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Nissan Qashqai 1.5 dci

El Qashqai ha llegado en el momento adecuado y con las cualidades adecuadas. Tiene imagen imponente de todo terreno, dimensiones razonables, mecánicas de primera línea y un precio contenido. En esta variante diesel los consumos son ridículos y anda suficiente como para tener que andar atento a los radares. No es extraño que la lista de espera llegue ya a octubre.
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Nissan Qashqai 1.5 dci
Puede que seas tan cuadriculado como para no entender la necesidad de un todo terreno cuando no vas a pisar nunca el campo. Puede que tengas tantas presiones “familiares” o “sociales” como para tener que comprarte un todo terreno, cuando tú no necesitas un coche voluminoso, grande y gastón. Puede que sea este tú caso, como el de mi amigo que, sin comerlo ni beberlo, se ha visto obligado a pasar por el aro y fue de los primeros en hacerse con un Qashqai 1.5 dci. Ingenuo de él, me lo ha prestado para que le hiciese el rodaje… y casi se lo devuelvo con 5.000 km en el contador.

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Lo veas en las fotos del folleto o lo veas en el lavadero, el Qashqai te impone. Tiene un morro tan alto que te crees que tienes un Touareg. Te tienes que poner de puntillas para alcanzar el parabrisas cuando quitas mosquitos en la gasolinera de la autopista. Pero como por arte de magia, resulta que cabe en tu plaza de garaje, porque sólo mide 4,3 metros de longitud, lo que cualquier compacto, léase Opel Astra o similar. A tu lado aparca otro “presionado social”, que ya con dos niños y bicicletas se ha visto en la imperiosa necesidad de comprar un monovolumen. ¡Pero si resulta que es más alto que el Qashqai! No lo dirías cuando lo miras desde fuera. Cómo engañan los diseñadores.

Otro tanto puede decirse de esa imagen campera que desprende. Los responsables de Nissan claman una y otra vez que este coche es pura carretera, que los caminos mejor ni olerlos. Sin embargo, está lleno de proteccciones de plástico oscuro, bien visibles, pero nada voluminosas, para que no se queden “pegadas” en la primera columna de un aparcamiento. Como todo terreno da el pego a cualquiera y nosotros nos hemos hartado a llevar la contraria a los técnicos en marketing de Nissan y podemos constatar que se desenvuelve de maravilla sobre esos caminos de polvo y barro ligero. La razón hay que buscarla en los neumáticos, que con unas dimensiones de balón impropias de los tiempos que corren en un turismo, sirven para franquear obstáculos sin inmutarse. Eso, al margen de la suspensión, que es otro de los puntos que llaman la atención. Lleva la plataforma del futuro Mégane. Con esta premisa, uno se puede esperar un comportamiento de compacto de primera línea. Exacto. Eso es lo que te encuentras en el Qashqai. Una amortiguación que digiere todo sin inmutarse, una rigidez de suspensión que tiene poco que ver con este calificativo salvo en momentos muy puntuales y una dirección… en el polo opuesto del actual Mégane. Si sopla el viento, lo notas, pero sin sacudidas, basta con mantener la corrección con el volante, sin sacudidas continuas, ni nada parecido. La dirección será dura “de sacrilegio” para el que se baje de un Renault, pero para el que le guste saber lo que sucede bajo las ruedas en cada momento, estará encantado. Así tiene que ser, como poco, una dirección con asistencia eléctrica. Claro contraste con la asistencia que se procura al pedal de freno, ésta sí en línea con lo que te encuentras en un Renault, tocas y muerde, lo que confiere una gran confianza con independencia de la efectividad real de la frenada, pero… ¿no decíamos desde el principio de que es un coche demostrativo de que hay que dar al cliente lo que quiere.

