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Maserati GranTurismo S

Para los que con el V8 de 405 CV no tenían suficiente, Maserati añade 35 CV más en la versión S del GranTurismo. Lo hemos conducido y nos ha gustado más de lo que nos imaginábamos.
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Maserati GranTurismo S
La fábrica que Maserati tiene en la localidad italiana de Módena, cuna de las grandes marcas del automovilismo mundial, no sólo produce el coupé GranTurismo en sus dos variantes, sino que también es la encargada de montar los exclusivos Alfa Romeo 8C Competizione. La explicación es clara; tanto el GranTurismo S como el 8C comparten la misma cadena de producción, puesto que el motor y la caja de cambios son idénticas. Eso sí, además de la personalidad que imprime cada marca al diseño del modelo, el 8C es un coupé de dos plazas y el GranTurismo, con más batalla, dispone de cuatro.
Centrándonos en las cuestiones técnicas, el GranTurismo S monta un V8 de 4,7 litros derivado del 4.2 de la otra versión. Para lograr el aumento de cilindrada –y de potencia hasta los 440 CV- se incrementa la carrera y el diámetro de los cilindros. La distribución variable en admisión es también responsable de la excelente respuesta a cualquier régimen. De hecho, desde las 2.500 rpm disponemos del 82 por ciento del par motor. La otra gran aportación de la versión S del GranTurismo es la caja de cambios robotizada de seis relaciones, en lugar de la automática de convertidor de par de su hermano de gama. Esta caja es similar a la F1 de Ferrari y cuenta con un embrague robotizado bidisco en seco. En el salpicadero disponemos de una tecla “sport” con la que semodifica la gestión electrónica, tanto del cambio como de la respuesta del motor. Si la música que emiten las salidas de escape no nos convence, al pulsar la tecla “sport”, el recorrido de parte de los gases de escape evita el silencioso, con lo que se consigue, además de una respiración del motor más deshogada, un embriagador sonido ronco y cautivador. Con el botón “auto”, el cambio funciona como uno automático convencional, realizando las inserciones con suavidad y permitiendo maniobrar con el Maserati sin tirones. Para insertar las marchas en modo manual disponemos de dos enormes levas tras el volante, la derecha para subir de marchas y la izquierda para reducir. Al estar pegadas a la caña de la dirección, en conducción deportiva y por carreteras secundarias, siempre están muy a mano. Por encima de las 5.500 rpm y con el pedal del acelerador pisado en más del 80% de su recorrido, la gestión electrónica del cambio MC Shift interpreta que estamos realizando una conducción deportiva y reduce el tiempo de inserción entre marchas a sólo 100 milisegundos.

