Publicidad

Lexus IS F

Nacido para correr. Recordando aquel primer éxito de Bruce Springsteen, ya casi olvidado, podemos afirmar que la existencia del Lexus IS F sólo tiene razón en la búsqueda de los límites racionales de la deportividad. Aunque a muchos su nacimiento les pueda parecer incoherente.
-
Lexus IS F
Como el cambio es automático, en posición D, no hay que preocuparse del tacómetro y, como además, las prestaciones son mejores en recuperación y adelantamiento, la conducción resulta más eficaz. Quizás no tan divertida, al no tener necesidad de darle a las palanquitas, pero nuestro cerebro se concentra en el volante, los pedales y la vista, evitando una acumulación de datos innecesaria, como es en qué marcha se va o cuál sería la más correcta. Aún así, esa conducción deportiva tiene sus alicientes, como escuchar el automático acelerón del motor en las reducciones –recuerdo de aquellos legendarios punta-tacón de los conductores avezados- o comprobar como cuando nos hemos adelantado al momento de reducir –pánico ante una curva en la que creemos no poder entrar- dos pitidos nos indican que la caja no ha realizado lo que le pedíamos –posible sobrerrégimen del motor- y que debemos intentarlo de nuevo. Como ya se habrá adivinado, el manejo manual de esta caja automática es estricto. Ni multiplica al llegar al corte de inyección ni reduce cuando nos acercamos al ralentí. El conductor es plenamente responsable de lo que hace y el coche no le facilita la tarea. ¡Cómo en los viejos tiempos!

Galería relacionada

Lexus ISF detalles

Enfrentarse a la carretera con el Lexus IS F es tener que olvidarse de muchas cosas: limitaciones, vigilancia, radares, etc. Pero hay que mantener la cabeza fría porque el coche acelera al tiempo que dispara nuestra adrenalina. Además, su bastidor está concebido para que, desde el primer momento, sea relativamente amigable. Digamos que se le tiene, casi, casi, nada más ponernos al volante, menos respecto que a un M3, que se siente como una máquina más radical y que nos podría sorprender en cualquier momento en que come-tamos un error. Por el contrario, el Lexus se deja llevar a sus límites con más tranquilidad. Se exploran sin que el corazón se paralice y acabamos saliendo de las curvas con una mínima deriva trasera –la que permite el bien calibrado VDIM- sin que a las palmas de las manos aflore la más mínima gota de sudor. Un balanceo medido de la carrocería y una dirección no ultraprecisa son las bazas que juega el Lexus para dejar pensar a su conductor unas décimas de segundo antes de llegar al vértice del viraje. Seguro que en circuito cerrado esto se pagaría frente al BMW, pero en carretera, al final, es de agradecer.

La conducción dinámica se ve ayudada por unos frenos de excelente rendimiento y mejor resistencia a la pérdida de rendimiento. Los discos delanteros de 36 cm de diámetro se ven atacados por pinzas de seis pistones, lo que garantiza una mordiente impecable y un tacto de pedal progresivo. También da un toque excitante la disponibilidad de una tecla con tres posiciones –sport, normal y nieve-, que gestiona la res-puesta del motor, dirección, el control de estabilidad y el bloqueo del diferencial –mediante el uso individual de los frenos traseros- para adaptarse a las capacidades del conductor. Existe la opción de desconexión del VDIM, pero a nuestro juicio esto sólo se debe realizar en circuito cerrado. Pero el IS F no puede olvidar que es un Lexus, lo que supone, en este caso, un amplio equipamiento que incluye elementos tan dispares con la deportividad del coche como el control de crucero adaptativo, un volante que se eleva automáticamente para facilitar el acceso o salida al puesto de conducción, el techo solar y la calefacción en los asientos. Detalles que, en sí mismos, son más que deseables pero que para muchos radicales amantes de la deportividad podrían ser apartados para, por ejemplo, mejorar la relación peso/potencia o incluso tornar al IS F algo más asequible. Con esta dotación podría parecer que hacer kilómetros con el Lexus es un placer democrático, pero esto tampoco es así. El conductor puede disfrutar como pocos, siempre que el asfalto esté liso como un espejo, pero los ocupantes sufren las consecuencias de un coche tan radical. La suspensión es pétrea y pasar por encima de los ralentizadores de velocidad urbanos es todo un drama. Y los buenos asientos con que cuenta es-te modelo no son capaces de minimizar estas situaciones. Tampoco el sonido del motor, que puede llegar a hacer hervir la sangre del tifosso más entusiasmado, acaba siendo un buen compañero de viaje, sobre todo a partir de medio régimen y en fase de carga.

