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Mini Clubman

Para los que el Mini se les quedaba como su nombre indica, el Clubman aporta una habitabilidad posterior y capacidad de carga ya más propia de un utilitario grande convencional, eso sí, sin caer en obviedades estilísticas y sin comprometer la divertida esencia de todo Mini.
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Mini Clubman
Que el Mini es uno de los coches capricho mejor rentabilizados no nos cabe la menor duda. De hecho, la duda es si BMW, actual propietaria de la marca y responsable de la reinterpretación de este mito automovilístico para nuestros días, contaba con el enorme éxito que ha cosechado. Seguro que un Mini se compra por aspectos emocionales, básicamente por esa acertada conjunción de diseño y calidad. Y no porque desmerezca en el aspecto mecánico y dinámico, sino todo lo contrario. Pero ahora bien, el capricho exige ciertos compromisos de habitabilidad y capacidad comparado con esos “impersonales” utilitarios tipo.

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Mini Clubman: Detalles

El Clubman mide 24 centímetros más que el Mini normal y lleva su longitud prácticamente a los 4 metros, como esos grandes utilitarios (Clio, Corsa, 207, etc) de la generación actual. De esos 24 centímetros, 8 se aplican a la batalla y el resto a la zona posterior. Es evidente, por tanto, que de esa mayor talla se benefician las piernas de los pasajeros traseros y el maletero, éste pasando de esos testimoniales 150 litros del Mini convencional a 260, como en un Seat Ibiza. (290 litros un Renault Clio). Sus números internos, por tanto, empiezan a ser de coche sin compromisos pero el ingenio de su diseño nada tiene que ver con la generalidad y sí, a la vista está, con la genialidad. En el lateral derecho esconde una pequeña segunda puerta que la solapa la delantera, por tanto, hay que abrir siempre ésta para poder pivotar la trasera, que se hace de manera opuesta, es decir, para atrás, como en el Mazda RX8. El tirador está por dentro pero la manipulación resulta cómoda y natural, denotando toda la cinemática una solidez y precisión de muy alta calidad. Para acceder a las plazas traseras tenemos que seguir desplazando el asiento delantero como en un típico coche de tres puertas, pero una vez hecho, el espacio libre para acceder allí detrás es bastante más amplio y cómodo de lo que cabría esperar, no sólo para el acceso de personas, sino simplemente para quién precise ubicar una silla infantil, por ejemplo. De serie el Clubman es un cuatro plazas, pero ha sido homologado para cinco y la opción de la banqueta trasera para tres se servirá sin cargo. La habitabilidad trasera para dos adultos es buena y hay suficiente espacio para las piernas. El pasajero se sentirá más desahogado que en el Mini convencional pero se hubiera agradecido que los enormes ventanales traseros se pudieran como mínimo abatir.

Que el Mini es uno de los coches capricho mejor rentabilizados no nos cabe la menor duda. De hecho, la duda es si BMW, actual propietaria de la marca y responsable de la reinterpretación de este mito automovilístico para nuestros días, contaba con el enorme éxito que ha cosechado. Seguro que un Mini se compra por aspectos emocionales, básicamente por esa acertada conjunción de diseño y calidad. Y no porque desmerezca en el aspecto mecánico y dinámico, sino todo lo contrario. Pero ahora bien, el capricho exige ciertos compromisos de habitabilidad y capacidad comparado con esos “impersonales” utilitarios tipo. El Clubman mide 24 centímetros más que el Mini normal y lleva su longitud prácticamente a los 4 metros, como esos grandes utilitarios (Clio, Corsa, 207, etc) de la generación actual. De esos 24 centímetros, 8 se aplican a la batalla y el resto a la zona posterior. Es evidente, por tanto, que de esa mayor talla se benefician las piernas de los pasajeros traseros y el maletero, éste pasando de esos testimoniales 150 litros del Mini convencional a 260, como en un Seat Ibiza. (290 litros un Renault Clio). Sus números internos, por tanto, empiezan a ser de coche sin compromisos pero el ingenio de su diseño nada tiene que ver con la generalidad y sí, a la vista está, con la genialidad. En el lateral derecho esconde una pequeña segunda puerta que la solapa la delantera, por tanto, hay que abrir siempre ésta para poder pivotar la trasera, que se hace de manera opuesta, es decir, para atrás, como en el Mazda RX8. El tirador está por dentro pero la manipulación resulta cómoda y natural, denotando toda la cinemática una solidez y precisión de muy alta calidad. Para acceder a las plazas traseras tenemos que seguir desplazando el asiento delantero como en un típico coche de tres puertas, pero una vez hecho, el espacio libre para acceder allí detrás es bastante más amplio y cómodo de lo que cabría esperar, no sólo para el acceso de personas, sino simplemente para quién precise ubicar una silla infantil, por ejemplo. De serie el Clubman es un cuatro plazas, pero ha sido homologado para cinco y la opción de la banqueta trasera para tres se servirá sin cargo. La habitabilidad trasera para dos adultos es buena y hay suficiente espacio para las piernas. El pasajero se sentirá más desahogado que en el Mini convencional pero se hubiera agradecido que los enormes ventanales traseros se pudieran como mínimo abatir.

