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Mazda6 2.0 CRTD 5p

El nuevo Mazda 6 es mucho mejor coche que antes en todos los aspectos, salvo en el motor Diesel. Emplea el mismo 2.0 CRTD que antes pero con menos potencia y desarrollos de cambio más largos que, en teoría, bajan consumos y emisiones contaminantes; conclusión, pierde prestaciones y carácter... ¿es esto evolución?
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Mazda6 2.0 CRTD 5p
Es lógico que, con los cambios realizados, la combinación motor/desarrollos tenga ciertas carencias. En aceleraciones puras se aprecia que el coche corre lo suficiente, situándose en la media del segmento y apenas ha variado con respecto a la anterior generación, siendo de media dos décimas más lento, algo inapreciable en carretera. Lo que sí se nota y mucho son tanto las recuperaciones como el funcionamiento; en el paso de 80 a 120 km/ h en 6ª es ¡4,2 segundos! más lento que el anterior Mazda 6 y entre 4 y 6 segundos peor que sus rivales actuales; es mucha diferencia. Esta medición no es habitual en la conducción, pero sí muy representativa de la respuesta y poderío que percibe el conductor bajo el acelerador. En quinta ocurre algo similar. El problema viene dado porque mover en sexta un desarrollo a 1.000 vueltas de 56,8 km/h, significa que a 80 km/h el motor se encuentre a 1.400 rpm, momento en el que la cifra de par apenas llega a los 15 mkg.

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Cifras aparte, lo que es cierto es que en un repecho pronunciado de la carretera y a 120 km/h en sexta, es necesario bajar de marcha en más ocasiones que en cualquiera de sus rivales. A esta situación hay que sumarle un bache en su curva de potencia a 2.500 rpm, en lugar del par continuo que la gran mayoría de sus enemigos naturales tienen a esas mismas vueltas. En el gráfico de la curva de potencia, el bache, que se aprecia en la conducción, se sitúa entre 2.000 y 3.000 revoluciones. Además, al ralentí sobre todo y en función de la temperatura del motor, transmite vibraciones al interior del habitáculo. En cuanto al consumo real, registramos 7,2 litros cada 100 km de media, lo mismo que gasta un Laguna con 150 CV y 0,2 litros más que lo registrado por el Mazda 6 Diesel de la anterior generación.

Está claro que si se compara tanto con el antiguo 6 como con cualquiera de los rivales actuales europeos y japoneses, el motor Diesel de este Mazda no es muy brillante. Sin embargo, a la hora de conducirlo, la sensación general no es para nada desagradable; salvo la puntual necesidad de usar el cambio más que en otros, el motor suena poco -es de los mejor insonorizados del segmento-, el consumo razonable y las aceleraciones cumplen de sobra. Otro dato curioso, es que Mazda anuncia, a pesar del aumento de tamaño y de equipamiento, una rebaja del peso; pues bien, en nuestra báscula ha pesado 40 kilos más que el anterior. No es un dato criticable pero sí da a entender que ante las cifras homologadas, no hay que hacer mucho caso. Una de las premisas que Mazda se ha marcado con la nueva generación del Mazda 6 es la de ofrecer un comportamiento dinámico diferente al resto, y lo consigue. Frente a las sensaciones de funcional electrodoméstico que pueda ofrecer un Passat, el 6 aporta un tacto dinámico que, sin duda, gustará a todo aquel que aprecie la deportividad de su chasis. Cuando probamos este coche por primera vez y con motor de gasolina, ya mencionamos la diversión que el bastidor ofrece y ahora, con el Diesel, ocurre lo mismo. Quizá en esta ocasión el carácter ahorrador del motor no siga la línea deportiva, pero el chasis sigue tal cual. El tren delantero entra con facilidad y el trasero resulta fácil de colocar. En este último las reacciones son rápidas y es frecuente ver cómo el control de estabilidad, que es de serie en toda la gama, entra en funcionamiento mucho más que en cualquiera de sus rivales. El bastidor es ágil y, quien sepa sacarle partido, puede disfrutar con él. Si nos ponemos en un circuito con el crono en la mano, quizá no sea el bastidor más rápido de su segmento, pero desde luego que es el que más transmite a su conductor y con diferencia. Esto no es bueno ni malo, sólo una característica que hay que tener en cuenta antes de decantarse por este modelo o por cualquier otro del mercado.

