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Prueba: Volkswagen New Beetle 2.0i Automático

En ciudad se muestra muy agradable y, bloqueando en tercera, permite disponer de una buena respuesta.
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Prueba: Volkswagen New Beetle 2.0i Automático
Aunque la pérdida de prestaciones es lógica y evidente si comparamos los resultados frente al New Beetle manual, la adopción de un cambio automático en este singular modelo encaja perfectamente por su planteamiento de coche de capricho dirigido a un público que en absoluto busca deportividad o máximo placer al volante. Por ello, el New Beetle automático supone una interesante alternativa, sobre todo para aquellos que van a destinar su uso básicamente en ciudad, donde sin duda muestra sus mejores argumentos.
Ello no quiere decir que en carretera se defienda mal, pues el motor de dos litros y 115 CV es suficiente garantía para poder desplazarse a buen ritmo, sobre todo por autovías o carreteras no demasiado transitadas. En este terreno, el largo desarrollo del cambio, especialmente en su última marcha —43,1 km/h por cada 1.000 revoluciones— permite elevados cruceros con cierta facilidad. A 180 km/h, en «D», el motor gira ligeramente por encima de las 4.000 rpm, lejos de las 5.200 vueltas en que entrega la potencia máxima y muy por debajo de las 6.200 a las que puede llegar a girar antes del corte de encendido. Aunque el convertidor de par penaliza la respuesta del motor y le resta cierta alegría, el funcionamiento en general destaca por su buena elasticidad y progresividad en la entrega de potencia. Este propulsor, que en el Skoda Octavia estrenó una nueva culata, sigue desarrollando la misma potencia que ofrecía en los Golf de anterior generación, pero ahora resulta algo más agradable por su mejor respuesta a bajo y medio régimen. Por ello es un buen complemento al cambio automático. En ciudad se muestra muy agradable y, bloqueando en tercera, permite disponer siempre de una buena respuesta. El excesivo salto existente entre las dos últimas relaciones hace que, en conducción urbana, el propio cambio muchas veces «dude», realizando cambios de una a otra marcha con demasiada frecuencia. Sucede lo mismo en carreteras con mucho tráfico o desniveles pronunciados, situaciones en las que en tercera el motor gira a regímenes muy elevados, pero en «D» se queda muy por debajo de la zona de mejor rendimiento del motor. Aun así, pisando a fondo el acelerador se consiguen buenos tiempos en las recuperaciones y permite adelantar con rapidez y facilidad. Pero donde ofrece lo mejor de sí el motor dos litros unido al cambio automático es en carreteras despejadas y autovías. En ellas, una vez lanzado, el New Beetle se permite mantener cruceros altos sin apenas esfuerzo por parte del motor, que siempre trabaja a unos regímenes nada exigentes. Así, la rumorosidad que llega al habitáculo se queda en unos niveles bastante discretos, favoreciendo un buen confort de marcha para los ocupantes de las plazas delanteras. Detrás, como ya hemos dicho en otras ocasiones, prácticamente sólo niños de corta edad pueden viajar sin agobios y en el maletero apenas si hay espacio para un par de maletas de reducido tamaño. Eso sí, la calidad que presenta en el acabado y en los materiales es tan buena como la del Golf y el nivel de equipamiento, igualmente completo. Además de todos los habituales elementos de confort y seguridad, el New Beetle incluye en su equipamiento de serie hasta el control de estabilidad ESP, que, a pesar de no tratarse de un modelo de vocación deportiva, siempre favorece una conducción más segura. El New Beetle comparte con el Golf las mismas suspensiones, aunque el tarado de amortiguación es más suave. Aun así, se puede ir deprisa incluso en zonas viradas, aunque la retrasada posición al volante hace que la conducción no sea tan natural como en el Golf. Los apoyos en curva son firmes y el paso por la misma no presenta problemas. Solamente a la hora de enlazar varias curvas muy seguidas se nota que le falta la agilidad y precisión del Golf para poder mantener el mismo ritmo. Las llantas de 16 pulgadas con anchos neumáticos 205/55 garantizan un buen tacto de dirección y una gran precisión en todo momento, a la vez que proporcionan unas buenas distancias de frenado dada la gran cantidad de goma en contacto con el suelo. 80 metros para detenerse desde 140 km/h así lo confirman, añadiendo un buen tacto en el pedal que permite dosificar perfectamente la frenada bajo cualquier condición.
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