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Mercedes E 220 CDI BlueEFFICIENCY Avantgarde

Mercedes, con su nuevo Clase E, acentúa el concepto de vehículo viajero, de gran confort, bajo nivel de ruido y con reducido gasto de combustible. Esta versión 220 CDI BlueEFFICIENCY se ha revelado ideal en este capítulo aunque no alcanza las mejores notas en lo relativo a dinamismo y sensaciones al volante.
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Mercedes E 220 CDI BlueEFFICIENCY Avantgarde
La historia de las dos marcas alemanas más prestigiosas, a la que se ha sumado más recientemente Audi, es un serial de movimientos de desmarque seguidos de las consecuentes medidas de seguimiento. Unas veces ha sido Mercedes la protagonista del primer movimiento, otras BMW y también Audi mostró liderazgo, en particular, al apostar por la tracción a las cuatro ruedas. La compañía del nuevo Mercedes Clase E nos traslada la idea de que la firma de la estrella se ha adaptado a unas nuevas pautas, sin duda, marcadas por una legislación sumamente restrictiva en el dinamismo del vehículo privado y por una concienciación de sus clientes por las ideas de seguridad y conservacionismo del medio ambiente.
Desde estas líneas hemos alabado muchas veces las capacidades dinámicas de muchos modelos de "los tres grandes", sus portentosas prestaciones y su increíble rendimiento sobre la carretera. También hemos mencionado, no tan frecuentemente, que las horas que se pasan en su interior, muchas veces, parecen tener muchos más de sesenta minutos. Son vehículos exigentes en su conducción rápida y, hoy en día, estresantes porque no sabes nunca cuando puedes se "cazado" en una impostura legal, con funestas consecuencias para el responsable.

Este Clase E nos ha mostrado otro tipo de vehículo, destinado a un conductor con otros gustos y necesidades. Al amante de estancias largas en el coche, de recorridos casi infinitos y al que la agradable compañía en el habitáculo le resulta tan respetable como sus propias satisfacciones al volante. La asociación con el cambio automático, aunque sea de sólo cinco marchas, potencia la respuesta del motor en situaciones de tráfico real. Esta generación del Clase E es sólo un poquito más grande que el anterior; dos centímetros de longitud y tres de anchura. Entrando en su interior se descubre pronto que la anchura interior ha crecido en un espacio similar a la exterior. Sin embargo, la sensación es amplitud es mayor de lo que las cifras indican. A lo largo, la cota de confort ha perdido un par de centímetros, que se trasladan exclusivamente, al espacio para las piernas de los ocupantes posteriores. Sin embargo, el respaldo trasero está tan inclinado que genera un confort posterior extraordinario, incluso para personas que rocen los dos metros de altura. Espectacular. Para tallas más mediterráneas, la anchura disponible permite conceptuar a este Clase E como un verdadero cinco plazas, por más que el siempre presente túnel de transmisión sea un obstáculo para aposentar las piertas de pasajero central. Delante, conductor y acompañante van como en un salón. El espacio es muy amplio y aunque la consola tiene una buena presencia, no recorta demasiado la anchura disponible para las piernas. El conductor se enfrenta a un panorama algo menos "glorioso" que en la anterior generación. La tendencia emprendida con el actual Clase C se continúa por lo que la sensación de calidad visual está en ligero retroceso. El tablero de instrumentos, con cinco esferas -de las cuales una es un grandísimo reloj analógico- nos recuerda una tendencia estilística abandonada muchos años atrás. La doble cúpula que crea sombra sobre el tablero y la pantalla multifunción tampoco nos parece un prodigio de selección estilística. Pero para gustos se pintan colores. La posición al volante en el Mercedes Clase E es muy buena, facilitada también por la inexistencia del pedal del embrague, los reglajes de profundidad y altura del volante y la posibilidad de elegir la distancia del asiento cada 4,5 mm. Eso sí, aparece el pedal del freno de estacionamiento, que también creemos podría sustituirse por un sistema eléctrico a botón, ya que estamos en el siglo XXI y conducimos un Mercedes, cuando compactos de marcas generalistas lo tienen. Los asientos de serie poseen un confort elevado junto con una sujeción lateral más que suficiente y disfrutan de regulación lumbar de serie. El clima de confort se acentúa gracias a un nivel sonoro muy contenido, donde el ruido de rodadura, muchas veces, es el más indiscreto, ya que el motor está muy bien filtrado en fase de giro estabilizado y el aire no se percibe si no es a velocidades por encima de lo legalmente admisible.

