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Mini Roadster Cooper S vs Abarth 500C esseesse

Te va a costar elegir uno. Con el buen tiempo y tras muchas curvas caerás rendido a sus pies. Ahora sólo tienes que decidir cuál de estos dos deportivos utilitarios y descapotables quieres más: el Abarth 500C esseesse o el Mini Roadster Cooper S.
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Mini Roadster Cooper S vs Abarth 500C esseesse

Elegir entre dos coches con un componente emocional tan mar­cado como el de estos dos 'juguetes' que ves en las imágenes no es tarea fácil. Quien os escribe se bajó del Abarth 500C esseesse pen­sando que el Mini Roadster Cooper S no tendría nada que hacer en la comparativa... hasta que me subí en el alemán y se me rompie­ron los esquemas. Son los dos utilitarios desca­potables más deportivos que hay en el merca­do; cada uno tiene su estilo, virtudes y defectos, pero coinciden en aportar grandes dosis de satis­facción a sus conductores, basadas en la deporti­vidad, el diseño, las emociones, la originalidad y el placer que supone conducir un descapotable.

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Abarth 500C vs Mini Roadster

El Mini Roadster nace del Coupé, también con dos plazas, pero con un techo de lona de accio­namiento manual. El 500C es el Fiat con idén­tico nombre pero con el tatuaje del escorpión y todo lo que ello implica. Es un cuatro plazas con techo 'tipo Targa' en el que los pilares laterales van fijos y que pliega su techo, de accionamien­to eléctrico, como si fuese un acordeón en la par­te trasera. La operación de apertura o cierre en el Mini es rápida y la puede hacer uno sólo sin apenas esfuerzo, pero implica bajarse del coche -si se tiene fuerza y habilidad se puede hacer sin quitarse el cinturón-. 

Para ello hay que desblo­quear un tirador en la parte superior, girándolo un cuarto de vuelta y empujando el techo ha­cia arriba, para luego llevar la parte superior del techo, con cuidado de no pillarse los dedos con los brazos articulados -que es fácil-, a la parte trasera y empujarlo hacia abajo hasta que que­de bloqueado. Puede parecer complicado, pero sabiendo el proceso puedes tardar entre 5 y 10 segundos, en función de tu habilidad; no echa­rás de menos un accionamiento eléctrico, salvo que tengas problemas de fuerza o movilidad. El techo del Abarth es más fácil, ya que sólo hay que apretar un botón. Puedes manipularlo a cualquier velo­cidad y tiene tres posiciones de apertura prees­tablecidas, aunque lo puedes parar en el mo­mento que quieras de su recorrido. En su fase final esconde el cristal trasero, pero no baja lo suficiente y pierdes visibilidad desde el retrovi­sor interior. El 500C ofrece mejor protección aerodinámi­ca, sin que en el Mini esto sea un problema; eso sí, es imprescindible el opcional deflector trasero entre los arcos de seguridad -se dobla cuando va el techo cerrado para que veas mejor-.

En estos coches es bonito hasta arrancarlos. Ambos llevan motores potentes, con 184 CV el Mini y 160 CV el Abarth. Los dos son de cuatro cilindros turboalimentados, con 1.600 y 1.400 cm3 respectivamente. El propulsor del Roadster es ya de sobra conocido, puesto que anima a todas las versiones Cooper S de la casa. El caso del 500C es un tanto particular. De serie viene con 135 CV, que aumentan hasta los 160 CV con el Kit esseesse, como el que lleva nuestra unidad, con centralita específica y filtro del aire BMC -además de los frenos, amortiguadores, muelles, llantas, neumáticos y detalles de acabado específicos-. Si ya tener cualquiera de estos dos coches supone un placer a la vista, éste se multiplica en cuanto se ponen en marcha. El Mini es el que menos suena de los dos al ralentí y así y todo emociona, mientras que el Abarth te deleita con un ronquido propio de un coche de carreras.

