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Lexus LS 600h L: al servicio del confort

Intenta alcanzar la perfección en todos los sentidos, para lo que utiliza propulsión híbrida y un sinfín de lujos tecnológicos que convierten a este Lexus en la superberlina más avanzada del momento.
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Lexus LS 600h L: al servicio del confort
Es extremadamente cómodo, pero sin resultar “mareón” a causa de las inclinaciones de la carrocería, ya que éstas se reducen mediante estabilizadoras activas y con una acertada gestión de la suspensión neumática. En caso de seleccionar el modo Sport, los amortiguadores exteriores del Lexus LS se endurecen aproximadamente un 20% respecto a los interiores —que se ablandan si es necesario— para que el coche gire más plano aún, y la dirección se vuelve un 10% más directa. También hay un modo Confort y un botón para subir la altura de la carrocería. La conducción es muy placentera, sólo el tacto algo artificial de los frenos decepciona, quizá por su sistema de recuperación de energía. No se dosifican con la exactitud deseable y las distancias de detención se pueden calificar de muy normales, aunque son muy resistentes a la fatiga.
Con toda esta tecnología como base, se puede rizar el rizo y elevar el nivel de confort hasta lo sublime. La versión de batalla alargada L dispone de un acabado denominado President y de una zona trasera muy especial, de sólo dos plazas. El afortunado pasajero que viaje en el lado derecho tiene a su disposición toda una serie de comodidades dignas del mejor salón, o del más sibarita mandatario. Lo más impresionante es el propio asiento, con todo tipo de reglajes eléctricos, reposapiés, calefacción, ventilación y... ¿masaje? Sí, y muy mejorado respecto al de la pasada generación del buque insignia de Lexus, ya que se han añadido funciones que reproducen técnicas de Shiatsu y digitopuntura.

Ocho bolsas de aire repartidas por el respaldo e infladas por una bomba ubicada en el maletero (para evitar ruidos), se encargan de presionar puntos estratégicos de la espalda con diferente intensidad, algo que puede combinarse con una relajante vibración. Esta vibración, sobre todo si se seleccionan las velocidades superiores, es lo único que rompe ligeramente la paz del habitáculo, cuyo silencio deja oír hasta el murmullo del viento pasando por los retrovisores. Siguiendo con las concesiones al lujo, en la zona posterior de este Lexus LS no falta una consola central con mesita plegable, controles del climatizador, de las cortinillas laterales y traseras, mando para el sistema de sonido, un segundo DVD con generosa pantalla, espejo iluminado y salidas de aire en el techo, etc. El climatizador de cuatro zonas es otro de los aspectos destacados. Tiene una función para purificar el aire del interior y reducir el nivel de polen, así como sensores infrarrojos de temperatura corporal para los pasajeros traseros. Y podemos seguir: llave inteligente por tarjeta, freno de mano automático, órdenes vocales, faros direccionales, volante calefactado, cámara de marcha atrás, sensores y asistente de aparcamiento... Es cierto, no tiene conexión a Internet, ni receptor de televisión y, puestos a pedir, también podría incorporar visión nocturna, toma de corriente de 220 V y una cámara delantera de gran angular como la que tiene el Toyota Corolla Verso en el morro o el nuevo BMW Serie 7, para garantizar la visibilidad hacia los lados en cruces estrechos o a la salida de garajes, sobre todo si tenemos en cuenta que el motor no hace ruido y los peatones no suelen advertir nuestra presencia. Son cosas que debería llevar un automóvil que pretende ser lo máximo en materia de agasajo a su conductor.

Algunos equipamientos no están disponibles en España, como los avanzados sistemas pre-colisión y de aviso de cambio involuntario de carril. Aun así, no hay otro coche que reúna semejante compendio tecnológico, lo que supone un atractivo innegable y una gran satisfacción cuando comprobamos que todo funciona como la seda. — Tecnología punta
— Interior detallista
— Confort
— Maletero
— Tacto de frenos
— Equipamiento restringido en España
Es extremadamente cómodo, pero sin resultar “mareón” a causa de las inclinaciones de la carrocería, ya que éstas se reducen mediante estabilizadoras activas y con una acertada gestión de la suspensión neumática. En caso de seleccionar el modo Sport, los amortiguadores exteriores del Lexus LS se endurecen aproximadamente un 20% respecto a los interiores —que se ablandan si es necesario— para que el coche gire más plano aún, y la dirección se vuelve un 10% más directa. También hay un modo Confort y un botón para subir la altura de la carrocería. La conducción es muy placentera, sólo el tacto algo artificial de los frenos decepciona, quizá por su sistema de recuperación de energía. No se dosifican con la exactitud deseable y las distancias de detención se pueden calificar de muy normales, aunque son muy resistentes a la fatiga. Con toda esta tecnología como base, se puede rizar el rizo y elevar el nivel de confort hasta lo sublime. La versión de batalla alargada L dispone de un acabado denominado President y de una zona trasera muy especial, de sólo dos plazas. El afortunado pasajero que viaje en el lado derecho tiene a su disposición toda una serie de comodidades dignas del mejor salón, o del más sibarita mandatario. Lo más impresionante es el propio asiento, con todo tipo de reglajes eléctricos, reposapiés, calefacción, ventilación y... ¿masaje? Sí, y muy mejorado respecto al de la pasada generación del buque insignia de Lexus, ya que se han añadido funciones que reproducen técnicas de Shiatsu y digitopuntura.

Ocho bolsas de aire repartidas por el respaldo e infladas por una bomba ubicada en el maletero (para evitar ruidos), se encargan de presionar puntos estratégicos de la espalda con diferente intensidad, algo que puede combinarse con una relajante vibración. Esta vibración, sobre todo si se seleccionan las velocidades superiores, es lo único que rompe ligeramente la paz del habitáculo, cuyo silencio deja oír hasta el murmullo del viento pasando por los retrovisores. Siguiendo con las concesiones al lujo, en la zona posterior de este Lexus LS no falta una consola central con mesita plegable, controles del climatizador, de las cortinillas laterales y traseras, mando para el sistema de sonido, un segundo DVD con generosa pantalla, espejo iluminado y salidas de aire en el techo, etc. El climatizador de cuatro zonas es otro de los aspectos destacados. Tiene una función para purificar el aire del interior y reducir el nivel de polen, así como sensores infrarrojos de temperatura corporal para los pasajeros traseros. Y podemos seguir: llave inteligente por tarjeta, freno de mano automático, órdenes vocales, faros direccionales, volante calefactado, cámara de marcha atrás, sensores y asistente de aparcamiento... Es cierto, no tiene conexión a Internet, ni receptor de televisión y, puestos a pedir, también podría incorporar visión nocturna, toma de corriente de 220 V y una cámara delantera de gran angular como la que tiene el Toyota Corolla Verso en el morro o el nuevo BMW Serie 7, para garantizar la visibilidad hacia los lados en cruces estrechos o a la salida de garajes, sobre todo si tenemos en cuenta que el motor no hace ruido y los peatones no suelen advertir nuestra presencia. Son cosas que debería llevar un automóvil que pretende ser lo máximo en materia de agasajo a su conductor.

Algunos equipamientos no están disponibles en España, como los avanzados sistemas pre-colisión y de aviso de cambio involuntario de carril. Aun así, no hay otro coche que reúna semejante compendio tecnológico, lo que supone un atractivo innegable y una gran satisfacción cuando comprobamos que todo funciona como la seda. — Tecnología punta
— Interior detallista
— Confort
— Maletero
— Tacto de frenos
— Equipamiento restringido en España

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