Aunque el GranTurismo S va suficientemente duro –un 10 por ciento más que su hermano de gama- se puede optar por la opción de amortiguación activa “Skyhook” . Estos amortiguadores se adaptan al tipo de conducción que se realice. Cuando se activa el modo “sport” se endurecen, configurando el bastidor con la misma dureza de tarado que tendría con la suspensión de serie. La ventaja que aporta el “Skyhook” es que en conducción normal, la suspensión sí es más suave y cómoda. En cuanto al equipo de frenos, el GranTurismo S, dispone de unos discos delanteros de mayor diámetro y pinzas de seis pistones desarrollados por Brembo, con 360 mm en lugar de 330 mm. Lo que no se ofrece ni en opción son los discos carbocerámicos, algo destinado a modelos más radicales. El interior del GranTurismo S destaca por su acabado en piel, que pueden elegirse en un amplio abanico de colores. Por 142.918 euros que cuesta, el refinamiento es elevado, pero nos choca enormemente que, por ejemplo, la radio que monte sea la misma que la de algunos modelos de PSA como el Peugeot 207 o el Citroën C4. Además, el acabado y la calidad de algunos plásticos son mejorables. El equipamiento de serie es muy completo, pero para los más sibaritas también se ha tenido en cuenta una lista de opciones. Entre ellas, además de diferentes colores para la carrocería y para las pinzas de freno, también se pueden elegir diferentes tipos de pieles, el control de presión de neumáticos o la suspensión “Skyhook”. Sin duda, un capricho recomendable para los pocos privilegiados que puedan plantearse su compra. La fábrica que Maserati tiene en la localidad italiana de Módena, cuna de las grandes marcas del automovilismo mundial, no sólo produce el coupé GranTurismo en sus dos variantes, sino que también es la encargada de montar los exclusivos Alfa Romeo 8C Competizione. La explicación es clara; tanto el GranTurismo S como el 8C comparten la misma cadena de producción, puesto que el motor y la caja de cambios son idénticas. Eso sí, además de la personalidad que imprime cada marca al diseño del modelo, el 8C es un coupé de dos plazas y el GranTurismo, con más batalla, dispone de cuatro. Centrándonos en las cuestiones técnicas, el GranTurismo S monta un V8 de 4,7 litros derivado del 4.2 de la otra versión. Para lograr el aumento de cilindrada –y de potencia hasta los 440 CV- se incrementa la carrera y el diámetro de los cilindros. La distribución variable en admisión es también responsable de la excelente respuesta a cualquier régimen. De hecho, desde las 2.500 rpm disponemos del 82 por ciento del par motor. La otra gran aportación de la versión S del GranTurismo es la caja de cambios robotizada de seis relaciones, en lugar de la automática de convertidor de par de su hermano de gama. Esta caja es similar a la F1 de Ferrari y cuenta con un embrague robotizado bidisco en seco. En el salpicadero disponemos de una tecla “sport” con la que semodifica la gestión electrónica, tanto del cambio como de la respuesta del motor. Si la música que emiten las salidas de escape no nos convence, al pulsar la tecla “sport”, el recorrido de parte de los gases de escape evita el silencioso, con lo que se consigue, además de una respiración del motor más deshogada, un embriagador sonido ronco y cautivador. Con el botón “auto”, el cambio funciona como uno automático convencional, realizando las inserciones con suavidad y permitiendo maniobrar con el Maserati sin tirones. Para insertar las marchas en modo manual disponemos de dos enormes levas tras el volante, la derecha para subir de marchas y la izquierda para reducir. Al estar pegadas a la caña de la dirección, en conducción deportiva y por carreteras secundarias, siempre están muy a mano. Por encima de las 5.500 rpm y con el pedal del acelerador pisado en más del 80% de su recorrido, la gestión electrónica del cambio MC Shift interpreta que estamos realizando una conducción deportiva y reduce el tiempo de inserción entre marchas a sólo 100 milisegundos.

Aunque el GranTurismo S va suficientemente duro –un 10 por ciento más que su hermano de gama- se puede optar por la opción de amortiguación activa “Skyhook” . Estos amortiguadores se adaptan al tipo de conducción que se realice. Cuando se activa el modo “sport” se endurecen, configurando el bastidor con la misma dureza de tarado que tendría con la suspensión de serie. La ventaja que aporta el “Skyhook” es que en conducción normal, la suspensión sí es más suave y cómoda. En cuanto al equipo de frenos, el GranTurismo S, dispone de unos discos delanteros de mayor diámetro y pinzas de seis pistones desarrollados por Brembo, con 360 mm en lugar de 330 mm. Lo que no se ofrece ni en opción son los discos carbocerámicos, algo destinado a modelos más radicales. El interior del GranTurismo S destaca por su acabado en piel, que pueden elegirse en un amplio abanico de colores. Por 142.918 euros que cuesta, el refinamiento es elevado, pero nos choca enormemente que, por ejemplo, la radio que monte sea la misma que la de algunos modelos de PSA como el Peugeot 207 o el Citroën C4. Además, el acabado y la calidad de algunos plásticos son mejorables. El equipamiento de serie es muy completo, pero para los más sibaritas también se ha tenido en cuenta una lista de opciones. Entre ellas, además de diferentes colores para la carrocería y para las pinzas de freno, también se pueden elegir diferentes tipos de pieles, el control de presión de neumáticos o la suspensión “Skyhook”. Sin duda, un capricho recomendable para los pocos privilegiados que puedan plantearse su compra.
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