En ciudad muestran agilidad entre el tráfico; si ves un hueco en el carril de al lado, raro será que no acabe siendo tuyo. Se echa de menos un mejor radio de giro para lo pequeños que son, sobre todo en el caso del italiano, que pierde con respecto a la versión Fiat por la anchura de sus neumáticos. De coches urbanos 'monos' y hasta femeninos, pasan a golpe de botón Sport a ser devoradores de curvas. Aquí es donde el Abarth me ha convencido más que el Mini. Si vas a pasear o no quieres meterte en líos, los dos te valen perfectamente y no me cabe duda que te gustarán. Puede que el Mini te resulte más agradable por suspensiones y tacto de motor más progresivo y refinado, pero en conducción deportiva tiene muchas más di­ficultades para transmitir toda la potencia al suelo ¡pide a gritos un autoblocante mecánico! Cuenta con un emulador electrónico, pero no es suficiente. Obliga a dosificar más el gas que su rival; hay más motor y, además, el par se obtiene mucho antes. El esseesse es más irre­gular a la hora de entregar la potencia, encon­trándose más cómodo en la zona alta del ta­cómetro, pero transmite mejor al suelo que el Mini, que el motor es tan bueno que lo da todo enseguida y esto, como se ve aquí, no siempre es bueno. 

Son deportivos, por lo que los bastidores no buscan confort. El 500C agradece enormemente los amortiguadores Koni de su kit esseesse y no muestra falta de rigidez con respecto al modelo cerrado. Con un mínimo de pericia te divertirás mucho 'curveando' y huirás de las vías rápidas siempre que puedas. Entra muy bien de morro y sólo tendrás que tener la precaución de no fre­nar con brusquedad en apoyo para que la trasera no te asuste -los frenos son potentes y hay poca batalla, de ahí que se descargue enseguida de atrás-. El Mini es refinado y agradable mientras la carretera lo sea, ya que no admite muy bien los baches en curva y es fácil que se descoloque con brusquedad. Puedes ir muy rápido con él, pero la necesidad de pensar constante­mente en no pasarte con el acele­rador le quita emoción. También hay que tener la misma precau­ción que con el italiano con las frenadas bruscas en apoyo.

Como conclusión: el Mini para pasear rápido, y el Abarth, aunque algo más lento, mejor para un conductor más rácing. Si sólo buscas estética, entonces olvídate de lo que te he contado de la conduc­ción deportiva y disfruta con el que sea, que no te equivocarás.

Elegir entre dos coches con un componente emocional tan mar­cado como el de estos dos 'juguetes' que ves en las imágenes no es tarea fácil. Quien os escribe se bajó del Abarth 500C esseesse pen­sando que el Mini Roadster Cooper S no tendría nada que hacer en la comparativa... hasta que me subí en el alemán y se me rompie­ron los esquemas. Son los dos utilitarios desca­potables más deportivos que hay en el merca­do; cada uno tiene su estilo, virtudes y defectos, pero coinciden en aportar grandes dosis de satis­facción a sus conductores, basadas en la deporti­vidad, el diseño, las emociones, la originalidad y el placer que supone conducir un descapotable.

El Mini Roadster nace del Coupé, también con dos plazas, pero con un techo de lona de accio­namiento manual. El 500C es el Fiat con idén­tico nombre pero con el tatuaje del escorpión y todo lo que ello implica. Es un cuatro plazas con techo 'tipo Targa' en el que los pilares laterales van fijos y que pliega su techo, de accionamien­to eléctrico, como si fuese un acordeón en la par­te trasera. La operación de apertura o cierre en el Mini es rápida y la puede hacer uno sólo sin apenas esfuerzo, pero implica bajarse del coche -si se tiene fuerza y habilidad se puede hacer sin quitarse el cinturón-. 

