de los frenos. Aquí, la potencia de frenado de los cuatro es muy similar, así como su resistencia al maltrato, que resulta satisfactoria en todos los casos. La igualdad es la nota dominante, pues entre el que se detiene primero y el último desde 140 km/h sólo hay 1,8 metros de diferencia, esto es, poco más del dos por ciento. El más brillante resulta ser el Cross Golf, seguido del Seat y el Nissan, quedando como postrer el Scénic. A nivel de equipamiento de seguridad la paridad también es la norma, pues a nivel electrónico los cuatro poseen similar dotación. Eso sí, en los dos modelos de origen alemán está disponible la opción de airbag lateral posterior, que ni en el Nissan ni el Renault pueden incorporarse. Otro elemento distintivo es la alarma, que en el Seat Freetrack se incorpora de serie y en el Cross Golf como opción mientras que en el Qashqai y el Scénic Adventure hay que recurrir al sector comercial de automoción. El Seat se destaca con los faros bi-xenón y el sensor de presión de neumáticos de serie, algo que en Renault hay que pagar –en el Cross Golf los faros- y que no puede incorporarse en el resto.

Aquí está el “quid” de la cuestión. El dinero que hay que pagar por cada uno de ellos. Y las diferencias son más que sensibles. El Renault ha nacido ya con una promoción importante en su precio, que deja el montante a pagar en unos curiosos 23.456 euros, mientras que el modelo más caro, el Volkswagen, pasa de los 30.000 euros. El francés es el más ancho atrás, ofrece un más que abundante equipamiento de confort y la calidad de sus materiales pasa la prueba para su precio, aunque ciertos plásticos es mejor no analizarlos muy de cerca si no queremos llevarnos un disgusto. Tras su compra, queremos decir. Es verdad que el modelo está en su último tercio de vida comercial –se supone un recambio en 2009/2010- pero todavía resulta práctico y agradable. El Cross Golf es muy vistoso, pero también muy caro. Dispone de un cambio DSG, que es su activo más importante y que sus rivales sólo pueden envidiar. Su maletero es pequeño y no resulta ni más grande, confortable, rápido ni ahorrador que los demás. Parece que sus bazas son escasas para demostrar que vale lo que cuesta. Llegamos al Nissan. Cuesta casi lo mismo que el Scénic, corre como un diablo, se tiene más que un tentempié, gasta el que menos, su maletero es razonable y el habitáculo, sin ser grande, al menos cumple. Es generoso en el confort y su imagen, aunque no abunda el lujo, puede pasar como de buena factura. Parece que cuenta con una buena tarjeta de presentación. Tampoco el Seat Freetrack es un coche del montón. Eso sí, es un poco más caro que el francés y el japonés, pero tiene mejor aspecto en su presentación. Se encuentra en una zona templada tanto por consumo como por prestaciones, no resulta tan cómodo como los mejores pero posee un maletero excepcional y eso, si salimos al campo, tiene un alto valor intrínseco. Es un coche muy a tener en cuenta pues obsequia con un buen tacto general.

Recios, así pueden considerarse los pasajeros del Seat y Volkswagen si acceden a acompañarnos en un tramo “off- road”. Tanto la monta de neumáticos de ambos como los reglajes de suspensión elegidos, especialmente en el Freetrack, hacen que un paseo por el campo sea una experiencia gimnástica en ambos casos. Sobre el asfalto, la calificación ya no es tan drástica, pero en ningún caso se pueden considerar como confortables, al menos, al nivel tanto de Renault como de Nissan. Los asientos son muy deportivos, sujetando muy bien el cuerpo pero con un nivel de mullido escaso, en particular sobre el Seat, aunque hay que reconocer que su diseño es excelente en ambos casos. Sobre el modelo germano hay que recalcar su alto nivel de ruido dentro del habitáculo, que sorprende al provenir de una marca generalista pero de corte selecto. Y esto queda remarcado al visualizar la presentación interior del Cross Golf, claramente la más vistosa y de superior percepción de calidad. También el Freetrack muestra un moderno diseño interior, pero el plástico rígido que reina en todo el salpicadero le sitúa por detrás de su pariente alemán. Ambos modelos comparten la posibilidad de deslizar la banqueta trasera y de abatirla en secciones asimétricas, pero mientras el Seat tiene, de largo, el maletero más amplio de los cuatro, el Cross Golf destaca por lo menguado. Tanto el Renault como el Nissan lo superan con holgura.

