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Mitsubishi Outlander 2008

Tres motores y cinco escalones de equipamiento definen la nueva generación del Outlander, que sitúa al modelo en el mercado como una de las gamas más amplias de su categoría.
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Mitsubishi Outlander 2008
Esta mecánica con motor de cuatro cilindros y 2,4 litros está disponible con una caja de cambios manual de cinco velocidades o con un cambio CVT de variador continuo con seis relaciones posibles. La función manual del cambio CVT se puede accionar en la palanca de cambio o mediante dos levas situadas tras el volante en las que la derecha sirve para subir marchas y la izquierda para bajarlas.

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Mitsubishi Outlander 2008

Por lo demás, el resto de la configuración técnica del coche se mantiene intacta. Hay que aplaudir el hecho de que no se ha caído en la tentación de aumentar el tamaño de los neumáticos, que mantienen las mismas medidas que ya tenía la versión 2.0 DID y que son de 205/70 R 16 para las variantes más modestas y de 225/55 R 18 para las versiones más equipadas y con las mecánicas 2.2 DID y 2.4 MIVEC. Medidas más que suficientes para las prestaciones del coche.

En la práctica nos han encantado los dos motores nuevos (puedes ver sus datos pulsando la pestaña "Ficha técnica"). El Diesel por la mejora de respuesta que comporta con relación al 2.0 y que es especialmente importante en un automóvil que tiene el potencial de llevar a siete ocupantes y equipaje. La mayor cifra de par disponible permite además circular en sexta la mayor parte del tiempo y sólo muy ocasionalmente hay que recurrir a la quinta para algún adelantamiento, lo que proporciona un notable agrado de conducción. En cuanto a la versión de gasolina hay que destacar la suavidad de funcionamiento. La conjunción de este motor con el cambio CVT tiene resultados contradictorios y es que, el desarrollo final, superior a los 51 km/h por cada 1.000 rpm, hace que si circulamos en modo automático se ponga de manifiesto una cierta falta de respuesta. Lo mismo ocurre si en modo manual nos empeñamos en circular el máximo tiempo posible en sexta. Sin embargo, utilizando las marchas e intentando mantener el motor en el entorno de las 3.500 vueltas se dispone de unas excelentes prestaciones. Sobre el cambio no podemos contar más que elogios, tanto si accionamos las levas, como si actuamos sobre la palanca los cambios son instantáneos, tanto hacia arriba como hacia abajo y, al no tener que levantar el pie del acelerador, se obtiene una excelente aceleración. Sólo cabe reprochar que las levas quedan un tanto alejadas y hay que accionarlas con la punta de los dedos, algo que, por otra parte, sólo requiere un pequeño periodo de adaptación. La transmisión mantiene su configuración intacta con un mando en la consola central desde el cual el conductor es capaz de preseleccionar los tres modos disponibles. Dos y cuatro ruedas motrices y una tercera opción en la que el diferencial electrónico de discos reparte el par de manera fija estableciendo un 40 por ciento delante y un 60 por ciento detrás para facilitar la motricidad en condiciones de muy baja adherencia. El nuevo escalonamiento de la gama deja al Outlander con seis posibilidades, de las que las cuatro primeras corresponden al motor 2.0 Di-D y las dos restantes, denominadas Kaiteki Plus al 2.2 Di-D y al 2.4 de gasolina. No nos parece un escalonamiento demasiado adecuado, ya que, el que quiera optar por la versión Diesel más potente deberá desembolsar una cantidad muy cercana a los 40.000 euros, que puede retraer más de una venta. Esta mecánica con motor de cuatro cilindros y 2,4 litros está disponible con una caja de cambios manual de cinco velocidades o con un cambio CVT de variador continuo con seis relaciones posibles. La función manual del cambio CVT se puede accionar en la palanca de cambio o mediante dos levas situadas tras el volante en las que la derecha sirve para subir marchas y la izquierda para bajarlas. Por lo demás, el resto de la configuración técnica del coche se mantiene intacta. Hay que aplaudir el hecho de que no se ha caído en la tentación de aumentar el tamaño de los neumáticos, que mantienen las mismas medidas que ya tenía la versión 2.0 DID y que son de 205/70 R 16 para las variantes más modestas y de 225/55 R 18 para las versiones más equipadas y con las mecánicas 2.2 DID y 2.4 MIVEC. Medidas más que suficientes para las prestaciones del coche.

