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Mini Clubman

Para los que el Mini se les quedaba como su nombre indica, el Clubman aporta una habitabilidad posterior y capacidad de carga ya más propia de un utilitario grande convencional, eso sí, sin caer en obviedades estilísticas y sin comprometer la divertida esencia de todo Mini.
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Mini Clubman
La vista trasera del Clubman es de foto. Gustará o no pero el ingenio y la exclusividad de sus dos simétricos portones, fiel reinterpretación del Clubman Estate originario, es de una frescura en un mundo de parecidos de agradecer. El manejo de una sola hoja de apertura lateral (siempre hay que hacerlo primero con la derecha, que solapa a la izquierda) para acceder al maletero con pequeños objetos es practiquísimo y mucho menos físico que en un solo portón grande. El maletero ya empieza a ser digno de llamarse así y dada la posibilidad de poder abatir por mitades el respaldo posterior, la versatilidad de carga es impropia de lo que el concepto Mini hasta ahora nos sugería. Siendo abogado del diablo podemos discutir sobre la visibilidad central, que queda reducida por los marcos de las ventanillas que confluyen en el centro del campo de visión posterior, aunque en nuestra toma de contacto urbana y de carretera, no hemos experimentado ninguna situación incómoda (no sabemos hasta qué punto dificultaría la visión de un motorista). El “look” trasero lo remata la doble raqueta limpialuneta y la bitonalidad de la carrocería, con los pilares y la superficie superior del paragolpes del mismo color que el techo, a modo de enmarque de las puertas, que van pintadas igual que el resto de paneles.

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Mini Clubman: maletero

Esta racionalidad del Clubman no empaña la diversión que supone conducir un Mini. El Clubman sigue siendo un coche de movimientos rápidos y precisos, que si el Mini de segunda generación ha moderado la agilidad respecto al primero, el Clubman posiblemente lo haya hecho un poco más, dada su mayor distancia entre ejes. Esto y que anuncia un peso superior de 65 kilos entre versiones equivalentes no nos ha parecido que implique una conducta diferente y en el Clubman sigue primando la sensación de ser un coche especialmente dinámico, más directo de reacciones que un utilitario convencional. En esta toma de contacto sólo hemos conducido la versión más potente, el Cooper S con motor turbo de gasolina de 175 CV, que garantizan prestaciones muy elevadas, y el tacto general es de una calidad mecánica excelente, revertida en sentir la conducción del coche. Dirección, pedales, cambio, suspensión, todo un toque de solidez especialmente bien puesto a punto para cuidar las buenas sensaciones de conducción.