El confort es, sin duda, el mejor apartado del coche. Muy amplio de habitáculo, también es silencioso y se aísla muy bien al ocupante de las irregularidades del asfalto. Este Clase E 220 CDI incluye el motor intermedio en rendimiento de la gama nueva de cuatro cilindros y 2,2 litros escalonados en 136, 170 y 204 CV, éste último conocido como 250 CDI. Con dos turbocompresores, su rendimiento es suficiente para mover con diligencia las 1,8 toneladas de peso de esta berlina. Las cifras lo dejan claro, logrando bajar de los 30 segundos en la aceleración durante un kilómetro. Eso demuestra que su empuje no se queda sólo cuando se aprovecha de los cortos desarrollos de las primeras marchas. También en 3ª ó 4ª, la ganancia de velocidad es sensible y el deseo por parte del fabricante de aprovechar todo el rendimiento del motor queda aclarado al comprobar que la velocidad máxima se consigue por encima, incluso, del régimen de potencia máxima. La nueva generación del Clase E acentúa sobremanera sus apartados de confort, convirtiéndose en un rutero magnífico El cambio sólo posee cinco relaciones, lejos de los más modernos que llegan hasta ocho marchas. Pero dado su aceptable escalonamiento y el enfoque economicista de este modelo, tampoco nos parece correcto extremar la crítica. Funciona bien y posee una gestión aceptable en lo relativo a reducciones conforme la velocidad baja. No es el clásico, y con tendencia a la extinción, cambio automático de presunta gestión ahorrativa que engrana la última relación en cuanto se eleva el pie del acelerador, aunque circules a 40 km/h. Y como los resultados en prestaciones y consumos son buenos, pues así lo reflejamos. La línea Avantgarde de equipamiento incluye un tren de rodaje sobredimensionado y una suspensión más firme con menor altura del coche al suelo. Sin embargo, ni siquiera con esta definición, el Classic se conforma con neumáticos 205/60-16, el Mercedes E 220 CDI se convierte en un ágil vehículo para carreteras secundarias. Al contrario, el bastidor tremendamente confortable de este modelo lo convierte en ideal para conducción sobre autopistas y vías rápidas, donde a velocidades legales, el chasis está más que sobrado. Pero fuera de ahí, las suspensiones poseen un amplio recorrido con una sensible tendencia al balanceo de la carrocería en curvas cerradas. Todo ello genera sensibles inercias e importantes tendencias que las radicales respuestas de las geometrías de suspensión tratan de corregir, aunque no lo consigue del todo. El Mercedes E 220 CDI no posee una innata instantaneidad a la entrada de las curvas, efecto a lo que contribuye una dirección donde los primeros 100 grados de giro del volante son más desmultiplicados que el resto. Cuando el tren delantero se ve en apuros, el trasero genera una importante proporción de dirección inducida, con tendencia al sobreviraje, cortada de raíz por el control de estabilidad. No, efectivamente, este Clase E 220 CDI no es el mejor aliado para una conducción deportiva. Otra de las víctimas colaterales de los reglajes de suspensión es la distancia de parada. La tendencia a amorrar del coche es acusada, por lo que, ni los frenos pueden tener una mordiente instantánea -porque tarda en cargar el peso sobre el tren delantero- ni los frenos traseros pueden ser muy potentes, porque al descargarse la zaga mucho durante la frenada, acrecentaría su tendencia al bloqueo. — Confort excelente
— Motor austero
— Amplio maletero — Suspensión blanda
— Frenada mejorable
