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Mini Coupé Cooper SD y Peugeot RCZ 2.0 HDi

Se acerca la primavera y aumenta la emoción también en carretera. La colección deportiva de temporada se abre con el desfile de los coupés más chic del mercado: diseño y sensaciones en dos “juguetes” de capricho, tan pasionales… como diferentes.
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Mini Coupé Cooper SD y Peugeot RCZ 2.0 HDi

Vemos así como ambos, tanto el Peugeot RCZ como el Mini Coupé, valen para el viaje en pareja (mejor cuantas más curvas haya en el camino), donde emergen además sus únicas versiones Diesel: ambas de dos litros de cilindrada, con 143 CV en Mini y 163 en Peugeot, diferencia de potencia compensada por el menor peso del primero y su mejor rendimiento final, con un motor con mejores bajos, pero que a cambio se agota pronto ante un muy elástico Peugeot, capaz de estirar con fuerza hasta casi 5.000 rpm.

Ambos tienen cambio manual de 6 relaciones (el Mini ofrece en opción también automático) y una buena respuesta en la arrancada. Eso sí, según aumentamos ritmo el Peugeot RCZ empeora ligeramente sus adelantamientos. La culpa, su mayor peso y unos desarrollos más largos en sus 3 últimas marchas.

Stop/Start, alternador inteligente o indicador de cambio de marcha. Bajo denominación “Minimalism”, Mini ofrece de serie medidas ecológicas que inciden en sus consumos. Supera así al convencional Peugeot RCZ, ofreciendo el Mini gran eficiencia con la que queda exento de Impuesto de Matriculación por bajas emisiones. Motivo también para que sea más barato.

Sobra, aun así, eficiencia tanto en el Mini Coupé como en el Peugeot RCZ frente a sus versiones más extremas de gasolina (el Mini con 211 CV en su John Cooper Works y el RCZ con 200 CV, los dos derivados además del mismo 1.6 THP desarrollado por BMW), y no faltan tampoco prestaciones: casi es necesaria la “foto finish” para dar vencedor por velocidad. Motores en definitiva apropiados para el espíritu deportivo de sus coches, aunque de diferente filosofía.

Porque, ya en comportamiento, el Mini Coupé es, incluso, más Mini que nunca. De trasera viva y respuesta muy directa, incluso demasiado, puede ser muy eficaz dinámicamente… pero también ciertamente exigente. Es lo malo de ser “tan kart”, que puede llegar a ser muy ágil, pero a la vez muy nervioso en sus reacciones, especialmente en apoyos en firme irregular donde llega a perder trayectoria y su dirección se vuelve muy sensible al bache.

Aunque, por su propio carácter, el Mini Coupé Cooper SD se mueve algo más en la frenada al límite (es más nervioso), ambos ofrecen buen tacto y contundentes frenos. Por poco, el Peugeot RCZ gana aquí la partida ayudado por su mayor superficie de neumático.

Eso sí, con buenas manos y reflejos, el Mini Coupé puede ser más rápido y preciso que el Peugeot RCZ, aunque habrá a quien le estrese. Sólo crujidos ocasionales de carrocería y una extraña vibración en aceleración a 3.000 rpm, delatan que no es un Mini de 3 puertas, y que parte del desarrollo del cabrio.

Todo lo contrario que un Peugeot RCZ muy sólido y más asentado por sus mejores proporciones, y mucho más fácil de conducción, menos violento. Hemos dicho que es más suave al tacto, valor que se traslada al comportamiento. Menos “juguetón”, sus respuestas son algo más lentas para dar el tiempo necesario a que el conductor reaccione y lo coloque en curva sin necesidad de ser piloto. Y todo ello sin perder gran capacidad de giro (su centro de gravedad es muy bajo), mejor motricidad y una trazada muy limpia y estable.

El apoyo brusco y el bache lo gestiona el Peugeot RCZ con mucha mayor progresividad, a pesar de su menos sofisticado eje torsional trasero: va muy bien y puede ser realmente veloz… pero también caro. Y es que, aunque mejor equipado, el nuevo Peugeot RCZ 2.0 HDi cuesta hasta 4.000 euros más que el Mini Coupé Cooper SD. No digamos ya con la edición deportiva Asphalt de Peugeot, donde se sitúa en valores no sólo de Audi TT, sino casi de gran coupé Audi A5. Es, también, el precio que hay que pagar por la moda. 