Hereda las mismos motores de la gama: 1.6i de 120 CV (Cooper), 1.6 Turbo de 175 (Cooper S) y 1.6 Diésel de 110 CV (Cooper D). Todos los motores son de nueva factura y destaca la construcción íntegra en aluminio. Recordemos que los motores de gasolina son fruto de un acuerdo de colaboración entre BMW y el Grupo PSA, por el que la primera se ocupaba de su concepción y el Grupo francés de su fabricación. El Diesel es propio de PSA, aunque según BMW con puesta a punto específica en el Mini. Con 110 CV se da el esperado salto cuantitativo respecto a los motores Diesel del Mini anterior. Además, toda una serie de modernas características técnicas hacen del Mini un coche tecnológicamente muy avanzado. El sistema Star-Stop que para el motor en las detenciones absolutas (semáforos, atascos, etc) es de serie en todas las versiones, así como el sistema de regeneración de energía en las fases de frenado y deceleración, eximiendo en fases de aceleración al alternador (menos freno motor, más prestación y menos consumo). Otra lindeza técnica la podemos ver en el autoblocante para la versión Cooper S, por si alguien ponía en duda la eficiencia deportiva del Clubman, que hace exclusivo el color de carrocería Hot Chocolat para terminar de evocar a uno de los coches británicos más representativos de su historia. La vista trasera del Clubman es de foto. Gustará o no pero el ingenio y la exclusividad de sus dos simétricos portones, fiel reinterpretación del Clubman Estate originario, es de una frescura en un mundo de parecidos de agradecer. El manejo de una sola hoja de apertura lateral (siempre hay que hacerlo primero con la derecha, que solapa a la izquierda) para acceder al maletero con pequeños objetos es practiquísimo y mucho menos físico que en un solo portón grande. El maletero ya empieza a ser digno de llamarse así y dada la posibilidad de poder abatir por mitades el respaldo posterior, la versatilidad de carga es impropia de lo que el concepto Mini hasta ahora nos sugería. Siendo abogado del diablo podemos discutir sobre la visibilidad central, que queda reducida por los marcos de las ventanillas que confluyen en el centro del campo de visión posterior, aunque en nuestra toma de contacto urbana y de carretera, no hemos experimentado ninguna situación incómoda (no sabemos hasta qué punto dificultaría la visión de un motorista). El “look” trasero lo remata la doble raqueta limpialuneta y la bitonalidad de la carrocería, con los pilares y la superficie superior del paragolpes del mismo color que el techo, a modo de enmarque de las puertas, que van pintadas igual que el resto de paneles. Esta racionalidad del Clubman no empaña la diversión que supone conducir un Mini. El Clubman sigue siendo un coche de movimientos rápidos y precisos, que si el Mini de segunda generación ha moderado la agilidad respecto al primero, el Clubman posiblemente lo haya hecho un poco más, dada su mayor distancia entre ejes. Esto y que anuncia un peso superior de 65 kilos entre versiones equivalentes no nos ha parecido que implique una conducta diferente y en el Clubman sigue primando la sensación de ser un coche especialmente dinámico, más directo de reacciones que un utilitario convencional. En esta toma de contacto sólo hemos conducido la versión más potente, el Cooper S con motor turbo de gasolina de 175 CV, que garantizan prestaciones muy elevadas, y el tacto general es de una calidad mecánica excelente, revertida en sentir la conducción del coche. Dirección, pedales, cambio, suspensión, todo un toque de solidez especialmente bien puesto a punto para cuidar las buenas sensaciones de conducción.

Hereda las mismos motores de la gama: 1.6i de 120 CV (Cooper), 1.6 Turbo de 175 (Cooper S) y 1.6 Diésel de 110 CV (Cooper D). Todos los motores son de nueva factura y destaca la construcción íntegra en aluminio. Recordemos que los motores de gasolina son fruto de un acuerdo de colaboración entre BMW y el Grupo PSA, por el que la primera se ocupaba de su concepción y el Grupo francés de su fabricación. El Diesel es propio de PSA, aunque según BMW con puesta a punto específica en el Mini. Con 110 CV se da el esperado salto cuantitativo respecto a los motores Diesel del Mini anterior. Además, toda una serie de modernas características técnicas hacen del Mini un coche tecnológicamente muy avanzado. El sistema Star-Stop que para el motor en las detenciones absolutas (semáforos, atascos, etc) es de serie en todas las versiones, así como el sistema de regeneración de energía en las fases de frenado y deceleración, eximiendo en fases de aceleración al alternador (menos freno motor, más prestación y menos consumo). Otra lindeza técnica la podemos ver en el autoblocante para la versión Cooper S, por si alguien ponía en duda la eficiencia deportiva del Clubman, que hace exclusivo el color de carrocería Hot Chocolat para terminar de evocar a uno de los coches británicos más representativos de su historia. La vista trasera del Clubman es de foto. Gustará o no pero el ingenio y la exclusividad de sus dos simétricos portones, fiel reinterpretación del Clubman Estate originario, es de una frescura en un mundo de parecidos de agradecer. El manejo de una sola hoja de apertura lateral (siempre hay que hacerlo primero con la derecha, que solapa a la izquierda) para acceder al maletero con pequeños objetos es practiquísimo y mucho menos físico que en un solo portón grande. El maletero ya empieza a ser digno de llamarse así y dada la posibilidad de poder abatir por mitades el respaldo posterior, la versatilidad de carga es impropia de lo que el concepto Mini hasta ahora nos sugería. Siendo abogado del diablo podemos discutir sobre la visibilidad central, que queda reducida por los marcos de las ventanillas que confluyen en el centro del campo de visión posterior, aunque en nuestra toma de contacto urbana y de carretera, no hemos experimentado ninguna situación incómoda (no sabemos hasta qué punto dificultaría la visión de un motorista). El “look” trasero lo remata la doble raqueta limpialuneta y la bitonalidad de la carrocería, con los pilares y la superficie superior del paragolpes del mismo color que el techo, a modo de enmarque de las puertas, que van pintadas igual que el resto de paneles. Esta racionalidad del Clubman no empaña la diversión que supone conducir un Mini. El Clubman sigue siendo un coche de movimientos rápidos y precisos, que si el Mini de segunda generación ha moderado la agilidad respecto al primero, el Clubman posiblemente lo haya hecho un poco más, dada su mayor distancia entre ejes. Esto y que anuncia un peso superior de 65 kilos entre versiones equivalentes no nos ha parecido que implique una conducta diferente y en el Clubman sigue primando la sensación de ser un coche especialmente dinámico, más directo de reacciones que un utilitario convencional. En esta toma de contacto sólo hemos conducido la versión más potente, el Cooper S con motor turbo de gasolina de 175 CV, que garantizan prestaciones muy elevadas, y el tacto general es de una calidad mecánica excelente, revertida en sentir la conducción del coche. Dirección, pedales, cambio, suspensión, todo un toque de solidez especialmente bien puesto a punto para cuidar las buenas sensaciones de conducción.

