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Mazda 3 MPS

Mantiene el motor de la pasada generación, pero el nuevo Mazda 3 MPS cambia casi todo lo demás, desde la carrocería hasta la caja de cambios o las suspensiones. Todo con el objetivo de ser más rápido y eficaz pero rebajar el consumo y las emisiones. Como complemento, una estética espectacular hace volver la cabeza a los viandantes a su paso.
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Mazda 3 MPS
Sólo supone el uno por ciento de las ventas de Mazda 3 en el mundo, pero ya se llevan vendidos más de 30.000 MPS desde su lanzamiento en 2006. Ahora, esta segunda generación mejora bastantes aspectos del anterior y mantiene lo mejor de aquél. En esto se incluye el motor, un tremebundo 2,3 litros de inyección directa de gasolina sobrealimentado por turbocompresor que rinde 260 CV y un par impresionante de casi 39 mkg. ¿Esto que significa? Que sea cual sea la marcha en la que vas, siempre tienes una reserva de empuje brutal para convertirte en un misil de baja cota. Tanto es así que Mazda limita el aporte de par del motor en las tres primeras marchas con el objetivo de evitar pérdidas de motricidad y reacciones en la dirección. Porque, no lo habíamos dicho, este Mazda 3 MPS es un tracción delantera y no está prevista una versión de tracción total, porque aumentaría el peso y esto repercutiría en las prestaciones y en las emisiones. Prohibido. Incluso el giro de la dirección implica que la electrónica corte al motor toda su potencia y, cuanto más giras, más ajusta la respuesta a la adherencia de los neumáticos.

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Mazda 3 MPS, al detalle

El rendimiento del motor es tal que, aunque se han alargado los desarrollos de transmisión de la caja de cambios, este Mazda 3 MPS ha debido ser limitado electrónicamente en su velocidad máxima a 250 km/h para asociarse al acuerdo no firmado de los fabricantes alemanes que no quieren que su privilegio de velocidad libre en algunos tramos de autopista se convierta en un añorado recuerdo. Dado que ha sido ahí donde lo hemos conducido, podemos afirmar que este Mazda llega a los 250 km/h con facilidad y ni siquiera es necesario buscar la zona roja del cuentavueltas en las marchas intermedias para dejar atrás a la pléyade de Audi, BMW, Mercedes y Porsche que se desplazan por encima de los 200 km/h en tierras teutonas. ¡Y no están locos!, por mucho que “nuestro amigo” Pere nos coma el coco con que pasar de cien merece la cárcel, por delincuentes. Todavía hay dirigentes que confían en el ser humano como capacitado para hacer algo más que la “o” con un canuto, y no se obsesionan en convertirnos en ovejas a las que hay que dirigir con perros pastores bajo patrañas paternalistas.