— Dirección La historia de las dos marcas alemanas más prestigiosas, a la que se ha sumado más recientemente Audi, es un serial de movimientos de desmarque seguidos de las consecuentes medidas de seguimiento. Unas veces ha sido Mercedes la protagonista del primer movimiento, otras BMW y también Audi mostró liderazgo, en particular, al apostar por la tracción a las cuatro ruedas. La compañía del nuevo Mercedes Clase E nos traslada la idea de que la firma de la estrella se ha adaptado a unas nuevas pautas, sin duda, marcadas por una legislación sumamente restrictiva en el dinamismo del vehículo privado y por una concienciación de sus clientes por las ideas de seguridad y conservacionismo del medio ambiente. Desde estas líneas hemos alabado muchas veces las capacidades dinámicas de muchos modelos de "los tres grandes", sus portentosas prestaciones y su increíble rendimiento sobre la carretera. También hemos mencionado, no tan frecuentemente, que las horas que se pasan en su interior, muchas veces, parecen tener muchos más de sesenta minutos. Son vehículos exigentes en su conducción rápida y, hoy en día, estresantes porque no sabes nunca cuando puedes se "cazado" en una impostura legal, con funestas consecuencias para el responsable.

Este Clase E nos ha mostrado otro tipo de vehículo, destinado a un conductor con otros gustos y necesidades. Al amante de estancias largas en el coche, de recorridos casi infinitos y al que la agradable compañía en el habitáculo le resulta tan respetable como sus propias satisfacciones al volante. La asociación con el cambio automático, aunque sea de sólo cinco marchas, potencia la respuesta del motor en situaciones de tráfico real. Esta generación del Clase E es sólo un poquito más grande que el anterior; dos centímetros de longitud y tres de anchura. Entrando en su interior se descubre pronto que la anchura interior ha crecido en un espacio similar a la exterior. Sin embargo, la sensación es amplitud es mayor de lo que las cifras indican. A lo largo, la cota de confort ha perdido un par de centímetros, que se trasladan exclusivamente, al espacio para las piernas de los ocupantes posteriores. Sin embargo, el respaldo trasero está tan inclinado que genera un confort posterior extraordinario, incluso para personas que rocen los dos metros de altura. Espectacular. Para tallas más mediterráneas, la anchura disponible permite conceptuar a este Clase E como un verdadero cinco plazas, por más que el siempre presente túnel de transmisión sea un obstáculo para aposentar las piertas de pasajero central. Delante, conductor y acompañante van como en un salón. El espacio es muy amplio y aunque la consola tiene una buena presencia, no recorta demasiado la anchura disponible para las piernas. El conductor se enfrenta a un panorama algo menos "glorioso" que en la anterior generación. La tendencia emprendida con el actual Clase C se continúa por lo que la sensación de calidad visual está en ligero retroceso. El tablero de instrumentos, con cinco esferas -de las cuales una es un grandísimo reloj analógico- nos recuerda una tendencia estilística abandonada muchos años atrás. La doble cúpula que crea sombra sobre el tablero y la pantalla multifunción tampoco nos parece un prodigio de selección estilística. Pero para gustos se pintan colores. La posición al volante en el Mercedes Clase E es muy buena, facilitada también por la inexistencia del pedal del embrague, los reglajes de profundidad y altura del volante y la posibilidad de elegir la distancia del asiento cada 4,5 mm. Eso sí, aparece el pedal del freno de estacionamiento, que también creemos podría sustituirse por un sistema eléctrico a botón, ya que estamos en el siglo XXI y conducimos un Mercedes, cuando compactos de marcas generalistas lo tienen. Los asientos de serie poseen un confort elevado junto con una sujeción lateral más que suficiente y disfrutan de regulación lumbar de serie. El clima de confort se acentúa gracias a un nivel sonoro muy contenido, donde el ruido de rodadura, muchas veces, es el más indiscreto, ya que el motor está muy bien filtrado en fase de giro estabilizado y el aire no se percibe si no es a velocidades por encima de lo legalmente admisible.