Pero llegado al momento del pinchazo –no se crean que tan remoto si circulamos por terrenos rotos- el Seat nos puede dejar sin respiración al comprobar que sólo dispone de la rueda de repuesto de emergencia. En caso de rotura de cierta consideración –nada extraña- no sirve para nada y la inmovilización del coche es inmediata y absoluta. Por su parte, el Volkswagen también cuenta con la salvadora rueda de emergencia, que nos lleva con el corazón en vilo durante el resto del trayecto. Uno de los jueces de este apartado que está, ahora mismo, en el candelero de este apartado es la prueba de choque EuroNcap. La lástima es que Volkswagen no ha llevado su Cross Golf a ser estrellado y obtener así un escalafón completo de estos cuatro modelos. Sin él, el resumen de los tres restantes es como sigue. El Renault Scénic consigue cinco estrellas –el máximo- en la protección de ocupantes adultos, tres en la de niños y dos para los peatones en caso de atropello. Un poco por encima se encuentra el Nissan Qashqai, que consigue los primeros cinco, mejora en la protección infantil hasta tres estrellas y repite con dos para los peatones. Pero aún más arriba se encuentra el Seat Altea –no específicamente el Freetrack- que empata en las dos primeras pruebas con el Nissan pero consigue una estrella más en la protección a peatones.

Otro capítulo mesurable es el de los frenos. Aquí, la potencia de frenado de los cuatro es muy similar, así como su resistencia al maltrato, que resulta satisfactoria en todos los casos. La igualdad es la nota dominante, pues entre el que se detiene primero y el último desde 140 km/h sólo hay 1,8 metros de diferencia, esto es, poco más del dos por ciento. El más brillante resulta ser el Cross Golf, seguido del Seat y el Nissan, quedando como postrer el Scénic. A nivel de equipamiento de seguridad la paridad también es la norma, pues a nivel electrónico los cuatro poseen similar dotación. Eso sí, en los dos modelos de origen alemán está disponible la opción de airbag lateral posterior, que ni en el Nissan ni el Renault pueden incorporarse. Otro elemento distintivo es la alarma, que en el Seat Freetrack se incorpora de serie y en el Cross Golf como opción mientras que en el Qashqai y el Scénic Adventure hay que recurrir al sector comercial de automoción. El Seat se destaca con los faros bi-xenón y el sensor de presión de neumáticos de serie, algo que en Renault hay que pagar –en el Cross Golf los faros- y que no puede incorporarse en el resto.

Aquí está el “quid” de la cuestión. El dinero que hay que pagar por cada uno de ellos. Y las diferencias son más que sensibles. El Renault ha nacido ya con una promoción importante en su precio, que deja el montante a pagar en unos curiosos 23.456 euros, mientras que el modelo más caro, el Volkswagen, pasa de los 30.000 euros. El francés es el más ancho atrás, ofrece un más que abundante equipamiento de confort y la calidad de sus materiales pasa la prueba para su precio, aunque ciertos plásticos es mejor no analizarlos muy de cerca si no queremos llevarnos un disgusto. Tras su compra, queremos decir. Es verdad que el modelo está en su último tercio de vida comercial –se supone un recambio en 2009/2010- pero todavía resulta práctico y agradable. El Cross Golf es muy vistoso, pero también muy caro. Dispone de un cambio DSG, que es su activo más importante y que sus rivales sólo pueden envidiar. Su maletero es pequeño y no resulta ni más grande, confortable, rápido ni ahorrador que los demás. Parece que sus bazas son escasas para demostrar que vale lo que cuesta. Llegamos al Nissan. Cuesta casi lo mismo que el Scénic, corre como un diablo, se tiene más que un tentempié, gasta el que menos, su maletero es razonable y el habitáculo, sin ser grande, al menos cumple. Es generoso en el confort y su imagen, aunque no abunda el lujo, puede pasar como de buena factura. Parece que cuenta con una buena tarjeta de presentación. Tampoco el Seat Freetrack es un coche del montón. Eso sí, es un poco más caro que el francés y el japonés, pero tiene mejor aspecto en su presentación. Se encuentra en una zona templada tanto por consumo como por prestaciones, no resulta tan cómodo como los mejores pero posee un maletero excepcional y eso, si salimos al campo, tiene un alto valor intrínseco. Es un coche muy a tener en cuenta pues obsequia con un buen tacto general.