Por último, como para que no se no-te, una referencia al consumo de combustible. Ojeando las cifras que damos en los recorridos realizados por nuestro Centro Técnico, aún pueden parecer razonables. Pero la conducción que se rea-liza en ellos es, digamos, civilizada, tratando de mantener un ritmo constante. Porque, si realizamos una conducción deportiva, las cifras se multiplican por dos e, incluso, por tres. Tenemos la suficiente lógica como para comprender que quien se gasta 84.000 euros en un coche no le importa demasiado gastar 80 ó 90 en combustible cada dos horas. Pero un esfuerzo en este capítulo sería bienvenido.
Nacido para correr
Como el cambio es automático, en posición D, no hay que preocuparse del tacómetro y, como además, las prestaciones son mejores en recuperación y adelantamiento, la conducción resulta más eficaz. Quizás no tan divertida, al no tener necesidad de darle a las palanquitas, pero nuestro cerebro se concentra en el volante, los pedales y la vista, evitando una acumulación de datos innecesaria, como es en qué marcha se va o cuál sería la más correcta. Aún así, esa conducción deportiva tiene sus alicientes, como escuchar el automático acelerón del motor en las reducciones –recuerdo de aquellos legendarios punta-tacón de los conductores avezados- o comprobar como cuando nos hemos adelantado al momento de reducir –pánico ante una curva en la que creemos no poder entrar- dos pitidos nos indican que la caja no ha realizado lo que le pedíamos –posible sobrerrégimen del motor- y que debemos intentarlo de nuevo. Como ya se habrá adivinado, el manejo manual de esta caja automática es estricto. Ni multiplica al llegar al corte de inyección ni reduce cuando nos acercamos al ralentí. El conductor es plenamente responsable de lo que hace y el coche no le facilita la tarea. ¡Cómo en los viejos tiempos!

Enfrentarse a la carretera con el Lexus IS F es tener que olvidarse de muchas cosas: limitaciones, vigilancia, radares, etc. Pero hay que mantener la cabeza fría porque el coche acelera al tiempo que dispara nuestra adrenalina. Además, su bastidor está concebido para que, desde el primer momento, sea relativamente amigable. Digamos que se le tiene, casi, casi, nada más ponernos al volante, menos respecto que a un M3, que se siente como una máquina más radical y que nos podría sorprender en cualquier momento en que come-tamos un error. Por el contrario, el Lexus se deja llevar a sus límites con más tranquilidad. Se exploran sin que el corazón se paralice y acabamos saliendo de las curvas con una mínima deriva trasera –la que permite el bien calibrado VDIM- sin que a las palmas de las manos aflore la más mínima gota de sudor. Un balanceo medido de la carrocería y una dirección no ultraprecisa son las bazas que juega el Lexus para dejar pensar a su conductor unas décimas de segundo antes de llegar al vértice del viraje. Seguro que en circuito cerrado esto se pagaría frente al BMW, pero en carretera, al final, es de agradecer.

La conducción dinámica se ve ayudada por unos frenos de excelente rendimiento y mejor resistencia a la pérdida de rendimiento. Los discos delanteros de 36 cm de diámetro se ven atacados por pinzas de seis pistones, lo que garantiza una mordiente impecable y un tacto de pedal progresivo. También da un toque excitante la disponibilidad de una tecla con tres posiciones –sport, normal y nieve-, que gestiona la res-puesta del motor, dirección, el control de estabilidad y el bloqueo del diferencial –mediante el uso individual de los frenos traseros- para adaptarse a las capacidades del conductor. Existe la opción de desconexión del VDIM, pero a nuestro juicio esto sólo se debe realizar en circuito cerrado. Pero el IS F no puede olvidar que es un Lexus, lo que supone, en este caso, un amplio equipamiento que incluye elementos tan dispares con la deportividad del coche como el control de crucero adaptativo, un volante que se eleva automáticamente para facilitar el acceso o salida al puesto de conducción, el techo solar y la calefacción en los asientos. Detalles que, en sí mismos, son más que deseables pero que para muchos radicales amantes de la deportividad podrían ser apartados para, por ejemplo, mejorar la relación peso/potencia o incluso tornar al IS F algo más asequible. Con esta dotación podría parecer que hacer kilómetros con el Lexus es un placer democrático, pero esto tampoco es así. El conductor puede disfrutar como pocos, siempre que el asfalto esté liso como un espejo, pero los ocupantes sufren las consecuencias de un coche tan radical. La suspensión es pétrea y pasar por encima de los ralentizadores de velocidad urbanos es todo un drama. Y los buenos asientos con que cuenta es-te modelo no son capaces de minimizar estas situaciones. Tampoco el sonido del motor, que puede llegar a hacer hervir la sangre del tifosso más entusiasmado, acaba siendo un buen compañero de viaje, sobre todo a partir de medio régimen y en fase de carga.

Por último, como para que no se no-te, una referencia al consumo de combustible. Ojeando las cifras que damos en los recorridos realizados por nuestro Centro Técnico, aún pueden parecer razonables. Pero la conducción que se rea-liza en ellos es, digamos, civilizada, tratando de mantener un ritmo constante. Porque, si realizamos una conducción deportiva, las cifras se multiplican por dos e, incluso, por tres. Tenemos la suficiente lógica como para comprender que quien se gasta 84.000 euros en un coche no le importa demasiado gastar 80 ó 90 en combustible cada dos horas. Pero un esfuerzo en este capítulo sería bienvenido.
Nacido para correr
Te recomendamos

El cicloturismo es una de las actividades deportivas que más desplazamientos por nues...

Ágil, cómodo y con gran espacio, el Citroën C3 Aircross propone interesantes solucion...

Repasamos todos los SUV a los que hay que estar atento en 2018 y algunos que ya sabem...

Una encuesta a nivel europeo permite a la OCU valorar los coches más y menos fiables ...

Toda la potencia y fuerza que pueda desarrollar un coche deportivo llegará al asfalto...

Antes de que lleguen las fuertes nevadas, Autopistas se anticipa a la llegada del inv...

Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar la navegación, mostrarte contenido relacionado con tus preferencias y recopilar información estadística. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información.