Durante la presentación de los Qashqai a la prensa, nunca se nos había dejado conducir las mecánicas menos potentes. Gracias a mi amigo, hemos podido conducir largo y tendido el Diesel más pequeño, lo que significa, habida cuenta de la tendencia del mercado, de que previsiblemente será la más popular. Con sólo 1,5 litros de cilindrada, el dci de Renault se antoja a priori algo escaso con sus 105 caballos. “Qué lástima que no se ofrezca la versión de 120 caballos, seguro que más acorde con el peso del coche”, es lo primero que te viene a la cabeza. Te cuestionas por qué tu amigo no se habrá decantado por el 2.0 como le dijiste, que para algo lo habíamos conducido antes (contacto Qashqai) o incluso el dos litros de gasolina (prueba Qashqai 2.0 16v), pero… Te haces con el coche con todos los prejuicios. “Hacer el rodaje de un coche que vas llevar siempre pie a la tabla, vaya rodaje….”, piensas para tus adentros. Los primeros semáforos te hacen ver que vas a perder a tu amigo. El motor dci es de una suavidad impresionante, pero con esa cilindrada no se pueden esperar milagros a bajo régimen. El aire acondicionado conectado se deja sentir, y aunque pises el acelerador y estires las dos primeras marchas, en el ansioso tráfico de las grandes ciudades siempre habrá alguien que sale más rápido que tú. No es que vayas echando carreras, pero pierdes un poco de libertad, (para un cambio de carril, por ejemplo), si te falta ese poder, que por algo los ingleses emplean esta misma palabra para la potencia.

Cuando crees asumir tu “posición” en el tráfico, compruebas que se mueve bien, muy bien, en cuanto pasas de las 2.000 rpm. En vías rápidas nadie diría que es un 1.5, ni siquiera los ocupantes, con el suave funcionamiento y ruido del motor Renault. La siguiente sorpresa te la da el ordenador de abordo, cuando compruebas que no pasas de los 7 litros a los cien. Y, además, gasóleo. Vaya, resulta que sí vas a hacerle un buen rodaje y que puedes adoptar tu ritmo en el tráfico a tu antojo.

La visibilidad por el espejo interior no es demasiado generosa, pero lo compensan con creces los enormes espejos exteriores. Y como en realidad es pequeño, te desenvuelves con soltura.

Puede que seas tan cuadriculado como para no entender la necesidad de un todo terreno cuando no vas a pisar nunca el campo. Puede que tengas tantas presiones “familiares” o “sociales” como para tener que comprarte un todo terreno, cuando tú no necesitas un coche voluminoso, grande y gastón. Puede que sea este tú caso, como el de mi amigo que, sin comerlo ni beberlo, se ha visto obligado a pasar por el aro y fue de los primeros en hacerse con un Qashqai 1.5 dci. Ingenuo de él, me lo ha prestado para que le hiciese el rodaje… y casi se lo devuelvo con 5.000 km en el contador. Lo veas en las fotos del folleto o lo veas en el lavadero, el Qashqai te impone. Tiene un morro tan alto que te crees que tienes un Touareg. Te tienes que poner de puntillas para alcanzar el parabrisas cuando quitas mosquitos en la gasolinera de la autopista. Pero como por arte de magia, resulta que cabe en tu plaza de garaje, porque sólo mide 4,3 metros de longitud, lo que cualquier compacto, léase Opel Astra o similar. A tu lado aparca otro “presionado social”, que ya con dos niños y bicicletas se ha visto en la imperiosa necesidad de comprar un monovolumen. ¡Pero si resulta que es más alto que el Qashqai! No lo dirías cuando lo miras desde fuera. Cómo engañan los diseñadores.