Recios, así pueden considerarse los pasajeros del Seat y Volkswagen si acceden a acompañarnos en un tramo “off- road”. Tanto la monta de neumáticos de ambos como los reglajes de suspensión elegidos, especialmente en el Freetrack, hacen que un paseo por el campo sea una experiencia gimnástica en ambos casos. Sobre el asfalto, la calificación ya no es tan drástica, pero en ningún caso se pueden considerar como confortables, al menos, al nivel tanto de Renault como de Nissan. Los asientos son muy deportivos, sujetando muy bien el cuerpo pero con un nivel de mullido escaso, en particular sobre el Seat, aunque hay que reconocer que su diseño es excelente en ambos casos. Sobre el modelo germano hay que recalcar su alto nivel de ruido dentro del habitáculo, que sorprende al provenir de una marca generalista pero de corte selecto. Y esto queda remarcado al visualizar la presentación interior del Cross Golf, claramente la más vistosa y de superior percepción de calidad. También el Freetrack muestra un moderno diseño interior, pero el plástico rígido que reina en todo el salpicadero le sitúa por detrás de su pariente alemán. Ambos modelos comparten la posibilidad de deslizar la banqueta trasera y de abatirla en secciones asimétricas, pero mientras el Seat tiene, de largo, el maletero más amplio de los cuatro, el Cross Golf destaca por lo menguado. Tanto el Renault como el Nissan lo superan con holgura.

Pero llegado al momento del pinchazo –no se crean que tan remoto si circulamos por terrenos rotos- el Seat nos puede dejar sin respiración al comprobar que sólo dispone de la rueda de repuesto de emergencia. En caso de rotura de cierta consideración –nada extraña- no sirve para nada y la inmovilización del coche es inmediata y absoluta. Por su parte, el Volkswagen también cuenta con la salvadora rueda de emergencia, que nos lleva con el corazón en vilo durante el resto del trayecto. Uno de los jueces de este apartado que está, ahora mismo, en el candelero de este apartado es la prueba de choque EuroNcap. La lástima es que Volkswagen no ha llevado su Cross Golf a ser estrellado y obtener así un escalafón completo de estos cuatro modelos. Sin él, el resumen de los tres restantes es como sigue. El Renault Scénic consigue cinco estrellas –el máximo- en la protección de ocupantes adultos, tres en la de niños y dos para los peatones en caso de atropello. Un poco por encima se encuentra el Nissan Qashqai, que consigue los primeros cinco, mejora en la protección infantil hasta tres estrellas y repite con dos para los peatones. Pero aún más arriba se encuentra el Seat Altea –no específicamente el Freetrack- que empata en las dos primeras pruebas con el Nissan pero consigue una estrella más en la protección a peatones.

Otro capítulo mesurable es el de los frenos. Aquí, la potencia de frenado de los cuatro es muy similar, así como su resistencia al maltrato, que resulta satisfactoria en todos los casos. La igualdad es la nota dominante, pues entre el que se detiene primero y el último desde 140 km/h sólo hay 1,8 metros de diferencia, esto es, poco más del dos por ciento. El más brillante resulta ser el Cross Golf, seguido del Seat y el Nissan, quedando como postrer el Scénic. A nivel de equipamiento de seguridad la paridad también es la norma, pues a nivel electrónico los cuatro poseen similar dotación. Eso sí, en los dos modelos de origen alemán está disponible la opción de airbag lateral posterior, que ni en el Nissan ni el Renault pueden incorporarse. Otro elemento distintivo es la alarma, que en el Seat Freetrack se incorpora de serie y en el Cross Golf como opción mientras que en el Qashqai y el Scénic Adventure hay que recurrir al sector comercial de automoción. El Seat se destaca con los faros bi-xenón y el sensor de presión de neumáticos de serie, algo que en Renault hay que pagar –en el Cross Golf los faros- y que no puede incorporarse en el resto.