Que el Mini es uno de los coches capricho mejor rentabilizados no nos cabe la menor duda. De hecho, la duda es si BMW, actual propietaria de la marca y responsable de la reinterpretación de este mito automovilístico para nuestros días, contaba con el enorme éxito que ha cosechado. Seguro que un Mini se compra por aspectos emocionales, básicamente por esa acertada conjunción de diseño y calidad. Y no porque desmerezca en el aspecto mecánico y dinámico, sino todo lo contrario. Pero ahora bien, el capricho exige ciertos compromisos de habitabilidad y capacidad comparado con esos “impersonales” utilitarios tipo. El Clubman mide 24 centímetros más que el Mini normal y lleva su longitud prácticamente a los 4 metros, como esos grandes utilitarios (Clio, Corsa, 207, etc) de la generación actual. De esos 24 centímetros, 8 se aplican a la batalla y el resto a la zona posterior. Es evidente, por tanto, que de esa mayor talla se benefician las piernas de los pasajeros traseros y el maletero, éste pasando de esos testimoniales 150 litros del Mini convencional a 260, como en un Seat Ibiza. (290 litros un Renault Clio). Sus números internos, por tanto, empiezan a ser de coche sin compromisos pero el ingenio de su diseño nada tiene que ver con la generalidad y sí, a la vista está, con la genialidad. En el lateral derecho esconde una pequeña segunda puerta que la solapa la delantera, por tanto, hay que abrir siempre ésta para poder pivotar la trasera, que se hace de manera opuesta, es decir, para atrás, como en el Mazda RX8. El tirador está por dentro pero la manipulación resulta cómoda y natural, denotando toda la cinemática una solidez y precisión de muy alta calidad. Para acceder a las plazas traseras tenemos que seguir desplazando el asiento delantero como en un típico coche de tres puertas, pero una vez hecho, el espacio libre para acceder allí detrás es bastante más amplio y cómodo de lo que cabría esperar, no sólo para el acceso de personas, sino simplemente para quién precise ubicar una silla infantil, por ejemplo. De serie el Clubman es un cuatro plazas, pero ha sido homologado para cinco y la opción de la banqueta trasera para tres se servirá sin cargo. La habitabilidad trasera para dos adultos es buena y hay suficiente espacio para las piernas. El pasajero se sentirá más desahogado que en el Mini convencional pero se hubiera agradecido que los enormes ventanales traseros se pudieran como mínimo abatir.

Que el Mini es uno de los coches capricho mejor rentabilizados no nos cabe la menor duda. De hecho, la duda es si BMW, actual propietaria de la marca y responsable de la reinterpretación de este mito automovilístico para nuestros días, contaba con el enorme éxito que ha cosechado. Seguro que un Mini se compra por aspectos emocionales, básicamente por esa acertada conjunción de diseño y calidad. Y no porque desmerezca en el aspecto mecánico y dinámico, sino todo lo contrario. Pero ahora bien, el capricho exige ciertos compromisos de habitabilidad y capacidad comparado con esos “impersonales” utilitarios tipo. El Clubman mide 24 centímetros más que el Mini normal y lleva su longitud prácticamente a los 4 metros, como esos grandes utilitarios (Clio, Corsa, 207, etc) de la generación actual. De esos 24 centímetros, 8 se aplican a la batalla y el resto a la zona posterior. Es evidente, por tanto, que de esa mayor talla se benefician las piernas de los pasajeros traseros y el maletero, éste pasando de esos testimoniales 150 litros del Mini convencional a 260, como en un Seat Ibiza. (290 litros un Renault Clio). Sus números internos, por tanto, empiezan a ser de coche sin compromisos pero el ingenio de su diseño nada tiene que ver con la generalidad y sí, a la vista está, con la genialidad. En el lateral derecho esconde una pequeña segunda puerta que la solapa la delantera, por tanto, hay que abrir siempre ésta para poder pivotar la trasera, que se hace de manera opuesta, es decir, para atrás, como en el Mazda RX8. El tirador está por dentro pero la manipulación resulta cómoda y natural, denotando toda la cinemática una solidez y precisión de muy alta calidad. Para acceder a las plazas traseras tenemos que seguir desplazando el asiento delantero como en un típico coche de tres puertas, pero una vez hecho, el espacio libre para acceder allí detrás es bastante más amplio y cómodo de lo que cabría esperar, no sólo para el acceso de personas, sino simplemente para quién precise ubicar una silla infantil, por ejemplo. De serie el Clubman es un cuatro plazas, pero ha sido homologado para cinco y la opción de la banqueta trasera para tres se servirá sin cargo. La habitabilidad trasera para dos adultos es buena y hay suficiente espacio para las piernas. El pasajero se sentirá más desahogado que en el Mini convencional pero se hubiera agradecido que los enormes ventanales traseros se pudieran como mínimo abatir.