La imagen del Mazda 3 MPS resulta aún más espectacular que su antecesor, con una faldón delantero más amplio y agresivo, una boca de refrigeración del “intercooler” en el capó, faldones laterales y un –mejor, dos- alerones traseros que cortan la respiración. Estos ayudan a anunciar un Cx de 0,32 y con retoques en los bajos, se minimiza la tendencia ascensional del coche a alta velocidad. La agresividad se traslada, aunque algo atenuada, al interior, con un salpicadero repleto de mandos, dado que el equipamiento es muy completo. Incluso el navegador viene como equipo de serie y sus mandos se instalan en el propio volante, algo poco práctico, porque el acompañante no puede manejarlo en marcha. Los asientos recogen bien el cuerpo, pero su mullido es bastante duro, por lo que acaban cansando con el paso de los kilómetros. Sumados a una suspensión muy firme, convierten en una especie de “coctelera” al coche en carreteras de mal piso, pero esto es habitual en deportivos tan extremos. Sobre buen firme, sin embargo, resulta suficientemente confortable, pese a que la amortiguación se ha endurecido y las barras estabilizadoras son más gruesas. La conducción de este Mazda 3 MPS es agradable, aunque la perfecta posición al volante cuesta un poco conseguirla. Tanto el volante como la palanca de cambios poseen un buen tacto y ésta se beneficia de nuevos sincronizadores para resultar más suave y rápida. El gran tamaño de este modelo dentro de su segmento, si bien no le convierte en el más capaz, sí le permite otorgar a cuatro ocupantes un espacio excelente y, a cinco, suficiente aunque no holgado. El maletero es amplio, con 340 dm3, sirve para cumplir con su función para cinco ocupantes. Pese a que el Mazda 3 MPS posee doble tubo de escape para orquestar un mejor concierto a su motor, si queremos oír otro tipo de música, dispone de un sistema de sonido de primera calidad con diez altavoces. Otros elementos de equipamiento de los que carecía el anterior MPS son: sensores de aparcamiento, faros bi-xenón adaptativos, asistente de cambio de carril, aviso de parada de emergencia, testigo de presión de los neumáticos, climatizador bizona, pantalla multifunción con navegador, arranque por botón y espejo retrovisor fotocromático y exteriores plegables además de iluminación activa del habitáculo con progresivo encendido de luces, estratégicamente emplazadas. Y todo por un precio oficial de 31.570 euros que, con la oferta de lanzamiento de 2.000, se quedan en 29.570 euros. Un precio de los más interesantes de la categoría, dado el equipamiento de que dispone este Mazda 3 MPS. Sólo supone el uno por ciento de las ventas de Mazda 3 en el mundo, pero ya se llevan vendidos más de 30.000 MPS desde su lanzamiento en 2006. Ahora, esta segunda generación mejora bastantes aspectos del anterior y mantiene lo mejor de aquél. En esto se incluye el motor, un tremebundo 2,3 litros de inyección directa de gasolina sobrealimentado por turbocompresor que rinde 260 CV y un par impresionante de casi 39 mkg. ¿Esto que significa? Que sea cual sea la marcha en la que vas, siempre tienes una reserva de empuje brutal para convertirte en un misil de baja cota. Tanto es así que Mazda limita el aporte de par del motor en las tres primeras marchas con el objetivo de evitar pérdidas de motricidad y reacciones en la dirección. Porque, no lo habíamos dicho, este Mazda 3 MPS es un tracción delantera y no está prevista una versión de tracción total, porque aumentaría el peso y esto repercutiría en las prestaciones y en las emisiones. Prohibido. Incluso el giro de la dirección implica que la electrónica corte al motor toda su potencia y, cuanto más giras, más ajusta la respuesta a la adherencia de los neumáticos. El rendimiento del motor es tal que, aunque se han alargado los desarrollos de transmisión de la caja de cambios, este Mazda 3 MPS ha debido ser limitado electrónicamente en su velocidad máxima a 250 km/h para asociarse al acuerdo no firmado de los fabricantes alemanes que no quieren que su privilegio de velocidad libre en algunos tramos de autopista se convierta en un añorado recuerdo. Dado que ha sido ahí donde lo hemos conducido, podemos afirmar que este Mazda llega a los 250 km/h con facilidad y ni siquiera es necesario buscar la zona roja del cuentavueltas en las marchas intermedias para dejar atrás a la pléyade de Audi, BMW, Mercedes y Porsche que se desplazan por encima de los 200 km/h en tierras teutonas. ¡Y no están locos!, por mucho que “nuestro amigo” Pere nos coma el coco con que pasar de cien merece la cárcel, por delincuentes. Todavía hay dirigentes que confían en el ser humano como capacitado para hacer algo más que la “o” con un canuto, y no se obsesionan en convertirnos en ovejas a las que hay que dirigir con perros pastores bajo patrañas paternalistas.

La imagen del Mazda 3 MPS resulta aún más espectacular que su antecesor, con una faldón delantero más amplio y agresivo, una boca de refrigeración del “intercooler” en el capó, faldones laterales y un –mejor, dos- alerones traseros que cortan la respiración. Estos ayudan a anunciar un Cx de 0,32 y con retoques en los bajos, se minimiza la tendencia ascensional del coche a alta velocidad. La agresividad se traslada, aunque algo atenuada, al interior, con un salpicadero repleto de mandos, dado que el equipamiento es muy completo. Incluso el navegador viene como equipo de serie y sus mandos se instalan en el propio volante, algo poco práctico, porque el acompañante no puede manejarlo en marcha. Los asientos recogen bien el cuerpo, pero su mullido es bastante duro, por lo que acaban cansando con el paso de los kilómetros. Sumados a una suspensión muy firme, convierten en una especie de “coctelera” al coche en carreteras de mal piso, pero esto es habitual en deportivos tan extremos. Sobre buen firme, sin embargo, resulta suficientemente confortable, pese a que la amortiguación se ha endurecido y las barras estabilizadoras son más gruesas. La conducción de este Mazda 3 MPS es agradable, aunque la perfecta posición al volante cuesta un poco conseguirla. Tanto el volante como la palanca de cambios poseen un buen tacto y ésta se beneficia de nuevos sincronizadores para resultar más suave y rápida. El gran tamaño de este modelo dentro de su segmento, si bien no le convierte en el más capaz, sí le permite otorgar a cuatro ocupantes un espacio excelente y, a cinco, suficiente aunque no holgado. El maletero es amplio, con 340 dm3, sirve para cumplir con su función para cinco ocupantes. Pese a que el Mazda 3 MPS posee doble tubo de escape para orquestar un mejor concierto a su motor, si queremos oír otro tipo de música, dispone de un sistema de sonido de primera calidad con diez altavoces. Otros elementos de equipamiento de los que carecía el anterior MPS son: sensores de aparcamiento, faros bi-xenón adaptativos, asistente de cambio de carril, aviso de parada de emergencia, testigo de presión de los neumáticos, climatizador bizona, pantalla multifunción con navegador, arranque por botón y espejo retrovisor fotocromático y exteriores plegables además de iluminación activa del habitáculo con progresivo encendido de luces, estratégicamente emplazadas. Y todo por un precio oficial de 31.570 euros que, con la oferta de lanzamiento de 2.000, se quedan en 29.570 euros. Un precio de los más interesantes de la categoría, dado el equipamiento de que dispone este Mazda 3 MPS.
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