Aquí está el “quid” de la cuestión. El dinero que hay que pagar por cada uno de ellos. Y las diferencias son más que sensibles. El Renault ha nacido ya con una promoción importante en su precio, que deja el montante a pagar en unos curiosos 23.456 euros, mientras que el modelo más caro, el Volkswagen, pasa de los 30.000 euros. El francés es el más ancho atrás, ofrece un más que abundante equipamiento de confort y la calidad de sus materiales pasa la prueba para su precio, aunque ciertos plásticos es mejor no analizarlos muy de cerca si no queremos llevarnos un disgusto. Tras su compra, queremos decir. Es verdad que el modelo está en su último tercio de vida comercial –se supone un recambio en 2009/2010- pero todavía resulta práctico y agradable. El Cross Golf es muy vistoso, pero también muy caro. Dispone de un cambio DSG, que es su activo más importante y que sus rivales sólo pueden envidiar. Su maletero es pequeño y no resulta ni más grande, confortable, rápido ni ahorrador que los demás. Parece que sus bazas son escasas para demostrar que vale lo que cuesta. Llegamos al Nissan. Cuesta casi lo mismo que el Scénic, corre como un diablo, se tiene más que un tentempié, gasta el que menos, su maletero es razonable y el habitáculo, sin ser grande, al menos cumple. Es generoso en el confort y su imagen, aunque no abunda el lujo, puede pasar como de buena factura. Parece que cuenta con una buena tarjeta de presentación. Tampoco el Seat Freetrack es un coche del montón. Eso sí, es un poco más caro que el francés y el japonés, pero tiene mejor aspecto en su presentación. Se encuentra en una zona templada tanto por consumo como por prestaciones, no resulta tan cómodo como los mejores pero posee un maletero excepcional y eso, si salimos al campo, tiene un alto valor intrínseco. Es un coche muy a tener en cuenta pues obsequia con un buen tacto general.

Recios, así pueden considerarse los pasajeros del Seat y Volkswagen si acceden a acompañarnos en un tramo “off- road”. Tanto la monta de neumáticos de ambos como los reglajes de suspensión elegidos, especialmente en el Freetrack, hacen que un paseo por el campo sea una experiencia gimnástica en ambos casos. Sobre el asfalto, la calificación ya no es tan drástica, pero en ningún caso se pueden considerar como confortables, al menos, al nivel tanto de Renault como de Nissan. Los asientos son muy deportivos, sujetando muy bien el cuerpo pero con un nivel de mullido escaso, en particular sobre el Seat, aunque hay que reconocer que su diseño es excelente en ambos casos. Sobre el modelo germano hay que recalcar su alto nivel de ruido dentro del habitáculo, que sorprende al provenir de una marca generalista pero de corte selecto. Y esto queda remarcado al visualizar la presentación interior del Cross Golf, claramente la más vistosa y de superior percepción de calidad. También el Freetrack muestra un moderno diseño interior, pero el plástico rígido que reina en todo el salpicadero le sitúa por detrás de su pariente alemán. Ambos modelos comparten la posibilidad de deslizar la banqueta trasera y de abatirla en secciones asimétricas, pero mientras el Seat tiene, de largo, el maletero más amplio de los cuatro, el Cross Golf destaca por lo menguado. Tanto el Renault como el Nissan lo superan con holgura.

Pero llegado al momento del pinchazo –no se crean que tan remoto si circulamos por terrenos rotos- el Seat nos puede dejar sin respiración al comprobar que sólo dispone de la rueda de repuesto de emergencia. En caso de rotura de cierta consideración –nada extraña- no sirve para nada y la inmovilización del coche es inmediata y absoluta. Por su parte, el Volkswagen también cuenta con la salvadora rueda de emergencia, que nos lleva con el corazón en vilo durante el resto del trayecto. Uno de los jueces de este apartado que está, ahora mismo, en el candelero de este apartado es la prueba de choque EuroNcap. La lástima es que Volkswagen no ha llevado su Cross Golf a ser estrellado y obtener así un escalafón completo de estos cuatro modelos. Sin él, el resumen de los tres restantes es como sigue. El Renault Scénic consigue cinco estrellas –el máximo- en la protección de ocupantes adultos, tres en la de niños y dos para los peatones en caso de atropello. Un poco por encima se encuentra el Nissan Qashqai, que consigue los primeros cinco, mejora en la protección infantil hasta tres estrellas y repite con dos para los peatones. Pero aún más arriba se encuentra el Seat Altea –no específicamente el Freetrack- que empata en las dos primeras pruebas con el Nissan pero consigue una estrella más en la protección a peatones.