Hereda las mismos motores de la gama: 1.6i de 120 CV (Cooper), 1.6 Turbo de 175 (Cooper S) y 1.6 Diésel de 110 CV (Cooper D). Todos los motores son de nueva factura y destaca la construcción íntegra en aluminio. Recordemos que los motores de gasolina son fruto de un acuerdo de colaboración entre BMW y el Grupo PSA, por el que la primera se ocupaba de su concepción y el Grupo francés de su fabricación. El Diesel es propio de PSA, aunque según BMW con puesta a punto específica en el Mini. Con 110 CV se da el esperado salto cuantitativo respecto a los motores Diesel del Mini anterior. Además, toda una serie de modernas características técnicas hacen del Mini un coche tecnológicamente muy avanzado. El sistema Star-Stop que para el motor en las detenciones absolutas (semáforos, atascos, etc) es de serie en todas las versiones, así como el sistema de regeneración de energía en las fases de frenado y deceleración, eximiendo en fases de aceleración al alternador (menos freno motor, más prestación y menos consumo). Otra lindeza técnica la podemos ver en el autoblocante para la versión Cooper S, por si alguien ponía en duda la eficiencia deportiva del Clubman, que hace exclusivo el color de carrocería Hot Chocolat para terminar de evocar a uno de los coches británicos más representativos de su historia. La vista trasera del Clubman es de foto. Gustará o no pero el ingenio y la exclusividad de sus dos simétricos portones, fiel reinterpretación del Clubman Estate originario, es de una frescura en un mundo de parecidos de agradecer. El manejo de una sola hoja de apertura lateral (siempre hay que hacerlo primero con la derecha, que solapa a la izquierda) para acceder al maletero con pequeños objetos es practiquísimo y mucho menos físico que en un solo portón grande. El maletero ya empieza a ser digno de llamarse así y dada la posibilidad de poder abatir por mitades el respaldo posterior, la versatilidad de carga es impropia de lo que el concepto Mini hasta ahora nos sugería. Siendo abogado del diablo podemos discutir sobre la visibilidad central, que queda reducida por los marcos de las ventanillas que confluyen en el centro del campo de visión posterior, aunque en nuestra toma de contacto urbana y de carretera, no hemos experimentado ninguna situación incómoda (no sabemos hasta qué punto dificultaría la visión de un motorista). El “look” trasero lo remata la doble raqueta limpialuneta y la bitonalidad de la carrocería, con los pilares y la superficie superior del paragolpes del mismo color que el techo, a modo de enmarque de las puertas, que van pintadas igual que el resto de paneles. Esta racionalidad del Clubman no empaña la diversión que supone conducir un Mini. El Clubman sigue siendo un coche de movimientos rápidos y precisos, que si el Mini de segunda generación ha moderado la agilidad respecto al primero, el Clubman posiblemente lo haya hecho un poco más, dada su mayor distancia entre ejes. Esto y que anuncia un peso superior de 65 kilos entre versiones equivalentes no nos ha parecido que implique una conducta diferente y en el Clubman sigue primando la sensación de ser un coche especialmente dinámico, más directo de reacciones que un utilitario convencional. En esta toma de contacto sólo hemos conducido la versión más potente, el Cooper S con motor turbo de gasolina de 175 CV, que garantizan prestaciones muy elevadas, y el tacto general es de una calidad mecánica excelente, revertida en sentir la conducción del coche. Dirección, pedales, cambio, suspensión, todo un toque de solidez especialmente bien puesto a punto para cuidar las buenas sensaciones de conducción.