Que el Mini es uno de los coches capricho mejor rentabilizados no nos cabe la menor duda. De hecho, la duda es si BMW, actual propietaria de la marca y responsable de la reinterpretación de este mito automovilístico para nuestros días, contaba con el enorme éxito que ha cosechado. Seguro que un Mini se compra por aspectos emocionales, básicamente por esa acertada conjunción de diseño y calidad. Y no porque desmerezca en el aspecto mecánico y dinámico, sino todo lo contrario. Pero ahora bien, el capricho exige ciertos compromisos de habitabilidad y capacidad comparado con esos “impersonales” utilitarios tipo. El Clubman mide 24 centímetros más que el Mini normal y lleva su longitud prácticamente a los 4 metros, como esos grandes utilitarios (Clio, Corsa, 207, etc) de la generación actual. De esos 24 centímetros, 8 se aplican a la batalla y el resto a la zona posterior. Es evidente, por tanto, que de esa mayor talla se benefician las piernas de los pasajeros traseros y el maletero, éste pasando de esos testimoniales 150 litros del Mini convencional a 260, como en un Seat Ibiza. (290 litros un Renault Clio). Sus números internos, por tanto, empiezan a ser de coche sin compromisos pero el ingenio de su diseño nada tiene que ver con la generalidad y sí, a la vista está, con la genialidad. En el lateral derecho esconde una pequeña segunda puerta que la solapa la delantera, por tanto, hay que abrir siempre ésta para poder pivotar la trasera, que se hace de manera opuesta, es decir, para atrás, como en el Mazda RX8. El tirador está por dentro pero la manipulación resulta cómoda y natural, denotando toda la cinemática una solidez y precisión de muy alta calidad. Para acceder a las plazas traseras tenemos que seguir desplazando el asiento delantero como en un típico coche de tres puertas, pero una vez hecho, el espacio libre para acceder allí detrás es bastante más amplio y cómodo de lo que cabría esperar, no sólo para el acceso de personas, sino simplemente para quién precise ubicar una silla infantil, por ejemplo. De serie el Clubman es un cuatro plazas, pero ha sido homologado para cinco y la opción de la banqueta trasera para tres se servirá sin cargo. La habitabilidad trasera para dos adultos es buena y hay suficiente espacio para las piernas. El pasajero se sentirá más desahogado que en el Mini convencional pero se hubiera agradecido que los enormes ventanales traseros se pudieran como mínimo abatir.

Que el Mini es uno de los coches capricho mejor rentabilizados no nos cabe la menor duda. De hecho, la duda es si BMW, actual propietaria de la marca y responsable de la reinterpretación de este mito automovilístico para nuestros días, contaba con el enorme éxito que ha cosechado. Seguro que un Mini se compra por aspectos emocionales, básicamente por esa acertada conjunción de diseño y calidad. Y no porque desmerezca en el aspecto mecánico y dinámico, sino todo lo contrario. Pero ahora bien, el capricho exige ciertos compromisos de habitabilidad y capacidad comparado con esos “impersonales” utilitarios tipo. El Clubman mide 24 centímetros más que el Mini normal y lleva su longitud prácticamente a los 4 metros, como esos grandes utilitarios (Clio, Corsa, 207, etc) de la generación actual. De esos 24 centímetros, 8 se aplican a la batalla y el resto a la zona posterior. Es evidente, por tanto, que de esa mayor talla se benefician las piernas de los pasajeros traseros y el maletero, éste pasando de esos testimoniales 150 litros del Mini convencional a 260, como en un Seat Ibiza. (290 litros un Renault Clio). Sus números internos, por tanto, empiezan a ser de coche sin compromisos pero el ingenio de su diseño nada tiene que ver con la generalidad y sí, a la vista está, con la genialidad. En el lateral derecho esconde una pequeña segunda puerta que la solapa la delantera, por tanto, hay que abrir siempre ésta para poder pivotar la trasera, que se hace de manera opuesta, es decir, para atrás, como en el Mazda RX8. El tirador está por dentro pero la manipulación resulta cómoda y natural, denotando toda la cinemática una solidez y precisión de muy alta calidad. Para acceder a las plazas traseras tenemos que seguir desplazando el asiento delantero como en un típico coche de tres puertas, pero una vez hecho, el espacio libre para acceder allí detrás es bastante más amplio y cómodo de lo que cabría esperar, no sólo para el acceso de personas, sino simplemente para quién precise ubicar una silla infantil, por ejemplo. De serie el Clubman es un cuatro plazas, pero ha sido homologado para cinco y la opción de la banqueta trasera para tres se servirá sin cargo. La habitabilidad trasera para dos adultos es buena y hay suficiente espacio para las piernas. El pasajero se sentirá más desahogado que en el Mini convencional pero se hubiera agradecido que los enormes ventanales traseros se pudieran como mínimo abatir.

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