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Mazda2 1.3 86 CV

Si no fuera por el nombre, y que también comparte bastidor con el futuro Ford Fiesta, podríamos decir que el nuevo Mazda 2 es otro coche; ha dejado de lado el concepto monovolumen para ser más emocional, atractivo, estable y... pequeño. Con el motor 1.3 de 86 CV se mueve bien y muestra algo más que carácter ciudadano.
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Mazda2 1.3 86 CV
Pues sí, salvo el nombre o el segmento al que se dirige, nada tiene que ver la nueva generación del Mazda 2 con la anterior. No era un mal coche, tenía buen comportamiento, su habitabilidad era competitiva y los motores más que suficientes; sin embargo, no tuvo, al menos en Europa, el éxito esperado. Puede que su imagen no fuese todo lo satisfactoria que el público demandaba en ese momento -y eso que salió en pleno auge de las carrocerías monovolumen-. Con la nueva generación parece que no se lo han pensado dos veces y han optado por hacer un coche mucho más atractivo, tanto por estética como por su comportamiento; es decir, más emocional... más Mazda.

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Mazda2 en movimiento

Menos altura, formas redondas, aletas delanteras remarcadas, faros más estilizados, mayor anchura total y 2 cm menos de longitud, se unen para hacer un coche que, al menos a nosotros, nos ha parecido mucho más atractivo, proporcionado y agradable que el anterior. En la calle el coche gusta y ha llamado la atención durante el tiempo que ha estado en nuestras manos. Como era de esperar, comparte bastidor y esquema de suspensiones con el futuro Ford Fiesta -ya no se fabricarán juntos en la planta de Ford en España-, pero puesto a punto con acierto por la marca japonesa, siendo el comportamiento el aspecto que más nos ha gustado de este modelo, o al menos de esta unidad pre-comercialización traída de Alemania por la propia Mazda.

Destaca el agrado de marcha que proporciona el equilibrio de su amortiguación que, a pesar de ser firme, no resulta incómoda y además permite un bastidor ágil, a la vez que fácil de conducir. Se desenvuelve muy bien en ciudad y puede incluso llegar a ser divertido en zonas de curvas, cuanto más cerradas, mejor, y eso que no estamos hablando de una versión de corte deportivo. Nuestra unidad contaba con el opcional control de estabilidad -carísimo como veremos más adelante-. Su funcionamiento es correcto y, dada la potencia del motor, no interviene más que lo estrictamente necesario. A pesar de ello, como siempre, aconsejamos su instalación, aunque visto el precio -1.750 euros-, es para pensárselo. Pues sí, salvo el nombre o el segmento al que se dirige, nada tiene que ver la nueva generación del Mazda 2 con la anterior. No era un mal coche, tenía buen comportamiento, su habitabilidad era competitiva y los motores más que suficientes; sin embargo, no tuvo, al menos en Europa, el éxito esperado. Puede que su imagen no fuese todo lo satisfactoria que el público demandaba en ese momento -y eso que salió en pleno auge de las carrocerías monovolumen-. Con la nueva generación parece que no se lo han pensado dos veces y han optado por hacer un coche mucho más atractivo, tanto por estética como por su comportamiento; es decir, más emocional... más Mazda. Menos altura, formas redondas, aletas delanteras remarcadas, faros más estilizados, mayor anchura total y 2 cm menos de longitud, se unen para hacer un coche que, al menos a nosotros, nos ha parecido mucho más atractivo, proporcionado y agradable que el anterior. En la calle el coche gusta y ha llamado la atención durante el tiempo que ha estado en nuestras manos. Como era de esperar, comparte bastidor y esquema de suspensiones con el futuro Ford Fiesta -ya no se fabricarán juntos en la planta de Ford en España-, pero puesto a punto con acierto por la marca japonesa, siendo el comportamiento el aspecto que más nos ha gustado de este modelo, o al menos de esta unidad pre-comercialización traída de Alemania por la propia Mazda.

Destaca el agrado de marcha que proporciona el equilibrio de su amortiguación que, a pesar de ser firme, no resulta incómoda y además permite un bastidor ágil, a la vez que fácil de conducir. Se desenvuelve muy bien en ciudad y puede incluso llegar a ser divertido en zonas de curvas, cuanto más cerradas, mejor, y eso que no estamos hablando de una versión de corte deportivo. Nuestra unidad contaba con el opcional control de estabilidad -carísimo como veremos más adelante-. Su funcionamiento es correcto y, dada la potencia del motor, no interviene más que lo estrictamente necesario. A pesar de ello, como siempre, aconsejamos su instalación, aunque visto el precio -1.750 euros-, es para pensárselo.
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