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Nissan GT-R Black Edition

¿A qué se debe la aureola de superioridad del GT-R? ¿A un videojuego? ¿A sus prestaciones? ¿A la constante evolución del modelo, que ya va por 550 CV? Las mejoras y puesta a punto de esta edición seguirán conquistando a los fanáticos de la eficacia en estado puro.
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Nissan GT-R Black Edition

La fama le precede, pues recoge la herencia deportiva del Skyline, pero otra gran parte de su éxito es por "culpa" de su aparición en un famoso videojuego. Esto ha hecho que más de uno hayamos podido "probar" sus virtudes hasta la extenuación incluso en Nürburgring, aunque sea virtualmente, algo que, en lo referente a sensaciones, poco tiene que ver con la experiencia de conducirlo en la realidad. Bajo una piel relativamente discreta y un precio nada desorbitado se esconde uno de los deportivos más eficaces del mercado, quizá el que más, y con la edición 2012 todo apunta a que va a seguir siendo así. 

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Gracias al incremento de potencia y a un "launch control" revisado, bate su anterior marca de aceleración de 0 a 100 km/h en nada menos que 19 décimas y, por tanto, también a su declarado rival, el 911 Turbo. 3,2 segundos el alemán, frente a 3,17 del GT-R, siempre según nuestras mediciones, ya que en la ficha técnica oficial nuestro protagonista homologa 2,8 segundos, pero empleando gasolina de 100 octanos. Por el momento, y al menos hasta que caiga en nuestras manos el próximo 911 Turbo, el modelo nipón es el "rey" de los deportivos que han pasado por el Centro Técnico de Autopista. 

La dureza de la suspensión, incluso en modo confort —tiene también posiciones normal y "R"—, o el poco filtrado acústico que proporcionan los pasos de rueda frente a las partículas que desprenden los neumáticos, son signos claros de que estamos ante un coche muy serio. El climatizador, la buena visibilidad hacia todos los ángulos y el excelente funcionamiento de la caja de doble embrague brindan el confort necesario para circular entre el tráfico, pero al primer acelerón se constata que, fuera de los circuitos o del videojuego, el GT-R se siente desubicado por su salvaje empuje y prestaciones, pero también por su poco contenido tamaño. El nuevo modo "save" del cambio, que resta par motor, mantiene marchas largas, e incluso en ocasiones inserta punto muerto al levantar el pie derecho a poca velocidad, puede servir para evitar tentaciones y mantener más seguros los puntos del carnet, al mismo tiempo que rebaja notablemente el consumo respecto a la anterior edición del modelo. El GT-R 2012 mantiene de su antecesor una modalidad que, tras pulsar prolongadamente la tecla "save", desacopla temporalmente la tracción total por debajo de 10 km/h cuando giramos mucho el volante, lo que, junto con la cámara trasera, reduce ligeramente el estrés en las maniobras de aparcamiento, ya que mitiga los notables rozamientos mecánicos en dicha circunstancia.

Cambio, suspensión y control de estabilidad tienen su correspondiente modo "R" para poder dar rienda suelta a los 550 CV del motor. Es como más compensado se muestra el GT-R, ya que así exhibe su verdadera personalidad: los amortiguadores dejan de ser activos y adquieren la máxima dureza todo el tiempo, la respuesta del acelerador es más contundente, el cambio permite que el motor alcance un mayor régimen de giro, el reparto de tracción logra aún mayor agilidad mandando más potencia atrás, las ayudas electrónicas se vuelven muy permisivas... En esta modalidad, el ESP permite que el coche haga sus diabluras —y decimos esto porque lo hace prácticamente todo solo, aunque parezca que "pilotamos" nosotros— en busca de la eficacia total, pero sin dejarnos pasar miedo. Impresiona lo pronto que podemos reacelerar en plena curva y la capacidad para salir disparados incluso antes de haber terminado el giro, pues el eje trasero es muy direccional cuando hace falta y, más que deslizar, casi se teletransporta al lugar correcto de forma inmediata para que el coche apunte lo antes posible hacia la salida de la curva. Lo mismo ocurre cuando frenas en apoyo, se coloca y obliga a "jugar" con el volante antes de devorar la curva. Aunque requiere acostumbrarse para conocer sus rápidas reacciones, todo es relativamente fácil, ya que su naturalidad se aproxima a la de un tracción trasera en determinadas circunstancias, pero con una motricidad excepcional para asimilar tanta potencia al salir de las curvas. Deja intuir bien dónde están sus límites, y permite rozarlos sin mucho esfuerzo, pues avisa primero con un leve subviraje que, si queremos más emoción, podemos convertir en sobreviraje levantando gas y cerrando un poco la dirección, o simplemente a base de acelerador, de forma muy dosificable y sin excesivas complicaciones. El nivel de dificultad lo eliges tú, pues el GT-R responde impecablemente y sin mostrar puntos flacos sea cual sea la velocidad, por lo que llega un momento que se hace necesario un circuito.

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