Otro capítulo mesurable es el de los frenos. Aquí, la potencia de frenado de los cuatro es muy similar, así como su resistencia al maltrato, que resulta satisfactoria en todos los casos. La igualdad es la nota dominante, pues entre el que se detiene primero y el último desde 140 km/h sólo hay 1,8 metros de diferencia, esto es, poco más del dos por ciento. El más brillante resulta ser el Cross Golf, seguido del Seat y el Nissan, quedando como postrer el Scénic. A nivel de equipamiento de seguridad la paridad también es la norma, pues a nivel electrónico los cuatro poseen similar dotación. Eso sí, en los dos modelos de origen alemán está disponible la opción de airbag lateral posterior, que ni en el Nissan ni el Renault pueden incorporarse. Otro elemento distintivo es la alarma, que en el Seat Freetrack se incorpora de serie y en el Cross Golf como opción mientras que en el Qashqai y el Scénic Adventure hay que recurrir al sector comercial de automoción. El Seat se destaca con los faros bi-xenón y el sensor de presión de neumáticos de serie, algo que en Renault hay que pagar –en el Cross Golf los faros- y que no puede incorporarse en el resto.

Aquí está el “quid” de la cuestión. El dinero que hay que pagar por cada uno de ellos. Y las diferencias son más que sensibles. El Renault ha nacido ya con una promoción importante en su precio, que deja el montante a pagar en unos curiosos 23.456 euros, mientras que el modelo más caro, el Volkswagen, pasa de los 30.000 euros. El francés es el más ancho atrás, ofrece un más que abundante equipamiento de confort y la calidad de sus materiales pasa la prueba para su precio, aunque ciertos plásticos es mejor no analizarlos muy de cerca si no queremos llevarnos un disgusto. Tras su compra, queremos decir. Es verdad que el modelo está en su último tercio de vida comercial –se supone un recambio en 2009/2010- pero todavía resulta práctico y agradable. El Cross Golf es muy vistoso, pero también muy caro. Dispone de un cambio DSG, que es su activo más importante y que sus rivales sólo pueden envidiar. Su maletero es pequeño y no resulta ni más grande, confortable, rápido ni ahorrador que los demás. Parece que sus bazas son escasas para demostrar que vale lo que cuesta. Llegamos al Nissan. Cuesta casi lo mismo que el Scénic, corre como un diablo, se tiene más que un tentempié, gasta el que menos, su maletero es razonable y el habitáculo, sin ser grande, al menos cumple. Es generoso en el confort y su imagen, aunque no abunda el lujo, puede pasar como de buena factura. Parece que cuenta con una buena tarjeta de presentación. Tampoco el Seat Freetrack es un coche del montón. Eso sí, es un poco más caro que el francés y el japonés, pero tiene mejor aspecto en su presentación. Se encuentra en una zona templada tanto por consumo como por prestaciones, no resulta tan cómodo como los mejores pero posee un maletero excepcional y eso, si salimos al campo, tiene un alto valor intrínseco. Es un coche muy a tener en cuenta pues obsequia con un buen tacto general.

Recios, así pueden considerarse los pasajeros del Seat y Volkswagen si acceden a acompañarnos en un tramo “off- road”. Tanto la monta de neumáticos de ambos como los reglajes de suspensión elegidos, especialmente en el Freetrack, hacen que un paseo por el campo sea una experiencia gimnástica en ambos casos. Sobre el asfalto, la calificación ya no es tan drástica, pero en ningún caso se pueden considerar como confortables, al menos, al nivel tanto de Renault como de Nissan. Los asientos son muy deportivos, sujetando muy bien el cuerpo pero con un nivel de mullido escaso, en particular sobre el Seat, aunque hay que reconocer que su diseño es excelente en ambos casos. Sobre el modelo germano hay que recalcar su alto nivel de ruido dentro del habitáculo, que sorprende al provenir de una marca generalista pero de corte selecto. Y esto queda remarcado al visualizar la presentación interior del Cross Golf, claramente la más vistosa y de superior percepción de calidad. También el Freetrack muestra un moderno diseño interior, pero el plástico rígido que reina en todo el salpicadero le sitúa por detrás de su pariente alemán. Ambos modelos comparten la posibilidad de deslizar la banqueta trasera y de abatirla en secciones asimétricas, pero mientras el Seat tiene, de largo, el maletero más amplio de los cuatro, el Cross Golf destaca por lo menguado. Tanto el Renault como el Nissan lo superan con holgura.