En la práctica nos han encantado los dos motores nuevos (puedes ver sus datos pulsando la pestaña "Ficha técnica"). El Diesel por la mejora de respuesta que comporta con relación al 2.0 y que es especialmente importante en un automóvil que tiene el potencial de llevar a siete ocupantes y equipaje. La mayor cifra de par disponible permite además circular en sexta la mayor parte del tiempo y sólo muy ocasionalmente hay que recurrir a la quinta para algún adelantamiento, lo que proporciona un notable agrado de conducción. En cuanto a la versión de gasolina hay que destacar la suavidad de funcionamiento. La conjunción de este motor con el cambio CVT tiene resultados contradictorios y es que, el desarrollo final, superior a los 51 km/h por cada 1.000 rpm, hace que si circulamos en modo automático se ponga de manifiesto una cierta falta de respuesta. Lo mismo ocurre si en modo manual nos empeñamos en circular el máximo tiempo posible en sexta. Sin embargo, utilizando las marchas e intentando mantener el motor en el entorno de las 3.500 vueltas se dispone de unas excelentes prestaciones. Sobre el cambio no podemos contar más que elogios, tanto si accionamos las levas, como si actuamos sobre la palanca los cambios son instantáneos, tanto hacia arriba como hacia abajo y, al no tener que levantar el pie del acelerador, se obtiene una excelente aceleración. Sólo cabe reprochar que las levas quedan un tanto alejadas y hay que accionarlas con la punta de los dedos, algo que, por otra parte, sólo requiere un pequeño periodo de adaptación. La transmisión mantiene su configuración intacta con un mando en la consola central desde el cual el conductor es capaz de preseleccionar los tres modos disponibles. Dos y cuatro ruedas motrices y una tercera opción en la que el diferencial electrónico de discos reparte el par de manera fija estableciendo un 40 por ciento delante y un 60 por ciento detrás para facilitar la motricidad en condiciones de muy baja adherencia. El nuevo escalonamiento de la gama deja al Outlander con seis posibilidades, de las que las cuatro primeras corresponden al motor 2.0 Di-D y las dos restantes, denominadas Kaiteki Plus al 2.2 Di-D y al 2.4 de gasolina. No nos parece un escalonamiento demasiado adecuado, ya que, el que quiera optar por la versión Diesel más potente deberá desembolsar una cantidad muy cercana a los 40.000 euros, que puede retraer más de una venta. Esta mecánica con motor de cuatro cilindros y 2,4 litros está disponible con una caja de cambios manual de cinco velocidades o con un cambio CVT de variador continuo con seis relaciones posibles. La función manual del cambio CVT se puede accionar en la palanca de cambio o mediante dos levas situadas tras el volante en las que la derecha sirve para subir marchas y la izquierda para bajarlas. Por lo demás, el resto de la configuración técnica del coche se mantiene intacta. Hay que aplaudir el hecho de que no se ha caído en la tentación de aumentar el tamaño de los neumáticos, que mantienen las mismas medidas que ya tenía la versión 2.0 DID y que son de 205/70 R 16 para las variantes más modestas y de 225/55 R 18 para las versiones más equipadas y con las mecánicas 2.2 DID y 2.4 MIVEC. Medidas más que suficientes para las prestaciones del coche.