El confort es, sin duda, el mejor apartado del coche. Muy amplio de habitáculo, también es silencioso y se aísla muy bien al ocupante de las irregularidades del asfalto. Este Clase E 220 CDI incluye el motor intermedio en rendimiento de la gama nueva de cuatro cilindros y 2,2 litros escalonados en 136, 170 y 204 CV, éste último conocido como 250 CDI. Con dos turbocompresores, su rendimiento es suficiente para mover con diligencia las 1,8 toneladas de peso de esta berlina. Las cifras lo dejan claro, logrando bajar de los 30 segundos en la aceleración durante un kilómetro. Eso demuestra que su empuje no se queda sólo cuando se aprovecha de los cortos desarrollos de las primeras marchas. También en 3ª ó 4ª, la ganancia de velocidad es sensible y el deseo por parte del fabricante de aprovechar todo el rendimiento del motor queda aclarado al comprobar que la velocidad máxima se consigue por encima, incluso, del régimen de potencia máxima. La nueva generación del Clase E acentúa sobremanera sus apartados de confort, convirtiéndose en un rutero magnífico El cambio sólo posee cinco relaciones, lejos de los más modernos que llegan hasta ocho marchas. Pero dado su aceptable escalonamiento y el enfoque economicista de este modelo, tampoco nos parece correcto extremar la crítica. Funciona bien y posee una gestión aceptable en lo relativo a reducciones conforme la velocidad baja. No es el clásico, y con tendencia a la extinción, cambio automático de presunta gestión ahorrativa que engrana la última relación en cuanto se eleva el pie del acelerador, aunque circules a 40 km/h. Y como los resultados en prestaciones y consumos son buenos, pues así lo reflejamos. La línea Avantgarde de equipamiento incluye un tren de rodaje sobredimensionado y una suspensión más firme con menor altura del coche al suelo. Sin embargo, ni siquiera con esta definición, el Classic se conforma con neumáticos 205/60-16, el Mercedes E 220 CDI se convierte en un ágil vehículo para carreteras secundarias. Al contrario, el bastidor tremendamente confortable de este modelo lo convierte en ideal para conducción sobre autopistas y vías rápidas, donde a velocidades legales, el chasis está más que sobrado. Pero fuera de ahí, las suspensiones poseen un amplio recorrido con una sensible tendencia al balanceo de la carrocería en curvas cerradas. Todo ello genera sensibles inercias e importantes tendencias que las radicales respuestas de las geometrías de suspensión tratan de corregir, aunque no lo consigue del todo. El Mercedes E 220 CDI no posee una innata instantaneidad a la entrada de las curvas, efecto a lo que contribuye una dirección donde los primeros 100 grados de giro del volante son más desmultiplicados que el resto. Cuando el tren delantero se ve en apuros, el trasero genera una importante proporción de dirección inducida, con tendencia al sobreviraje, cortada de raíz por el control de estabilidad. No, efectivamente, este Clase E 220 CDI no es el mejor aliado para una conducción deportiva. Otra de las víctimas colaterales de los reglajes de suspensión es la distancia de parada. La tendencia a amorrar del coche es acusada, por lo que, ni los frenos pueden tener una mordiente instantánea -porque tarda en cargar el peso sobre el tren delantero- ni los frenos traseros pueden ser muy potentes, porque al descargarse la zaga mucho durante la frenada, acrecentaría su tendencia al bloqueo. — Confort excelente
— Motor austero
— Amplio maletero — Suspensión blanda
— Frenada mejorable
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