- Mini deportivos

Vemos así como ambos, tanto el Peugeot RCZ como el Mini Coupé, valen para el viaje en pareja (mejor cuantas más curvas haya en el camino), donde emergen además sus únicas versiones Diesel: ambas de dos litros de cilindrada, con 143 CV en Mini y 163 en Peugeot, diferencia de potencia compensada por el menor peso del primero y su mejor rendimiento final, con un motor con mejores bajos, pero que a cambio se agota pronto ante un muy elástico Peugeot, capaz de estirar con fuerza hasta casi 5.000 rpm.

Ambos tienen cambio manual de 6 relaciones (el Mini ofrece en opción también automático) y una buena respuesta en la arrancada. Eso sí, según aumentamos ritmo el Peugeot RCZ empeora ligeramente sus adelantamientos. La culpa, su mayor peso y unos desarrollos más largos en sus 3 últimas marchas.

Stop/Start, alternador inteligente o indicador de cambio de marcha. Bajo denominación “Minimalism”, Mini ofrece de serie medidas ecológicas que inciden en sus consumos. Supera así al convencional Peugeot RCZ, ofreciendo el Mini gran eficiencia con la que queda exento de Impuesto de Matriculación por bajas emisiones. Motivo también para que sea más barato.

Sobra, aun así, eficiencia tanto en el Mini Coupé como en el Peugeot RCZ frente a sus versiones más extremas de gasolina (el Mini con 211 CV en su John Cooper Works y el RCZ con 200 CV, los dos derivados además del mismo 1.6 THP desarrollado por BMW), y no faltan tampoco prestaciones: casi es necesaria la “foto finish” para dar vencedor por velocidad. Motores en definitiva apropiados para el espíritu deportivo de sus coches, aunque de diferente filosofía.

Porque, ya en comportamiento, el Mini Coupé es, incluso, más Mini que nunca. De trasera viva y respuesta muy directa, incluso demasiado, puede ser muy eficaz dinámicamente… pero también ciertamente exigente. Es lo malo de ser “tan kart”, que puede llegar a ser muy ágil, pero a la vez muy nervioso en sus reacciones, especialmente en apoyos en firme irregular donde llega a perder trayectoria y su dirección se vuelve muy sensible al bache.

Aunque, por su propio carácter, el Mini Coupé Cooper SD se mueve algo más en la frenada al límite (es más nervioso), ambos ofrecen buen tacto y contundentes frenos. Por poco, el Peugeot RCZ gana aquí la partida ayudado por su mayor superficie de neumático.

Eso sí, con buenas manos y reflejos, el Mini Coupé puede ser más rápido y preciso que el Peugeot RCZ, aunque habrá a quien le estrese. Sólo crujidos ocasionales de carrocería y una extraña vibración en aceleración a 3.000 rpm, delatan que no es un Mini de 3 puertas, y que parte del desarrollo del cabrio.

Todo lo contrario que un Peugeot RCZ muy sólido y más asentado por sus mejores proporciones, y mucho más fácil de conducción, menos violento. Hemos dicho que es más suave al tacto, valor que se traslada al comportamiento. Menos “juguetón”, sus respuestas son algo más lentas para dar el tiempo necesario a que el conductor reaccione y lo coloque en curva sin necesidad de ser piloto. Y todo ello sin perder gran capacidad de giro (su centro de gravedad es muy bajo), mejor motricidad y una trazada muy limpia y estable.

El apoyo brusco y el bache lo gestiona el Peugeot RCZ con mucha mayor progresividad, a pesar de su menos sofisticado eje torsional trasero: va muy bien y puede ser realmente veloz… pero también caro. Y es que, aunque mejor equipado, el nuevo Peugeot RCZ 2.0 HDi cuesta hasta 4.000 euros más que el Mini Coupé Cooper SD. No digamos ya con la edición deportiva Asphalt de Peugeot, donde se sitúa en valores no sólo de Audi TT, sino casi de gran coupé Audi A5. Es, también, el precio que hay que pagar por la moda. 

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