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Mercedes SLS AMG Roadster

Sus cifras apabullan, su estética emociona, su comportamiento enamora y su sonido deleita. La versión cabrio del SLS AMG es un cóctel de sensaciones que sólo será accesible a unos pocos privilegiados. Yo he sido uno de ellos…
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Mercedes SLS AMG Roadster

Me acabo de bajar del nuevo Mercedes SLS AMG Roadster y, a pesar de que suene a ‘topicazo’, ha sido una de las experiencias más emocionantes de mi vida. Para alguien a quien le gustan los coches,  como a vosotros que me estáis leyendo, la oportunidad de ponerse al volante de un modelo tan sensorial y espectacular como la versión descapotable del SLS AMG, es como que te toque la lotería… aunque, ya puestos, que la Diosa Fortuna se apiade de mí, me toque la Primitiva y me pueda comprar esta joya automovilística que, nada más y nada menos, tiene un precio de tarifa de 226.000 euros.

Como estoy todavía ‘temblando’ de emoción os voy a contar a ustedes cómo es y cómo va el coche. La versión cabrio del SLS es un ‘aparato’ increíble. Desde que había visto las primeras imágenes de la versión coupé, me había parecido sublime. Bien es cierto que la ausencia de las puertas de apertura ‘alas de gaviota’ me hicieron desconfiar, incluso algún pensamiento pasajero que revoloteó por mi cabeza me ‘susurraba’ que había perdido gran parte de su atractivo. Nada más lejos de la realidad.

Como digo más arriba, conducirlo es una experiencia única,  aunque verlo en directo tampoco será muy habitual entre los mortales, a causa de su limitada producción -5.000 unidades anuales- y su elevado precio. El coche posee una gran personalidad, que tiene en su afilado y prominente capó su principal seña de identidad.

La ausencia de techo duro y puertas tipo ’alas de gaviota’ le hacen ganar en practicidad –salir de un aparcamiento estrecho con esas puertas se antoja una maniobra muy complicada- e incrementa la experiencia sensorial. Descapotados, el rugido del V8 de 571 CV nos acompaña –y nos emociona- de manera constante sin que el diseño se haya visto afectado: sigue siendo un coche precioso.

Con el techo puesto (capota de lona que se cierra/abre de manera eléctrica en 11 segundos y circulando hasta a 50 km/h), la ‘fiesta’ se acaba o, al menos se mitiga: es como tapar la boca a su cantante favorito y sólo oír sus intentos por cantar.

En acción, corre y corre bien. Es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 3,8 segundos, pero cuando estás al volante te da la sensación de que lo hace más rápido. Su gran cantidad de par -66,3 mkg- le permite afrontar adelantamientos y arrancadas sólo accesibles a similares coches sobrehumanos. Pisar el acelerador a fondo y quedar pegado al asiento es algo automático. Te hierve la sangre, redobla tus latidos…

En los primeros compases del recorrido sientes respeto hacia este ‘aparato’. Enfrenta las curvas ratoneras de las carreteras de montañas galas, donde tuvo lugar la presentación a los medios, con valentía y sin dudas. El único que duda eres tú al volante, previendo algún movimiento extraño de la carrocería, algo que te descoloque y que dé con tus huesos y con los 226.000 euros del SLS en la cuneta. Nada ocurre, todo va sobre railes, apuntas y ahí estás, sin ‘radicalidades innecesarias’. Casi diríamos que es fácil de conducir y entonces ganas confianza y te das cuenta de que la concentración en el volante nos ha despistado de descubrir que el SLS Roadster no es un coche incómodo, ni en la configuración más rácing de la suspensión.

Sigo por el puerto. Bruuuuum!!! Aceleración. Propropo!!! Deceleración. Modo Sport+ (el más deportivo para el cambio) y el SLS lanzado hacia otra curva. Una y otra vez. Frenadaaaaaaa!!! Sin problemas. No hay que hundir el pie para lograr detener el conjunto: los generosos frenos cerámicos –opcionales-cumplen con su labor sin sufrir ni un ápice de desgaste por el intenso uso.

Cansado mental y físicamente (los asientos no me han parecido excesivamente cómodos y la ausencia de reglaje lumbar y el paso de los kilómetros afectan a mi espalda) llegamos al destino y el ordenador marca un consumo que supera con creces los 25 litros

El SLS AMG Roadster es un biplaza al cien por cien, con un espacio de maletero pequeño (137 litros, aunque no ha perdido apenas espacio frente al coupé). Su hábitat natural no está en la ciudad, sobre todo si esta tiene calles estrechas, ya que sus dimensiones y su amplio ‘morro’ nos obligan a cierta práctica para no ‘deformar’ sus atractivos rasgos. Además, recibe refuerzos en el chasis para incrementar la rigidez, algo que no hace que el peso del conjunto aumente en exceso, únicamente 40 kg más.

Como novedad en la gama, estrena el sistema AMG Ride Control, que varía la firmeza de la amortiguación y del cambio bajo demanda, y el AMG Performance Media, que informa, entre otros, de la entrega de par y potencia o aceleraciones G. Ambos dispositivos llegarán a la variante coupé en 2012. 

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