Hereda las mismos motores de la gama: 1.6i de 120 CV (Cooper), 1.6 Turbo de 175 (Cooper S) y 1.6 Diésel de 110 CV (Cooper D). Todos los motores son de nueva factura y destaca la construcción íntegra en aluminio. Recordemos que los motores de gasolina son fruto de un acuerdo de colaboración entre BMW y el Grupo PSA, por el que la primera se ocupaba de su concepción y el Grupo francés de su fabricación. El Diesel es propio de PSA, aunque según BMW con puesta a punto específica en el Mini. Con 110 CV se da el esperado salto cuantitativo respecto a los motores Diesel del Mini anterior. Además, toda una serie de modernas características técnicas hacen del Mini un coche tecnológicamente muy avanzado. El sistema Star-Stop que para el motor en las detenciones absolutas (semáforos, atascos, etc) es de serie en todas las versiones, así como el sistema de regeneración de energía en las fases de frenado y deceleración, eximiendo en fases de aceleración al alternador (menos freno motor, más prestación y menos consumo). Otra lindeza técnica la podemos ver en el autoblocante para la versión Cooper S, por si alguien ponía en duda la eficiencia deportiva del Clubman, que hace exclusivo el color de carrocería Hot Chocolat para terminar de evocar a uno de los coches británicos más representativos de su historia. La vista trasera del Clubman es de foto. Gustará o no pero el ingenio y la exclusividad de sus dos simétricos portones, fiel reinterpretación del Clubman Estate originario, es de una frescura en un mundo de parecidos de agradecer. El manejo de una sola hoja de apertura lateral (siempre hay que hacerlo primero con la derecha, que solapa a la izquierda) para acceder al maletero con pequeños objetos es practiquísimo y mucho menos físico que en un solo portón grande. El maletero ya empieza a ser digno de llamarse así y dada la posibilidad de poder abatir por mitades el respaldo posterior, la versatilidad de carga es impropia de lo que el concepto Mini hasta ahora nos sugería. Siendo abogado del diablo podemos discutir sobre la visibilidad central, que queda reducida por los marcos de las ventanillas que confluyen en el centro del campo de visión posterior, aunque en nuestra toma de contacto urbana y de carretera, no hemos experimentado ninguna situación incómoda (no sabemos hasta qué punto dificultaría la visión de un motorista). El “look” trasero lo remata la doble raqueta limpialuneta y la bitonalidad de la carrocería, con los pilares y la superficie superior del paragolpes del mismo color que el techo, a modo de enmarque de las puertas, que van pintadas igual que el resto de paneles. Esta racionalidad del Clubman no empaña la diversión que supone conducir un Mini. El Clubman sigue siendo un coche de movimientos rápidos y precisos, que si el Mini de segunda generación ha moderado la agilidad respecto al primero, el Clubman posiblemente lo haya hecho un poco más, dada su mayor distancia entre ejes. Esto y que anuncia un peso superior de 65 kilos entre versiones equivalentes no nos ha parecido que implique una conducta diferente y en el Clubman sigue primando la sensación de ser un coche especialmente dinámico, más directo de reacciones que un utilitario convencional. En esta toma de contacto sólo hemos conducido la versión más potente, el Cooper S con motor turbo de gasolina de 175 CV, que garantizan prestaciones muy elevadas, y el tacto general es de una calidad mecánica excelente, revertida en sentir la conducción del coche. Dirección, pedales, cambio, suspensión, todo un toque de solidez especialmente bien puesto a punto para cuidar las buenas sensaciones de conducción.

