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Nissan Qashqai 2.0 dCi Acenta

La versión del Nissan Qashqai que combina el motor dCi de 150 CV con el sistema de tracción total seleccionable por el conductor da plena satisfacción en cualquier terreno. Es rápido en el asfalto, consume poco combustible y, sobre tierra, puede sorprender favorablemente a su conductor gracias a la tracción total.
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Nissan Qashqai 2.0 dCi Acenta
Podemos entrar en disquisiciones de todo tipo, pero hay una verdad incuestionable: el Qashqai está siendo un éxito comercial de tal calibre para Nissan que ni siquiera ellos tenían previsto y, en consecuencia, deberán invertir una buena cantidad de dinero para aumentar la cadencia de producción. Y esto no ocurre por casualidad, ya que en las primeras versiones lanzadas demostró una definición de producto excelente. Ahora llega a nuestras manos la versión con tracción total insertable motorizada por el impecable motor dCi de 150 CV, con el anagrama Renault escondido en sus piezas.
Vamos por partes, pues podemos analizar el motor, la transmisión o este conjunto en combinación con el bastidor Qashqai. Levantamos su capó y nos encontramos con uno de los motores turbodiésel más agradables y de mejor rendimiento que existen en el mercado en este nivel de cilindrada. Resulta de lo más silencioso, sin sonar, además, a diesel. Su funcionamiento destaca por lo rápido en su capacidad de subir régimen, puesto que la aguja se dispara en marchas cortas hasta llegar a entrar –nos imaginamos que por inercia- en la zona roja del cuentarrevoluciones y es fácil verla conversando con la indicación 5.500 del instrumento, algo que en nuestro banco de potencia queda desmentido, limitándose a, que ya es mucho, 5.000 rpm.

Su conducta es de lo más progresiva, destacando su elasticidad, pues es capaz de tirar del coche en una rampa no muy fuerte, en sexta, desde 1.200 rpm, acelerando sin ahogos. Su mejor zona de utilización es entre 2.000 y 3.800 rpm, donde nos obsequia con más de 30 mkg de par, fuerza suficiente para mover al Qashqai con suma diligencia. Y no nos engañemos, porque el tamaño compacto del coche y su diseño fluido nos pueden llevar a equívoco, porque de ligereza, poco, ya que sobre nuestras básculas, ha llegado a rozar los 1.600 kg con el depósito lleno. Pero también este propulsor admite ser estirado hasta regímenes bien fuera de lo habitual en este tipo de motores sin que se exija un cambio de marchas para obtener aceleración real. Y todo a cambio de un consumo de combustible bien comedido, destacando un gasto en ciudad que no llega a los 9 l/100 km, nada exagerado teniendo en cuenta el tema del peso. Por cierto, y dado el próximo cambio del marco legal, dejar constancia que las emisiones de este modelo están cifradas en 186 gr/km de CO2, situándolo en la banda del 9,75 por ciento de impuesto de circulación.

La transmisión de esta versión está formada por una caja de cambios manual de seis relaciones, cuyos desarrollos están bien elegidos, pues aunque teóricamente en quinta se puede llegar a la velocidad máxima, esto no ocurre si no es en una bajada muy pronunciada. Esta versión de tracción total posee un sistema similar al del Pathfinder, por lo que se puede calificar como de muy sobrado. Podemos entrar en disquisiciones de todo tipo, pero hay una verdad incuestionable: el Qashqai está siendo un éxito comercial de tal calibre para Nissan que ni siquiera ellos tenían previsto y, en consecuencia, deberán invertir una buena cantidad de dinero para aumentar la cadencia de producción. Y esto no ocurre por casualidad, ya que en las primeras versiones lanzadas demostró una definición de producto excelente. Ahora llega a nuestras manos la versión con tracción total insertable motorizada por el impecable motor dCi de 150 CV, con el anagrama Renault escondido en sus piezas. Vamos por partes, pues podemos analizar el motor, la transmisión o este conjunto en combinación con el bastidor Qashqai. Levantamos su capó y nos encontramos con uno de los motores turbodiésel más agradables y de mejor rendimiento que existen en el mercado en este nivel de cilindrada. Resulta de lo más silencioso, sin sonar, además, a diesel. Su funcionamiento destaca por lo rápido en su capacidad de subir régimen, puesto que la aguja se dispara en marchas cortas hasta llegar a entrar –nos imaginamos que por inercia- en la zona roja del cuentarrevoluciones y es fácil verla conversando con la indicación 5.500 del instrumento, algo que en nuestro banco de potencia queda desmentido, limitándose a, que ya es mucho, 5.000 rpm.

Su conducta es de lo más progresiva, destacando su elasticidad, pues es capaz de tirar del coche en una rampa no muy fuerte, en sexta, desde 1.200 rpm, acelerando sin ahogos. Su mejor zona de utilización es entre 2.000 y 3.800 rpm, donde nos obsequia con más de 30 mkg de par, fuerza suficiente para mover al Qashqai con suma diligencia. Y no nos engañemos, porque el tamaño compacto del coche y su diseño fluido nos pueden llevar a equívoco, porque de ligereza, poco, ya que sobre nuestras básculas, ha llegado a rozar los 1.600 kg con el depósito lleno. Pero también este propulsor admite ser estirado hasta regímenes bien fuera de lo habitual en este tipo de motores sin que se exija un cambio de marchas para obtener aceleración real. Y todo a cambio de un consumo de combustible bien comedido, destacando un gasto en ciudad que no llega a los 9 l/100 km, nada exagerado teniendo en cuenta el tema del peso. Por cierto, y dado el próximo cambio del marco legal, dejar constancia que las emisiones de este modelo están cifradas en 186 gr/km de CO2, situándolo en la banda del 9,75 por ciento de impuesto de circulación.

La transmisión de esta versión está formada por una caja de cambios manual de seis relaciones, cuyos desarrollos están bien elegidos, pues aunque teóricamente en quinta se puede llegar a la velocidad máxima, esto no ocurre si no es en una bajada muy pronunciada. Esta versión de tracción total posee un sistema similar al del Pathfinder, por lo que se puede calificar como de muy sobrado.
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