Mejor coche
Uno de los mejores
Es lógico que, con los cambios realizados, la combinación motor/desarrollos tenga ciertas carencias. En aceleraciones puras se aprecia que el coche corre lo suficiente, situándose en la media del segmento y apenas ha variado con respecto a la anterior generación, siendo de media dos décimas más lento, algo inapreciable en carretera. Lo que sí se nota y mucho son tanto las recuperaciones como el funcionamiento; en el paso de 80 a 120 km/ h en 6ª es ¡4,2 segundos! más lento que el anterior Mazda 6 y entre 4 y 6 segundos peor que sus rivales actuales; es mucha diferencia. Esta medición no es habitual en la conducción, pero sí muy representativa de la respuesta y poderío que percibe el conductor bajo el acelerador. En quinta ocurre algo similar. El problema viene dado porque mover en sexta un desarrollo a 1.000 vueltas de 56,8 km/h, significa que a 80 km/h el motor se encuentre a 1.400 rpm, momento en el que la cifra de par apenas llega a los 15 mkg. Cifras aparte, lo que es cierto es que en un repecho pronunciado de la carretera y a 120 km/h en sexta, es necesario bajar de marcha en más ocasiones que en cualquiera de sus rivales. A esta situación hay que sumarle un bache en su curva de potencia a 2.500 rpm, en lugar del par continuo que la gran mayoría de sus enemigos naturales tienen a esas mismas vueltas. En el gráfico de la curva de potencia, el bache, que se aprecia en la conducción, se sitúa entre 2.000 y 3.000 revoluciones. Además, al ralentí sobre todo y en función de la temperatura del motor, transmite vibraciones al interior del habitáculo. En cuanto al consumo real, registramos 7,2 litros cada 100 km de media, lo mismo que gasta un Laguna con 150 CV y 0,2 litros más que lo registrado por el Mazda 6 Diesel de la anterior generación.

Está claro que si se compara tanto con el antiguo 6 como con cualquiera de los rivales actuales europeos y japoneses, el motor Diesel de este Mazda no es muy brillante. Sin embargo, a la hora de conducirlo, la sensación general no es para nada desagradable; salvo la puntual necesidad de usar el cambio más que en otros, el motor suena poco -es de los mejor insonorizados del segmento-, el consumo razonable y las aceleraciones cumplen de sobra. Otro dato curioso, es que Mazda anuncia, a pesar del aumento de tamaño y de equipamiento, una rebaja del peso; pues bien, en nuestra báscula ha pesado 40 kilos más que el anterior. No es un dato criticable pero sí da a entender que ante las cifras homologadas, no hay que hacer mucho caso. Una de las premisas que Mazda se ha marcado con la nueva generación del Mazda 6 es la de ofrecer un comportamiento dinámico diferente al resto, y lo consigue. Frente a las sensaciones de funcional electrodoméstico que pueda ofrecer un Passat, el 6 aporta un tacto dinámico que, sin duda, gustará a todo aquel que aprecie la deportividad de su chasis. Cuando probamos este coche por primera vez y con motor de gasolina, ya mencionamos la diversión que el bastidor ofrece y ahora, con el Diesel, ocurre lo mismo. Quizá en esta ocasión el carácter ahorrador del motor no siga la línea deportiva, pero el chasis sigue tal cual. El tren delantero entra con facilidad y el trasero resulta fácil de colocar. En este último las reacciones son rápidas y es frecuente ver cómo el control de estabilidad, que es de serie en toda la gama, entra en funcionamiento mucho más que en cualquiera de sus rivales. El bastidor es ágil y, quien sepa sacarle partido, puede disfrutar con él. Si nos ponemos en un circuito con el crono en la mano, quizá no sea el bastidor más rápido de su segmento, pero desde luego que es el que más transmite a su conductor y con diferencia. Esto no es bueno ni malo, sólo una característica que hay que tener en cuenta antes de decantarse por este modelo o por cualquier otro del mercado.

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