En la práctica nos han encantado los dos motores nuevos (puedes ver sus datos pulsando la pestaña "Ficha técnica"). El Diesel por la mejora de respuesta que comporta con relación al 2.0 y que es especialmente importante en un automóvil que tiene el potencial de llevar a siete ocupantes y equipaje. La mayor cifra de par disponible permite además circular en sexta la mayor parte del tiempo y sólo muy ocasionalmente hay que recurrir a la quinta para algún adelantamiento, lo que proporciona un notable agrado de conducción. En cuanto a la versión de gasolina hay que destacar la suavidad de funcionamiento. La conjunción de este motor con el cambio CVT tiene resultados contradictorios y es que, el desarrollo final, superior a los 51 km/h por cada 1.000 rpm, hace que si circulamos en modo automático se ponga de manifiesto una cierta falta de respuesta. Lo mismo ocurre si en modo manual nos empeñamos en circular el máximo tiempo posible en sexta. Sin embargo, utilizando las marchas e intentando mantener el motor en el entorno de las 3.500 vueltas se dispone de unas excelentes prestaciones. Sobre el cambio no podemos contar más que elogios, tanto si accionamos las levas, como si actuamos sobre la palanca los cambios son instantáneos, tanto hacia arriba como hacia abajo y, al no tener que levantar el pie del acelerador, se obtiene una excelente aceleración. Sólo cabe reprochar que las levas quedan un tanto alejadas y hay que accionarlas con la punta de los dedos, algo que, por otra parte, sólo requiere un pequeño periodo de adaptación. La transmisión mantiene su configuración intacta con un mando en la consola central desde el cual el conductor es capaz de preseleccionar los tres modos disponibles. Dos y cuatro ruedas motrices y una tercera opción en la que el diferencial electrónico de discos reparte el par de manera fija estableciendo un 40 por ciento delante y un 60 por ciento detrás para facilitar la motricidad en condiciones de muy baja adherencia. El nuevo escalonamiento de la gama deja al Outlander con seis posibilidades, de las que las cuatro primeras corresponden al motor 2.0 Di-D y las dos restantes, denominadas Kaiteki Plus al 2.2 Di-D y al 2.4 de gasolina. No nos parece un escalonamiento demasiado adecuado, ya que, el que quiera optar por la versión Diesel más potente deberá desembolsar una cantidad muy cercana a los 40.000 euros, que puede retraer más de una venta. Esta mecánica con motor de cuatro cilindros y 2,4 litros está disponible con una caja de cambios manual de cinco velocidades o con un cambio CVT de variador continuo con seis relaciones posibles. La función manual del cambio CVT se puede accionar en la palanca de cambio o mediante dos levas situadas tras el volante en las que la derecha sirve para subir marchas y la izquierda para bajarlas. Por lo demás, el resto de la configuración técnica del coche se mantiene intacta. Hay que aplaudir el hecho de que no se ha caído en la tentación de aumentar el tamaño de los neumáticos, que mantienen las mismas medidas que ya tenía la versión 2.0 DID y que son de 205/70 R 16 para las variantes más modestas y de 225/55 R 18 para las versiones más equipadas y con las mecánicas 2.2 DID y 2.4 MIVEC. Medidas más que suficientes para las prestaciones del coche.

En la práctica nos han encantado los dos motores nuevos (puedes ver sus datos pulsando la pestaña "Ficha técnica"). El Diesel por la mejora de respuesta que comporta con relación al 2.0 y que es especialmente importante en un automóvil que tiene el potencial de llevar a siete ocupantes y equipaje. La mayor cifra de par disponible permite además circular en sexta la mayor parte del tiempo y sólo muy ocasionalmente hay que recurrir a la quinta para algún adelantamiento, lo que proporciona un notable agrado de conducción. En cuanto a la versión de gasolina hay que destacar la suavidad de funcionamiento. La conjunción de este motor con el cambio CVT tiene resultados contradictorios y es que, el desarrollo final, superior a los 51 km/h por cada 1.000 rpm, hace que si circulamos en modo automático se ponga de manifiesto una cierta falta de respuesta. Lo mismo ocurre si en modo manual nos empeñamos en circular el máximo tiempo posible en sexta. Sin embargo, utilizando las marchas e intentando mantener el motor en el entorno de las 3.500 vueltas se dispone de unas excelentes prestaciones. Sobre el cambio no podemos contar más que elogios, tanto si accionamos las levas, como si actuamos sobre la palanca los cambios son instantáneos, tanto hacia arriba como hacia abajo y, al no tener que levantar el pie del acelerador, se obtiene una excelente aceleración. Sólo cabe reprochar que las levas quedan un tanto alejadas y hay que accionarlas con la punta de los dedos, algo que, por otra parte, sólo requiere un pequeño periodo de adaptación. La transmisión mantiene su configuración intacta con un mando en la consola central desde el cual el conductor es capaz de preseleccionar los tres modos disponibles. Dos y cuatro ruedas motrices y una tercera opción en la que el diferencial electrónico de discos reparte el par de manera fija estableciendo un 40 por ciento delante y un 60 por ciento detrás para facilitar la motricidad en condiciones de muy baja adherencia. El nuevo escalonamiento de la gama deja al Outlander con seis posibilidades, de las que las cuatro primeras corresponden al motor 2.0 Di-D y las dos restantes, denominadas Kaiteki Plus al 2.2 Di-D y al 2.4 de gasolina. No nos parece un escalonamiento demasiado adecuado, ya que, el que quiera optar por la versión Diesel más potente deberá desembolsar una cantidad muy cercana a los 40.000 euros, que puede retraer más de una venta.

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