Hereda las mismos motores de la gama: 1.6i de 120 CV (Cooper), 1.6 Turbo de 175 (Cooper S) y 1.6 Diésel de 110 CV (Cooper D). Todos los motores son de nueva factura y destaca la construcción íntegra en aluminio. Recordemos que los motores de gasolina son fruto de un acuerdo de colaboración entre BMW y el Grupo PSA, por el que la primera se ocupaba de su concepción y el Grupo francés de su fabricación. El Diesel es propio de PSA, aunque según BMW con puesta a punto específica en el Mini. Con 110 CV se da el esperado salto cuantitativo respecto a los motores Diesel del Mini anterior. Además, toda una serie de modernas características técnicas hacen del Mini un coche tecnológicamente muy avanzado. El sistema Star-Stop que para el motor en las detenciones absolutas (semáforos, atascos, etc) es de serie en todas las versiones, así como el sistema de regeneración de energía en las fases de frenado y deceleración, eximiendo en fases de aceleración al alternador (menos freno motor, más prestación y menos consumo). Otra lindeza técnica la podemos ver en el autoblocante para la versión Cooper S, por si alguien ponía en duda la eficiencia deportiva del Clubman, que hace exclusivo el color de carrocería Hot Chocolat para terminar de evocar a uno de los coches británicos más representativos de su historia. La vista trasera del Clubman es de foto. Gustará o no pero el ingenio y la exclusividad de sus dos simétricos portones, fiel reinterpretación del Clubman Estate originario, es de una frescura en un mundo de parecidos de agradecer. El manejo de una sola hoja de apertura lateral (siempre hay que hacerlo primero con la derecha, que solapa a la izquierda) para acceder al maletero con pequeños objetos es practiquísimo y mucho menos físico que en un solo portón grande. El maletero ya empieza a ser digno de llamarse así y dada la posibilidad de poder abatir por mitades el respaldo posterior, la versatilidad de carga es impropia de lo que el concepto Mini hasta ahora nos sugería. Siendo abogado del diablo podemos discutir sobre la visibilidad central, que queda reducida por los marcos de las ventanillas que confluyen en el centro del campo de visión posterior, aunque en nuestra toma de contacto urbana y de carretera, no hemos experimentado ninguna situación incómoda (no sabemos hasta qué punto dificultaría la visión de un motorista). El “look” trasero lo remata la doble raqueta limpialuneta y la bitonalidad de la carrocería, con los pilares y la superficie superior del paragolpes del mismo color que el techo, a modo de enmarque de las puertas, que van pintadas igual que el resto de paneles. Esta racionalidad del Clubman no empaña la diversión que supone conducir un Mini. El Clubman sigue siendo un coche de movimientos rápidos y precisos, que si el Mini de segunda generación ha moderado la agilidad respecto al primero, el Clubman posiblemente lo haya hecho un poco más, dada su mayor distancia entre ejes. Esto y que anuncia un peso superior de 65 kilos entre versiones equivalentes no nos ha parecido que implique una conducta diferente y en el Clubman sigue primando la sensación de ser un coche especialmente dinámico, más directo de reacciones que un utilitario convencional. En esta toma de contacto sólo hemos conducido la versión más potente, el Cooper S con motor turbo de gasolina de 175 CV, que garantizan prestaciones muy elevadas, y el tacto general es de una calidad mecánica excelente, revertida en sentir la conducción del coche. Dirección, pedales, cambio, suspensión, todo un toque de solidez especialmente bien puesto a punto para cuidar las buenas sensaciones de conducción.

Hereda las mismos motores de la gama: 1.6i de 120 CV (Cooper), 1.6 Turbo de 175 (Cooper S) y 1.6 Diésel de 110 CV (Cooper D). Todos los motores son de nueva factura y destaca la construcción íntegra en aluminio. Recordemos que los motores de gasolina son fruto de un acuerdo de colaboración entre BMW y el Grupo PSA, por el que la primera se ocupaba de su concepción y el Grupo francés de su fabricación. El Diesel es propio de PSA, aunque según BMW con puesta a punto específica en el Mini. Con 110 CV se da el esperado salto cuantitativo respecto a los motores Diesel del Mini anterior. Además, toda una serie de modernas características técnicas hacen del Mini un coche tecnológicamente muy avanzado. El sistema Star-Stop que para el motor en las detenciones absolutas (semáforos, atascos, etc) es de serie en todas las versiones, así como el sistema de regeneración de energía en las fases de frenado y deceleración, eximiendo en fases de aceleración al alternador (menos freno motor, más prestación y menos consumo). Otra lindeza técnica la podemos ver en el autoblocante para la versión Cooper S, por si alguien ponía en duda la eficiencia deportiva del Clubman, que hace exclusivo el color de carrocería Hot Chocolat para terminar de evocar a uno de los coches británicos más representativos de su historia.
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