Publicidad

Prueba: Maserati Ghibli, el renacimiento italiano

Maserati ha recuperado un nombre para posicionarse entre las mejoras berlinas deportivas del mundo y, por supuesto, como buen tridente, el Ghibli ya es uno de los automóviles más bonitos del planeta.
Lorenzo Alcocer Fotos: Maserati -
Prueba: Maserati Ghibli, el renacimiento italiano

Como aficionado al automóvil en general y tifossi de las marcas italia­nas en particular, son muchos los años preguntándome por ese Alfa Romeo 169 que nunca llega, como añorando un nuevo Lancia Thema no heredado de Chrysler, auténticamente italia­no (aun con todo lo que esto puede significar), con motor Ferrari como aquel Thema 8.32 que siem­pre me gusta buscar en los portales de compra-venta por si algún día encuentro hueco en mi ga­raje. Huérfana la industria italiana de una berlina de cierta categoría (el Quattroporte está en otra dimensión), tenía asumido que la espera iba a ser larga, quizá infinita, por cómo las marcas tran­salpinas estaban reencontrando su hueco en el actual panorama internacional. Al amparo de la más gigante que nunca Fiat, el rol actual asigna­do a Alfa Romeo y a la desconcertante Lancia no me llevaban a ver una deportivísima y elegantí­sima berlina italiana con la complicada tarea de rivalizar con modelos del potencial de un Audi A6, BMW Serie 5 y Mercedes Clase E, sin descon­tar a los Jaguar XF y Lexus GS. Pero no me acor­daba de Maserati, marca recuperada por Ferrari a finales del siglo pasado y por tanto también redi­rigida según los intereses del Grupo Fiat.

 

Maestros italianos

Mientras parece que Alfa Romeo decrece y Lancia experimenta, no contaba con que Maserati creciera como lo hace. El Ghibli es un producto impactante, diría que hasta soberbio, también por tamaño (ronda los 5 metros), diseño, presentación, contenido mecánico y tecnología. Por todo ello, el Ghibli es un creíble rival, más que de los A6, Serie 5 y Clase E, de sus vertientes deportivas A7, Serie 6 Gran Coupé y CLS, todo un atrevimiento cuando hablamos de rivalizar con vehículos que son top de la industria del automóvil. Y no sé si será la novedad o mi subjetividad, pero el Ghibli impone sobre ellos un talentoso diseño italiano...

 

Maserati GhibliPor dentro no transmite el vanguardismo de esos rivales y apuesta por un toque más tradicional, creo, pero ahí está su cambio automático de 8 velocidades (el ZF compartido con Audi y BMW, entre otros) con palanca tipo joistick (cierto que algo confusa de utilizar hasta que asimilas sus movimientos); su freno de estacionamiento automático, llave inteligente, todo tipo de reglajes eléctricos, incluido el pedalier, una pantalla táctil (discreta resolución) y casi todo lo que la industria ofrece. Tan solo echo en falta por la categoría del coche, un asistente de frenada de emergencia, alertas de puntos ciegos o de pérdida de carril, elementos generalizados incluso en segmentos inferiores. Y si bien no dispone de los tan de moda faros de leds, sus doble xenón con cambio automatizado te aportan una iluminación excelente.

 

La presentación visual transmite mucha calidad, pero aunque quizás resulte banal, te desconciertan detalles como el poco glamoroso ruido de las puertas traseras al cerrarlas o la descontrolada apertura del portón del maletero, en el que descubres otros pequeños detalles faltos de atención.

 

275 CV Diesel

Maserati GhibliPero empiezas a rodar y el Ghibli te lleva a donde le corresponde. Y antes de nada, hoy también le corresponde poder ser Diesel. No por ello, ponerlo en marcha te lleva a extrañar su acústica y las leves vibraciones que percibes en su interior. Y no porque sientas más refinada la puesta en marcha de un Mercedes CLS 350 CDI, por ejemplo. Pero hace años hemos aprobado que un Mercedes (incluso un Porsche Panamera) suene y vibre a Diesel y ahora toca creérselo de un inimaginable Maserati. Y eso que creo que tardaremos mucho menos en aceptar­lo. Te lo digo, porque en Maserati han trabajado la acústica del escape con válvulas intermedias para que en aceleración suene a "Maserati", desde dentro y desde fuera. Seguramente es el Diesel más espectacular y deportivo del momento y eso que la huella sonora de los BiTDI de Audi tam­bién te pone los pelos de punta.

 

El motor es el VM Motori 3.0 V6 que el Grupo Fiat utiliza, por ejemplo, en el Jeep Gran Cherokee. Maserati lo ha adaptado a sus nece­sidades, elevando la potencia hasta los 275 CV, manteniendo la utilización de un solo turbo. El motor lo tiene todo: respuesta siempre podero­sísima, acústica bonita y esos consumos de com­bustible (tiene Stop-Start) que hacen ver a estas in­mensas berlinas deporti­vas de otra manera. Tiene tres mapeados diferentes (normal, sport y eco -i.c.e-) que modifican su respues­ta a toque de tecla, junto a la respuesta del cambio. En marchas intermedias la aceleración es suave­mente bestial y con su ge­nerosísima 8ª, consigues cruceros bajísimos de re­voluciones con unas reservas extraordinarias de aceleración.

 

El cambio es fabuloso por las rápi­das y suaves transiciones, como por su reactivi­dad cuando lo manejas en modo manual secuen­cial. Las levas del volante son opcionales y sobre la palanca tradicional, subes de marcha empujan­do la palanca hacia atrás y reduces empujándola hacia delante, en armonía con las inercias de ace­leración y frenada. Al motor no le pedirás más, ni como berlina de lujo, ni mucho menos como ber­lina deportiva.

Ese mismo doble pa­pel asume su bastidor. Hereda la plataforma del Quattroporte, pero con la batalla acortada, aun­que sus 3 metros no la tiene ningún rival. Solo por esto, la sensación de aplomo y estabilidad li­neal es soberbia. La dirección es hidráulica y su tacto bueno en todos los sentidos. En largos cur­vones, la confianza sigue siendo enorme por cómo apoya y sigue imperturbable la trazada. El Ghibli es grande y pesa 2 toneladas, pero recibes la sen­sación de ser ágil, dinámico y no aparatoso, pero tal cual, tampoco confundas al Ghibli Diesel con un RS, M o AMG.

 

Tanta huella de pisada te ge­nera una confianza que te ves rodando al nivel que permite su inagotable motor y entonces pue­des descubrir un subviraje noble, pero importante cuando se trata de dirigir 2 toneladas. En la salida tracciona muy bien, apoyado en un autoblocante que sientes que te ayuda a redondear las curvas más cerradas. Si tu nivel te lleva a percibir estas interacciones, echarás en falta algo más de firme­za de amortiguación (y de pedal de freno) cuan­do ruedas muy rápido, esa que debe darte el cha­sis Sport con amortiguadores Koni con válvula de doble paso. Con la configuración básica, el equili­brio es muy bueno, por el dinamismo de su basti­dor y la calidad de bacheo, incluso con los enor­mes neumáticos de 20 pulgadas probados.

 

Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar la navegación, mostrarte contenido relacionado con tus preferencias y recopilar información estadística. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información.