Para ello hay que desblo­quear un tirador en la parte superior, girándolo un cuarto de vuelta y empujando el techo ha­cia arriba, para luego llevar la parte superior del techo, con cuidado de no pillarse los dedos con los brazos articulados -que es fácil-, a la parte trasera y empujarlo hacia abajo hasta que que­de bloqueado. Puede parecer complicado, pero sabiendo el proceso puedes tardar entre 5 y 10 segundos, en función de tu habilidad; no echa­rás de menos un accionamiento eléctrico, salvo que tengas problemas de fuerza o movilidad. El techo del Abarth es más fácil, ya que sólo hay que apretar un botón. Puedes manipularlo a cualquier velo­cidad y tiene tres posiciones de apertura prees­tablecidas, aunque lo puedes parar en el mo­mento que quieras de su recorrido. En su fase final esconde el cristal trasero, pero no baja lo suficiente y pierdes visibilidad desde el retrovi­sor interior. El 500C ofrece mejor protección aerodinámi­ca, sin que en el Mini esto sea un problema; eso sí, es imprescindible el opcional deflector trasero entre los arcos de seguridad -se dobla cuando va el techo cerrado para que veas mejor-.

En estos coches es bonito hasta arrancarlos. Ambos llevan motores potentes, con 184 CV el Mini y 160 CV el Abarth. Los dos son de cuatro cilindros turboalimentados, con 1.600 y 1.400 cm3 respectivamente. El propulsor del Roadster es ya de sobra conocido, puesto que anima a todas las versiones Cooper S de la casa. El caso del 500C es un tanto particular. De serie viene con 135 CV, que aumentan hasta los 160 CV con el Kit esseesse, como el que lleva nuestra unidad, con centralita específica y filtro del aire BMC -además de los frenos, amortiguadores, muelles, llantas, neumáticos y detalles de acabado específicos-. Si ya tener cualquiera de estos dos coches supone un placer a la vista, éste se multiplica en cuanto se ponen en marcha. El Mini es el que menos suena de los dos al ralentí y así y todo emociona, mientras que el Abarth te deleita con un ronquido propio de un coche de carreras.

En ciudad muestran agilidad entre el tráfico; si ves un hueco en el carril de al lado, raro será que no acabe siendo tuyo. Se echa de menos un mejor radio de giro para lo pequeños que son, sobre todo en el caso del italiano, que pierde con respecto a la versión Fiat por la anchura de sus neumáticos. De coches urbanos 'monos' y hasta femeninos, pasan a golpe de botón Sport a ser devoradores de curvas. Aquí es donde el Abarth me ha convencido más que el Mini. Si vas a pasear o no quieres meterte en líos, los dos te valen perfectamente y no me cabe duda que te gustarán. Puede que el Mini te resulte más agradable por suspensiones y tacto de motor más progresivo y refinado, pero en conducción deportiva tiene muchas más di­ficultades para transmitir toda la potencia al suelo ¡pide a gritos un autoblocante mecánico! Cuenta con un emulador electrónico, pero no es suficiente. Obliga a dosificar más el gas que su rival; hay más motor y, además, el par se obtiene mucho antes. El esseesse es más irre­gular a la hora de entregar la potencia, encon­trándose más cómodo en la zona alta del ta­cómetro, pero transmite mejor al suelo que el Mini, que el motor es tan bueno que lo da todo enseguida y esto, como se ve aquí, no siempre es bueno. 

Son deportivos, por lo que los bastidores no buscan confort. El 500C agradece enormemente los amortiguadores Koni de su kit esseesse y no muestra falta de rigidez con respecto al modelo cerrado. Con un mínimo de pericia te divertirás mucho 'curveando' y huirás de las vías rápidas siempre que puedas. Entra muy bien de morro y sólo tendrás que tener la precaución de no fre­nar con brusquedad en apoyo para que la trasera no te asuste -los frenos son potentes y hay poca batalla, de ahí que se descargue enseguida de atrás-. El Mini es refinado y agradable mientras la carretera lo sea, ya que no admite muy bien los baches en curva y es fácil que se descoloque con brusquedad. Puedes ir muy rápido con él, pero la necesidad de pensar constante­mente en no pasarte con el acele­rador le quita emoción. También hay que tener la misma precau­ción que con el italiano con las frenadas bruscas en apoyo.

Como conclusión: el Mini para pasear rápido, y el Abarth, aunque algo más lento, mejor para un conductor más rácing. Si sólo buscas estética, entonces olvídate de lo que te he contado de la conduc­ción deportiva y disfruta con el que sea, que no te equivocarás.

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