Otro tanto puede decirse de esa imagen campera que desprende. Los responsables de Nissan claman una y otra vez que este coche es pura carretera, que los caminos mejor ni olerlos. Sin embargo, está lleno de proteccciones de plástico oscuro, bien visibles, pero nada voluminosas, para que no se queden “pegadas” en la primera columna de un aparcamiento. Como todo terreno da el pego a cualquiera y nosotros nos hemos hartado a llevar la contraria a los técnicos en marketing de Nissan y podemos constatar que se desenvuelve de maravilla sobre esos caminos de polvo y barro ligero. La razón hay que buscarla en los neumáticos, que con unas dimensiones de balón impropias de los tiempos que corren en un turismo, sirven para franquear obstáculos sin inmutarse. Eso, al margen de la suspensión, que es otro de los puntos que llaman la atención. Lleva la plataforma del futuro Mégane. Con esta premisa, uno se puede esperar un comportamiento de compacto de primera línea. Exacto. Eso es lo que te encuentras en el Qashqai. Una amortiguación que digiere todo sin inmutarse, una rigidez de suspensión que tiene poco que ver con este calificativo salvo en momentos muy puntuales y una dirección… en el polo opuesto del actual Mégane. Si sopla el viento, lo notas, pero sin sacudidas, basta con mantener la corrección con el volante, sin sacudidas continuas, ni nada parecido. La dirección será dura “de sacrilegio” para el que se baje de un Renault, pero para el que le guste saber lo que sucede bajo las ruedas en cada momento, estará encantado. Así tiene que ser, como poco, una dirección con asistencia eléctrica. Claro contraste con la asistencia que se procura al pedal de freno, ésta sí en línea con lo que te encuentras en un Renault, tocas y muerde, lo que confiere una gran confianza con independencia de la efectividad real de la frenada, pero… ¿no decíamos desde el principio de que es un coche demostrativo de que hay que dar al cliente lo que quiere.

Durante la presentación de los Qashqai a la prensa, nunca se nos había dejado conducir las mecánicas menos potentes. Gracias a mi amigo, hemos podido conducir largo y tendido el Diesel más pequeño, lo que significa, habida cuenta de la tendencia del mercado, de que previsiblemente será la más popular. Con sólo 1,5 litros de cilindrada, el dci de Renault se antoja a priori algo escaso con sus 105 caballos. “Qué lástima que no se ofrezca la versión de 120 caballos, seguro que más acorde con el peso del coche”, es lo primero que te viene a la cabeza. Te cuestionas por qué tu amigo no se habrá decantado por el 2.0 como le dijiste, que para algo lo habíamos conducido antes (contacto Qashqai) o incluso el dos litros de gasolina (prueba Qashqai 2.0 16v), pero… Te haces con el coche con todos los prejuicios. “Hacer el rodaje de un coche que vas llevar siempre pie a la tabla, vaya rodaje….”, piensas para tus adentros. Los primeros semáforos te hacen ver que vas a perder a tu amigo. El motor dci es de una suavidad impresionante, pero con esa cilindrada no se pueden esperar milagros a bajo régimen. El aire acondicionado conectado se deja sentir, y aunque pises el acelerador y estires las dos primeras marchas, en el ansioso tráfico de las grandes ciudades siempre habrá alguien que sale más rápido que tú. No es que vayas echando carreras, pero pierdes un poco de libertad, (para un cambio de carril, por ejemplo), si te falta ese poder, que por algo los ingleses emplean esta misma palabra para la potencia.

Cuando crees asumir tu “posición” en el tráfico, compruebas que se mueve bien, muy bien, en cuanto pasas de las 2.000 rpm. En vías rápidas nadie diría que es un 1.5, ni siquiera los ocupantes, con el suave funcionamiento y ruido del motor Renault. La siguiente sorpresa te la da el ordenador de abordo, cuando compruebas que no pasas de los 7 litros a los cien. Y, además, gasóleo. Vaya, resulta que sí vas a hacerle un buen rodaje y que puedes adoptar tu ritmo en el tráfico a tu antojo.

La visibilidad por el espejo interior no es demasiado generosa, pero lo compensan con creces los enormes espejos exteriores. Y como en realidad es pequeño, te desenvuelves con soltura.

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