Pero llegado al momento del pinchazo –no se crean que tan remoto si circulamos por terrenos rotos- el Seat nos puede dejar sin respiración al comprobar que sólo dispone de la rueda de repuesto de emergencia. En caso de rotura de cierta consideración –nada extraña- no sirve para nada y la inmovilización del coche es inmediata y absoluta. Por su parte, el Volkswagen también cuenta con la salvadora rueda de emergencia, que nos lleva con el corazón en vilo durante el resto del trayecto. Uno de los jueces de este apartado que está, ahora mismo, en el candelero de este apartado es la prueba de choque EuroNcap. La lástima es que Volkswagen no ha llevado su Cross Golf a ser estrellado y obtener así un escalafón completo de estos cuatro modelos. Sin él, el resumen de los tres restantes es como sigue. El Renault Scénic consigue cinco estrellas –el máximo- en la protección de ocupantes adultos, tres en la de niños y dos para los peatones en caso de atropello. Un poco por encima se encuentra el Nissan Qashqai, que consigue los primeros cinco, mejora en la protección infantil hasta tres estrellas y repite con dos para los peatones. Pero aún más arriba se encuentra el Seat Altea –no específicamente el Freetrack- que empata en las dos primeras pruebas con el Nissan pero consigue una estrella más en la protección a peatones.

Otro capítulo mesurable es el de los frenos. Aquí, la potencia de frenado de los cuatro es muy similar, así como su resistencia al maltrato, que resulta satisfactoria en todos los casos. La igualdad es la nota dominante, pues entre el que se detiene primero y el último desde 140 km/h sólo hay 1,8 metros de diferencia, esto es, poco más del dos por ciento. El más brillante resulta ser el Cross Golf, seguido del Seat y el Nissan, quedando como postrer el Scénic. A nivel de equipamiento de seguridad la paridad también es la norma, pues a nivel electrónico los cuatro poseen similar dotación. Eso sí, en los dos modelos de origen alemán está disponible la opción de airbag lateral posterior, que ni en el Nissan ni el Renault pueden incorporarse. Otro elemento distintivo es la alarma, que en el Seat Freetrack se incorpora de serie y en el Cross Golf como opción mientras que en el Qashqai y el Scénic Adventure hay que recurrir al sector comercial de automoción. El Seat se destaca con los faros bi-xenón y el sensor de presión de neumáticos de serie, algo que en Renault hay que pagar –en el Cross Golf los faros- y que no puede incorporarse en el resto.

Aquí está el “quid” de la cuestión. El dinero que hay que pagar por cada uno de ellos. Y las diferencias son más que sensibles. El Renault ha nacido ya con una promoción importante en su precio, que deja el montante a pagar en unos curiosos 23.456 euros, mientras que el modelo más caro, el Volkswagen, pasa de los 30.000 euros. El francés es el más ancho atrás, ofrece un más que abundante equipamiento de confort y la calidad de sus materiales pasa la prueba para su precio, aunque ciertos plásticos es mejor no analizarlos muy de cerca si no queremos llevarnos un disgusto. Tras su compra, queremos decir. Es verdad que el modelo está en su último tercio de vida comercial –se supone un recambio en 2009/2010- pero todavía resulta práctico y agradable. El Cross Golf es muy vistoso, pero también muy caro. Dispone de un cambio DSG, que es su activo más importante y que sus rivales sólo pueden envidiar. Su maletero es pequeño y no resulta ni más grande, confortable, rápido ni ahorrador que los demás. Parece que sus bazas son escasas para demostrar que vale lo que cuesta. Llegamos al Nissan. Cuesta casi lo mismo que el Scénic, corre como un diablo, se tiene más que un tentempié, gasta el que menos, su maletero es razonable y el habitáculo, sin ser grande, al menos cumple. Es generoso en el confort y su imagen, aunque no abunda el lujo, puede pasar como de buena factura. Parece que cuenta con una buena tarjeta de presentación. Tampoco el Seat Freetrack es un coche del montón. Eso sí, es un poco más caro que el francés y el japonés, pero tiene mejor aspecto en su presentación. Se encuentra en una zona templada tanto por consumo como por prestaciones, no resulta tan cómodo como los mejores pero posee un maletero excepcional y eso, si salimos al campo, tiene un alto valor intrínseco. Es un coche muy a tener en cuenta pues obsequia con un buen tacto general.

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